lunes, 26 de septiembre de 2016

MATERIALIDAD O INMATERIALIDAD DEL INCONSCIENTE. MÁS ALLÁ DE LA RACIONALIDAD DE LO CONSCIENTE

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos hoy el post intitulado: Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, abundando en la interesante temática de los contenidos de la psique humana y su peculiar naturaleza.


Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, Francisco Acuyo




MATERIALIDAD O INMATERIALIDAD
DEL INCONSCIENTE. 




Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, Francisco Acuyo




Uno de los pilares de la ciencia encuentra fundamento en la relación experimental demostrable de cualquier hipótesis que venga al caso verificar. No es extraño que las corrientes del empirismo, desde finales del XVII, hayan tenido grande predicamento en los dos siglos posteriores, pudiendo establecer sus presupuestos como primordiales en el ámbito positivo materialista de las ciencias del siglo XIX y XX, no obstante, no deja de resultar digno de mención que aquella tabula rasa a la que se refería el influyente John Locke en relación a la mente del hombre (en su nacimiento), hoy no tenga la más mínima justificación, así se encargaron de demostrar Meltzoff,[1] así como el reconocimiento del error de  Piaget[2] (que creía que los neonatos no entienden de manera abstracta y plena la permanencia de los objetos), ignorando la red connatural que organiza el sistema ejecutivo cerebral que va madurando con el paso del tiempo.
Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, Francisco Acuyo                Hoy sabemos que el desarrollo cognitivo no es sólo la compilación de recursos, conocimientos y habilidades, es capital para ese desarrollo la represión todas aquellas rutinas y procedimientos que imposibilitan o paralizan la expresión de lo que ya se conoce. No nos extraña tampoco que niños de muy corta edad tengan en su cerebro estructuras básicas matemáticas que en modo alguno han podido ser enseñadas. Y qué decir del lenguaje, ya lo advertía Noam Chomsky[3] y su admonición del rasgo innato que tiene el ser humano en relación a la producción del lenguaje, por lo que el razonamiento empirista habría de ponerse en seria consideración y que decía que todo lo lógico racional y abstracto se adquiere después de la adquisición del lenguaje. En cualquier caso, hoy se reconoce que las resoluciones o determinaciones del individuo pueden ser racionales (conscientes) y otras irracionales (inconscientes). Lo que sí nos parece muy singular de reseñar es que tanto las conscientes como las inconscientes se atribuyan siempre  al ámbito de lo  material y biológico (cerebral), atribuyendo a meras corazonadas el ámbito de las acciones inconscientes, aunque muchas de ellas hayan tenido como resultado la producción riquísima de los mitos y los símbolos ancestrales que han ido arraigando en nuestras consciencias desde tiempos inmemoriales; basan sus conjeturas en experimentos de juegos de cartas y otros artificios y solaces de ingenio que muestran lo más elemental de lo inconsciente como meras pulsiones arraigas a estímulos directos e inmediatos; mas [4] Los estereotipos neuronales son los quieren marcar la realidad última de lo inconsciente cuando, en realidad, no hacen sino convertir –y pervertir- el proceso psíquico para ser descrito como una máquina perfectamente descriptible a través de sus diversos engranajes neuronales y relaciones químico sinápticas, y, por lo tanto, siempre con un marcado carácter material y positivo, por lo que no se cansan de referirse a la mente como una compleja red neuronal que responde a unos mecanismos que explican sus relaciones causales.
                Así las cosas, la inhibición –inconsciente- pasa  a ser siempre producto material de nuestra ambidiestra construcción cerebral (en donde una parte del cerebro establece los argumentos emocionales[5], frente a otra que organiza los racionales),[6] la tuercas de la singular máquina cerebral, en fin, ajustan cualquier parámetro de nuestra actividad de acción y decisión, y donde la cosa inconsciente –más o menos profunda, inferimos, es una cuestión de cultura que se entrelaza con los engranajes bien engrasados de la máquina cerebral, quedando perfectamente claro que hasta la misma realidad participa de dichos acoplamientos, encajes, filetes, arandelas y demás tornillería neuronal. Esto es así hasta el punto de que, con grandes dosis de arrogancia, son capaces de discernir milimétricamente cuando hay o no consciencia en pacientes en coma o en estado vegetativo[7] y es que, como es muy difícil definir lo que es la conciencia- acaso como el tiempo- [8] que dicen es el concepto, la idea, inexistente realidad del alma.
Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, Francisco Acuyo
                Así como en un momento la física establece que el calor es un estado de la materia, no cabe duda que también la conciencia –y lo inconsciente – se dice que no es sino un estado material producto de la fisiología cerebral, y todo porque puede describirse –detectarse- a través de escáneres (o resonancias) su funcionamiento expuesta en determinadas áreas del cerebro su actividad neuronal, y esta como única producción de la actividad consciente e inconsciente de la psique. Las piezas independientes –neuronas- que componen el artefacto cerebral son en definitiva el origen y el final de . No entraremos en discusión  sobre las consecuencias que conllevan estas afirmaciones en relación a las acciones humanas y su imposible libertad de decisión (haciendo una superficial y bastante pedestre concepción de la cuestión del libre albedrío), pues prácticamente toda la actividad será compulsiva e inconsciente (en el sentido reflejo y mecánico que esto conlleva), y la conciencia como el corriente y vulgar suplantador que hace su particular exégesis, mediante la cual se pretende explicar las acciones que brotan a nuestra vida consciente e incluso incons ciente. Véase si no cómo hasta la misma componenda onírica de nuestros sueños no es más un proceso material biológico mediante el cual se elimina deshechos y residuos (y demás tornillería superflua) del [10]. A veces me pregunto dónde estará el residuo neuromaterial en donde se forjaron los más bellos poemas, o haciendo uso célebre paráfrasis al respecto de la ilusión de las ideas, y saber de la materia de la cual están hechos los sueños que una vez, gracias a ellos, hicieron bello y verdadero un teorema matemático que, ¡oh divina providencia, antes de ser empíricamente demostrado, ya describía la realidad material de un fenómeno!, o la concepción hermosa de una vida más solidaria para la humanidad, etc… Todos sabemos de la importancia del cerebro en cualquier campo de la actividad humana, pero ¿es la psique humana un fenómeno reductible a un manual de mecánica o de ingeniería mediante el que describir y entender su extraordinario –orgánico- y mucho más complejo funcionamiento? ¿Los complejos comportamientos, las capacidades increíbles, los logros impensables, las aspiraciones de trascendencia, ética y estética y, sobre todo, el inexplicable, o, al menos extraño impulso creativo humano, son necesariamente la génesis del funcionamiento de una máquina fabulosa impulsada por una compleja trama de engranajes neuronales y reacciones químicas? Dejo aquí esbozada muy tosca e impertinentemente esta interrogante, que espero debatir en próximas entradas en este blog.
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                                                                                                        Francisco Acuyo





