domingo, 14 de diciembre de 2014

SUEÑOS DE LA MATERIA Y MATERIALIDADES DEL ESPÍRITU

Para la sección de De juicios, paradojas y apotegmas, esta primera entrada (en dos post), Sueños de la materia y realidades del espíritu, debatiendo brevemente sobre cuestiones muy apropósito en los tiempos que arrastran muy confusamente a propios y extraños en una sociedad cada vez más enajenada y más lejos de su entidad individual.


Sueños de la materia y realidades del espíritu, Francisco Acuyo



SUEÑOS DE LA MATERIA Y 
MATERIALIDADES  DEL ESPÍRITU


I



Sueños de la materia y realidades del espíritu, Francisco Acuyo





A nadie verdaderamente atento a las lides (cada vez más insólitas y por disminuidas, extravagantes) en la que se debate lo más granado, profundo y, por desgracia, cada vez más escaso[1] del pensamiento humano, se les escapa la dificultad para comunicar las inquietudes del hombre ¿espiritual? en una sociedad marcadamente materialista. Sí, y es que el espíritu hoy está ineluctablemente relegado en pos de las ilusiones de facticidad de la materia. Sin embargo, a mi modesto entender, es en la actualidad  cuando más apremiado está el individuo de inquirir en cuestiones en las que el discurso materialista ha sido incapaz de ofrecer satisfactorias respuestas y, sobre todo, ante el hecho de unas sociedades cada vez más adocenadas y más permeables a la enajenada inundación consumista que, al fin, confunde al individuo, cuya personalidad se estructura en el tener y no tanto en el ser.
            Podemos constatar esto en el producto artístico (producto ahora más que nunca, si este es entendido como artificio para la asistencia del sostenimiento de una sociedad del consumo cada vez más ahíta por saturada), que se ofrece para el sostenimiento del mercado más que para la satisfacción de las necesidades más selectas por elevadas del espíritu humano, y que no pueden ser negadas –anuladas- bajo ningún concepto, so pena de que acabemos definitivamente con el individuo como
Sueños de la materia y realidades del espíritu, Francisco Acuyo
receptor único de todo aquello que por hermoso, eminente, sublime, propicia la evolución y el crecimiento de la persona individual frente a los peligros de la trivialidad que persigue el mercado, si lo que persigue es el atolondramiento y enajenación del individuo que, finalmente, se verá imposibilitado para hacer uso de su libertad de entendimiento y decisión personal.
            Puede verse esto de manera cristalina en el debate –acaso interminable- sobre la creación y su impulso generativo y regenerativo (artístico o no) en el individuo y su inevitable repercusión en la sociedad. El hecho de la creación necesita del aliento, del espíritu (consciente o inconsciente)de la renovación y del cambio, posibilitado en la necesidad de trascender lo conocido para hacer realidad lo nuevo. Lo nuevo, a su vez, necesita de la ruptura, en este caso de lo manido, aunque este cambio se sustente precisamente en el hartazgo de aquello conocido. El materialismo se ha asentado como el discurso impecable en virtud de su asiento en la indiscutible realidad (cosa en verdad paradójica, cuando la estructura de la materia hoy en día se mantiene en continua revisión y cambio, véase las permanentes trabas e inconvenientes hacia la teoría estándar y la hipótesis cuántica, donde la conciencia tiene una capital importancia en el propio comportamiento de lo más ínfimo e íntimo de la materia) en la que, por obra gracia del dogma positivista, no admite discusión alguna.
            La verdadera creación –poiesis- necesita de la superación y el abandono de lo conocido para alcanzar lo nuevo, insistimos, que, en definitiva no es sino la búsqueda en la consecución de la belleza, de la verdad, cuestión que pone sobre la mesa de debate si no es en verdad artificial el enfrentamiento del necesario conocimiento científico –materialista- y el impulso para la necesaria superación de ese conocimiento en pos del estímulo y salto creativo–trascendente- que no tiene por qué estar atado a la convención de lo materialmente aceptado. Quizá sea la idea (¿mística?) del retorno al principio la que mejor evalúe el origen y proceso del imprescindible impulso creativo como vía de cambio y mejoramiento del individuo, que es lo mismo que decir la del progreso mundo.



Francisco Acuyo



[1] (Por lo exiguo del número de quienes cabe tal atribución de excelencia)





Sueños de la materia y realidades del espíritu, Francisco Acuyo

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