martes, 19 de mayo de 2015

MENTE Y MATERIA EN EL FENÓMENO DE LA ANGUSTIA: SOBRE SUS TRATAMIENTO, TERCERA ENTREGA DE "DE LA RESILIENCIA"

Ofrecemos la tercera entrega de del trabajo generalmente titulado De la resiliencia, o el que no se consuela es porque no quiere, esta vez bajo el título de Mente o materia en el fenómeno de la angustia. Sobre su tratamiento, para la sección del blog Ancile, De  juicios paradojas y apotegmas


Mente y materia en el fenómeno de la angustia: sobre su tratamiento, Francisco Acuyo





MENTE Y MATERIA EN EL FENÓMENO DE LA ANGUSTIA:
SOBRE SUS TRATAMIENTO




Mente y materia en el fenómeno de la angustia: sobre su tratamiento, Francisco Acuyo




            ¿Está la mente, según el utilitarismo materialista, indiscutiblemente encarnada (o materializada), como describe convencido Aristóteles?, y, ¿por qué no, precisamente al contrario, estará la materia encarnada en virtud de la acción de la mente? En relación a la angustia (o la ansiedad), no sería una mala conjetura aventurarse, como lo hizo Epicteto, preguntándonos ¿hasta qué punto no son las cosas las que perturban, sino la visión –mental- que se tiene de ellas?
            No nos parece baladí la hipótesis (verificada en tantas ocasiones) de que la angustia proviene del deseo (frustrado o insatisfecho, acaso nunca del todo alcanzable), mas también por las exigencias –no siempre alcanzables- sociales (culturales, ideológicas…) muchas veces impuestas sobre el individuo; se pueden aducir o añadir otros muchos y variados casos por los que puede devenir la angustia, y cada uno de ellos con su particular interés analítico e indagatorio, pero, lo que nosotros queremos debatir en este apartado, será una cuestión distinta (que no distante) de las relaciones entre mente y materia, y que no pueden soslayarse en el ámbito de lo expuesto con anterioridad en relación al supuesto problema de la angustia y de la ansiedad, a saber: ¿de qué manera afecta este acervo inmaterial que conforma el complejo y enigmático entramado que es la conciencia, sobre la base fisiológica donde situamos la oficina de gestión de nuestra vida psíquica, es decir el cerebro, y, acaso también a otros distritos orgánicos de nuestro cuerpo?[1]
Mente y materia en el fenómeno de la angustia: sobre su tratamiento, Francisco Acuyo
            Hoy día parece preponderar en la medicina moderna el juicio de que cualquier afección mental proviene de una deficiencia o malfuncionamiento biológico (material), desordenes químicos en neurotransmisores, malformaciones, genética, traumatismos, etc…  posición  que, ya decíamos,  viene muy apropósito con los intereses médico-farmacológicos preponderantes y manifiestos en la psicofarmacología cosmética de la actualidad. La angustia y la ansiedad como vía de autoconocimiento y realización personal es, sin duda, una manera desagradable de conculcar más que una ley primordial en nuestros días, cual es la de poner en tela de juicio el dogma del derecho a la felicidad (así consta en tratados de primer orden jurídico en países como EEUU, nada menos que en su Constitución), y cuya obtención está justificada a cualquier precio (nada barato, a juzgar por el gasto que llevan a cabo los Estados y los individuos en medicación y otros tratamientos, aunque en verdad siempre resultará más barato que hacer las transformaciones sociales y de igualdad pertinentes para la realización del individuo.
            Se diría que algunas advertencias, como la de William James[2], en relación a que el origen del temor y la angustia en numerosos casos puede provenir de la soledad, acaso traumáticamente experimentada ya en la infancia, y que la denominada cormobilidad ansiedad-depresión puede provenir de echar en falta, por ejemplo, a una persona amada,[3] o a otras causas[4] no tan bien conocidas por intereses inconfesables.
            Los estudios de genética en este campo se suman, ya lo anunciábamos al principio de esta entrega, otra de las vertientes más fuertes del estudio de la angustia desde una óptica biológico materialista, sin tener en consideración un momento siquiera, que estas marcas genéticas muy bien pueden provenir a la exposición a temores varios durante siglos y que pueden responder de manera atávica a través de generaciones de individuos.
            Es claro que, tanto la genética como la neurociencia, se sienten cómodas en la explicación material de todos estos problemas a tenor de que la estructura del soporte de nuestra mente (el cerebro) es mecánico y, por tanto, inamovible pues, no cambia. Se ofrece esta opinión (doxa que no episteme, que pueda verificarla) pues, a la luz de no pocas investigaciones y estudios, de que se trata de un error bastante grueso. Tampoco parece tener la importancia debida el proceso evolutivo cultural y tecnológico que hoy día supera dichos procesos biológicos naturales, donde la competencia desmedida y brutal de nuestras sociedades hace verdaderos estragos en los individuos. Y qué decir de la educación para la aceptación y resiliencia como (si fuese nueva) vía de curación, o, al menos de alivio. Así pues, ¿qué le debe la realidad de la angustia (la ansiedad y la depresión) en su tratamiento al materialismo biológico y la industria farmacológica? Probablemente su fracaso.



Francisco Acuyo




[1] Son los denominados procesos de somatización, en los que, en tantos casos no sabríamos que fue primero, si el huevo o la gallina.
[2] James, W.: Principios de psicología, 1890.
[3] Freud, S.: Inhibición y síntoma, 1926.
[4] Rank, O.: El trauma del nacimiento, Paidós, 1987.





Mente y materia en el fenómeno de la angustia: sobre su tratamiento, Francisco Acuyo

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