jueves, 28 de abril de 2011

MARIO BUNGE O DE LA EPISTEMOLOGÍA II

Mario Bunge o de la epistemología 2, Francisco Acuyo






MARIO BUNGE O LA EPISTEMOLOGÍA II 






Mario Bunge o de la epistemología 2, Francisco Acuyo



DESDE  La ciencia, su método y filosofía,  a, La investigación científica, Bunge propone una vía de rigor metodológico de ineludible referencia respecto de la cual yo no voy a aportar nada nuevo incidiendo reiterativamente sobre ella, sobre todo habiéndolo hecho autoridades mucho más avisadas y puestas en antecedentes de entendimiento y estudio, pero sí me gustaría, siguiendo el hilo del discurso del primer post sobre el tema en este blog, como un neófito (incluso, como usurpador o invasor, aparentemente iconoclasta) de tales disciplinas, no en vano, ante todo o sobre todo, me identifico con el sello -siempre sospechoso, desde Platón- nada menos que de poeta, quien de consuno ha de habitar, así lo acreditan las ciencias y también las creencias tradicionales o, sobre todo, románticas, el oscuro cubículo de la ineluctable y, dícese que proverbial irracionalidad, imprescindible acaso para todo artista creador –más o menos sentimental, sensible y sensitivo, que se precie de tan alta y extravagante jerarquía, desde donde incitan las más enigmáticas esferas y moran excelsamente las aladas musas.
                Filosofía y ciencia, en el rigor de este método descrito, van de la mano en un esfuerzo uniabarcador de raro parangón en el dominio del conocimiento científico, mas también incidiendo en el ámbito de la semántica  (científica), de la ontología, la gnoseología y la ética, todo lo cual está regido por esa visión realista que construye un instrumento de conocimiento que asienta sus fundamentos en la ciencia (positiva, materialista) que estará sólidamente estructurada en una rigurosa sistemática que busca fundamento en la lógica y la matemática.
Mario Bunge o de la epistemología 2, Francisco Acuyo
                Si el mundo exterior tiene objetividad respecto de la mente (realismo ontológico), ¿cómo conjugará el -¿inevitable?- idealismo –ontológico o subjetivo- que se dice embarga el espíritu del artista y del poeta? ¿Cómo es posible que cause tal fascinación y curiosidad en el ánimo e impulso intelectual y creativo de quien les habla la supuesta acritud de este áspero territorio, convencionalmente aceptado como antítesis de aquel otro vasto dominio inserto en la idea del sentimental refugio u oasis místico que arroba el espíritu? 
         No haré en este punto una exposición sobre la relevancia o no de lo que para mí son prejuicios sin ningún fundamento sobre el supuesto y, a mi entender, falaz enfrentamiento entre ciencia, y en lo que aquí y a este modesto poeta respecta; claro es: la poesía. Es más, diría que el realismo científico ha sido la prueba de fuego para calibrar el temple del constructo (subjetivo), es decir del  poema, respecto de la cosa (el objeto), es decir la vida y lo que en derredor de ella se contempla y acontece.
            Ahora bien, en virtud del conocimiento poético –que no tiene por qué estar reñido con el de la ciencia - , y una vez macerada la razón (y la razón  emocional) en virtud de lo que es y acontece fuera de ella misma, lo que hace el poeta es completar lo que la ciencia no puede respecto al conocimiento de la realidad misma: si allí fuera hay algo, detectado en virtud de que la ciencia y la tecnología nos lo muestra con su innegable avance, esto no supone y propone argumentos suficientes para demostrar su existencia y consistencia objetiva. El error ampliamente manifiesto en la descripción y conocimiento del mundo a través de la ciencia (Bunge) no sólo clarifica la existencia de un mundo exterior, también da fe de que la ambigüedad y la analogía deducible del conocimiento ofrecido por (otros discursos alternativos y desde luego no menos rigurosos: en poesía lo que nos está perfectamente expresado no está dicho, decía Vicente Aleixandre) el discurso poético (a través de la metáfora, la metonimia, la sinestesia….) completa aquel conocimiento científico en tanto que las variables que se tienen en cuenta para conocer son  más y más variadas de las que puede aspirar la concreción de la ciencia. Voluntad, vida y existencia (Schopenhauer, Nietzsche y Kierkergaard) como principios de fundamentación del irracionalismo tradicional, tienen algo más que cabida en el discurso poético –y filosófico- (lo sostienen muchos filósofos y no pocos poetas),  no es del todo rechazable -ni directamente enfrentado- al propuesto por la razón y la lógica en la que se fundamenta la ciencia, pues deben entenderse como complementarios y se verá si necesarios para una recepción adecuada de lo que la realidad sea.




Francisco Acuyo
                




Mario Bunge o de la epistemología 2, Francisco Acuyo

1 comentario:

  1. AUCH!FRANCISCO!, ME EMBELEZA TODO LO QUE ESCRIBES, SÓLO QUE MI VIDA HA PASADO CASI SIEMPRE MÁS POR LOS NÚMEROS QUE POR LAS LETRAS, CON LO CUAL DESEARÍA COMPRENDER MÁS PROFUNDAMENTE... TEMO QUEDARME A MEDIAS Y A DECIR VERDAD, ME APENA; PERO...PROMETO SEGUIR INTENTÁNDOLO!. HASTA PRONTO.-

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