jueves, 17 de diciembre de 2015

CERVANTES Y LA POESÍA. A COLACIÓN DE ALGUNOS DE LOS SONETOS DEL QUIJOTE, BREVÍSIMA NOTA SOBRE LA POESÍA EN LA VIDA Y OBRA DE CERVANTES.

Para la sección, Ineludible jerarquía, del blog Ancile, traemos a Miguel de Cervantes y su vertiente poética, y todo bajo el título: Cervantes y la poesía: a colación de algunos de los sonetos del Qujote; brevísima nota sobre la poesía y la vida de Cervantes.


Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo




CERVANTES Y LA POESÍA.


A COLACIÓN DE ALGUNOS DE LOS SONETOS DEL QUIJOTE, BREVÍSIMA NOTA SOBRE LA POESÍA EN LA VIDA Y OBRA DE CERVANTES





Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo




Que es muy necesario hacer una revisión de la faceta poética de Cervantes (no solo la referente a la vena humorística y burlesca, tan evidente en los sonetos que pueblan el Quijote, sobre todo porque acaso excede esta singular apreciación y se necesita de otra más profunda, crítica e intelectual[1] de los mismos) es tal vez una tarea que precisa de un detenida y más justa consideración en correspondencia a lo largo de la insigne e imprescindible trayectoria universal literaria y vital de Miguel de Cervantes.
Que, con toda modestia, reconozca que soy un lector –revisitador- asiduo y atento de la poesía –y desde luego de la prosa-  de Cervantes, no pretende ni mucho menos ser una razón para atender a esta dimensión creativa del autor del Quijote, más bien un aviso para los verdaderos lectores de poesía, sobre todo por no perderse momentos profundamente memorables e importantes en aquello que pudiera ser considerado fundamento de la obra de Cervantes y, desde luego, referencia de lo más selecto de la época en la que le tocó vivir; mas también es claro que viene a colación porque en virtud de estas manifestaciones poéticas del autor del Viaje al Parnaso, encontraremos una muy rica referencia con la que atender a las muchas y enriquecedoras perspectivas interpretativas que ofrece la totalidad de la obra del inmortal autor del Quijote,[2] así como mucho que decir de su impecable y muy rica trayectoria literaria, vital y humanística. He querido, pues, en esta ocasión hacer referencia, en esta brevísima exposición, a la poesía de Cervantes, centrada en los sonetos del Quijote, y una breve selección de los mismos como obsequio muy apropósito. Sobre todo para ofrecer esa otra vertiente que muestra el genio de Cervantes, a mi juicio, no del todo reconocida, a saber: su dimensión peculiar como artífice de versos
Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo
-extraordinariamente significativos-, en los que se funde la vena humorística y humanista del excelso creador literario nacido en Alcalá de Henares, y, que también hacen alusión[3] a su fisionomía intelectual y humana, que trasciende la meramente literaria, advertíamos, siendo como son gigantescos e inalcanzables para la mayoría semejantes logros creativos, pero que nos pueden remitir a la talla inmensa de Cervantes como auténtico y formidable humanista, cuyo genio de todos reconocido traspasa las fronteras de cualquier época.
Desde luego que de sus sonetos también puede deducirse la profundidad de pensamiento que alude, como el Quijote mismo, a ese transcurrir desde la utopía al mito,[4] mas no solo desde la tradición satírico burlesca tan propia de la época y que, desde luego, va más allá de los meros encomios a la obra que prologan (véanse los sonetos, en relación a los preceden las páginas del Quijote: Amadís de Gaula a don Quijote de La Mancha, Don Belianís de Grecia a don Quijote de La Mancha, La señora Oriana a Dulcinea del Toboso, Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, a Sancho Panza, escudero de don Quijote, Orlando furioso a don Quijote de La Mancha, El Caballero del Febo a don Quijote de La Mancha, De Solisdán a don Quijote de la Mancha o el Diálogo entre Babieca y Rocinante), o, aquellos que aparecen dentro del mismo texto narrativo (tales como los que aparecen en la Primera parte, capítulo XXXIII,[5] o  los  capítulos XXVII[6], XXXIV[7], XXXIV[8], XL[9]; o ya en la segunda parte, en los capítulos XII[10] o XVIII[11]).
