lunes, 7 de enero de 2013

"CANTAR DE CANTARES", EN LA VERSIÓN DE FRAY LUIS DE LEÓN, EN AMOR Y POESÍA I


Reproducimos en la sección Amor y poesía del blog Ancile uno de los más hermosos poemas de amor jamás escritos. Nos pareció ineludible su presencia en este apartado de ya largo recorrido en nuestro espacio digital, entre otras razones por su referencia indiscutible en el ámbito de la poesía amorosa y por su intensidad lírica sobre la que, en modo alguno, parece discurrir el tiempo. Nos referimos al Cantar de Cantares, atribuido al rey Salomón. Lo reproducimos en dos entradas por ofrecerlo en su esplendor y en la versión inigualable de nuestro insigne, sabio e incomparable poeta (de poetas) Fray Luis de León, quien, dicen, entre otras acusaciones –traducir la Biblia sin permiso a la lengua vulgar-, que por su afirmación de que se trataba de un poema amatorio (sus enemigos encontraron excusa idónea para denunciarlo ante el Tribunal de la Inquisición), habría de acabar recluido en la cárcel. Recordando además su compromiso con lo cotidiano, humanitario y vital (en su intervención en la Polémica de auxiliis junto a Prudencio de Montemayor) en defensa de la libertad del ser humano, uno de los más grandes humanistas que haya visto la luz del mundo, quien nos honra sobremanera traer a estas páginas nuestras, y anunciarlo como otro de los grandes influjos literarios, poéticos y humanísticos de quien les habla; todo lo cual,  adjunto a la magna y sublime gloria de los versos del Cantar de Cantares, creemos que hace de estas dos entradas que brindamos ocasión excepcional para recordar felizmente, quienes ya tuvimos la fortuna de leer y releer estos extraordinarios versos, y de contactar con no menos gozo, si es por vez primera, y seguramente con asombro y no poco deleite, si se tiene un mínimo de sensibilidad  literaria y sobre todo poética. He aquí pues una de las más elevadas y sugerentes muestras de poesía entregada al regalo del amor verdadero en la voz y el temple de una de las versiones más hermosas y duraderas.


Cantar de cantares, en la versión de Fray Luis de León, Ancile




EL CANTAR DE CANTARES I

(EN OCTAVA RIMA)




Cantar de cantares, en la versión de Fray Luis de León, Ancile



Capítulo I



ESPOSA

Bésame con su boca á mí el mi amado,
son más dulces, que el vino, tus amores:
tu nombre es suave olor bien derramado,
y no hay olor, que iguale tus olores:
por eso las doncellas te han amado,
conociendo tus gracias, y dulzores:
llévame en pos de ti, y correremos,
no temas, que jamás nos cansaremos. 

Mi Rey en su retrete me ha metido,
donde juntos los dos nos holgaremos:
no habrá allí descuido, no habrá olvido,
los tus dulces amores cantaremos:
en ti se ocupará todo sentido,
de ti, por ti, en ti nos gozaremos:
que siendo sin igual tu hermosura,
á ti solo amará toda dulzura. 

Morena soy, mas bella en lo escondido,
ó hijas de Sion, y muy hermosa:
porque allí en lo interior no ha podido
hacerme daño el sol, ni empecer cosa:
á tiendas de Cedar he parecido:
que lo que dentro está, es cosa preciosa,
velo de Salomón, que dentro encierra
la hermosura, y belleza de la tierra. 

Mi color natural bien blanco ha sido:
que aquesta tez morena me causara
el sol, que andando al campo me ha herido:
fuerza de mis hermanos me forzara,
de aquellos, que la mi madre ha parido,
que unas viñas suyas yo guardara:
guardé sus viñas con mucho cuidado,
y la mi propia viña no he guardado. 

Dime, amor de mi alma, ¿do apacientas
el tu hermoso ganado y tu manada?
¿adónde haces tu siesta, dónde asientas?
¿dónde tienes tu albergue y tu majada?
que no es justo, mi Esposo, que consientas,
que entre pastores tantos yo ande errada:
que en tierra, do apacientan mil pastores,
¿cómo podré yo hallar los mis amores?

ESPOSO

Si no sabes, bellísima pastora,
el valle, do apaciento el mi ganado,
toma tus cabritos, y á la hora
seguirán el camino más hollado;
caminando por él verás do mora
el tu dulce pastor, y desposado;
allí podrán pacer los tus cabritos
entre los de los otros pastorcitos. 

A la yegua de mi carro preciada
pareces en el brío, Esposa mía,
bella, gentil, lozana, bien tallada,
y lleno ese tu rostro de alegría,
tu mejilla es de perlas arreada,
y el cuello con collar de pedrería:
zarcillos de oro fino te daremos,
y un esmalte de plata les pondremos.

