lunes, 21 de noviembre de 2016

LA ROSA AZUL, EN LA ERA DE LAS CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD

Para la sección (algo olvidada) De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, traemos hoy la entrada que lleva por título, La rosa azul, en la era de las ciencias de la complejidad, en la que se debate muy brevemente el hecho de la creatividad en el ámbito de las ciencias naturales. 




 La rosa azul, en la era de las ciencias de la complejidad, Francisco Acuyo




LA ROSA AZUL, EN LA ERA
DE LAS CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD




 La rosa azul, en la era de las ciencias de la complejidad, Francisco Acuyo



Debate de inusitadas consecuencias éticas, intelectuales y científicas ha conllevado no sólo la ideación, sobre todo la realización de la creatividad en ámbito de las ciencias –de la naturaleza-. La posibilidad de crear y recrear lo natural (en este caso la rosa azul que tengo entre mis manos en virtud de diversas hibridaciones) ha traído inevitablemente controversias, por otro lado bastantes lógicas, en las posibilidades que lleva esta capacidad cada vez más potente, de crear versiones artificiales de elementos, entidades o individuos que, en un principio sólo se había reservado a la naturaleza para su creación.
            La rara belleza del híbrido azul de aquella rosa en verdad deja sin aliento. La romántica scala naturae, en su perpetuo movimiento, adquiere aquí carta singular de naturaleza. El devenir, opuesto radical al ser, adquiere en este ejemplar excéntrico una visión extremada, donde la vida como desarrollo, devenir, insisto, o proceso creador progresa y (como advirtiera Bergson) dura, observado y entendido más allá de una ciencia mecanicista. La conciencia lanzada a través de la materia[1] es ahora rosa azul.
            La intuición creativa sin duda supera la visión pacata del homo faber incapaz de entender que la vida en esta rosa azul progresa y dura. Si bien la permanencia y el devenir en este espécimen particular parecen óptimamente reconciliadas, ¿lo están a ciencia cierta?. Mas, esta rosa, permanente en su ideal –individual- de belleza, ¿cómo puede conciliar su azul, ora cambiante e inusitado, ora en la mudable corriente de los muy diversos procesos de hibridación con la rosa naturalmente advenida?
            Es activa indubitablemente la mano del hombre como lo es la rosa en su desarrollo y evolución vital natural. La interacción entre el ser humano y la rosa en este caso es proverbial y evidentemente reconocible. El espíritu extiende su imperio a la cadena de las especies. Y la rosa azul es una muestra del proceso especial y creativo de individuación amparada por la mano humana. Si el mundo-cabe entenderse- como obra de arte[2] que se engendra a sí misma[3] cuando no hay ningún artista detrás, ¿en qué medida el manipulador humano no es más que un preliminar de la obra de arte que en realidad se engendra a sí misma?
            Pero, es cierto entonces que, ¿si la rosa no era azul y ahora sí lo es, el humano será el demiurgo artista, artífice creador por excelencia? ¿Aquellos cruces entre las especies ya soñados por Bacon, nos harán más felices? La biología creadora (y el homo biologicus) plantean variantes a nuevos enigmas. Pero en el jardín esplende, a pesar de la ciencia de la complejidad, entre las rosas rojas, amarillas, blancas, sola, húmeda, egregia, la rosa azul que una vez vivimos en el enigma vivo de nuestros más remotos sueños.



Francisco Acuyo



[1] Bergson, H.: La evolución creadora, Revista de Occidente, Buenos Aires, 1947.
[2] Cicerón, Sobre la naturaleza de los dioses, Aguilar, Madrid 1982.
[3] Nieztche, Entorno a la voluntad de poder, Península, Madrid, 1973. 



 La rosa azul, en la era de las ciencias de la complejidad, Francisco Acuyo

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