lunes, 1 de agosto de 2016

DEL ALMA Y SU NECESARIA ACTA DE DEFUNCIÓN, Y LA IMPRESCINDIBLE NEGACIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO

Proseguimos con las cuestiones en relación a la idea o concepto del alma, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile; esta vez bajo el título, Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío.


Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío, Francisco Acuyo





DEL ALMA Y SU NECESARIA ACTA DE DEFUNCIÓN,
Y LA IMPRESCINDIBLE NEGACIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO





Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío, Francisco Acuyo






En verdad que no dejó de causar asombro a quienes les comunican sus reflexiones mediante estos opúsculos singulares, cuando al albur de las estructuras metodológicas inferidas en sus estudios sobre la conciencia humana (y, dícese de su soporte fundamental biológico, cual es el cerebro), las ¿sesudas? conclusiones con las que pretenden clausurar cuestiones que llevan debatiéndose durante siglos, nos estamos refiriendo a la cuestión –ya tan litigada y discutida en estas páginas virtuales- de la conciencia y, ahora también con ella relacionada, la cuestión no menos fascinante del libre albedrío, todas ellas reducidas y ¿explicadas? por la celeste neurociencia, piedra filosofal de las nuevas ciencias que amparan la explicación de la cognición humana.
Al amparo siempre (bien lo hemos señalado en otras múltiples ocasiones)[1] de su constructo mecánico determinista, se finiquita cualquier discusión reduciendo cualquier fenómeno de la mente (o de la conciencia) al hecho, decían, incuestionable, de que aquellas - la mente y la conciencia- estarían siempre comprendidas o referidas como epifenómeno del cerebro. Así también, por ejemplo,
Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío, Francisco Acuyo
el asunto del libro albedrío se entiende como una mera ilusión y sin visos de existencia objetiva, en tanto que, según su visión material mecanicista, cualquier decisión tomada por el individuo a través de su conciencia, en realidad ya ha sido tomada por el cerebro unos trescientos milisegundos antes de que la persona tome conciencia de ella. Admirable conclusión, incluso si tenemos al cerebro como el elemento capital de cualquier cualidad mental o consciente, dado que todo el desarrollo psiquiátrico y psicológico en torno a los procesos inconscientes en el ser humano, son un nimio reducto de aquello que, en líneas generales atañe de la materia cerebral, aunque esté demostrado que dichos proceso conscientes e inconscientes alteran y modifican dicha materia neurológica (hablamos de la plasticidad del cerebro). En fin, todos los procesos inconscientes del ser humano no son dignos sino de ser reducidos a una descarga neuroquímica y eléctrica que pueden (o no) ser remitidos a la consciencia.
                En fin, todo el psicoanálisis y su posterior desarrollo en muy diferentes ámbitos de las ciencias cognitivas (y hasta los resultados de las mismas ciencias de la conducta quedan explicados por aquella relación químico mecánico eléctrica, obviando los factores que inciden de manera no menos indiscutibles en la mente, en virtud de circunstancias ambientales, culturales…, las cuales no merecen ninguna reflexión o consideración seria en la configuración mental del individuo y, desde luego, en la misma estructura –plástica- del cerebro.
                Cuando el determinismo en física es una cuestión peliaguda (véase el caso de la teoría cuántica) sobre la que hay que andar con mucho cuidado, en los dominios de la biología es algo que no merece siquiera un grado de cierta moderación en sus aseveraciones. Así las cosas, si la indeterminación en física era algo del todo incuestionable, y a tenor de tal situación se comienza hablar de probabilidades, y en virtud de estas, desde una óptica física no podía negarse el libre albedrío, la neurociencia habla de la ilusión del mismo, todo esto y en cualquier caso, habida cuenta de la inevitable heterogenia de indeterminación y caos[2] físicamente incuestionables que hacen impracticable un universo netamente determinista.
Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío, Francisco Acuyo                Así las cosas, no estaría mal plantearnos si el órgano capital para el entendimiento de la mente, de la conciencia y, supuestamente del alma, es decir el cerebro, es en realidad determinista y predecible y, por tanto ajeno a la realidad física del mundo. Si mediante ingeniería inversa alguna vez pudiésemos hacer una réplica (con la creación de circuitos, transistores…) exacta de un cerebro humano, como si de un ordenador se tratase, y teniendo en cuenta que estos son siempre predecibles, ya que a cualquier pregunta que se le haga obtendremos siempre la misma respuesta, acaso [3] La incompletitud de la aritmética[4] nos hace plantearnos también lo incompleto de la misma física. Y si un sistema cuántico es impredecible, decíamos, que sabremos algo de él sólo de forma probabilística,  por lo que el cerebro, si tuviese una naturaleza análoga,  muy bien puede ser también impredecible. A la luz de ese repaso urgente y veloz en relación a la base material biológica de la mente (del alma), creemos que se abren más dudas que respuestas por su inverosímil argumentación en relación al rechazo y abandono de la idea del alma como vía de entendimiento de la mente y de la conciencia.
 Pero la cuestión es que en modo alguno esto parece ser cierto por las razones anteriormente aducidas en orden a la impredecibilidad de lo que acontece en el mundo, por lo que, además, no parece posible que una máquina pensante al uso pueda ser como un cerebro humano (dejaríamos un parentésis para una discusión en este aspecto cuando se haga posible el ordenador cuántico). Hoy se habla de este órgano extraordinario como un auténtico dispositivo cuántico.
                En próximas entradas indagaremos de forma más específica sobre algunos aspectos que son de muy interesante consideración al respecto.


Francisco Acuyo
                 



[2] Teoría del caos como rama de las matemáticas y la física (extensible, no debe olvidársenos a otras ciencias, como la biología), que explora los sistemas dinámicos y complejos muy sensibles a las condiciones iniciales.
[3] Penrose, R.:  La nueva mente del emperador, Mondadori, Madrid, 1991.
[4] Gödel, K.: Sobre proposiciones formalmente indecibles de los Principia Mathematica y sistemas afines, KRK ediciones, Oviedo, 2006.




Del alma y su necesaria acta de defunción, y la imprescindible negación del libre albedrío, Francisco Acuyo

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