lunes, 11 de julio de 2011

LUIS DE GÓNGORA INAUGURA LA INELUDIBLE JERARQUÍA

Luis de Góngora: ineludible jerarquía, Ancile


LUIS DE GÓNGORA INAUGURA

 LA INELUDIBLE JERARQUÍA



Aprovechando que tal día como hoy nacía en Córdoba, bajo el signo de Cáncer,  el gran D. Luis de Góngora y Argote, publicamos esta primera entrada de esta sección nueva titulada, Ineludible Jerarquía, como homenaje a su figura, desde luego del todo ineludible para la poesía universal, pero también porque he dispuesto en esta iniciativa que se anuncia, llevar a término una singular antología de poetas (y de poemas) en la que se vea reflejada la particular semblanza de todos aquellos creadores a través de la huella  que habrían de dejar en quien suscribe, la cual puede considerarse no sólo imborrable, porque además marcaron el trazo señero de las directrices mediante las que intenté marcar, con  toda modestia, una senda propia en el complejo, dinámico y tantas veces enigmático mundo de la poesía. En este primer post, sin comentario alguno a los poemas, alguno de los que habrían de estimular la viva imaginación de aquel poeta adolescente que balbuceaba apenas sus primeros versos. Hablaremos también de algunas de las ediciones que imprimieron sello indeleble, si es que a través de ellas unas  veces me inicié en la lectura y atenta de sus versos, en otras me sirvieron de guía fundamental para la mejor y más profunda comprensión de los mismos.



Luis de Góngora: ineludible jerarquía, Ancile




SONETOS




- XXXI -



   Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el Sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

   mientras a cada labio, por cogello,
 5
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

   goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
 10
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

   no sólo en plata o viola truncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.










- XXXIII -




   La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado
y a no envidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

   amantes no toquéis si queréis vida;
 5
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

   No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
 10
se le cayeron del purpúreo seno;

   manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno.




- XXXIV -



A Córdoba


   ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!

   ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
 5
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!

   ¡Si entre aquellas ruinas y despojos
que enriquece Genil y Darro baña
 10
tu memoria no fue alimento mío,

   nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tu muro, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!






- XLIII -


De la brevedad engañosa de la vida



   Menos solícito veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

   que presurosa corre, que secreta,
 5
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

   ¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
 10
en seguir sombras y abrazar engaños.

   Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.





- XLV -


A un ruiseñor





   Con diferencia tal, con gracia tanta
aquel ruiseñor llora, que sospecho
que tiene otros cien mil dentro del pecho
que alternan su dolor por su garganta.

   Y aun creo que el espíritu levanta,
 5
como en información de su derecho,
a escribir del cuñado el atroz hecho
en la hoja de aquella verde planta.

   Ponga, pues, fin a la querella que usa,
pues ni quejarse ni mudar estanza
 10
por pico ni por pluma se le veda.

   Y llore sólo aquel que su Medusa
en piedra convirtió, porque no pueda
ni publicar su mal ni hacer mudanza.




- LXXI -


A don Cristóbal de Mora, marqués de Castel-Rodrigo
 del libro de Baltasar Gracián Agudeza y arte de ingenio



   Árbol de cuyos ramos fortunados,
las nobles Moras son quinas Reales,
teñidas con la sangre de leales
Capitanes, no amantes desdichados.

   En los campos del Tajo más dorados,
 5
y que más privilegian sus cristales,
a par de la sublime palma sales,
y más que los laureles levantados.

   Gusano de tus hojas me alimentes,
pajarillo sosténganme tus ramas,
 10
y ampáreme tu sombra peregrino.

   Hilaré tu memoria entre las gentes,
cantaré enmudeciendo ajenas famas,
y votaré a tu templo mi camino.



2 comentarios:

  1. El soneto xxxi,es grandioso,por su sencillez!!!!
    Me gusta mucho!!! y,és interesante,esta nota.
    Gracias,Francisco!!!

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  2. Nada mejor, amigo que este homenaje al grande poeta de todos los tiempos. En to hay mucho de ese genio de Góngora, mejorado por el decursar de la vida, por tu propia experiencia y emocionalidad, por la forma sutil e inteligente conque miras el mundo y lo perfeccionaas en palabras de profundo dramatismo y belleza. Si el maestro viviera todavía, sin dudas serían grandes amigos y emularían para bien de la poesía. Un abrazo.

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