jueves, 10 de abril de 2014

MÍMESIS Y POESÍA: DE PLATÓN A ARISTÓTELES I

Traemos para la sección de pensamiento una serie de trabajos que bajo el título de Mímesis y poesía: de Platón a Aristóteles, sirvieron a quien suscribe estas líneas liminares una serie de apuntes que sirvieron para conferencias varias y publicación en alguna revista, y que acabaron copiladas bajo el título general de Arqueología de un instante. Esta es la primera entrega para el blog Ancile de todo ello.


Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile




MÍMESIS Y POESÍA
(DE PLATÓN A ARISTÓTELES) I



                            
Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile




 Quabrem et res magis philosophica
                             et melior poesis est quam historia1

                                             Aristóteles: De poetica
                                             (L.25.1461b-11-13)




«SI EN VERDAD SE DISCIERNE modo alguno de instigar la conciencia de los hombres a la luz de doctrina memorable, sin duda que escogiese la vertida en estas páginas solemnes cual modelo inigualable. Para los que ajenos duermen de su ciencia docta, recomendase siempre la potencia de su sabiduría, pues, lo que vivo y certero en cada uno de sus párrafos se respira, aún advierte plenitud (a pesar del mucho tiempo transcurrido) y el mundo de excelencias y bondades que encierra en su infinito orbe el ámbito no cifrado de la inmarcesible poesía».2
Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile      Así expresaba su asombro y devoción un espíritu inquieto, cuya vida trasegada todavía ciñe la aureola bulliciosa de la curiosidad nunca del todo bien alimentada. También les digo que, a pesar de la vehemencia que tantas veces enardece y arrebata en juventud nuestras conciencias, manifestaba rara inclinación a pesar de ella nuestro autor (contaba apenas dieciséis años cuando narraba que leyó con grandes muestras de afección y curiosidad la Poética) y no menos insólita paciencia para tan tierna edad: aun con todas las limitaciones deducibles del apremiante y presto desarrollo de cada una de sus vehementes apreciaciones. El buen talante que demostraba para divagar, sin embargo, era evidente muestra de su propensión no tanto al rigor de la reflexión profunda, como a aquel ejercicio regalado siempre de ensoñaciones fascinantes con las que dar algún crédito de inspiración a su alma de poeta. No obstante, me parece muy sensato denotar que su excéntrica prudencia expresa sobre aquellos textos, sobre los que con algún donaire arropa sus juicios, eran, sobre todo, muestra de amor verdadero hacia la poesía 3.
      De cualquier modo no dejaba de manifestar su curioso estupor hacia la poética, mas  anejo a la extrañeza de que aquella prodigaba además una visión singular de las artes, de la vida, del mundo, de la literatura y, acaso por omisión, 4 de la poesía misma.
      Aún recuerdo que, aventurero y neófito arqueólogo de su rara ciencia 5 (creía ver un saber iniciático en ella) ya hostigaba anaqueles, ya removía documentos, ya revolvía en archivos y registros jovial, anhelante siempre por beber de aquel manantial de ciencia poética inagotable. Si el primer contacto fue, además, expoleado por esa sugestiva y excelente presencia de los habitantes, siempre solemnes, en su inenarrable y vívido silencio de la colosal y excelsa biblioteca de aquella mi recién estrenada e ingenua adolescencia, 6

