jueves, 1 de junio de 2017

DE LA BELLEZA Y EL NEXO TRASCENDENTE CON LO SUBLIME

Para nuestra (vuestra) sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: De la belleza y el nexo trascendente con lo sublime.



De la belleza y el nexo trascendente con lo sublime. Francisco Acuyo


DE LA BELLEZA Y EL NEXO 

TRASCENDENTE CON LO SUBLIME


De la belleza y el nexo trascendente con lo sublime. Francisco Acuyo



SI para el matemático la belleza es la señal de que en el mundo no hay lugar  para las matemáticas feas[1] (acaso para el poeta sucede algo muy similar con la poesía), nos parece muy clara la invitación a reflexionar, un paso más allá de las aportaciones utilitarias reflejas en su estructuras –simetrías, patrones varios, coherencias lógicas…-, sobre los significados de lo bello. El orden (filosófico platónico) manifestó es una de las vertientes que pueden llamar la atención sobre la belleza, pero también el trágico –el doloroso, manifiestamente expuesto en el sufrimiento[2]- o el poético al que aludiría Nietzsche, y que se caracterizará por su naturaleza paradójica y su irreductible ambigüedad[3].
                En cualquier caso, lo bello trasciende necesariamente lo artístico, si es que en verdad nos habla de armonía, de euritmia, elegancia, verdad, paz, unidad, ser…. es así que cualquier ley física verdadera debe contener belleza matemática,[4] o la proporcionalidad universal del número que encontramos manifiesta en la misma naturaleza.
De la belleza y el nexo trascendente con lo sublime. Francisco Acuyo                Y aunque la belleza puede manifestar un principio terrible (que nos puede abocar al sufrimiento, a la angustia, al pánico incluso, así lo creían Rilke o Pascal, o bien visto en aquella temible y hermosa simetría del tigre por William Blake) no puede reducirse a una mera percepción sensorial,[5] si es que la armonía, el ser, la verdad, son interiormente reconocibles, por lo que será preciso poner en reconocimiento las relaciones entre belleza y razón, belleza y emoción y, desde luego, belleza y crecimiento espiritual.
                Pero, hagamos un esfuerzo más de entendimiento y preguntémonos si esa intuición de la belleza que no sabemos bien de donde viene deriva de un abstracto anterior a ella[6], o por el contrario, la belleza no contiene verdad alguna, si ella es subjetiva,[7] y se ofrece como mero juego de las facultades, y será necesario distinguir entre lo bello y lo sublime, o ¿no puede ser lo sublime deducido de lo bello? Son estas cuestiones las que nos hacen barruntar que la realidad de lo bello puedan ser contestadas desde una óptica netamente esteticista.
                Lo raro y lo bello pueden establecer conexiones clarificadoras en su manifestación en la naturaleza, véanse los fractales, por ejemplo, o en los esfuerzos de abstracción más pura aplicables a la realidad matemática (que en muchas ocasiones no tienen nada que ver con la realidad de lo cotidiano) como es el concepto –monstruoso- del infinito llevado a cabo por Cantor en 1899.
                La vivencia de lo bello es o puede ser también, paradójicamente, la superación de lo empírico, si este atado tantas veces a la convención falsaria de la realidad, pues aspira a través de su impulso creativo a lo nuevo que aspira el espíritu atento.
                El impulso creativo y la percepción de lo bello diríanse estar estrechamente vinculadas a la totalidad a la que aspira todo arte (y saber) verdadero(s), en tanto que son, ante todo, fuerzas liberadoras del espíritu, si es que en verdad es superación de toda contradicción y sufrimiento la belleza.


Francisco Acuyo






[1] Hardy, G. H.: Apología de un matemático, Episteme, Madrid, 1999, p. 85.
[3] Acuyo, F.: Elogio de la decepción, y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza, Jizo Ediciones, Granada, 2013, p. 105.
[4] Paul Dirac reflexionaba en términos muy parecidos.
[5] Acuyo, F.: p. 106
[6] Vico, G.: Ciencia Nueva, Folio, Barcelona, 2002.
[7] Kant, E.: Crítica de la razón pura, Alfaguara, Madrid, 1988.



De la belleza y el nexo trascendente con lo sublime. Francisco Acuyo

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