lunes, 17 de noviembre de 2014

CHESTERTON Y WELLS, ESCEPTICISMO BUDISTA Y MODERNIDAD

Recuperamos la sección del blog Ancile De juicios, paradojas y apotegmas, algo abandonada últimamente, con una semblanza sobre el budismo a los ojos de dos grandes escritores del siglo XX, G.K. Cherstenton y H. G. Wells, que pueden haber contribuido a generar algunas ambiguedades en torno al pensamiento de Sidarta Gautama.


Chesterton y Wells, escepticismo budista y modernidad, Francisco Acuyo

 CHESTERTON Y  WELLS, ESCEPTICISMO
BUDISTA Y MODERNIDAD:


Chesterton y Wells, escepticismo budista y modernidad, Francisco Acuyo


Todavía recuerdo, con no poco entusiasmo por cierto, los razonados y razonables reparos de una ya célebre censura llevada a cabo por el gran G. K. Chesterton a algunas cavilaciones de lo no menos admirado H. G. Wells; la desaprobación hacia las reflexiones del autor de La guerra de los mundos en relación a unas interpretaciones (sesgadamente interesadas, según Chesterton) de la filosofía deducible de la doctrina budista, y que Wells extrapolaba e integraba  a su sabor,  emparentándola con lo más granado del pensamiento moderno. ¡Qué audazmente ofrecía Chesterton en aquellas páginas[1] lo que él creía que era antinomia racionalmente irreconciliable!: la blanca paloma de la esperanza eterna y el negro cuervo de la desesperación[2], como vía, aunque opuesta, perfectamente integrable en el devenir intelectual del siglo XX, y todo en virtud de la analogía llevada a cabo por Wells (y no solo Wells) del pensamiento moderno y el escepticismo budista.
Chesterton y Wells, escepticismo budista y modernidad, Francisco Acuyo            A mi modesto entender, si las críticas del autor de Por qué soy católico son audaces y muy razonablemente entrelazadas, queda, no obstante, a no menos distancia de no pocos equívocos al respecto que el mismo señor Wells. Si bien es cierto que las enseñanzas de Sidarta Gautama se han vertido en occidente convenientemente aderezadas para las conciencias intelectuales de la modernidad respecto al supuesto nihilismo que subyace de aquellas, en palabras del propio Chesterton en relación a Buda, identificado  por la modernidad como el individuo aseado y atildado, el perfecto candidato a asistir a ceremonias de vegetarianos y agnósticos en una modesta capilla de los suburbios,[3] acaso muy lejos de la profundidad de las enseñanzas del sabio, descripción, por otra parte muy acertada en gran cantidad de casos de intelectuales que adoptan los principios del Buda sin entender buena parte de lo más profundo de su doctrina; no obstante, no menos cierto que el propio Chesterton patina, en su afán de resaltar la superioridad del cristianismo, en lo que no pasan de ser meras divagaciones de los principios básicos de la filosofía mística del sabio Sakiamuni.
            Cuando muchos pensadores modernos dicen (defendiendo su ateísmo) acogerse a los fundamentos de la doctrina budista para rechazar cualquier forma de inmortalidad personal, no caen en la cuenta de su equívoco,  de igual modo que lo hizo el ingenioso escritor  de Campden Hill, cuando poniendo énfasis en sus argumentaciones diciendo que el budismo rechazaba cualquier forma de inmortalidad personal[4], razonando con sutil perspicacia que, ya que todo lo personal, sujeto a lo individual egotista es maligno,[5] la consideración de una vida trascendente, eterna, tendría que ser necesariamente maligna.  En realidad puede ser todo lo contrario si atendemos con atención a las propuestas budistas en relación a lo que consideran personal, individual o propia del  egocentrismo. En realidad no se pone en controversia lo individual o personal, sino la falta genuina de ello. Si reconocemos el sufrimiento en nuestras vidas originado por el apego o el deseo, estaremos reconociendo el condicionamiento de nuestra individualidad, por eso la única vía de liberación y de descanso será alcanzar lo genuino que hubiera en cada uno de nosotros liberándonos de cualquier condicionamiento impuesto por el deseo y el apego, situación (nirvana) que nos hará contactar y reconocer lo que de real (y por qué no, trascendente) hay en nosotros.
            Es muy conveniente tener en cuenta que la extinción de los deseos y condicionamientos no es la extinción la extinción de la conciencia, por el contrario, es la senda para la obtención de la verdadera conciencia libre de todo condicionamiento que llevará a la realidad última (no apta para el entendimiento humano, en tanto que este está condicionado) que se sitúa fuera del tiempo.
            Ha de reconocerse que estamos ante un escepticismo exacerbado, aunque no investido del negro pesimismo que denuncia Chesterton[6], o del ingenuo nihilismo aderezado para el nihilismo relativista moderno (y postmoderno) de Wells. Acaso, pone, simplemente,  en evidencia la extraordinaria dificultad a la que se enfrenta el ser humano para confrontar la realidad de sí mismo y del mundo, tan extremamente condicionada por las vanas ilusiones de permanencia en una dimensión vital inestable y en devenir continuo.



                                                                                                                    Francisco Acuyo







Notas.


[1] Chesterton, G. K.: Por qué soy católico, El buey mudo, Madrid, 2009.
[2] Ob. Cit. P. 74.
[3] Ibídem.
[4] Cuestión que necesitaría un amplio debate, ya que el budismo ha vivido al ritmo de las aspiraciones populares yen las creencias en lo sobrenatural.
[5] Recuérdense las Cuatro Nobles Verdades mediante las que se reconoce que la vida es un largo sufrimiento, dolor que proviene del apego o el deseo, y que la cesación de esa agonía provendrá de del triunfo sobre esos apegos y sus pasiones, que será posible en virtud de la vía de salvación originada a través del seguimiento del camino óctuple que llevaría al Nirvana.
[6] No renuncia la doctrina budista a la felicidad, de hecho el hombre es dueño de su destino siempre y cuando reconozca su mala percepción de la precariedad de los goces de este mundo y de que la felicidad verdadera radica en la realidad más allá del deseo de permanencia que se encuentra en la liberación definitiva (o Nirvana)







Chesterton y Wells, escepticismo budista y modernidad, Francisco Acuyo

1 comentario:

  1. Gracias, amigo, por seguir tratando estos temas ta profundamente. Del budismo no tengo más conocimiento que el promedio de la gente; me he dedicado más, quizá por las circunstancias propiciatorias en determinado tiempo de mi vida, a leer sobre induismo, sobre todo Brahma, Krishna, Visnú...pero me leí golosamente, hace mucho la obra de Herman Hess, Siddartha. Un abrazo.

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