Pero si prestamos atención a los poemas de rasgo apologético -nada menos que aquellos que hacen relación y relato de la locura-, no vienen sino a significar que quien elogia al lunático no puede ser sino también  un loco, pero en este singular elogio de la locura se ofrecen y desarrollan estos y otros versos que superan a nuestro juicio, el género encomiástico y burlesco, cuando, en muchos casos, en realidad vierten una profunda ironía que se manifiesta –u oculta- de forma sobremanera inteligente, por ejemplo, en el diálogo de Rocinante y Babieca (otro célebre diálogo animalesco, esta vez en prosa novelada, fue reproducido ejemplarmente en otra de sus obras máximas: Cipión y Berganza o el coloquio de los perros), que muy bien nos ponen en conexión con el elogio proverbialmente humanista de Erasmo, y es que, en realidad, sitúa sobre la mesa del lector atento un juego de máscaras casi carnavalesco donde la paradoja y la ironía traspasan la cuestión social parodiada, y donde la invectiva personal se impone frente a las convenciones de la época en relación a aquellas u otras parodias fácilmente reconocibles, aun cuando se habla de manera más o menos velada de Lope en alguno de estos sonetos, se denuncia lo  frívolo de determinada poesía (tan típica y tópica del momento) y que en tantas ocasiones encabezara el genio del propio Fénix de las letras.
            En modo alguno, en fin, debemos trivializar esta vena creativa de Cervantes, pues en ella se manifiesta (y de manera especialmente abundante, recordemos que su caudal poético supera el de Manrique, Santillana, Garcilaso, Góngora, Herrera, Boscán, Luis de León…) el particular microcosmos cervantino de forma extremadamente singular, magistral y admirable, así los versos que aparecen en el desarrollo narrativo del Quijote ofrecen, además, una ampliación más que interesante del complejo y profundo ámbito intelectual en el que se mueven los personajes (y el propio autor), amén de que la referencia, admiración e inclinación al ejercicio creativo poético es constante, no sólo en las páginas del
Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo
Quijote, no en vano sus Comedias están escritas en verso y, amén de sus poesía sueltas y las incluidas en su obra narrativa (por ejemplo, de gran abundancia en la Galatea y su Novelas Ejemplares como en el Persiles) se ofrece en su más que relevante y significativo Viaje al Parnaso, todo lo cual nos concita y sugiere mucho más de lo que no pocos sectores críticos no han querido reconocer.[12] Así lo habría de declarar en el prólogo a la Galatea (1585),[13] o prácticamente treinta años después, en el Viaje al Parnaso, cuando decía: Desde mis tiernos años amé el arte // dulce de la agradable poesía. Es claro que tuvo un concepto altamente subido de la poesía que muy bien pudiere alcanzar una suerte de consideración casi religiosa (aun cuando se complació muy gratamente en ocasiones de mofarse del mal poeta y del equívoco y frívolo concepto que muchos tuvieren de la misma poesía), por lo que no nos parece que su producción poética merece ser considerada como mucho más que elaboración literaria de circunstancias, y por lo que, con Menéndez Pelayo (quien tampoco mostró equidad en sus juicios, no obstante, decía) que, habría que interrogarse, si siendo el primero de nuestros prosistas, sería justo inferir que sea el último de nuestros poetas.
Muy a pie juntillas se interpretó desde su época el terceto del Viaje al Parnaso en el que el propio poeta que proclama: Yo, que siempre trabajo y me desvelo // por parecer que tengo de poeta // la gracia que no quiso darme el cielo, […] y otras referencias del propio Cervantes[14] que no ayudaron a situarlo donde debiera, obviando sin demasiada justificación aquel otro del mismo Viaje al Parnaso: Yo soy aquel que en la invención excede[…],[15] en cualquier caso, a nuestro modesto entender debe quedar relegada aquella opinión, a todas luces injusta, de que la poesía de Cervantes carecía de voz propia, por injusta, decíamos, y por ser falsa de toda falsedad, y es que al margen de los convencionalismo de la época de los que pudiera estar impregnado, su singular personalidad sobrepasa aquellas miserables acrecencias de las que, por cierto, casi ninguno de los grandes poetas del momento mostrara se mostrara impermeable, o  no ofreciese algún instante debilidad, incluido su principal antagonista, el gran Lope de Vega.[16] Sirva este brevísimo opúsculo para recordar la vertiente poética del genio del Quijote para poder inferir nueva y fielmente el lance y destino creador de Cervantes así como (ya advertía en otra ocasión),[17] su genio y la excelsa libertad de su albedrío.

