miércoles, 26 de agosto de 2015

SOCIEDAD, ¿MUTATIS MUTANDI?

A vuela pluma y muy brevemente unas reflexiones sobre la sociedad y sus cambios, bajo el título Sociedad, ¿mutatis mutandi?, para la sección, De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile



Sociedad, ¿mutatis mutandi?, Francisco Acuyo


SOCIEDAD, ¿MUTATIS MUTANDI?



Sociedad, ¿mutatis mutandi?, Francisco Acuyo




LAS sociedades humanas de la actualidad, mediante los canales oportunos de comunicación  y según la conveniencia de quienes los emiten, no se cansan de ensalzar las bondades y excelencias de las que el ser humano se beneficia y disfruta en virtud de los extraordinarios e indiscutibles avances tecnológicos, descubrimientos científicos, desarrollo ético-cultural…. Sin embargo, se acaba situando una barrera infranqueable en relación no solo con los primeros habitantes apenas circunscritos al hábitat de la caverna o la tribu, sino hasta los mismos albores de la edad moderna en la que hoy se agitan, trajinan o enajenan vertiginosamente dichas sociedades de la modernidad. No obstante, no deja de llamar poderosamente la atención en la insistencia de cada vez más sectores (intelectuales, ideológicos, culturales e incluso científicos) de la sociedad que claman por un cambio en la misma cada vez con un carácter más acuciante y perentorio.
                Al margen de las discutibles diferencias (no tanto de bienestar doméstico, laboral… que son evidentes en nuestra sociedad, como de satisfacción lúdica personal) entre el mundo premoderno y el de la actualidad, en donde deben realizarse los tan cacareados cambios –mutatis mutandi- imprescindibles, olvidando que el tejido social que integra cualquier sociedad es el individuo, diríase que la persona individual no es más  que un engranaje más bien engrasado de la máquina social en funcionamiento.
                En la denominada sociedad del Estado del bienestar, la insistencia por el cambio encuentra fundamento en los potenciales peligros de los supuestos logros conseguidos (allá donde fueron conseguidos) por la humanidad en los últimos dos siglos, así los Derechos del Ciudadano –e incluso los Derechos Humanos- parecen peligrar. La insistencia (tantas veces bajo determinadas circunstancias desfavorables, reseñadas para la ocasión por determinados y poco escrupulosos intereses políticos,  pretenden sacar los consiguientes réditos ideológicos de las miserias sociales del momento, en ejercicio fraudulento y populista cuando no de pura demagogia) de cambio ante las
Sociedad, ¿mutatis mutandi?, Francisco Acuyo
crecientes desigualdades sociales, así como por lo que parece una inevitable confrontación de las sociedades actuales con el equilibrio natural de nuestro entorno ecológico planetario.
                Son abundantes las exigencias beligerantes de cambio por mor de las denuncias (políticas populistas, interesadas únicamente en acceder al poder apoyándose en los desastres y penurias provocadas por la corrupción y la mala gestión de los gobernantes) contra el sistema capitalista como fuente ingrata de inmoralidad, como si los fundamentos del sistema basaran su funcionamiento bajo prescripciones éticas, cuya funcionalidad sistemática e impersonal, todos lo sabemos, atiende a la consecución de la riqueza, transmitiendo la falacia de que otros sistemas o antisistemas serán la panacea de la igualdad, la justicia y la libertad, cuando sus bases ideológicas están pensadas exclusivamente para la propaganda revolucionaria que sólo aspira a la obtención del poder (y cuyos presupuestos éticos, cuando no brillan por su ausencia, son de calado profundamente demagógico y populista, donde la democracia es un sarcasmo y la libertad, la igualdad y la justicia una muestra recalcitrante de su singular hipocresía.
                Se exige más participación ciudadana en las nuevas estructuras sociales (corruptas, como decíamos, buena parte de las veces, cuando no con grandes dosis de injusticia en sus concepciones estructurales y de funcionamiento), donde los individuos se encuentran las más de las veces enajenados por las conductas egoístas, la flagrante incultura y la enajenación de la mal llamada cultura del consumo y de la idolatría de la imagen; lo que pretende integrar, en fin, a la persona, en la dinámica de una sociedad enferma.
                Pasamos de la devoción por las nuevas tecnologías y avances científicos, al horror de que dichos avances, en una sociedad científica y funcionalmente analfabeta, nos lleven a la extinción como especie (desastres nucleares, por ejemplo); de la reacción ante las jerarquías sociales dominantes en relación a las supuestamente oprimidas, al miedo a los comportamientos anárquicos y antisistema.
                Denunciamos la globalización del mercado económico y la localización de la democracia, así como a la imposibilidad de abandonar la sociedad, a pesar, dícese, del creciente y caótico
Sociedad, ¿mutatis mutandi?, Francisco Acuyo
individualismo que, en realidad, no hace sino enmascarar el adocenamiento de las personas que conforman las sociedades que se denuncian, en un mundo cada vez más ajeno a los principios y valores que en otro tiempo fueron elementales para la convivencia y que nos engalanaban como seres humanos distintos a la cohorte de las diversos y supuestamente salvajes especies que pueblan el planeta; donde, por fin, hasta las interrogantes morales, intelectuales, filosóficas, metafísicas o científicas… ya no tienen ningún sentido. ¿Cómo pretendemos cambiar la sociedad poblada por individuos de tan parva, ínfima catadura moral, intelectual, cultural, si, al fin y al cabo, son estos los que integran estas comunidades que, se dice, exigen un cambio, sin duda necesario?
                A la luz de los hechos que conforman nuestras sociedades injustas, corruptas y enajenadas, ¿quién puede censurar que después de milenios de cambios verdaderamente importantes y revolucionarios –seguimos enfrascados en guerras continuas e indiferencia hacia los que sufren-, algunos de nosotros, en modo alguno indiferentes al dolor y pobreza reinantes, queramos estar en relación a la sociedad, exentos, libres de su nefanda y enajenada y enajenante influencia? ¿Acaso el verdadero cambio, la genuina revolución, en realidad, no tenga por qué ser social, sino individual, meditada y profunda?


Francisco Acuyo




Sociedad, ¿mutatis mutandi?, Francisco Acuyo



1 comentario:

  1. Veo mucha verdad en lo que dices, amigo, sobre todo en las oraciones finales...nosotros mismos somos el principio y final de todo. No hay sistema social perfecto como no hay hombre perfecto, y así seguirá siendo, porque parece que nuestro destino en este mundo es aprenderlo todo demasiado tarde. Un abrazo.

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