lunes, 22 de octubre de 2012

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER, EN AMOR Y POESÍA


Algunos amigos y lectores habituales del blog, ha tiempo que me espetaban no sin cierta perplejidad y bastante disgusto, cómo era posible que después de quince entradas en la sección Amor y poesía del blog Ancile, no había ya incluido al entrañable y admirado Gustavo Adolfo Bécquer, poeta del amor y de la poesía por excelencia y como pocos tan certero, directo y arrebatador en estos temas universales en la lengua española. Pues bien, sin ánimo de defraudar a tan avisados y queridos lectores, aquí está la ineludible presencia del poeta sevillano. Poeta de mi adolescencia, del que tanto hube de aprender, dejó su impronta en mi espíritu aspirante siempre de poeta, no en vano su delicada y cuidadísima obra poética dejó huella indeleble entre tantos amigos de la verdadera poesía.
            Nada más lejos de aquellos suspirillos líricos de corte y sabor germánicos, que diría Núnez de Arce por la influencia de Heine en nuestro querido poeta, pues estos poemas extraídos de la Rimas, dejaron huella incuestionable por su originalidad singular, ganándose un hueco de referencia en la historia de la literatura y la poesía española que, de una u otra forma, habría de marcar seguras influencias en cantidad importante de poetas de mención posteriores a él mismo. Además su acervo poético vendrá amparado por una teoría (una poética) –véase Cartas literarias a una mujer, o, la Introducción sinfónica al libro de los gorriones- de no poco interés por su coherencia y particularidad, conjunto que hace de su mundo poético un ámbito profundo y suficientemente complejo que precisa de continua y atenta revisión. Queden pues con todos los adeptos a la entrada Amor y poesía y del blog Ancile estos poemas seleccionados de Gustavo Adolfo Bécquer.



Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile





 GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER, 
EN AMOR Y POESÍA



Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile




X



Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada,
oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
—¡Es el amor que pasa!



XI


—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                        —No es a ti, no.
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                        —No, no es a ti.
—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!



Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile

XIII



Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana,
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las trasparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

XVII



Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...,
¡hoy creo en Dios!



XVIII



Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo
del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.
Como cuna de nácar
que empuja al mar y que acaricia el céfiro,
tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh! ¡quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh! si las flores duermen,
¡qué dulcísimo sueño!


XIX



Cuando sobre el pecho inclinas
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces.
Porque al darte la pureza,
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y nieve.



XXI



Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile





¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.



XXIII



Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.



XLI



Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!



Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile



L




Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tú y yo.
Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención,
y hecho el ídolo ya, sacrificamos
en su altar nuestro amor.

LIII



Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
nadie así te amará.


Gustavo Adolfo Bécquer




Gustavo Adolfo Bécquer, en Amor y poesía, Ancile

2 comentarios:

  1. Fiesta delicada de la mejor poesía hispana. Verso enamorado del Amor. Además de esta excelente colección, recuerdo aquel poema del arpa, que decía algo como: "De un rincón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo..." En fin, amigo, que te agradezco mucho este regalo. Un abrazo.

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  2. El primer libro de poesía que me regalo mi padre, gracias Paco.-

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