sábado, 11 de septiembre de 2010

TE CREES QUE TE ESPERA RIMBAUD

Ofrecemos la reseña que en su momento se publicó con motivo de la aparición del libro del poeta tristemente desaparecido, José Bailón, titulado, Te crees que te espera Rimbaud, en Ediciones de Aquí, animando a los interesados en la poesía a su búsqueda y lectura.






Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón






TE CREES QUE TE ESPERA RIMBAUD


JOSÉ BAILÓN

Ediciones de Aquí, Benalmádena, Málaga, 2007



Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón



En este Te crees que te espera Rimbaud se manifiesta, al modesto entender de quien suscribe en estas inordenadas y urgentes líneas, para el amante verdadero de la poesía más genuina, la reunión más singular de lo que por sublime en la trajinada vida de los hombres y mujeres sensoriales, sensibles, sensitivos cabe obtenerse: la poesía y el amor (si en franca y verdadera amistad reunidos) aparecen en profundo e intenso trance de autenticidad unívoca. Así se materializa todo ello, a juicio de quien con tanta premura les habla, si tan granado y subido estímulo se hace evidente en la suma de todos y cada uno de los poemas que componen este título peculiar. Quieren expresar una no menos insólita celebración de la vida y la poesía, mas desde la óptica de una ruptura vivida (si acaso puede ser una humana vivencia que, por cotidiana no debe entenderse menos dura, pero atención, también extraordinariamente fructífera al espíritu creativo), y es que así es interiorizada artísticamente en pos del verso fidedigno.

Ruptura decíamos que, aun sin saberla cierta por el rasgo anecdotario presuntamente detectable en alguno (o ninguno) de los versos, se hace patente si advertimos la naturaleza misma de la poesía y la intuimos, además, vivenciada y ahora hecha arte en el poema. Ofrece sin embargo la no menos extraordinaria realidad de una philia (amistad) sincera que perdura entre el hombre sensible y avisado y el arte cabal e irreductible en sus presupuestos, y que aún se mantiene en fraternal entendimiento en este libro, pero en virtud y gracia del ejercicio vital y excelso de la poesía; no en vano el protagonista de este poemario se identifica en la realidad de lo vivido como poeta total entregado a su arte, mas también como el amigo entrañable en este compartido y excelso adiestramiento. Así se entiende, claro está, el autor al que ahora nos referimos en el espontáneo y autorizado ejercicio de su labor creativa: se trata obviamente de José Bailón.

Es motivo de gozo para cualquier lector atento de poesía y razón del más grato disfrute de los versos de su fruición lectora que el hecho poético sea tenido en cuenta siempre como acontecimiento que surge de manera especial, sobre todo si el poeta al que se lee pertenece a aquel extraño linaje de los que estiman como placer único pero compartido el amor a la poesía; único porque ambos –amor y poesía- son totales e irreductibles; compartido porque, no obstante, se mantienen siempre cómplices en su manifestación artística y vivencial. Es así por lo que encontrarán perfecto refugio en estas páginas los amigos auténticos de este glorioso arte, porque es de él y de su subido aliento creativo de lo que nos habla su autor, y de lo que yo quisiera modestamente también decir, aunque sea de la forma limitada, prosaica, urgente y en extremo concisa que exige el instante y exiguo espacio del que disponemos. Entiéndanlos que nacen también de un sentir común: compartir con quien se plazca en ello la amistad profundamente sentida pero también avisada de lo que sea la verdadera poesía.

Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón
Me centraré para todo ello, como no puede ser de otra manera, en hablar de la alta literatura y de la indubitable poesía, si en el título del último libro de nuestro poeta: Te crees que te espera Rimbaud se encuentra instalada, y se mostrará a pesar de los análisis, su ser inmarcesible. He tratado de pergeñar, cuando menos, una introducción digna desde la que dar cuenta del poemario del que hablamos, para lo cual me gustaría situar en el tiempo los anteriores libros o momentos líricos de José Bailón, y poder establecer además una semblanza, orientativa al menos, de su impecable producción poética. Así, desde Edema terral (1979), pasando por Caídas inmortales (1981), Arte de hampa (1993) y Libros en salvaje (1995), hasta esta primicia que hoy presentamos, se marca ya una clara trayectoria, unívoca adelantábamos, y desde luego muy original de entrega a su arte que, a mi juicio, es sobradamente mucho más que literaria, pues netamente poética. Será así porque, ante todo artificio ficcional o constructo retórico o encubrimiento narrativo más o menos velado con el verso (como sucede hoy bastante a menudo por quienes dicen ser poetas sin aproximarse siquiera a los presupuestos que serlo requiere), nuestro autor en su original manejo del lenguaje, sí se establece genuinamente poeta. Por esto pensamos que José Bailón manifiesta su actividad creadora por encima de cualquier previsión teórica, de cualquiera aproximación prosaica que pudiese velar el ser espontáneo y siempre vívido que sustenta la expresividad original de su discurso, por todo esto, en fin, nos parece que la poesía de este poeta se manifiesta como todo verdadero arte, a saber, como un ejercicio de libertad y lealtad irreductibles a su singular quehacer creativo, el cual se vierte en estos versos con tan peculiar estremecimiento e intensísimos rasgos de verdadera belleza.

Cuando el insigne crítico Ignacio Prat hablaba del grado extremo de distinción en la poesía de nuestro estimado poeta, lo hacía no sólo con la clarividencia que caracteriza al investigador profundamente informado, también, o sobre todo, al que posee la rara cualidad identificadora que le distingue, en su saber y aptitud, con una manifiesta y refinada inclinación hacia lo auténtico creativo así como una extraordinaria intuición a través de la que observar, en buen gusto y mejor disposición, los rasgos distintivos de lo más granado y sincero del ámbito literario, en cuya labor de creación poética habría de descollar ineludiblemente.

Es muy cierto que el acto de descubrir que apuntara Prat, tan brillantemente por otra parte, en algunas de las cartas dirigidas a José Bailón, se manifiesta como uno de los matices que hacen altamente especial la poesía de más elevada calidad y fundamento, si es que es susceptible, y esta poesía lo es, de originales y genuinos descubrimientos. Cabe de esta manera deducirse tanto de sus notables presupuestos poéticos como en la originalísima apuesta expresiva que habrá de materializarse en estas formas lingüísticas y de estilo harto especiales que la caracterizan.

Puede, y sucede esto con demasiada frecuencia, no detectarse con la precisión suficiente o necesaria, la realidad sutilísima de la poesía veraz y cierta, porque acaso es preciso sumergirse totalmente en versos como estos para, sin demasiado pudor hacer válida aquella queja, convertida hoy en suplicante ruego y muy necesaria denuncia respecto a la mediocridad en el ejercicio que pretende ser creativo y que, en tantas ocasiones no llegando a serlo, quiere campar por sus prosaicos respetos en virtud no de la sincera aprehensión de lo bello y auténtico en la generación artística, sino al amparo de criterios de
Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón
nimiedad egotista y notoriedad personal, y así tan fatuamente pretenden imponerse a la veritas (a la verdad) de lo que sea en realidad arte. No nos extraña poner el pensamiento y aún el corazón en el gran Rimbaud, y en su vigor y pujanza de poeta maldito, para no creer que en el mundo de vulgares apariencias de aquella pléyade de adocenada, mezquina y nauseabunda trivialidad, puede esperar la intensidad y compleja vida, robustez y lozanía de la que participa el artista verdadero. Este Te crees que te espera Rimbaud, es el signo que marca con estigma de fuego y se distingue de la fatua estofa del modo plebeyo que de ninguna manera puede a aquel emparentarse, ni siquiera por oposición, pues será el poema auténtico la prístina señal que el arte verdadero ensalza y significa.

