jueves, 6 de febrero de 2014

POESÍA E HISTORIA SOCIAL

Seguimos ofreciendo capítulos del trabajo general titulado El tiempo poético, que venimos reproduciendo en la sección de Pensamiento de nuestro blog Ancile, en este caso reproducimos el que lleva por título Poesía e historia social.



Poesía e historia social, Francisco Acuyo, Ancile




POESÍA E HISTORIA SOCIAL



Poesía e historia social, Francisco Acuyo, Ancile



      CABE INTERROGARSE sobre si la poesía puede incorporarse a la concepción histórica de la materia,  donde la única realidad natural objetiva reconocida es aquella siempre apremiada y estrechamente unida al sujeto. Así, también cabe interrogarse, si la poesía participa de esa aprehensión del mundo sensible no como un mundo de objetos, sino sujeta a la praxis como materia modelada y en continua transfiguración por la actividad humana, y así capaz de modificar históricamente la naturaleza.
      Nosotros, e inferido de todo lo anteriormente expuesto, no podemos compartir de manera exclusiva esta concepción aplicada al fenómeno poético ni a su singular proceso de creación y recreación del mundo, sino es, cuando menos, bajo la forma de una estructura objetiva del psiquismo,  pues es la poesía algo estrechamente unido al espíritu y la conciencia humanos:  que está antes de cualquier producción histórica como entidad que parte de una realidad objetiva autónoma y primera (el cerebro) que mantiene un contacto con lo exterior para transformar lo perceptible (sensible) en signos. No creemos, por tanto, que el ser que anima lo poético cambie con la historia, sino que está sujeto al ser que anima la naturaleza misma.
      La poesía explicada por la dialéctica materialista se nos antoja insuficiente para explicar toda la complejísima trama de relaciones y maneras de aprehensión de la realidad; tampoco la creemos capaz de abarcar la poesía con su criterio objetivo (material) para entender todos y cada uno de los entresijos de ella, tanto de su funcionamiento, como de sus fundamentos estructurales, pues necesita alejarse para ello del concepto histórico, y este más parece ser
Poesía e historia social, Francisco Acuyo, Ancile
expuesto como un refugio de la trascendencia,  exponiendo una debilidad esencial o idealista que para nosotros no cuadra con aquella dinamia y fundamentos de la poesía antes expuestos. La poesía puede considerarse a nuestro juicio, como una categoría de la razón (razón poética no tan lejana como vimos a la misma razón lógica) y no como una categoría de la razón histórica. Para nosotros la materialidad poética no es una sustancia, sino que se nos antoja más bien fruto ontológico de la relación.
      Finalmente, creemos que será cuestión de no poca relevancia observar en el fenómeno poético la óptica idónea para deslindar los fenómenos inconscientes (de los cuales participa de forma importantísima) y como una manera de adquirir conocimiento de un mundo (inconsciente) que contempla inactivo (en quietud), basado en la repetición (y la sorpresa), y que no tiene una finalidad explícita, mostrándose como una singular epistemología del vacío que se mueve o se traslada cual erotismo comunicativo que, no obstante, trasciende la comunicación misma para ser, finalmente, en la poesía.
      La poesía no se plantea la tarea kantiana de descubrir los límites del entendimiento  en la naturaleza, sino de disolverlo en ella, en cuanto que la distinción entre el sujeto y el objeto tantas veces disuelta en poesía, muestra que su intimidad no encuentra diferencia con la exterioridad; los juicios emitidos no son suyos: es el vehículo de un juicio  que ofrece con su disolución la extrañeza peculiar de la persona en poesía, dejando en evidencia el objeto poético: el poema como reflejo de lo humano.
      El diálogo del hombre con la naturaleza (del sujeto con el objeto), véase Descartes,  Husserl  y Wittgenstein,  en poesía toma un cariz bien distinto que rompe el proverbial monólogo del ser humano donde el mundo enmudece radicalmente. En la verdadera poesía será la naturaleza misma la que hable por mediación del poeta, mas reconociendo que los mecanismos que rigen en la poesía no tienen por qué ser demasiado distintos de aquellos que rigen en la naturaleza (como el mito), por eso consideramos la poesía, en su organicidad, como un ser vivo para el intercambio, donde por fin, se sitúa más allá de la historia (de la literatura) para reconocer que todos los aconteceres históricos, responden a una razón universal inconsciente (colectivo)  que vierte la verdadera naturaleza del ser humano (y de cualquier ser consciente de sí y de lo que le rodea).
      La proporción poética ofrece un espacio y un tiempo peculiares, pues mediante dicha proporción el poeta (o el receptor) se transforman en un instante en el mensaje que la naturaleza emite (y aun recibe)  haciendo caer en la cuenta (consciente) al individuo del obstáculo de la historia así como de la tiranía de la autoridad, y desde aquí constatar plenamente para ser, la falacia de la personal nanidad, de lo inexistente del yo mismo; observación que será posible gracias a la invitación de la poesía a desprenderse de todo lo (apenas) conocido, donde la ley del olvido de todo lo aprehendido será fundamental para alcanzar esa relación de alteridades en la dialéctica de un lenguaje que nace exclusivamente para desaparecer en su singularísimo ejercicio.



                                                                                                         Francisco Acuyo




Poesía e historia social, Francisco Acuyo, Ancile

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