puedo decir, sin miedo a exagerar, que nací en esos días al mundo del misterio que conmueve tras los versos la verdadera poesía. Allí comenzaron modestamente las pesquisas que ahora muestro y que, con todas sus seguras carencias, toman ahora cuerpo y espíritu diverso, mas, con el mismo cándido entusiasmo de entonces se os ofrecen, todo entrega inocente y reflexionar ingenuo en el ámbito siempre indemne de la poesía.
      Todavía afecto por tan grata reminiscencia se observará el estilo desmañado en el discurso, contagiado aún de tan púber alborozo, pero no pretende remontar ahora el vuelo para ser aquilatado parlamento que, en realidad, quiere cortejar fielmente con sus juicios varios lo que los ecos fascinantes de la Poética de Aristóteles supuso para tan delicada conciencia, donde, no obstante, se expone una concepción (que todavía mantiene) independiente y autónoma, si es que en verdad puede ser posible en el ámbito de la poesía. No se perderán de vista planteamientos diversos al respecto, sino que, al contrario, se tendrán muy en cuenta los juicios (y prejuicios) de Platón, sobre todo los dependientes de los diálogos del Fedro,7 el Ión 8 y la República 9, mas no por observar en ellos modo alguno de litigio (que lo hay) con la idea aristotélica de mímesis, sino porque acaso veamos en las conformidades, así como en contrastadas divergencias, los elementos afines a nuestros propósitos teóricos. No obstante, debo reconocer la impronta en estas líneas
Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile
apresuradas de la intensa pasión de aquellos años de júbilo iniciático en el mundo del fenómeno poético, entreviéndose los ecos arrobados del poeta que no sabe sino que, de su ciencia inopinada, surte la fuerza inteligible, sublime y a la vez enigmática que responde a una exigencia vital cual es la de ser en la poesía.
      Que armoniza la poética aristotélica con la metafísica y ética de su propia filosofía y sistemática de pensamiento, es algo que a todas luces nos resulta indiscutible por explícito y evidente, no obstante de rastrear aquellas fuentes que consideramos antecedentes claros a dicha poética: reconocibles desde las denominadas como obras esotéricas; 10 así se alude al Crylo, o, Sobre los poetas, 11 los cuales vierten en la poética los suficientes elementos tópicos confesados e identificables en la poética que vendrían a imprimir, posteriormente en el Arte retórica(12), carácter singular; mas al margen de otros conjeturados precedentes que mostraban afinidad con el concepto y tratamiento para la tragedia recogidos en los fragmentos de las Didascaliae.(13)
      Así pues, quisiéramos ofrecer, aunque bajo la no siempre imparcial óptica de aquel que vive en poesía, una semblanza de la mímesis poética, más centrada esta y asentada en las concepciones por otra parte indispensables de la misma, quiero decir de Platón y de Aristóteles. Mas todo esto con una dificultad añadida: no entrar en la compleja máquina disertativa (acaso necesaria) sobre la concepción y clasificación genérica y que, como decía, puede resultar de importancia vital para abarcar con alguna garantía de éxito un acercamiento medianamente aproximado a las pretensiones de nuestro modesto discurso. Así pues, desde nuestro inseguro (por limitado) alcance y perspectiva, centraremos nuestra atención sobre la poesía (lírica), mas observando nuestra vacilante conferencia tanto la naturaleza como el carácter de la imitación en los juicios que atañen de manera general a la Literatura, y que conciernen de forma singular a la poesía.
      Obsérvese que, en este punto, partimos de un distingo a nuestro entender, esencial: la distinción entre literatura y poesía, motivo este de no menores y difíciles controversias. Pero consideramos este arranque del todo fundamental, dejando para mejor momento todos los encuentros y desencuentros, concordancias y desavenencias al respecto para ocasión más propicia.


Francisco Acuyo



1 Por eso también la poesía es más filosófica que la historia.
2 Francisco Acuyo. texto inédito
3 Recuerdo que ignoraba totalmente que Aristóteles no había dedicado (o al menos no había noticia de haberse encontrado) ningún escrito sobre la lírica.
4 Hoy día sigue pareciéndome el hecho de su omisión (o pérdida) un acontecimiento (¿ extraño?) o cuando menos lamentable.
5 El texto que manejaba y ahora manejo es: Aristóteles: Ars Poética, Gredos, Edición de Valentín García Yebra, Madrid, 1974.
6 Me refiero a la biblioteca de Carlos Villarreal, la cual contaba, por aquel entonces, entre unos quince a veinte mil volúmenes aproximadamente, y en la cual tuve la fortuna de poder sumergirme gozosamente de forma habitual (aunque tantas veces desordenada) para regocijo de mi curiosidad científica y amor a la poesía .
7 Platón: Fedro, Gredos, Madrid, 2000.
8 Platón: Ión, Gredos, Madrid, 2000.
9 Platón: República. Gredos. Madrid 2000.
10 Valentín García Yebra. Prólogo a la Ars Poética de Aristóteles, ob.cit. nota 5
11 Samaranch, F.P.: Aristóteles: Poética, Aguilar, Madrid, 1979.
12 Aristóteles: Arte Retórica, Gredos, Madrid, 2000.
13 Aristóteles: Poética, Aguilar, Madrid, 1979.
14 Autores Varios: Enciclopedia de la Filosofía: Ediciones B. Barcelona 1992.
15  Ibidem.
16 Platón: El sofista, Obras Completa, Aguilar, Madrid, 1977.
17 Platón: Timeo, Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1977.
18 Aristóteles: Metafísica, Gredos, Madrid, 2000.



Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile

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