lunes, 17 de enero de 2011

FERNANDO DE VILLENA: POETA INVITADO



Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancile

Proseguimos esta singular selección de poetas y poemas contemporáneos con otro querido amigo poeta y novelista de referencia: Fernando de Villena. Podrán constatar la calidad de su obra en verso aun en esta breve entrada; en cuanto a su extraordinaria calidad personal queda para los que tenemos la fortuna de contarlo entre nuestros amigos. Sea esta una invitación sincera para indagar en su rica y prolífica obra literaria.



BIOBIBLIOGRAFÍA



Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancile
Antonio Enrique y Fernando de Villena


Fernando de Villena  (Granada, 1956). Miembro de la Academia de buenas letras, premio de la Crítica de Andalucía de narrativa, ha publicado quince libros de narrativa con títulos como: “Relox de peregrinos”, “El hombre que delató a Lorca”, “Sueño y destino”, “Iguazú” , “El testigo de los tiempos” y “Udaipur”. Como poeta ha desarrollado una extensa producción en la que destacan los volúmenes “Poesía 1980-1990”, “Poesía 1990-2000”, “Los siete libros del Mediterráneo”, “Conticinio”, “Por el punzón oscuro”, “La década sombría” y “La hiedra y el mármol”. Profesor de Literatura, ha dedicado también algunas obras al estudio de la producción literaria en los siglos de Oro y en el siglo XX.




Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancile
Con Rafael Guillén, Francisco Gil Craviotto entre otros amigos


POÉTICA



Mirar, sentir, vivir despacio ciertos instantes y saber comunicar la emoción de lo entrevisto : ese es el trabajo del poeta. Existe una realidad más hermosa o más terrible detrás de muchas cosas junto a las que pasamos. El hombre vive y ha vivido siempre demasiado velozmente. El poeta debe detenerse a indagar esa otra realidad y, aunque nunca pueda explicarla, podrá trasmitir la emoción que le sacude durante su búsqueda. Nuestro equipaje para dicha aventura es el lenguaje y cuanto mejor sea nuestra formación, más posibilidades tendremos de comunicar esa experiencia.





POEMAS



ESTACIÓN DE ALDEA


  La tarde moría sobre las acacias.
Del campo venía la brisa aromada;
Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancilelas aves callaban, los grillos cantaban…
La tarde moría.

Las rosas en sombra formaban guirnaldas
por sobre los arcos, junto a la campana,
y con sus agujas lento las flechaba
el reloj añoso.

 La luna en creciente y estrellas clavadas
 en un firmamento turquesa y de nácar.
 El reloj añoso los sueños contaba.
 La tarde moría.

 Estrépito grande y una luz lejana.
 Un temblor del aire por las enramadas.
 Un silbo furioso: el tren que llegaba.
 Las rosas en sombra.
Un ángel huía. La noche reinaba.



                               FERNANDO DE HERRERA (1596)


Quizá se me reproche mi verbo de andaluz;
acaso no se estime mi empresa la más alta,
pero al caer la tarde, cuando la luz me falta,
preciso me resulta cantar mi propia Luz.

Yo un hombre soy tan sólo y amar fue mi blasón;
 oculta al fin mi Estrella, ni sueño ya ni espero.
 A los regios banquetes un buen libro prefiero
 y un tiento de Correa que de la Fama el son.

  Prefiero en fin mirando las aguas del gran Betis
  los días ver hundirse que perseguir en vano
  el oro que –se afirma- posee el suelo indiano
  allende el oscilante trigal azul de Tetis.

   Prefiero tosca saya que el roce del arnés
  y a las doradas jaulas o cortesanas salas
  do sólo la mentira posee libres alas,
  prefiero mis callejas en torno a San Andrés.



EPITAFIO


Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancile    No ha de turbar mi tumba el ronco viento
ni la lluvia de inviernos sucesivos.
Para dejar tus lirios sensitivos
en vano buscarás mi monumento.

    No deseo la tierra como asiento
ni siquiera en la paz de los olivos
ni estar cerca del mundo de los vivos
cuando acabe el sentir de cuanto siento.

    Una tarde estival, celeste y tibia
llevarás mi ceniza al mar latino
y, en sus ondas disuelta, prontamente

llegará a Grecia, Italia y hasta Libia,
buscará algún palacio submarino
o hallará su quietud en el Oriente.


 ELEGÍA II



    Nos habla el viento algunas veces
por boca de las hojas nuevas.
Nos habla y nos recuerda
vivencias de unos años idos
de tan veloz manera
que ciertos no parecen.

    Nos habla el áureo polen
que, tal lluvia de Dánae,
esta tarde se mece sobre el valle,
y toda la creación
parece fecundarse de repente,
en un instante pleno y jubiloso.

    Nos habla el aire de que fuimos jóvenes
y alguna vez entramos en la danza
que el dios Amor propone a sus devotos.
Nos habla sí, con toda su vehemencia…
Pero ya no entendemos su lenguaje.






                                                                              Fernando de Villena






Fernando de Villena, Poeta invitado, Ancile

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