ESPOSA

Cuando estaba el Rey mío en su reposo,
mi nardo dio su olor muy mas crecido:
manojuelo de mirra es el mi Esposo,
por eso entre mis pechos le he metido,
racimo de Copher muy oloroso,
que en viñas de Engaddi se ha cogido:
para mí quiero yo los sus olores,
pues sé que están en él los mis amores.

ESPOSO

¡O cómo eres hermosa, amiga mía!
¡ó cómo eres muy bella, y muy graciosa!
tus ojos de paloma en la alegría.

ESPOSA

¡Oh dulce Esposo mío!, y que no hay cosa
que iguale á tu belleza, y gallardía:
no hay cosa acá en la tierra así olorosa:
nuestro lecho es florido, y la morada
de cedro, y de ciprés está labrada.


Capítulo II


ESPOSA


Yo soy rosa del campo muy hermosa,
y azucena del valle muy preciada.

ESPOSO

Cual entre las espinas es la rosa,
tal entre las doncellas es mi amada.

ESPOSA

Como es ver un manzano, extraña cosa,
entre robles, y encinas estimada;
tal es á mí la vista de mi Esposo,
que entre todos los hijos es gracioso. 

Debajo de su sombra he deseado
sentarme, y me asenté, y así he cogido
la hermosa, y dulce fruta, que él me ha dado:
la cual por su dulzor bien me ha sabido.
A la casa del vino me ha llevado,
y el su divino amor allí he sentido:
cercadme de manzanas, y de olores,
que herida, y muy enferma estoy de amores. 

La mano de mi amor izquierda quiero
para me reclinar, y esto me place:
presto, no se detenga, que me muero,
y con la su derecha que me abrace.

ESPOSO

¡O, hijas de Sion! de aquí os requiero
por cabra, y corzo, que en el monte pace,
no despertéis mi amada, que ya duerme,
fasta que ella de suyo se recuerde.

ESPOSA

Voz de mi amado es esta; vedle, viene ,
los montes, y el collado atravesando :
ninguna sierra, ó monte le detiene,
las cabras, y los corzos semejando;
vedle como se allega, y se detiene ,
detrás de mi pared está acechando:
¿no veis como se asoma al agujero,
ya se quita, y se pone muy ligero? 

Hablado me ha el mi amado, y mi querido:
Levántate del lecho, amiga mía,
vente conmigo, que el invierno es ido,
y las flores nos muestran ya alegría:
el campo está muy bello, y muy florido,
y el tiempo del podar se descubría,
voz de la tortolilla ha ya sonado,
despierta con su voz nuestro cuidado. 

La higuera muestra ya el fruto sabroso,
las viñas, que florecen, dan su olor:
levántate, que el tiempo es deleitoso,
y ven, paloma mía, ven, mi amor,
gocemos de este campo tan hermoso:
que en aquellas penas de mayor altor,
en unos agujeros escondidos
haremos nuestro albergue, y nuestros nidos. 

Descúbreme tu vista amable, y bella,
muéstrame tus facciones tan hermosas,
suene tu voz suave, hermosa estrella.

ESPOSA

Cazadme, dije yo, aquellas raposas,
las raposas pequeñas, que gran mella
hacen en mi viña las rabiosas:
á todas las tomad, haced que huyan,
antes que la mi viña me destruyan. 

Mío es el Esposo, mío, y muy amado,
y yo soy toda suya, y él me quiere
de aquel, que entre las flores su ganado
apacienta, seré mientras viviere.
Cuando las sombras huyan por el prado,
vendráste a mí, mi amor, si te pluguiere,
como la cabra, o corzo bien ligero,
saltando por los montes, que te espero.



Capítulo III



ESPOSA

En mi lecho en las noches he buscado
al que mi alma adora, y no le hallando,
torné á buscarle con mayor cuidado,
y saltando del lecho suspirando,
entré por la ciudad, y he rodeado
las plazas y las calles caminando;
de tanto caminar cansada estaba,
mas nunca pude hallar al que buscaba.

Halláronme las guardas, que rondando
andaban la ciudad la noche escura;
y yo acerquéme á ellas preguntando,
¿habéis visto á mi amado por ventura?
y desque un poco dellos alejando
me voy, hallé el mi amor y mi hermosura:
túvelo yo abrazado, y bien asido,
y en casa de mi madre lo he metido. 

O hijas de Sion, yo os ruego y pido
por la cabra, y el ciervo y el venado,
no hagáis bullicio alguno, ni ruido,
porque no despertéis mi dulce amado,
que sobre el lecho mío se ha dormido;
esperad que él despierte de su grado:
juntaos aquí conmigo, y velaremos,
y este su sueño dulce guardaremos.


