viernes, 4 de agosto de 2017

MÁS ALLÁ DE LOS NOMBRES Y DE LAS IMÁGENES: EL INFINITO POÉTICO

Siguiendo la estela de anteriores entradas sobre el infinito poético traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, el post que lleva por título: Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético.

Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo




MÁS ALLÁ DE LOS NOMBRES Y 

DE LAS IMÁGENES: EL INFINITO POÉTICO





Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo




Una de las cuestiones más fascinantes en mi empeño de comprensión del número en poesía fue, sin duda, la constatación de que, a pesar de la demostración de las relaciones entre los cómputos métricos y la eufonía y expresividad del verso en determinadas ocasiones, llegaba siempre a la conclusión de no acabar de entender, a pesar de la evidencia aritmética de dichas relaciones, todos aquellos datos de manera precisa, acaso influido nocivamente por la visión mecánica del verso. Acaso también la visión platónica de que, más allá de los nombres y de la imagen no entendemos,  influyó sin duda, y ayudó para enardecer la perpetua duda en la comprensión definitiva de la dinámica estructural del poema. Las contradicciones (antinomias) descritas en anteriores trabajos sobre el número en el verso (la descripción discreta de sus componentes y la realidad continua de su entidad como totalidad poemática), hubieron de sembrar de dudas abundantes el intento de aproximaciones deterministas en relación a su naturaleza y funcionamiento. Es claro que olvidaba la realidad viva de la poesía, con todos sus ingredientes, lógicos conceptuales, pero también irracionales y simbólicos.
Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo                SI hubo un momento[1] en el que el ámbito de las matemáticas se pudo demostrar la imposibilidad de un sistema formal completo, simbólicamente cerrado, en poesía siempre se mantuvo un horizonte perpetuamente abierto, así entendí yo al menos, el signo[2] y el símbolo poético. El mismo sistema métrico del verso ofrece en la aparición de sus desvíos de la norma[3] la insuficiencia de cualquier formalismo mecánico en su sistema, siempre abierto, de hecho la coherencia métrica no se puede tampoco deducir de su preceptiva mecánica del verso, por lo que la paradoja (ciencia de la paradoja, decíamos que entendíamos la poesía) entre la coherencia del metro y la incompletitud de su sistema formal, pone de manifiesto en su antinomia la dinamicidad y continuidad del proceso creativo poético que lo abre, inevitablemente, hacia la realidad de una naturaleza que se ofrece como auténtica corriente infinita, realidad que hace de la poesía la vía más cercana para el acceso al entendimiento de lo que sea el infinito actual.
                La refutación de la mecánica del metro[4] puede ser un ejemplo interesante para constatar la realidad dinámica, viva, orgánica del verso. Así mismo puede decirse de las otras vertientes del constructo poemático (lingüístico, gramatical….), donde las violaciones o desvíos manifiestos ponen en evidencia que las supuestas contradicciones (negaciones de la norma) no hacen sino constatar su aspiración a ir más allá de la medida, del límite, y expone su inclinación hacia la totalidad y el infinito, si es que puede en verdad conciliar la afirmación y la negación como la realidad del mundo.
                En la lógica poética (paradójica, antinómica, ambigua…) no subyace la típica unidireccionalidad de las demostraciones del matemático, sino que se abre al arbitrio de la infinitud que de otro modo no puede siquiera señalarse, quedando a la discreción del intérprete de su signo y simbología el convencer, entender o engañar, si es que pretende anunciar y esconder la función singular de dicho signo y símbolo poético, no obstante, abiertos a la conciencia y al mundo, intentando superar las imágenes refractarias e incompletas que se proyectan en la caverna de nuestras percepciones y que la sitúa en el lugar indescriptible, inmarcesible que trasciende la representación y que tiende muchas veces hacia lo inexpresable.
                En el extraordinario espejo de la poesía podremos ver, como desde emporio privilegiado, las miserias y limitaciones del positivismo que nunca supo barajar con crédito el inevitable problema de las antinomias en el ámbito de la ciencia, las matemáticas y, desde luego, en la misma poesía.
                La intuición poética es portadora de un saber primigenio de donde hubieron de partir todas las elaboraciones lógico-racionales y desde donde podemos intuir lo decible de lo indecible, ver lo visible en lo invisible, contar con el número natural, entero y deducir el transfinito. Ultimaremos en próximas entradas cuestiones análogas a las descritas en ese blog Ancile.



Francisco Acuyo
               
               






[1] Remitimos al célebre teorema de incompletitud de Gödel.
[2] Acuyo, F.: Signo y poesía, Desde el sur: el discurso sobre Europa, Actas del 10º Simposium internacional de las sociedad andaluza de semiótica, pgs. 121- 146, Universidad de Granada, 2007.
[3] Acuyo, F.: Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007, pp. 374. Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009, pp. 427, ISBN: 978-84-936932-2-0.
[4] Recuérdese la afirmación popperiana: Una teoría se define científica, si es refutable.



Más allá de los nombres y de las imágenes: el infinito poético. Francisco Acuyo

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