martes, 5 de marzo de 2013

SANTA TERESA DE JESÚS, AMOR Y POESÍA


Que Teresa de Ávila ha sido una fuente de inspiración poética para muchos no sería decir cosa de gran novedad, pero tal evidencia no será menoscabo para verter en esta sección, ya imprescindible del blog Ancile, archiconocida como Amor y poesía, los versos arrebatados de la santa, para mayor gloria de la literatura en lengua española y de la poesía universal. Quede aquí, pues, esta mínima y siempre discutible selección para los lectores más entregados al siempre grato y nunca suficientemente ponderado ámbito de la poesía más selecta.



Santa Teresa de Jesús, amor y poesía, Ancile




 SANTA TERESA DE JESÚS, AMOR Y POESÍA




Santa Teresa de Jesús, amor y poesía, Ancile



YA TODA ME ENTREGUÉ Y DI







Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.



OH HERMOSURA QUE EXCEDÉIS




¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.

Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.



Enlace al poema: Alma, buscarte has en Mí



ALMA, BUSCARTE HAS EN MÍ,




Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.
Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.
Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
sino, si hallarme quisieres,
a mí buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a mí buscarme has en ti.






VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ 



Vuestra soy, para Vos nací: 
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía; 
Dios, Alteza, un Ser, Bondad: 
La gran vileza mirad, 
que hoy os canta amor así: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes, 
vuestra, pues que me sufristes, 
vuestra, pues que me llamastes. 
Vuestra, porque me esperastes, 
vuestra, pues no me perdí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
¿Qué mandáis, pues, buen Señor, 
que haga tan vil criado? 
¿Cuál oficio le habéis dado 
a este esclavo pecador? 
Veisme aquí, mi dulce amor, 
amor dulce, veisme aquí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Veis aquí mi corazón, 
yo le pongo en vuestra palma: 
mi cuerpo, mi vida y alma, 
mis entrañas y afición. 
Dulce Esposo y Redención 
pues por vuestra me ofrecí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Dadme muerte, dadme vida; 
dad salud o enfermedad, 
honra o deshonra me dad; 
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida, 
que a todo digo que sí. 

¿Qué queréis hacer de mí? 
Dadme riqueza o pobreza, 
dad consuelo o desconsuelo, 
dadme alegría o tristeza, 
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo: 
pues del todo me rendí, 

¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad, 
si abundancia y devoción, 
y si no esterilidad. 
Soberana Majestad, 
sólo hallo paz aquí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Dadme, pues, sabiduría, 
o, por amor, ignorancia; 
dadme años de abundancia, 
o de hambre y carestía. 
Dad tiniebla o claro día, 
revolvedme aquí y allí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Si queréis que esté holgando 
quiero por amor holgar; 
si me mandáis trabajar, 
morir quiero trabajando: 
decid dónde, cómo y cuándo, 
decid dulce Amor, decid: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Dadme Calvario o Tabor, 
desierto o tierra abundosa; 
sea Job en el dolor, 
o Juan que al pecho reposa; 
sea viña fructuosa, 
o estéril, si cumple así: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Sea José puesto en cadena, 
o de Egipto adelantado, 
o David sufriendo pena, 
o ya David encumbrado. 
Sea Jonás anegado, 
o libertado de allí: 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Haga fruto o no lo haga, 
esté callando o hablando, 
muéstrame la ley mi llaga, 
goce de Evangelio blando; 
esté penando o gozando, 
sólo Vos en mí vivid. 

¿Qué mandáis hacer de mí? 
Vuestra soy, para Vos nací: 
¿Qué mandáis hacer de mí? 



Enlace al poema: Vuestra soy, para vos nací



¡OH!, DICHOSA TAL ZAGALA




¡Oh!, dichosa tal zagala
que hoy se ha dado a un tal Zagal
que reina y ha de reinar.

Venturosa fue su suerte
pues mereció tal Esposo:
ya yo, Gil, estoy medroso,
no la osaré más mirar,
pues ha tomado marido
que reina y ha de reinar.

Pregúntale qué le ha dado
para que lleve a su aldea.
El corazón le ha entregado
muy de buena voluntad.
Mi fe, poco le ha pagado
que es muy hermoso el Zagal,
que reina y ha de reinar.

Si más tuviera más diera.
¿Por qué le avisas, carillo?
Tomemos el cobanillo,
sírvanos, deja sacar,
pues ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.

Pues vemos lo que dio ella,
¿qué le ha de dar el Zagal?
Con su sangre la ha comprado.
¡Oh qué precioso caudal,
y dichosa tal zagala,
que contentó a este Zagal!

Mucho le debía de amar,
pues le dio tan gran tesoro.
¿No ves que se lo da todo,
hasta el vestir y calzar?
Mira que es ya su marido,
que reina y ha de reinar.

Bien será que la tomemos,
para este nuestro rebaño,
y que la regocijemos
para ganar su amistad,
pues ha tomado marido,
que reina y ha de reinar.





COLOQUIO AMOROSO




Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

-Alma, ¿qué quieres de mí?
-Dios mío, no más que verte.
-Y ¿qué temes más de ti?
-Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido

adonde más la convenga.






Santa Teresa de Jesús, amor y poesía, Ancile


1 comentario:

  1. Ha sido un inmenso placer disfrutar de esta sección con tan maravillosa poeta. Releerla renueva el alma. Gracias, Francisco Acuyo.

    Un cordial saludo, agradecido.

    Jeniffer Moore

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