jueves, 18 de noviembre de 2010

EL ESPEJO O EL" DAIMON" DE ARSENI Y ANDREI TARKOVSKI (I)


En varias entregas de esta bitácora dejaremos constancia del trabajo intitulado: El espejo o el daimon de Arseni y Andrei Tarkovski, publicado en su momento para la revista Cuadernos de rusística española, de la Universidad de Granada, en su número 6, y que hace posible el Grupo de Investigación: Eslavística, Caucasología y tipología lingüística (2010).

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco AcuyoEn base al diálogo establecido en el film El espejo, de Andrei Tarkovski, entre la poesía (con poemas de Arseni Tarkovski, su padre, recitados en off, por él mismo) y el arte cinematográfico, tiene lugar una serie de reflexiones expuestas en este trabajo, sobre el origen del impulso artístico creativo, así como sobre la puntualización de significativas coincidencias (literarias y extraliterarias) en ambos discursos, habida cuenta de que, según el criterio de quien les habla, poesía y cine en este caso en particular, parten de una misma impronta generativa. Se propone un estudio de acercamiento sobre los mecanismos expresivos (lingüísticos, narrativos, poéticos, plásticos…) entre las artes, en principio, nada afines y que, sin embargo, confirman, en virtud de la singularidad del discurso poético, una vía común de entendimiento y de aprehensión de la realidad artística, la cual se mantiene en una no menos singular comunión con el mundo de lo que es y deviene en la existencia humana.





EL ESPEJO(1) O EL DAIMON
EN ARSENI Y ANDREI TARKOVSKI



El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo

I


Introito





Ahora vemos como por espejo, en obscuridad;
mas entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte;
mas entonces conoceré como soy conocido.



Pablo Corintios 1, 13:12





LA gentil novedad de un verso bien concebido y mejor ataviado, puede, a veces, en súbita sorpresa de la imagen, feliz, graciosamente, encontrar apropiada solución a su subido y estético desvelo; en otras, no en menor grado de gracia conceptual e ingenio, numerosas, provocar grande admiración, sutil probidad y excelsa elegancia; mas puede suceder que un ímpetu sagrado y enigmático en el verso también se ofrezca como insólita conciencia (tal vez receptiva a unos pocos elegidos), e incluso como aquella fruición extática proclive para el atento y no menos privilegiado capaz de aprehender en tal sinergia e impulso vital creativo, si es que se dan acreedores de tal estirpe sólo en singulares y excepcionales y sublimes casos.

Encontraremos algo más que señas nebulosas o someros vestigios de ese raro producto del genio verdaderamente creativo que advertíamos en los versos, entre otros recitados en el film de su hijo Andrei: El espejo, en los del poema intitulado: Vida, vida, de Arseni Tarkovski.

Desde luego que no va a la zaga a aquellos versos, a nuestro modesto entender, en su extraordinaria capacidad de sugerencia, el discurso lírico narrativo de Andrei Tarkovski en el desarrollo de su producción Zerkalo (El espejo). La particularidad ofrecida por el film respecto a la introducción de los poemas (voz en off del propio Arseni Tarkovski) radica, tal vez, en la aparición del recitativo en momentos coyunturales de la proyección, incrementando el interés y potencialidad expresiva y de sugerencia visual que, se verá, finalmente, con amplitud reforzada y con una energía y capacidad de síntesis que obtendrá al fin, como resultado, un producto artístico de una naturaleza a todas luces harto especial por su subida belleza y su no menos alta capacidad de sugestión en lo enigmático que traslada en su inhabitual discurso cinematográfico.

La mezcla e insigne heterodoxia de versos tan inspirados con imágenes no menos sugerentes, elevadas y plétora de toda suerte de excelencias cinematográficas, nos llevan consecuentemente a la vívida comparecencia de la más alta poesía en una organicidad vital integrada con la visión no menos extraordinariamente sintetizada en la imagen más evocadora de la que es capaz, con total y solemne maestría, nuestro muy estimado cineasta.

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo
En esta fusión (imagen, sonido, concepto, vívida emoción…) poético-cinematográfica nos sugiere el hallazgo, en algunos momentos cumbres de su desarrollo, de una muy peculiar sinestesia, cuya relación de ambigua bidireccionalidad nos habla de una no menos insólita manera de écfrasis, que aporta ingentes argumentos de interpretación, análisis y proyección intelectivos, que de cuya forma conceptual y estética muy bien se pueden deducir infinidad de trabajos (como este) en múltiples aproximaciones sobre tan compleja y riquísima heterodoxia. En cualquier caso, nosotros llevaremos a término un estudio cuando menos tan heteróclito como la manifestación artística que nos ocupa en este film y en aquellos poemas conque encuentran tan raro y bello aparataje en el que se sustenta expresividad artística tan inusitada.