            Sirvan como muestra estos sonetos que incluyen la magna obra cervantina:





Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo





AMADÍS DE GAULA 
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA






Tú, que imitaste la llorosa vida
que tuve, ausente y desdeñado, sobre
el gran ribazo de la Peña Pobre,
de alegre a penitencia reducida;

tú, a quien los ojos dieron la bebida
de abundante licor, aunque salobre,
y alzándote la plata, estaño y cobre,
te dio la tierra en tierra la comida,

vive seguro de que eternamente,
en tanto, al menos, que en la cuarta esfera,
sus caballos aguije el rubio Apolo,

tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera;
tu sabio autor, al mundo único y solo.





DON BELIANIS DE GRECIA 
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA





 Rompí, corté, abollé y dije y hice
más que en el orbe caballero andante;
fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
mil agravios vengué, cien mil deshice.

Hazañas di a la Fama que eternice;
fui comedido y regalado amante;
fue enano para mí todo gigante,
y al duelo en cualquier punto satisfice.

Tuve a mis pies postrada la Fortuna,
y trajo del copete mi cordura
a la calva Ocasión al estricote.

Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
siempre se vio encumbrada mi ventura,
tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!





LA SEÑORA ORIANA 
A DULCINEA DEL TOBOSO





¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,
por más comodidad y más reposo,
a Miraflores puesto en el Toboso,
y trocara sus Londres con tu aldea!

¡Oh, quién de tus deseos y librea
alma y cuerpo adornara, y del famoso
caballero que hiciste venturoso
mirara alguna desigual pelea!

¡Oh, quién tan castamente se escapara
del señor Amadís como tú hiciste
del comedido hidalgo don Quijote!

Que así envidiada fuera y no envidiara,
y fuera alegre el tiempo que fue triste,
y gozara los gustos sin escote.






GANDALÍN, ESCUDERO DE AMADÍS DE GAULA, 
A SANCHO PANZA ESCUDERO DE DON QUIJOTE






Salve, varón famoso, a quien Fortuna,
cuando en el trato escuderil te puso,
tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
que lo pasaste sin desgracia alguna.

Ya la azada o la hoz poco repugna
al andante ejercicio; ya está en uso
la llaneza escudera, con que acuso
al soberbio que intenta hollar la luna.

Envidio a tu jumento y a tu nombre,
y a tus alforjas igualmente envidio,
que mostraron tu cuerda providencia.

Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre,
que a solo tú nuestro español Ovidio 
con buzcorona te hace reverencia.







ORLANDO FURIOSO
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA






Si no eres par, tampoco le has tenido:
que par pudieras ser entre mil pares,
ni puede haberle donde tú te hallares,
invito vencedor, jamás vencido.

Orlando soy, Quijote, que, perdido
por Angélica, vi remotos mares,
ofreciendo a la Fama en sus altares
aquel valor que respetó el olvido.

No puedo ser tu igual, que este decoro
se debe a tus proezas y a tu fama,
puesto que, como yo, perdiste el seso;

mas serlo has mío, si al soberbio moro
y cita fiero domas, que hoy nos llama
iguales en amor con mal suceso.






EL CABALLERO DEL FEBO 
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA






A vuestra espada no igualó la mía,
Febo español, curioso cortesano,
ni a la alta gloria de valor mi mano,
que rayo fue do nace y muere el día.

Imperios desprecié; la monarquía
que me ofreció el Oriente rojo en vano
dejé, por ver el rostro soberano
de Claridiana, aurora hermosa mía.

Améla por milagro único y raro,
y, ausente en su desgracia, el propio infierno
temió mi brazo, que domó su rabia.

Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,
por Dulcinea sois al mundo eterno,
y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.






DE SOLISDÁN
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA





Maguer, señor Quijote, que sandeces
vos tengan el cerbelo derrumbado,
nunca seréis de alguno reprochado
por home de obras viles y soeces.

Serán vuesas fazañas los joeces,
pues tuertos desfaciendo habéis andado,
siendo vegadas mil apaleado
por follones cautivos y raheces.

Y si la vuesa linda Dulcinea
desaguisado contra vos comete,
ni a vuesas cuitas muestra buen talante,

en tal desmán vueso conorte sea
que Sancho Panza fue mal alcagüete,
necio él, dura ella y vos no amante.






DIÁLOGO ENTRE BABIECA 
Y ROCINANTE







B.¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R.Porque nunca se come, y se trabaja.
B.Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R.No me deja mi amo ni un bocado.

B.Andá, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R.Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.


B.¿Es necedad amar?
R.                                    No es gran prudencia.
B.Metafísico estáis.
R.                                Es que no como.
B.Quejaos del escudero.
R.                                       No es bastante.