[1] Andrew N. Meltzoff, psicólogo especializado en la cognición y desarrollo infantil, quien deduce en virtud de sus descubrimientos entorno a las asociaciones propias y ajenas, y entre distintas modalidades sensoriales, demuestra que los neonatos eran capaces de generar abstracciones asociando acciones diversas observadas en el exterior  y de acciones propias.
[2] Jean Piaget, epistemólogo, psicólogo y biólogo, también especializado en la cognición infantil, la cual la describía como diferenciada del adulto, por mor de la serie de patrones que describía como diferenciadores en las diferentes etapas de desarrollo del individuo.
[3] Avran Noam Chomsky, uno de los lingüistas más destacados del siglo XX, cuya gramática generativa indagaba en los aspectos y estructuras más profundos del lenguaje de los que se deduciría el innatismo en la adquisición del lenguaje y en la autonomía de la gramática que bien podría postularse como universal.
[4] Véase las relaciones estudiadas por Jung, véase, por ejemplo, Jung, C. G.: Arquetipos e inconsciente colectivo, Paidós, Barcelona, 2010.
[5] Sigman, M:  La vida secreta de la mente, Debate, Barcelona, 2016, p. 104 .                             
[6] Y todo porque en la corteza frontal y prefrontal se activan diferenciadamente, según cuál sea el argumento a describir.
[7] Peliaguda cuestión que en modo alguno está resuelta, véase: Bossi, L.: Historia natural del alma, A. Machado libros, Madrid, 2008, pp.401-440.
[8] Sigman, M:  p. 123.
[9] Según Freud había tres clase de neuronas Phi (sensoriales, sin memoria ni conciencia), las Psi (receptoras de la historia de las sensaciones que no cambian en el tiempo) y las omega (que sí acumulan en el tiempo la memoria en episodios diferentes y que tienen la facultad de saltar en el tiempo, eso sí, como la maquinaria de un reloj).
[10] Sigman, M:  p. 163.




Materialidad o inmaterialidad del inconsciente, Francisco Acuyo

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