miércoles, 11 de enero de 2017

DE LO INNATO Y LA EXPERIENCIA EN EL SIGNO (POÉTICO Y MATEMÁTICO)


Traemos para la nueva sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile el post titulado: De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático).


De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo
De Igor Morski



DE LO INNATO Y LA EXPERIENCIA

 EN EL SIGNO (POÉTICO Y MATEMÁTICO)




De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo



Se dice que el lenguaje humano tiene la característica de ser innato[1] por lo que, lejos de ser un producto del aprendizaje y la asociación[2], proviene de un módulo neurocerebral (órgano del lenguaje) que permite el aprendizaje y el uso del lenguaje de manera instintiva, así como la existencia de una suerte de reglas universales –gramaticales- que rigen bajo unos principios generales abstractos. Dicha gramática (generativa o pura) incluía reglas innatas que permitirían construir infinitas frases con un número finito de elementos. Las reglas lógico sintácticas -sean o no innatas, ya avisamos en la nota dos de la controversia abierta con las nuevas visiones lingüísticas al respecto- del lenguaje han de servir (como las usadas en las matemáticas) para proceder al esquema con el que referirnos al objeto (material o ideal) sobre el que pretendemos obtener algún entendimiento[3]. Para el caso de las matemáticas (por ejemplo en la geometría), es fácil en tanto que bastaría con una intuición –pura- de la figura en el espacio, que muy bien puede proceder directamente de nuestro entendimiento; cosa bien distinta sería trazar un esquema de objetos materiales desconocidos (o no), a no ser que existiera un repertorio material innato (formas ideales platónicas)  en nuestra mente de todo lo que en el mundo existe. En cualquier caso también
podría firmarse que la capacidad de reconocer y de crear patrones (matemáticos) del ser humano bien podría ser también innata. El caso es que volvemos en este punto a la interrogante de la anterior entrada y que se refiere a cómo se procede en la generación del constructo interpretativo o interpretado de algo no percibido nunca antes.
                En cierto modo las relaciones y diferencias entre la matemática pura y la aplicada participan de esta misma problemática lógico lingüística. Es claro, según advertíamos en anteriores trabajos,[4] la percepción experimental es limitada y falsea en muchas ocasiones la interpretación, por lo que la intuición pura (matemática y poética) necesita de una vía de integración positiva para comparecer ante la realidad exterior que, en palabras de Umberto Eco, precisaría de una faceta contractual[5] para una noción más aproximada de aquella en nuestras interpretaciones y, que, veremos,  tiene mucho que decir en relación al discurso poético, el cual enlaza acaso con el primitivo más arcano de todos cual es el ser sobre el cual  nos estamos refiriendo ya que sabemos que entes de razón y materiales incluyen aquello a lo que podemos referirnos (hablar, conceptualizar), amén de poder insertar lo hipotético o posible o de lo que se puede decir algo. Mas será este algo el que induzca a la utilización de los diferentes signos (lingüísticos, lógicos, matemáticos…) porque es preciso referirse a él, al algo que necesita de nuestra atención y da lo mismo que tenga consistencia física, material o no, cuestión que puede servirnos para contemplar la relación entre los constituyentes puros de la matemática (y veremos los de la poesía) como igualmente existentes que aquellos a los cuales se puede aplicar como forma física y sus potenciales relaciones materiales en matemáticas, emocionales (psicológicas), ideales (filosóficas), vivenciales, trascendentes (simbólicas)…. en poesía.
                Si el ser es algo que se dice (matemática o poéticamente), aquí no nos interesa (y no por no ser harto interesante) la cuestión metafísico filosófica del mismo, nos compete aquí atender al poder enorme del signo lingüístico (en el lenguaje poético) y el lógico matemático para la revelación de lo que es el ser, o lo que es lo mismo, aquello no sujeto al devenir caótico de las sensaciones y a la aniquilación que conllevan de consuno, interesa lo que en verdad dura y es aquí como muy bien señalaba Eco[6], donde reside el vasto y raro dominio –creativo- de los poetas.
                Abundaremos sobre este y otros aspectos del signo (matemático, lógico y sobre todo poético) en próximas entradas.



Francisco Acuyo




[1] Chomsky, A.N.: Estructura lógica de la teoría lingüística, tesis doctoral, 1975.
[2] No hace mucho que la teoría chomskiana se ha puesto en tela de juicio así como su Gramática Universal, sobre todo por la denominada lingüística del uso, que rechaza la idea del módulo gramatical innato, y su lugar lo ocuparán diversos recursos cognitivos que no tienen que ver con el mismo lenguaje como las capacidades para  ordenar el mundo en categorías y discernir relaciones entre diferentes objetos. Más tarde incidiremos sobre esta interesante y nueva aproximación en el ámbito de la construcción del lenguaje, sobre todo en el lenguaje poético.
[3] Acaso con esta nueva visión se pone en evidencia las relaciones entre la matemática pura y la gramática generativa (pura) y la matemática aplicada con la nueva lingüística del uso, analogía que no parece agotarse, aunque nosotros, por ahora, sólo señalaremos.
[4] Ver El signo lingüístico (poético), lógico y matemático: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/el-signo-linguistico-poetico-logico-y.html De las formas y objetos matemáticos a los signos y símbolos poéticos: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-las-formas-y-objetos-matematicos-los.html, Del número y la realidad (muy brevemente: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html
[5] Eco, U.: Kant y el ornitorrinco,  De bolsillo, Barcelona, 2013, p. 17.
[6] Eco, U.: nota 3, p. 51.




De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), Francisco Acuyo

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