COMPAÑERAS


¿Quién es esta, que sube del desierto
como columna bella, y muy hermosa,
que el humo del incienso ha descubierto,
hasta dar en las nubes olorosa?
el cielo de su olor lleno está cierto:
¡ó cómo es la su vista hermosa cosa!
la mirra, y los perfumes olorosos
en ella muestran ser muy mas preciosos. 

Cercad bien con los ojos aquel lecho
del gran Rey Salomón tan adornado;
sesenta fuertes hombres muy de hecho
le tienen todo en torno rodeado,
hombres de gran valor, y fuerte pecho,
y en armas cada cual bien enseñado:
todos tienen al lado sus espadas
por temor de la noche y empuñadas. 

Una morada bella ha edificado
para sí Salomón de extraña hechura;
el su monte de Líbano ha cortado,
para de cedro hacer la cobertura;
de plata las columnas ha labrado,
y el techo de oro fino, y la moldura,
y el estrado de púrpura adornado,
y en medio de él mi amor está asentado.

ESPOSA

Salid, hijas de Sion, salí á porfía,
vereis á Salomon Rey coronado
con la corona rica, que en el dia
de su gozo su madre le habia dado,
quando con regocijo, y alegría
conmigo desposó el mi lindo amado:
salid, vereis la cosa mas hermosa,
que’ mundo tiene acá, y mas graciosa.



Capítulo IV


ESPOSO

¡O cómo eres hermosa, dulce amada!
y tus ojos son bellos y graciosos,
como de una paloma muy preciada,
entre esos tus copetes tan hermosos:
tu cabello parece una manada
de cabras, y cabritos, que gozosos
del monte Galaad vienen bajando,
el pelo todo liso, y relumbrando. 

Los tus hermosos dientes parecían
un rebaño de ovejas muy preciado,
las cuales de lavarse ya venían
del rio, el vellón viejo trasquilado,
tan blancas, tan parejas, que se veían
paciendo por el campo, y por el prado:
estéril entre todas no la había,
dos cordericos cada cual traía. 

Hilo de carmesí bello, y polido
son los tus labios, y tu hablar gracioso:
tus mejillas á mí me han parecido
un casco de granada muy hermoso:
y aquese blanco cuello liso y erguido ,
castillo de David fuerte, y vistoso :
mil escudos en él están colgados,
las armas de los fuertes, y estimados. 

Los tus pechos dos blancos cabritillos
parecen, y mellizos, que paciendo
están entre violetas ternecillos,
en medio de las flores revolviendo :
mientras las sombras de aquellos cerrillos
huyen, y el día viene reluciendo,
voy al monte de mirra, y al collado
del incienso a cogerle muy preciado . 

Del todo eres hermosa, amiga mía,
no tiene falta alguna tu hermosura,
del Líbano desciende, mi alegría,
vente para mí, y esa espesura
de Hermon, y de Amana, que te tenía,
déjala de seguir, que es muy obscura,
donde se crían onzas, y leones
en las obscuras cuevas, y rincones. 

El corazón, Esposa, me has robado
en una sola vez, que me miraste,
con el sartal del cuello le has atado;
¡cuán dulce es el amor, con que me amaste!
mas sabroso que el vino muy preciado:
¡o cuán suave olor, que derramaste!
panal están tus labios destilando,
y en leche, y miel tu lengua están nadando. 

Tu vestido, y arreo tan preciado
en su olor al del Líbano parece,
eres un huerto hermoso, y bien cerrado
que ninguno le daña, ni le empece:
fuente sellada, que el que la ha gustado ,
en el tu dulce amor luego enternece:
jardín todo plantado de granados
de juncia, mirra, y nardos muy preciados.

Donde también el azafrán se cría,
canela, y cinamomo muy gracioso,
y toda suavidad de especería,
linaloe con todo lo oloroso:
fuente eres de los huertos, alma mía,
pozo de vivas aguas muy sabroso,
que del Líbano bajan sosegadas,
y en este pozo están muy reposadas. 

Sus vuela, cierzo, ¡ea!, no parezcas
por mi hermoso huerto, que he temor,
que con tu dura fuerza me le empezcas,
llevándome mis frutos, y mi olor :
vén, ábrego, que ablandes, y enternezcas
mis plantas, y derrames el su olor:

ESPOSA

Venga á mi huerto, y coja sus manzanas,
mi amado, y comerá las muy tempranas.



Versión de Fray Luis de León




Cantar de cantares, en la versión de Fray Luis de León, Ancile







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