jueves, 29 de diciembre de 2016

DEL NÚMERO Y LA REALIDAD A LA POESÍA (MUY BREVE INTRODUCCIÓN)

Para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile traemos la introducción de las reflexiones que llevan   por título, Del número y la realidad a la poesía.


Del número y la realidad a la poesía. Francisco Acuyo



DEL NÚMERO Y LA REALIDAD A LA POESÍA
(MUY BREVE INTRODUCCIÓN)



Del número y la realidad a la poesía. Francisco Acuyo



SIEMPRE me veo, estupefacto –curioso- de toda suerte de ardides numéricos, al acecho y captura de algún artificio matemático, ya desde muy joven, atento a las fascinantes relaciones de guarismos diversos y formulaciones varias con la realidad más íntima de la naturaleza. También la indagación filosófica, por cierto, bien distinta de lo estrictamente matemático (teoremas y teorías) colegibles de aquellos vínculos con la realidad perceptible –o no- de la materia, seguro de sus relaciones no sólo con el saber filosófico y matemático, también con el artístico (pintura, música… pero), sobre todo con el poético, y no solo por las relaciones métrico rítmicas traducibles y deducibles en el arte y ciencia métricos, también porque la poesía, como el pensamiento matemático, al margen, o mejor, junto a su actividad especializada, forma parte de la vívida experiencia vital de todos los seres humanos.
                Los estudios sobre la matemática pura y la aplicada, estableciendo diferencias y conexiones entre ambas, siempre fue motivo de merodeo y deslumbramiento, cosa para muchos harto extravagante, sobre todo porque atribuían cualidades a mi modesta persona, digo, netamente humanísticas (como si la ciencia, incluyendo a las matemáticas, fuesen cuestiones propias de alienígena), no en vano mi vocación poética –letrada- así parecía exigirlo. La verdad es que la relación entre la palabra poética (como expresión lingüística, bajo las reglas de la gramática y las necesidades de la sintaxis) ofrecían una igual fascinación que la matemática –y no solo semiológica- con la realidad de nuestra conciencia y de esta con el mundo que nos rodea.
                El 1 + 1 = 2 es enunciado de matemática pura en tanto que se ofrece como juicio lógico de verdad evidente e indiscutible, consistente por sí mismo, y no necesariamente relacionado con realidad perceptible alguna; ahora bien, si sumamos una manzana y otra manzana, en la obtención de dos manzanas, seremos testigos de una verdad que, siendo aplicada al objeto de suma real de las manzanas, tiene su referencia perceptivo material de manera, diríamos, no menos evidente. Si el poeta dice: Escrito está en mi alma vuestro gesto,[1] no viendo relación sensorial con rostro alguno (aun refiriéndose el poeta con bastante seguridad a alguno de sus amores, ¿quizá Isabel Freyre?), deja la impronta inmaterial de lo invisible del amor en el alma o conciencia –y estas, en su signo
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conceptual, además, poco susceptibles de encontrarles sustrato físico sensorial-, mas también, para el enamorado cualesquiera tendrá perceptibilidad, una vez identificado aquel gesto con el del rostro carnal de su enamorada. Analogía en principio susceptible de ser algo peregrina, veremos, no obstante que, no lo sea tanto como pudiera parecer. Paréceme estar viendo clamar escandalizado al intuicionista matemático y, también al más fiel seguidor de la lógica o de los formalismos de tan excelsa ciencia y, cómo no, también al purista no menos leal de lo literario como disciplina independiente del arte del lenguaje, sin embargo, para mí, los ámbitos del saber y del expresar acaso nunca fueron tan fáciles de distinguir. De todas formas quiero dejar claro que sí que es bien distinto el intento de describir (el poema o el programa matemático) con lo que resueltamente son uno y otro.
                Esta reflexión, en el fondo, no deja de ser un trasunto de otra ya mucho más vieja mediante la que se pretendía distinguir la apariencia, cambiante (transcrita en la doxa u opinión de la realidad, y el saber (episteme) científico, expuesto en la verdad de la realidad que, supuestamente, no cambia, trascripción ya tratada, decía, inevitablemente, por Platón.
                Está claro que cualquier orden, teórico o práctico ha de pasar necesariamente por la distinción de lo aparente y lo real, cuestión ampliamente debatida en la filosofía de las matemáticas y en la propia teoría del signo y del lenguaje. En cualquier caso, será en matemáticas -y también en poesía- donde el debate entre las entidades reales (Formas o Ideas platónicas, veíamos) independientes de lo perceptible, y el mundo de lo sensorial manifiesto, que tantas veces por otra parte nos lleva al autoengaño, adquiere carta de muy peculiar naturaleza. Proseguiremos en próxima entrada abundando sobre tema tan importante para quien suscribe estas líneas y que aspira, cuando menos, a suscitar alguna curiosidad en el lector interesado.



Francisco Acuyo





[1] Garcilaso de la Vega



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