viernes, 16 de diciembre de 2016

DE LA NADA Y LA VOCACIÓN DE SER: LA APTITUD POÉTICA

De la nada y la vocación de ser, la aptitud poética, es el título del nuevo post para la sección, De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile.


De la nada y la vocación de ser, la aptitud poética, Francisco Acuyo


DE LA NADA Y LA VOCACIÓN DE SER:

 LA APTITUD POÉTICA


De la nada y la vocación de ser, la aptitud poética, Francisco Acuyo


No pocas veces he interrogado, por cierto, con una grande curiosidad, a quienes dicen conocerse y sobre su inclinación manifiesta hacia una u otra actividad, la(s) cual(es) le(s) ha(n) realizado plenamente y les ha(n) hecho ver ese sentirse completos en su tránsito existencial. Huelga decir que no han sido muchas las personas que he conocido –en vivo o en el ámbito histórico e incluso literario- con esta gran suerte o mejor y reconocido designio. No obstante, ese ser singular que a estos personajes caracteriza y que se ha materializado en virtud de una vocación irreductible en sus vidas, siempre me ha resultado extrañamente familiar, e incluso creo que todo el mundo –que quiere atender a esta potencia más o menos manifiesta y consciente en nuestras vidas- puede participar de ella, y, sin embargo, la frustración de esta fuerza es causa de grandes males en el espíritu del que la inhibe, consciente e inconscientemente.
                Los mitos más antiguos (y profundos) nos remiten a este impulso de desarrollo personal –recuérdese, por ejemplo, a Platón, en La República y, concretamente, en el tratamiento del mito de Er.[1] El daimon, que diríase es propio de todo ser consciente, está activo antes del mismo nacimiento y ya observa una proclividad o predisposición hacia algo que puede traducirse en imagen, ley, norma, modelo y que decía nuestro admirado filósofo, es sin duda portador de nuestro sino.
De la nada y la vocación de ser, la aptitud poética, Francisco Acuyo                El olvido plotiniano[2] no nos hace reconocer la elección de nuestra alma en nuestras vidas, pero para reconocer el genius, daimon, designio de estas nos advertía Platón (y parece que hoy día nos va al pairo insensatamente estas cuestiones) hay que preservar su reminiscencia a través de la conservación, el cuidado, la revisión continua del mito. Hoy, la nueva religión de la modernidad, la ciencia y su método ¿irrebatible?, explica o quiere explicar las disensiones de nuestro espíritu, por otra parte inexplicable fuera de la explanación estrictamente material de nuestra psique.
                Sin duda he sabido de primera de primera mano  de este impulso –energía- vocacional en el ámbito de la creación poética, como fenómeno expresivo literario y, sobre todo, como modus singular de entender el alma, el espíritu, la psique y su integración en el mundo, como fuerza esencial (y la vez sustancial) de todo lo que se manifiesta creativamente en el mundo.
                Este genius, daimon, ángel –de la guarda- o designio de mi espíritu, expreso en mi caso materialmente en el poema es un claro paradeigma –paradigma- vocacional que incluía todo lo que fuere -intemporalmente- mi persona, indiferente a cualquier apreciación moralista pues  excede la conciencia, y es que es fuerza vital, hálito anímico, alma libre que anhela realizarse en virtud de la luz –para quien la sabe saber ver- que la ilumina.
                Es ese vasto dominio que incluye la ciencia y el arte del verso, se sobrepasa en estos extremos para verterse como magia, religión e incluso para muchos como locura, es, en fin, la encarnación de una fuerza que sobrepasa el concepto de ego conformado al albur de las convenciones de este mundo: es  la razón de amor, la ciencia de la paradoja, el ser en devenir constante que, como interpretaba un admirado psicólogo[3], no elegí sino que me eligió por sus propias , diversas y acaso oscuras –o luminosas- razones.

Francisco Acuyo




[1] Platón, La República, Obras Completas, Aguilar, 1979.
[2] Plotino, Enéadas, Gredos, Madrid, 1985.
[3] Hillman J.: El Código del Alma, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1998. 



De la nada y la vocación de ser, la aptitud poética, Francisco Acuyo

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