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante ?




*



O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.

     Pero, si Amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. Pues ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?

     Si digo que sois vos, Fili, no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe
ni me viene del cielo esta ruina.

     Presto habré de morir, que es lo más cierto:
que al mal de quien la causa no se sabe
milagro es acertar la medicina.



*




Santa amistad, que con ligeras alas,
tu apariencia quedándose en el suelo,
entre benditas almas en el cielo
subiste alegre a las impíreas salas:

    desde allá, cuando quieres, nos señalas
la justa paz cubierta con un velo,
por quien a veces se trasluce el celo
de buenas obras que a la fin son malas.

    Deja el cielo, ¡oh amistad!, o no permitas
que el engaño se vista tu librea,
con que destruye a la intención sincera;

    que si tus apariencias no le quitas,
presto ha de verse el mundo en la pelea
de la discorde confusión primera.




*





En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando.

    Y al tiempo cuando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con suspiros y acentos desiguales
voy la antigua querella renovando.
     Y cuando el sol, de su estrellado asiento
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece y doblo los gemidos.

     Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento
y siempre hallo, en mi mortal porfía,
al cielo sordo, a Clori sin oídos.




*





Yo sé que muero, y si no soy creído,
es más cierto el morir, como es más cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,
antes que de adorarte arrepentido.

    Podré yo verme en la región de olvido,
de vida y gloria y de favor desierto,
y allí verse podrá en mi pecho abierto
como tu hermoso rostro está esculpido.

    Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía,
que en tu mismo rigor se fortalece

   ¡Ay de aquel que navega, el cielo escuro,
por mar no usado y peligrosa vía,
adonde norte o puerto no se ofrece!




*




Almas dichosas que del mortal velo
libres y esentas, por el bien que obrastes,
desde la baja tierra os levantastes
a lo más alto y lo mejor del cielo,

y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuerpos la fuerza ejercitastes,
que en propia y sangre ajena colorastes
el mar vecino y arenoso suelo:

primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la vitoria;

y esta vuestra mortal, triste caída
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria.




*




De entre esta tierra estéril, derribada,
destos terrones por el suelo echados,
las almas santas de tres mil soldados
subieron vivas a mejor morada,

siendo primero en vano ejercitada
la fuerza de sus brazos esforzados,
hasta que al fin, de pocos y cansados,
dieron la vida al filo de la espada.

Y este es el suelo que continuo ha sido
de mil memorias lamentables lleno
en los pasados siglos y presentes.

Mas no más justas de su duro seno
habrán al claro cielo almas subido,
ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes.






EL MONICONGO
ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA,
A LA SEPULTURA DE DON QUIJOTE
Epitafio





El calvatrueno que adornó a la Mancha
de más despojos que Jasón de Creta;
el jüicio que tuvo la veleta
aguda donde fuera mejor ancha;

    el brazo que su fuerza tanto ensancha,
que llegó del Catay hasta Gaeta;
la musa más horrenda y más discreta
que grabó versos en broncínea plancha;

    el que a cola dejó los Amadises
y en muy poquito a Galaores tuvo,
estribando en su amor y bizarría;

    el que hizo callar los Belianises,
aquel que en Rocinante errando anduvo,
yace debajo desta losa fría.






DEL PANIAGUADO,
ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA,
«IN LAUDEM DULCINEAE DEL TOBOSO






Esta que veis de rostro amondongado,
alta de pechos y ademán brioso,
es Dulcinea, reina del Toboso,
de quien fue el gran Quijote aficionado.

    Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra y el famoso
campo de Montïel, hasta el herboso
llano de Aranjüez, a pie y cansado

    (culpa de Rocinante). ¡Oh dura estrella!,
que esta manchega dama y este invito
andante caballero, en tiernos años,

    ella dejó, muriendo, de ser bella,
y él, aunque queda en mármores escrito,
no pudo huir de amor, iras y engaños.






DEL CAPRICHOSO, DISCRETÍSIMO
ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA,
EN LOOR DE ROCINANTE,
CABALLO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA







En el soberbio trono diamantino
que con sangrientas plantas huella Marte,
frenético el Manchego su estandarte
tremola con esfuerzo peregrino,

    cuelga las armas y el acero fino
con que destroza, asuela, raja y parte...
¡Nuevas proezas!, pero inventa el arte
un nuevo estilo al nuevo paladino.

    Y si de su Amadís se precia Gaula,
por cuyos bravos descendientes Grecia
triunfó mil veces y su fama ensancha,

    hoy a Quijote le corona el aula
do Belona preside, y dél se precia,
más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha.