Me parece oportuno, antes y después de realizar alguna aproximación teórica y crítica más prolija y profunda al respecto sobre este ejercicio creativo expreso en estos versos, hacer expresa unas muy breves consideraciones que muy bien pueden afectar a estos poemas, si son verdaderos, y aún sobre la poesía misma cuando se manifiesta en puridad genuina y verdadera. Esta poesía no es sino el compendio selectivo de una obra poética personal que se marca y estigmatiza en el ser y devenir de la poesía misma, pero en una no sé si singular previsión y entendimiento de su fenomenología literaria, ontológico artística y epistemológica que, a la postrer identifica su arte y ciencia como aquella iniciativa que muy bien puede considerarse como auténtica ciencia de la paradoja la cual, no obstante, muestra su irreductible disposición a no ser fijada en limites taxativos o de análisis lógico experimentales al uso del método netamente positivista de la ciencia, porque el vívido ser de su espíritu y materialidad, acaso nunca pueda ser recopilado finita y recursivamente en axiomas de cualquiera naturaleza, ya filosófica, ya semiológica, ya literaria, ya lingüística, ya estilística o incluso científico-natural, las cuales puedan acotar y agotar su extraordinaria dinámica y complejo vitalismo. Estas últimas nociones serán, a mi juicio, la característica y virtud esencial de la poesía.

Será precisamente este límite permanente de nuestro conocimiento sobre las verdades básicas respecto a lo que es y puede ser la poesía, la razón por la que decimos que se manifiesta genuinamente, mas también porque en virtud de esta limitación cognoscitiva será por la que podamos captar intuitivamente la verdad de su vasto dominio, y además por lo que nosotros, sujetos activos de la poesía (lectores, o poetas), la valoramos como entidad viva dependiente de sus observadores, mas, en absoluto por eso podemos estimarla reducida maquinal o mecánicamente.

Quisiera pues que tuvieran en consideración la actitud siempre modesta de quien les habla respecto a la poesía, si la entendemos esta como aquella entidad única capaz de servir de instrumento singular mediante el que contemplar el mundo a la luz de una siempre óptica renovada –nueva- que dará cuenta de que sí es posible una prístina conciencia a través de la que no sólo conocer y reconocer, sino (y sobre todo) ser en la vida y en el mundo.

Así en estos versos de José Bailón resuenan los del de Charleville cuando en el poema: Ce qu’on dit au poéte a propos de fleures (Lo que se dice al poeta a propósito de las flores), dice: Mais, cher, l’art n’est plus, maintenant, / -c’est la verité- de permettre /a l’eucalyptus etonnat / des constrictors d’un hexametre;[…]; (Mas, amigo, no es ya el arte /-si es la verdad- el que da permiso /para que el inaudito eucalipto / se transfigure en hexámetro;[…]

Versos que pueden identificarse con los de nuestro querido poeta de manera no sólo poética, sino casi fraternal, mas con la esperanza de hallar al poeta mismo y al lector verdadero de poesía, no del falsario o del emulador truculento que en la simulación de su propósito se cree que le espera Rimbaud.

Vean sino estos, entre otros muchos versos extraordinarios que componen este excepcional libro, que titula de manera harto significativa: Criaturas pretendientes, una identidad semejante cuando concluía En la mariposa depositas / la irreflexiva perplejidad / de lo frágil.
Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón
el poema diciendo:

Queden pues, entre todos nosotros en estas notas, amigos sinceros de la probada poesía, resonando los ecos de aquellos del poeta malheureux y los versos de este poemario en nuestros corazones, asombrados por la cadencia única de la poesía auténtica, y el hálito vital verídico e incontestable en los versos del poeta José Bailón, tranquilo vigilante de lo sutil del pensamiento poético que parece decirnos con el Rimbaud de aquellos versos del pasmoso Bonne pensée du matin (El pensamiento optimista de la mañana): A quatre heures du matin, l’eté, /Le sommeil d’amour dure encore; (En estío, a las cuatro de la mañana, /El sueño del amor, perdura todavía.

O con la palabra poética de nuestro autor cuando dice en la hora del amor en el poema ¿A qué hora me quieres?: En la caricia, /Lo infinitamente próximo / puede que esté impalpable.

O por el mundo de la sensation sensitiva del gran Rimbaud cuando decía: par les soirs bleus d’eté, j’aire dans les sentiers,: (en las tardes azules del estío, por el sendero irá); que así se encaminaba el autor genial de Charleville, como nuestro poeta José Bailón, por el sendero auténtico de la verdadera poesía.





Francisco Acuyo






Te crees que te espera Rimbaud, José Bailón

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