martes, 20 de diciembre de 2011

POEMAS NAVIDEÑOS (II)

He aquí, como prometimos, una nueva selección de poemas navideños. Esta vez de poetas que construyen su obra en la actualidad y que siguen, a pesar de los enormes cambios sociales, la rica tradición lírica que gira entorno a tan entrañable temática. Algunos, digo, enmarcados claramente en dicha tradición (véanse los preciosos poemas de nuestros amigos y colaboradores Rosaura Álvarez y Francisco Basallote), otros, sin ser ajenos a la misma, estableciendo una vertiente personal pero con el fondo siempre blanco de estas fiestas tan singulares, véase el caso del diseño y poema aportado por el poeta e impresor exquisito Francisco Martínez Vela o el caso de quien les habla a través de esta entrada flamante que versará sobre la Navidad nuevamente.








POEMAS NAVIDEÑOS (II)




ERA NIEVE LA CAL



Era nieve la cal
en aquel belén
                        que era pueblo
sobre verdes colinas
y era río
                        de cristal quieto
que corría en los ojos
sorprendidos de un niño
que empezaba a soñar.

Era nieve la luz
de la ilusión
de un niño que esperaba
entre sus sueños
la más cumplida magia.

Y eran tres luces
sobre la nieve de cal
que aún en la memoria brillan.





TIENE UNA SOMBRA LA ESTRELLA



Tiene una sombra
el  brillo de la estrella :
las lágrimas del niño
que llora mientras mece
a sus hermanos.

¡Ay!, que los Reyes no vienen.
¡Ay!,  que sí vendrán.
¡Ay!, que ya suben la cuesta.

Cómo brillan las lágrimas
de las estrellas.   



Francisco Basallote


Incluyo, además, un felicitación personal del poeta recibida recientemente con una preciosa acuarela para la ocasión.

                                                   


                                                                     





























































                                                                  GRATIA PLENA






Te perdías, quedabas en tu aliento
suspendida, mudabas, en ternura,
vaivenes del quehacer en don de pura
plegaria. Tu latir, en ardimiento

de Dios ¡Qué alzar del alma por contento
süave, qué perderte en la locura
de amor más inefable que criatura
viviera. Y puso Dios el gran momento             

en labios de ángel : “Tú, de gracia llena.
Entre toda mujer eres bendita
y bendito es el fruto de tu seno.”

Con El Que Sólo Es la sacra cita
temor no te infundió. Y diste, serena,
tu ser, en el más bello abrazo pleno. 



MIRANDO AL PESEBRE
EN ESPERA DEL NACIMIENTO




Y pusiste tu mano sobre el vientre,
aquel mismo que en gozo cumplido tú entregaras:
Tu carne para otra carne.
ya Dios, la tuya.

¡Qué grandeza de abrazo, que a Cristo nace!



Rosaura Álvarez


Otro poema de Rosaura acompañado con una ilustración bellísima y muy apropósito de Ricardo García.


































































De Francisco Martínez Vela el diseño exquisito anunciado y la maravillosa impresión sobre muy nobles materiales que, lamentablemente, no podrán disfrutar en esta muestra.







































Y ahora (el extemporáneo, mas non troppo, si se fijan bien) titulado La azucena de la nieve, con un foto montaje del mismo autor de los versos y que porta el mismo título.



LA AZUCENA DE LA NIEVE





 EN el silencio templa
el eco de la nieve
eterno una instantánea:
música de la luz
soledad reverbera
sobre el flash infinito
que en la distancia suena.

   Entre fuentes perpetua
del silencio se escucha
la nieve en la azucena.
Un copo sobre el agua
suspenso vibra apenas
perseguido de luces
cristalina libélula.

   No yelo una presencia,
si fuego hizo después
alma de la materia,
ligera en el paisaje
nívea llama refleja:
a su imagen la roca
de sí toma conciencia.

   Tenue por su silueta
un mundo se dibuja
de inasible materia:
lívido enamorado
entre la brisa apenas,
cuando escucha el amor
el silencio contempla.

   La nieve en la arboleda
no dice del amor
que, como espectro, hubiera
de otro tiempo lejano
traído una azucena,
pues el hielo de invierno
alma alado fundiera.

   Del sueño centinela,
sobre la nieve el paso
marca etéreo su huella;
a los ojos me mira,
y los suyos refleja
inabarcable el signo
que un mundo contuviera.

 No sin pudor expresa
entre el hielo y la llama
el silencio elocuencia,
y el turbado gesto
hiciera del instante
eternidad, y del
infinito frontera.




                        Francisco Acuyo


 





LAUS DEO







4 comentarios:

  1. Preciosa y delicada entrada. Muestra más que interesante de esta tradición lírica en la poesía española, todavía en vigor en nuestros días.

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  2. Ejemplo magnífico de la tradición navideña en la actualidad del verso en nuestra rica lengua. Esperemos que se mantenga si ofrece productos tan hermosos como los poemas ofrecidos en este post. Enriquece aún más la trayectoria de este espléndido blog.

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  3. Me encanta el blog Ancile. Me parece de lo más completo así como de una calidad incuestionable. En relación a estos poemas y a los recogidos en el anterior post, me parecen de una gran delicadeza y muy apropósito para las fechas. Mi más sincera enhorabuena a los responsables del blog.

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  4. Ya sabía el nombre del autor del romance que cierra esta hermosa entrega. Ya sabía que ese delicado y profundo poema de clásico estilo era tuyo, poeta y querido amigo. Muchas gracias. Un abrazo y feliz año que viene.

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