    Nunca sus glorias el olvido mancha,
pues hasta Rocinante, en ser gallardo,
excede a Brilladoro y a Bayardo.







DEL BURLADOR,
ACADÉMICO ARGAMASILLESCO,
A SANCHO PANZA







Sancho Panza es aqueste, en cuerpo chico,
pero grande en valor, ¡milagro estraño!,
escudero el más simple y sin engaño
que tuvo el mundo, os juro y certifico.

    De ser conde no estuvo en un tantico,
si no se conjuraran en su daño
insolencias y agravios del tacaño
siglo, que aun no perdonan a un borrico.

    Sobre él anduvo (con perdón se miente)
este manso escudero, tras el manso
caballo Rocinante y tras su dueño.

    ¡Oh vanas esperanzas de la gente,
cómo pasáis con prometer descanso
y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!




*




—Dadme, señora, un término que siga,
conforme a vuestra voluntad cortado,
que será de la mía así estimado,
que por jamás un punto dél desdiga.

Si gustáis que callando mi fatiga
muera, contadme ya por acabado;
si queréis que os la cuente en desusado
modo, haré que el mesmo amor la diga.

A prueba de contrarios estoy hecho,
de blanda cera y de diamante duro,
y a las leyes de amor el alma ajusto.

Blando cual es o fuerte, ofrezco el pecho:
entallad o imprimid lo que os dé gusto,
que de guardarlo eternamente juro.




*





El muro rompe la doncella hermosa
que de Píramo abrió el gallardo pecho;
parte el Amor de Chipre y va derecho
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.

    Habla el silencio allí, porque no osa
la voz entrar por tan estrecho estrecho;
las almas sí, que amor suele de hecho
facilitar la más difícil cosa.

    Salió el deseo de compás, y el paso
de la imprudente virgen solicita
por su gusto su muerte. Ved qué historia:

    que a entrambos en un punto, ¡oh estraño caso!,
los mata, los encubre y resucita
una espada, un sepulcro, una memoria.





 Miguel de Cervantes




[1] Laskier Martín, Adrienne: Un modelo para el humor poético cervantino: los sonetos burlescos del Quijote, Acta I, de la Asociación de Cervantista, publicado por el Centro Virtual Cervantes.
[2] Así lo demuestra el libro, D. Quijote: de la utopía al mito, del profesor, catedrático de filosofía, Tomás Moreno.
[3] Como es el caso de la obra anteriormente: D. Quijote: de la utopía al mito.
[4] Como bien deduce nuestro querido amigo y filósofo Tomás Moreno en relación a la magna obra D: Quijote de la Mancha.
[5] Don Quijote a Sancho, y La casa de los celos; en la Jornada tercera, Reinaldos.
[6] Cuando canta Cardenio,
[7] Lotario canta a Camila.
[8] Lotario canta a Anselmo
[9] Donde se prosigue la historia del cautivo, o aquellos que intitulaba grandilocuente: El Monicongo, académico de la Argamasilla, a la sepultura de don Quijote, como Epitafio,  Del caprichoso, discretísimo, académico de la Argamasilla, en loor de «Rocinante», caballo de don Quijote de La Mancha, Del Burlador, académico argamasillesco, a Sancho Panza, al final de la primera parte
[10] Donde canta el Caballero del Bosque a don Quijote y Sancho,
[11] Don Lorenzo a Don Quijote , y el soneto a la fábula de Píramo y Tisbe.
[12] Excepciones ilustres son las de Ricardo de Rojas, Juan Manuel Blecua, G. Díaz Plaja, Gerado Diego, A. Valbuena Prat, Luis Cernuda, o el más antiguo de Menéndez Pelayo.
[13] Donde dice: la inclinación que a la poesía siempre he tenido”
[14] Véanse el prólogo a las Ocho comedias, o en el mismo Quijote (I, VI).
[15] Viaje al Parnaso (I,202 ss.)
[16] Aun cuando rectificara en su Laurel de Apolo al decir: […] en versos de diamantes // los de plomo volvió con tanta gloria,// que por dulces, sonoros y elegantes // dieron eternidad a su memoria.
[17] Acuyo, F., al Prólogo de, El Quijote: de la utopía al mito, de Tomás Moreno, Jizo ediciones, colección Origen y Destino, Granada, 2015,





Cervantes y la poesía. A colación de algunos sonetos del Quijote. Francisco Acuyo

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