martes, 16 de noviembre de 2010

IGNACIO PRAT Y LA POESÍA GRANADINA II: JOSÉ BAILÓN

Adjuntamos a la anterior entrada esta otra en la que se relaciona a Ignacio Prat con otro poeta de la escuela granadina, el desgraciadamente ya desaparecido José Bailón, cuya originalidad poética no dejó de llamar la atención del atento y avisado  Prat. Mostramos también algunas interesantes cartas así como una reseña publicada en la revista Ínsula sobre uno de sus libros más interesantes: Caídas inmortales, todo lo cual expone su curiosidad por el autor y  el manifiesto interés por la hornada de poetas de la ciudad en aquellos momentos, y de lo que se pueden inferir sin duda muy interesantes conclusiones respecto a los instantes del panorama literario de entonces.


Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades




CORRESPONDENCIA (Y UNA NOTA BIBLIOGRÁFICA)
 CON JOSÉ BAILÓN




Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades


José Bailón

Caídas inmortales*

Granada, Editorial Albahaca, 1981, 81 pp.





Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
Belleza, pureza, alegría al filo de la muerte, de la muerte fea y de la “muerte linda” (como dijo otro gran poeta andaluz). Y posesión muy íntima del lenguaje de esa gran empresa barroca; posesión, es decir, compromiso. José Bailón entrega en este acto unos rehenes carísimos, además de su laudable imprudencia: aquello que parece lo más perenne siendo lo más frágil. No sé qué: las infancias de todo, todas las creaciones que son criaturas. Pero no lo repetirá una segunda vez, porque las reglas del juego, que conoce tan bien, son durísimas: son mortales. El poeta se exhibe con ardor y valor en la trampa. Ejemplos: “Desde / amor desde tristeza junto a lejos” (p. 55); “sin dañar los peces sino ríos” (p. 7); “Si le doliera que vuelvo” (p. 25); “pido que ni existo” (p. 7); “también no recuerdo el repetido” (p. 20); “Ayer cumple los mares” (p. 8); “me escuché tristeza apretadamente amé” (p. 15); “hombre mi pájaro durante gaviota” (p. 8). Están apretadas las flores maravillosas que decoran, no a su pesar, las tumbas cálidas, pero discurren —piensan, corren— como sentimientos: “¡Cuánta tristeza se llevan / (t)ramos de flores mustias!” (p. 22). ¿No las dignifica a ellas ese gran suceso que este bello libro presenta con su nombre más propio, desde el mismo título? Esta perspectiva no resulta familiar; mejor todavía, sorprende —instruye— desde el punto de partida de unos versos poco torturados estilísticamente: “Morí para saber de la muerte / y sólo la tuve. / ¡Pero todavía para poder morir / hay que haber sonreido! (p. 64). El lector admitirá que cierta sabiduría ha costado tanto, cuando se mide “Lo lejos de lo cerca” (p. 44) —la misma frase está en una carta de Franz Liszt— o se viene de un “aire (que) no tiene escapatoria entre los árboles” (p. 43) o de “-bajo del mar tranquilo con manos altas de águila” (p. 43). La osadía lingüística (por calificarla, no por definirla) de Caídas inmortales no sabría ser insolente (insolencia es decir esto); para poner “Tengo me iré / -bello tengo-” (p.20) o “qué me iré” (p. 19), el autor de tan insólitos reposos en la sutil psicología, ha resbalado luego por estas pendientes de hermosura más heredada, no más tolerable: “He venido a que me hagáis compañía (flores)” (p. 33; cf. lo dicho sobre la consolación de los frágiles testigos); “los que van a conocerte / rodar por las gargantas de caoba dulce” (p. 42). (El último verso procede, claro, de una elegía; y conviene volver del revés del primer derecho, la máxima estúpida: todos los no elegíacos son unos canallas; sépase que en la obra de José Bailón la agresión de la muerte se dibuja con dos intensidades superpuestas —¿imprescindibles para no ser de verdad un elegíaco?—, como en este ejemplo del riesgo sobre el riesgo, donde no desaparecen los nombres insoportables de esos tonos: “Si matas un pájaro / te presto las heridas [p. 63]; y cito otros dos versos en conexión con otros ya copiados “No quisiera pensar en la alegría / pues a veces hay detrás un niño / que espera nuestra muerte [p. 61]. Quizá la extraña armonía anotada tenga las dimensiones de unos suelos y techos de “caoba dulce”, donde dramáticamente los reflejos ofrezcan otras figuras que las enfrentadas (“Le busqué los escombros, / sin embargo busqué las ruinas” [p. 19]). El poeta puntúa porque nada está más lejos de su propósito que la anbigüedad, pero la sintaxis depende, también, del universo de nortes y sures encontrados con tanto peligro:
nadie sabe que esperan pero nos esperan beso mientras labio,se escucha:

mientras me llegué la flor

no perfumaré el corazón.

(p. 8)

Por otra parte, la geografía y el destino no se traicionan (casi inútil es advertirlo). Como el título de un poema de la cuarta sección del libro, las palabras de José Bailón aspiran a “flores fulgurantes” cuyo aroma (“el perfume / es el grito de la inocencia” [p. 22] es la “belleza incurable”; ésa y no otra.



*ïnsula, nº 422, enero, 1982, pág.8.


CARTAS



B. 6 de dic. de 1980



Estimado José Bailón:



Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
Recibí el segundo ejemplar de Edema terral, que has tenido la amabilidad de enviarme. Recibí el primero, y te escribí entonces; por lo visto, la carta no te llegó, ni a mí me la han devuelto. Últimamente, he perdido algunos envíos, pero las pérdidas se ahora las entiendo por las huelgas de correos, etc. Ya entonces te comunicaba mi emoción al leer tus poemas que me parecen extraordinarios, con una sintaxis e imágenes que me confirman que hoy existe alguien que avanza hacia el futuro en un panorama que no puede ser más triste. Espero que se te sitúe en el puesto de vanguardia que tu poesía merece. En mi pobre opinión, tu poesía debe estar entre las más importantes de estos años que ahora tanto se recuerdan, 1970-1980.

Muchas gracias por tu amabilidad. ¡Tengo dos ejemplares de tu libro, que conservaré como algo muy valioso! Gracias otra vez.

Un saludo de

Ignacio Prat



B., 15 de febrero de 1981



Estimado José Bailón:



Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
He leído varias veces este fin de semana tu libro magnífico Caídas inmortales, que espero publiques pronto; le dedicaré, cuando salga, un comentario, pues he tomado varias notas a lo largo de estas lecturas de estos días. Te repito mi agradecimiento por la dedicatoria de “Manifiesto...”; te repito, sin asomo de molestia que no creo merecer esta deferencia. Toda tu obra está llena de novedades, en imágenes y en ritmos, y creo que su publicación será un acontecimiento. Parece que se nota en la crítica últimamente un deseo bastante positivo de recuperar el tiempo perdido y de establecer cosas coherentes.

Gracias infinitas. (A tu obra espero hablarle desde unas páginas impresas, en su momento.) Muchos saludos de

Ignacio Prat



Te suplico me digas si puedo quedarme la copia que me has enviado. Si la necesitas, te la enviaré inmediatamente, luego de hacer —si me permites— una para mí.



Querido José Bailón:




Muchas gracias por la dedicatoria de tu poema, que me ha dejado maravillado y sorprendido. Me parece extraordinario y lejos de las cosas normales que se hacen por ahí. Creo que tu poesía es de lo mejor que se hace hoy en España. Así es.

Pero... Yo no soy nadie para poner prólogo a la Edición nueva de Edema terral. Mi opinión es que se lo pidas a personas con más méritos, que pueden dar más valor a tu libro y la difusión que el libro merece. Pero de todas formas, me tienes a tu disposición en último caso. Eso por descontado.

Gracias de nuevo por todo y por tu dedicatoria y tu poema estupendo.



Muchos saludos de



Ignacio Prat




Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades


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