Aquella preocupación tan clarividentemente manifiesta en el Pensamiento salvaje, de Claude Levy Strauss, por la observación total y de inventario (Strauss 2002) en la primitiva forma de concepción racional del mundo y del ser humano en sus orígenes (reflexivos), en absoluto (nos referimos a aquella capacidad -¿incipiente-¿de reflexión) la apreciaba polarizada en la realización o sufragación de las más básicas necesidades; tampoco nosotros la entendemos centrada en pos de subvenir aquellos menesteres fundamentales del hombre (alimentos, agua, cobijo…) en tanto que, del resultado científico y, sobre todo, del artístico obtenido (y apercibido) en sus representaciones concretas y abstractas y manifiestas en sus organizaciones peculiares (de ciencia y arte), pues se infiere y se da cuenta de ello en sus resultados de manera a todas luces evidente, si afectarán de manera esencial a lo que entendemos como valor estético, y lo harán de forma tan inminente como eminente, según tendremos ocasión de comprobar a lo largo de esta exposición que ahora urgentemente les presentamos.

La magia (y la ciencia) que constituye(n) cualquier arte verdadero se caracteriza(n) por convivir razonablemente con la capacidad proverbial de discernimiento y ordenación residente en el pensamiento humano, y todo en virtud de su magnífica competencia para una integración pacífica (entre aquellas, decíamos: la mágica competencia y el poder de reflexión -observación e inventario-), en tanto que la técnica y la intuición creativa supervisan, paralelamente, sin confrontación, los frutos de su miscelánea siempre dinámica y generativa, cuya singular constitución no hace sino dar cuenta de una no menos peculiar memoria, de cuya colección y acopio excepcional dan cuenta algunas no menos inauditas y extraordinarias obras de arte. Observaremos ahora nosotros, como ejemplo inusitado que aúna los poemas (del padre) y las imágenes (del hijo), en la magna producción El espejo (Zerkalo).

Si señalamos que subyace en esta obra cinematográfica un carácter mito-poético, cuyas reflexiones se sitúan acaso entre el precepto y el concepto, y cuyo signo (lingüístico) se establece como vínculo excepcional entre el significante (imágenes) y el significado (concepto), estaremos diciendo que el signo que lo constituye exige de forma indefectible un rasgo de humanidad (subjetivo) incorporado a la realidad (lo supuestamente objetivo) que necesariamente reproduce. El conocimiento subjetivo (interno) y el externo (objetivo), en su magnificiente vinculación, tendrán como resultancia sublime la estética manifestación reconocida en la emotiva –y (o) sugestiva- realidad de su objeto artístico. Es claro que uno de los más sorprendentes efectos será que la significación percibida es captada por el espectador y que se lleva a cabo como si tuviera o participara de un rasgo común con el receptor en misterioso pero estrecho parentesco. Esta familiaridad se nos hace del todo reconocible en el film, aun cuando no entendamos conceptual o racionalmente los significados en los momentos más insondables, y, diremos que esta rara afabilidad que nos sorprende y nos conecta, será una de las características sin duda más genuinas de todo arte verdadero.

La reflexión a la que invita la película (al igual que los poemas integrados en una unidad orgánica incuestionable) es siempre vital y sujeta al misterio que contiene el arrebatador impulso creativo. Puede decirse que mantiene en su producto un carácter totémico en el que la imagen cinematográfica lograda se ofrece, no como algo necesariamente precisado de un análisis conceptualizado, ni siquiera sometido a determinadas acciones que, en principio, empujen a una interpretación de lógica conceptual, sino como algo esencialmente vivido y asumido que, sin embargo, acabará por afectar a amplios grupos humanos con los que, en su visión participativa, no hará sino ratificar aquel estrecho parentesco al que con anterioridad nos referíamos.

El sentido dinámico, integrador, totalizador del sentir (intuir) de este arte cinematográfico (y poético), sin embargo, no hace sino separarnos, en principio, de la razón dialéctica, en tanto que todo lo que rodea al ser humano (y al artista como integrado e integrador de aquella humanidad), no puede resultarle ajeno (así la hermosísima y oportuna redundancia del paisaje, de la naturaleza, darán buena cuenta de lo que decimos, y que el lector (y espectador) debe(n) entender como una seria advertencia para su mejor entendimiento), así esta identificación singular en el espejo no hará sino constatar la falacia de la identidad personal como oposición entre el yo y el otro que, acaso, no se entiende como otro yo mismo.


 
Notas.-

(1) El Espejo (Zerkalo), Film de Andrei Tarkovski, 106 minutos, Producción: Mas Film, Cámara: Georgui Rerberg, Música: Edouard Artemiev, J. S. Bach, G. Pergolesi y E. Purcell, poemas de Arseni Alexandrovich Tarkovski, leídos por el poeta.
(2) Descripciones complejas de personalidades.





El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo

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