jueves, 11 de enero de 2018

NIETZSCHE: LA DEBILIDAD DE LA MUJER COMO ARMA PARA SOMETER A LOS FUERTES

Siguiendo con la temática de la misogenia, traemos una nueva entrada conformada por el filósofo Tomás Moreno, que lleva por título: Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes; todo para la sección, Microensayos, del blog Ancile.


 Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes, Tomás Moreno




NIETZSCHE: LA DEBILIDAD DE LA MUJER 

COMO ARMA PARA SOMETER A LOS FUERTES




 Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes, Tomás Moreno



Tratamiento aparte  merece, a este respecto, la figura de Friedrich Nietzsche, para quien la diferencia entre los sexos debe entenderse siempre como una contraposición del fuerte contra el débil[1]. El hombre se incluye en la primera categoría, la mujer en la segunda. Habla así de una realidad vital femenina, distinta de la masculina. Esa contraposición, señala Amelia Valcárcel[2], es la representación que usa más sistemáticamente Nietzsche para explicar la dialéctica hombre-mujer y también la dinámica moral, histórica o política en general:

Sabemos de la existencia de fuertes y débiles porque conocemos las concepciones del mundo de unos y otros y los mundos que resultan de la acción de cada uno de estos grupos (señores y esclavos, valientes y cobardes, guerreros y sacerdotes, romanos y judíos, hombres y mujeres) [3].
           
 Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes, Tomás Moreno            Y añade que los valores de los fuertes se fundamentan en la potencia individual, mientras que los de los débiles lo hacen sobre el instinto de rebaño aunque “no siempre esta ontología dual coincide con la frontera masculino-femenino”. Para Nietzsche, “ser hembra es ser madre y ser débil”, es decir ser sumisas y servir al hombre acomodándose a su función vicaria de la reproducción de la
especie:

Lo femenino reconvierte ese trazo ontológico en un armazón valorativo: exagerando su debilidad se defiende de la fuerza. No hay en ello ninguna astucia, sino absoluta necesidad […]. Lo que las mujeres son se explica por lo que deben hacer. Acostumbradas a la sumisión desean normalmente servir. Y sirven a los varones, al estado, a la moral. Exageran su debilidad e implementan el instinto de rebaño. Sin embargo la verdadera moral comienza allí donde ese instinto gregario termina. La verdadera moral es asunto de espíritus libres. Y en lo femenino la libertad no es regla, sino excepción. Hay pocas mujeres rebeldes. […] Lo mejor que pueden hacer las mujeres es acomodarse a su función vicaria. Ser el reposo del guerrero para cumplir así el transfundirse en el hijo que la especie gravosamente les impone[4].
           
            Nietzsche estaba convencido, por otra parte, de que a través de la religión y la debilidad femenina se podía someter a los fuertes. En efecto, “todos los débiles desarrollan estrategias parecidas, gregarismo, hipocresía, con las cuales resultan a la postre, vencedores de los fuertes. En ese sentido, la cultura completa cristiana es enemiga de los valores arcaicos, fuertes, y expresión de feminidad, sobre todo en la parte más “femenina” de los varones débiles, el clero”[5]:
¡La mujer! Una mitad de la humanidad es débil, típicamente enferma, mudable, inconstante; la mujer tiene necesidad de la fuerza para agarrarse a ella, y tiene necesidad de una religión de la debilidad que exalte como cualidad divina el ser débil, el amar, el ser humilde (o mejor, que haga débiles a los fuertes), domina cuando consigue vencer a los fuertes (…). La mujer siempre ha conspirado con los tipos decadentes, con los clérigos, contra los “poderosos”, los “fuertes”, los hombres ("El nihilismo: escritos póstumos")[6].

            Por ello, precisamente, Nietzsche advierte sobre el peligro que representan los débiles y
 Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes, Tomás Moreno
enfermos para los sanos y bien constituidos:

Los enfermos son el máximo peligro para los sanos… La voluntad de los enfermos de representar una forma “cualquiera” de superioridad, su instinto para encontrar caminos tortuosos que conduzcan a una tiranía sobre los sanos… Sobre todo la mujer enferma: nadie la supera en refinamiento para dominar, para oprimir, para tiranizar. La mujer enferma no respeta, para conseguir ese fin, nada vivo, nada muerto, vuelve a desenterrar las cosas más enterradas (los bogos dicen: ‘la mujer es una hiena’) (GM, III, § 14, p.144)[7].

            Todo esto ya lo había intuido el antropólogo Johan Jacob Bachofen. Entre Bachofen y Nietzsche se daría, sostiene Alicia Miyares, un claro paralelismo mostrando la cara y cruz de teorías misóginas que fijaron el valor de la debilidad como esencial de la feminidad. Pero no solamente la religión es debilidad y feminización, sino que “la moral es también inmoral cuando se feminiza […], cuando rebaja y diluye los valores masculinos de la voluntad en los femeninos de la sumisión, léase resignación”. La argumentación discurre en los siguientes términos: toda mujer es débil y ninguna mujer es moral. Por consiguiente la propia moral es inmoral cuando soporta en su ánimo los valores de la debilidad. La mujer no es individuo ético porque carece de la voluntad[8]. (Cont.)

TOMÁS MORENO



[1] Sobre esta temática cf. Luis Jiménez Moreno, Hombre, Historia y Cultura. Desde la ruptura innovadora de Nietzsche, Espasa-Calpe, Madrid, 1983, capítulo IV, “La pareja humana”, pp. 71-95.
[2] Amelia Valcárcel, La política de las mujeres, op. cit., pp. 45-51.
[3] Ibíd, pp. 45-46.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd, p.49.
[6] F. Nietzsche, El nihilismo: escritos póstumos, Península, Barcelona, 1998. Es, por tanto, comprensible, según Nietzsche, que la mujer, por su debilidad constitutiva,  se identifique históricamente con la religiosidad y con la promoción de los valores  religiosos
[7] F. Nietzsche, La genealogía de la moral, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 1980. En adelante: GM.
[8] Alicia Miyares, "Hacia una “nueva espiritualidad”: misticismo contra feminismo", en Amelia Valcárcel, Rosalía Romero (eds.) Pensadoras del siglo XX, Instituto Andaluz de la Mujer, Sevilla 2001, p. 174. Alicia Miyares ha mostrado a este respecto la clara vinculación existente entre Bachofen y Nietzsche en lo que se refiere a esa aludida identificación entre mujer y religiosidad, que no sólo será una constante en el pensamiento misógino a lo largo del siglo XIX, sino que tendrá amplia repercusión en el psicoanálisis y en el feminismo posteriores.



 Nietzsche: la debilidad de la mujer como arma para someter a los fuertes, Tomás Moreno

1 comentario:

  1. Un excelente artìculo que a màs de una feminista le harà doler la cabeza y explotar de ira.

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