sábado, 11 de marzo de 2017

OMNIUM EX NIHILO: LA UNIDAD NUMÉRICA, ENTRE LA NADA Y EL TODO

Para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile, nueva entrada que lleva por título: Omnium ex nihilo: la unidad numérica, entre la nada y el todo.

Omnium ex nihilo: la unidad numérica, entre la nada y el todo, Francisco Acuyo, Ancile


OMNIUM EX NIHILO: 

LA UNIDAD NUMÉRICA, ENTRE LA NADA Y EL TODO



Omnium ex nihilo: la unidad numérica, entre la nada y el todo, Francisco Acuyo, Ancile




QUIEN haya tenido ocasión de acercarse al I Ching[1], entre sus pronósticos y descripciones poéticas, el oráculo estaba fundamentado en los famosos hexagramas (6) que se completaban con las líneas fragmentadas o enteras, según fuesen Yin o Yang. Es claro que la analogía con el sistema binario matemático (0 -1) es más que pertinente. La articulación de los diversos hexagramas conllevan interpretaciones que se sitúan entre lo poético y lo profético (dicho sea de paso, que en tantas ocasiones mantienen una estrecha relación, sobre todo  en virtud del carácter apodíctico que tantas veces manifiesta dicho lenguaje poemático. Nuevamente se pone especial énfasis en que, si bien la estructura simbólica de sus patrones (binarios) está presente, no lo estará la aritmética (o matemática), nuevamente nosotros cuestionamos esta aseveración tan extraordinariamente drástica llevada a cabo por algunos matemáticos. En virtud de patrones precisamente binarios se han conseguido realizar máquinas de  hacer versos (que, por cierto, a más de uno de los –que se tienen por- conspicuos poetas que conozco, les gustarían realizar con tan grande maestría en el uso del lenguaje y en el conocimiento del funcionamiento métrico del verso), al margen de que reconozcamos o no su producto como literalmente poético[2].
                Aquel Omnibus ex nihilo ducendis sufficit unum[3] del medallón binario de Leibniz, a nuestro juicio, no sólo da cuenta matemática de que con el 0 y el 1 se puede conseguir cualquier número, amén de  que se refiera a la divinidad como fuente de creación de lo que es y de la nada misma, también daría cuenta de la vinculación de los proceso creativos (ya sean o no matemáticos) con la producción numérica, y a esta con la descripción de las partes de lo que es susceptible de ser creado que, no siempre, por cierto, su totalidad tiene que resultar de la suma de sus partes.
                Un ejemplo bastante atractivo  de aquella particularidad sería el caso de la dimensión cúbica aplicada al espacio. Durante milenios el espacio es considerado tridimensional tal cómo lo aproximaba Euclides. Hoy sabemos que dicha configuración espacial es parcial a escalas cósmicas
Omnium ex nihilo: la unidad numérica, entre la nada y el todo, Francisco Acuyo, Ancile
(véase a Einstein y la concepción de la cuarta dimensión temporal), y es que la percepción sensoria es limitada, mientras que la capacidad de abstracción matemática (y poética) no lo es, de lo que se infiere que la conciencia pues, juega un papel fundamental en la concepción misma de la realidad. No en vano localizar cualquier suceso requiere (física y matemáticamente) no tres, sino cuatro coordenadas, siendo la cuarta la que coloca el tiempo para el momento en el que acontece el suceso a observar. Parece pues que lo que sucede en cualquier proceso creativo se lleva a cabo no en tres, sino en cuatro dimensiones (esto pasa en matemáticas y, desde luego, con todas las peculiaridades que queramos, en la poesía).
                El sistema decimal en nuestra civilización es la base (10), es el cómputo numérico más reconocido y reconocible -y que viene mostrar las unidades, decenas, centenas…- pero es necesario advertir para los no avisados que existen otras bases de cómputo antiguas como el 20 (mayas) o el 60 (babilonios) e incluso el alfabeto para la designación de los mismos números (griegos), por lo que los símbolos no se asentaron nada rápidamente, teniendo que decir que hoy mismo, según la cultura, estos símbolos varían muy significativamente.[4]  En cualquier caso, y sea cual fuere la base de los patrones numéricos, el número 0 (por otra parte no reconocido como número hasta bastante más tarde de la aparición de la relación numérica 1, 2, 3, 4, ….),  siguiendo la característica notación posicional, tiene unas características extremadamente importantes y singulares en la computación numérico matemática cualesquiera, pero también tendrá una capital consideración en el lenguaje (literario) que afectará también al constructo métrico poético de la manera que diremos más adelante, y en el que el silencio, puede significarse como 0 –y al igual que la música- resulte esencial para la construcción eurítmica del verso. 
                El ningún número aquí[5], babilónico, ya fue designado con su correspondiente símbolo hace cientos de años, y en el 876 d. C[6]. ya se utilizaba con la designación simbólica de un círculo. No obstante, el número y símbolo de la nada acaso sea el que mejor nos muestra que los números tienen otros propósitos además de contar, y mucho de ello tiene la lógica matemática que decir.[7] En poesía su valor es esencial, sobre todo desde la óptica de la métrica (ya sea silábica o de pies métricos…) en tanto que puede entenderse (el vacío del cero) como la nada del silencio rítmico –reconocible en las pausas diversas del verso: hemistiquios, finales de verso…- que, anteriormente, señalábamos, pues de antiguo ya se reconocía en el dominio de la construcción especial del lenguaje poético y, cuya abstracción, tiene, por tanto, una aplicación reconocible.[8] Todo esto en cuanto al valor cuantificable del número, ya abundamos en la cuestión lógica de su construcción en anteriores entradas, pero no este el único campo (el de los números reales) en el que es susceptible la aplicación y atención para el mejor entendimiento del sustrato material, lingüístico, de la poesía, veremos que los números complejos también pueden decirnos cosas muy interesantes sobre la construcción del verso, cuestión que trataremos en próximas entradas de este blog.




Francisco Acuyo



[1] I Ching, Yijing o I King, es el célebre libro oracular –y ético, filosófico y cosmogónico- chino (también conocido como libro de las mutaciones, que se basa en la dialéctica dinámica del flujo o movimiento de los opuestos (Yin y Yang) que es siempre cíclico. Lo único que existe es el cambio, sería su principio básico. Sus cálculos se basan en el sistema binario que, nos parece a nosotros en contraste con la opinión de algunos matemáticos, sí tiene un carácter aritmético y además geométrico (hexagramas) en sus descripciones oraculares.
[2] Acuyo, F.: Fundamentos de la proporción en lo diverso, Universidad de Granada 2007, Jizo ediciones, edición corregida y adaptada, Granada 2007.
[3] Para todo lo que surge de la nada, uno basta.
[4] De los occidentales, al árabe oriental, Persa, Chino simplificado… son claras referencias a esta variabilidad.
[5] Con esta descripción era referido en el número que nada contiene, es decir el cero.
[6] Aparece en un templo Chaturbhuja, en Gwalior.
[7] Ya hablamos de este aspecto en anteriores entradas del blog Ancile , ver, por ejemplo: Acuyo, F.: El signo lingüístico (poético),  lógico matemático: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/el-signo-linguistico-poetico-logico-y.html .
[8] Chanda-hasastra, véase Acuyo, F:. El número en matemáticas y poesía, Blog Ancile, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/03/el-numero-en-matematicas-y-en-poesia.html



Omnium ex nihilo: la unidad numérica, entre la nada y el todo, Francisco Acuyo, Ancile

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