domingo, 2 de diciembre de 2012

EL BOSÓN DE HIGGS O LA PARTÍCULA MALDITA EN: DE JUICIOS, PARADOJAS Y APOTEGMAS




Rescatamos, después de varios meses de inactividad, la sección De juicios, paradojas y apotegmas, de nuestro blog Ancile que, obtuvo desde su aparición un más que meritorio reconocimiento y que, a la sazón, gracias al consejo de algún lector (querido amigo) del blog, habría de empujarme a darle nuevos argumentos con nuevas entradas. Así las cosas, siguiendo el parámetro de brevedad y concisión exigida por este apartado del blog Ancile, vengo a rescatar, con motivo de una anterior entrada de la sección científica, concretamente:  Estructura y dinámica (¿divina?, o el bosón de Higgs, una apostilla que creo que puede ser interesante para los inclinados a cuestiones tan fascinantes como la estructura de la realidad material que hace del mundo lo que es.




El bosón de Higgs o la partícula maldita, Francisco Acuyo,  Ancile




 EL BOSÓN DE HIGGS  O LA PARTÍCULA MALDITA EN:
DE JUICIOS, PARADOJAS Y APOTEGMAS




El bosón de Higgs o la partícula maldita, Francisco Acuyo,  Ancile



CUANDO todo el mundo da por sentado que la materia es una realidad de sentido común incuestionable[1], sólo basta con intentar atravesar una sólida puerta de roble sin abrirla para constatar las notables consecuencias para el rostro del que intentase tal y tan indiscreta aventura, todo lo cual no acaba de responder a la cuestión nada trivial del motivo por el que,  además de por la interacción de las partículas elementales que componen el roble, aquella puerta tiene tan sólida consistencia, y que tiene que ver con la masa de todas y cada una de los elementos subatómicos que componen dicha consistente y compacta estructura.
Pues bien, todo parece indicar, a raíz de los experimentos del CMS y ATLAS, así como del gran colisionador de hadrones (LHC), que el responsable de que lo más intimo de la materia tenga tal comportamiento y consistencia, tiene que ver con la partícula (hace ya unos cincuenta años que se teorizó sobre ella) denominada bosón de Higgs. De su descubrimiento ya dimos cuenta en la entrada de nuestro blog intitulada: Estructura y dinámica (¿divina?, o el bosón de Higgs.[2] La traemos a colación en esta sección (acaso injustamente olvidada por quien suscribe hace algunos meses) debido a algunas referencias a la misma sobre cuestiones que atañen a elementos conceptuales que requieren respuestas breves, sintéticas y, supuestamente, de fácil reconocimiento especulativo e intelectual.
El bosón de Higgs o la partícula maldita, Francisco Acuyo,  Ancile
La interrogante sobre la masa de las partículas nunca pudo encontrar respuesta a través de la teoría estándar de partículas, a pesar de que dicha teoría hizo una exhaustiva descripción de las propiedades que componen dichos elementos fundamentales. Es obvio inferir que, de no existir la propiedad de la masa de aquellas fracciones ínfimas de la materia, esta misma no existiría, dando lugar a un universo del todo muy distinto al que conocemos, o poniendo en duda su misma existencia.
Se postuló en su momento (por Robert Brout y François Englert, y posteriormente por Peter Higgs), la necesidad de un medio (el campo de Higgs) que tenía necesariamente que tener la característica de la ubicuidad[3], o, lo que es lo mismo el de la omnipresencia mediante la que se posibilitaría que las partículas obtuvieran la necesaria masa para su consistencia y la del mundo material tal y como lo conocemos.
El bosón de Higgs o la partícula maldita, Francisco Acuyo,  Ancile
Tras las colisiones de protones registradas por el detector ATLAS,[4] y de constatarse definitivamente de que se trata del esquivo y a la vez deseado bosón de Higgs, acaso estaríamos en disposición de una revolucionaria concepción del mundo que, como de hecho vino a suceder con otros descubrimientos científicos, cambiaría buena parte de los parámetros de aprehensión y entendimiento de todo aquello que nos integra y también de todo lo que nos rodea. Hablamos no ya de argumentos teóricos sobre la existencia de esta o aquella partícula, sino de la constatación experimental de una de las más extrañas pero necesarias partículas para la comprensión de la materia, tal es así, que de no comprobarse la existencia del bosón de Higgs, sería mucho más que conveniente que ideemos una muy distinta física de la que hoy conocemos, si pretendemos dar una explicación coherente de la realidad. No deja de resultar paradójico que una partícula virtual (teórica hasta ahora, parece) hubiera de ser en definitiva, la que acabe dando consistencia al mundo nada menos que de la materia; aún más, cuando se exige de este elemento básico características rechazadas por el sentido común científico hasta no hace demasiado tiempo, a saber, la exigencia de su ubicuidad (mediante la cual -el Campo de Higgs- hace posible la masa de las diferentes partículas), así como que la excitación del vacío sería en definitiva el origen de todo, o lo que es lo mismo, la omnipresencia de este estado ¿de quietud? (campo y partícula) para justificar lo que siempre se ha considerado rasgo esencial de la materia: su concreción, su experimentación perceptual, su carácter ostensible siempre sujeto a un espacio y tiempo que pueda ser susceptible de predecibilidad en su movimiento, detectable y también verificable. Estamos en un momento singular en el que tal vez volvamos  a ser testigos de una nueva revolución conceptual para describir la realidad.

                                                                                                              


                                                                                                                         Francisco Acuyo




[1] O la colección de prejuicios adquiridos antes de los 18 años, que diría Albert Einstein.
[3] Similar al que tienen los fotones al poder comportarse como partícula y como onda electromagnética
[4] Mediante las que se demuestre que el par electrón-positrón y el par muón-antimuón hubiesen originado el esquivo bosón de Higgs.


El bosón de Higgs o la partícula maldita, Francisco Acuyo,  Ancile

1 comentario:

  1. Es un tema apasionante. ¿Podrá la ciencia por fin "tocar" a Dios. Estoy convencida que sí.
    Felicidades Francisco por esta interesante entrada, da que pensar.
    Un abrazo

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