lunes, 30 de diciembre de 2019

LA POESÍA DEL SUEÑO


Para cerrar la temática sobre la poesía y los elementos inconscientes, traemos nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile. Lleva por título: La poesía del sueño.



LA POESÍA DEL SUEÑO



La poesía del sueño.Francisco Acuyo


La vita personal del creador no se agota con la vivencia consciente existencial. El papel del sueño será siempre de capital importancia, y así se verá reflejado en las componendas del poema verdadero. El discurso se verá con mucha frecuencia asaltado por las alegorías, metáforas, símbolos, sinestesias, analogías…  las cuales acabarán configurando una manifestación expresiva impregnada del elemento onírico. La voz del poeta es la voz que llama, evocadora, desde el sueño de la razón y la realidad de sus límites para llenar nuestras vidas.

                No es rara la ocasión en la que los versos se vierten al entendimiento más íntimo como un inexplicable rapto que atrapa de forma inopinada a quien, avisado, entiendo su mensaje ensoñador de una vía de entendimiento más allá del concepto y que diríase quieren revelarnos un más allá de su razón. El sueño puede tener un carácter numinoso en tanto que, con total autonomía, embarga al soñador, a veces incluso al margen de la voluntad del sujeto que sueña. Así la poesía, como el sueño, también se apodera del sujeto (poético) ajena a la intención, al deseo de aquél, cuya invisible presencia provoca una alteración del que la sufre en su consciencia de modo tal que marcará el designio de sus dictados personales inconscientemente.
La poesía del sueño.Francisco Acuyo


                Si el sueño está poblado por arcanas imágenes (simbólicas, universales) primitivas que representan lo más profundo de la consciencia y la inconsciencia humanas, la poesía, así mismo, se nutre de aquellas que se vierte en el constructo poemático gozando de vida propia, y cuya autonomía, aun siendo inconscientes, no pueden negarse como origen singular de entendimiento del mundo y del alma humana.

                No creo que haya nadie que pueda negar taxativamente a la poesía genuina como una fuente de símbolos y potencias arquetípicas que, como en el sueño, impregnan la vida psíquica de los seres conscientes que tiene contacto con ellas, y que nos hablan de la forma energética más primitiva y que las civilizaciones han conectado con las ideas de espíritu, alma, energía vital o cósmica… y que tiene una honda conexión, a su vez, con la idea de creación, creatividad y poiesis (poesía).

                Además de la peculiaridad universal de estas potencias debemos tener muy presente que están constituidas no sólo por pensamientos, razones, lógicas, abstracciones, sino también por afecciones íntimas en forma de sentimientos y emociones. En el sueño como en la poesía, el orden intelectual es una manifestación más, que no la única, entre las funciones psíquicas y, por qué no, espirituales de la consciencia (en sentido amplio, incluyendo los factores inconscientes)  humana.

                Pensamos que lo irracional (onírico y poético) es tan necesario como lo es el factor racional de nuestras vidas, y es que ambos, sueño y poesía, nos enseñan maravillosamente la enantiodromía[1] heraclitiana que nos dice que los dioses ni pueden ni deben morir.[2] El sueño y la poesía nos conminan a reconocer que ese impulso irresistible hacia la idea de algo más grande que nosotros estará siempre presente, y cuya manifestación más extraordinaria está o radica en el impulso creativo manifiesto en quien sabe interpretar sus señales.



Francisco Acuyo


[1] El discurrir de todas las cosas hacia sus opuestos.
[2] Jung, C. G.: Op. Cit. pág. 37



La poesía del sueño.Francisco Acuyo

jueves, 26 de diciembre de 2019

EL SUEÑO DE LA POESÍA


 Traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, una nueva entrada, que lleva por título: El sueño de la poesía.







 EL SUEÑO DE LA POESÍA



El sueño de la poesía. Francisco Acuyo



El sueño puede considerarse una analogía fascinante del discurso poético. En él, como en la poesía,  vemos reflejado el fuego de la creación libre de las angustiosas y lacerantes heridas de la razón, de la ansiedad enajenadora de la lógica que no acaba de dar sentido a la vida, de la muerte, que en realidad no es nada porque está fuera de la razón y de la conciencia misma
.
                El sueño poético tiene que mucho que ver con la integración a la que propende el discurso poético en tanto que toda su simbología no es sino una metafísica total que quiere imbuirnos más allá de la razón en los arcanos más profundos del universo mismo. ¿Qué hace si no el poeta cuando dice: Dio lo sa, che a me pare presuntuoso a giudicare[1], sino reconocer los límites de la conciencia y la razón, para adentrarse, no obstante, en ellos?

Nada más lejos de la realidad que la inconsistencia de lo onírico. Prolija y antigua es la tradición (divina o demoníaca) de los sueños en la humanidad. Así mismo el somnium (habida cuenta de las diferentes clasificaciones de sueños existentes desde muy antiguo)[2] es vehículo proverbial de revelación de aquello que permanece oculto a la luz de la razón. En cualquier caso, nunca están exentos de sentido. La poesía muestra en su singular traslación de pensamientos, sensaciones, sentimientos, intuiciones… un carácter analógico al del mismo sueño y su proceso de interpretación. Acaso el sueño,  como el poema genuino, a la búsqueda de lo medible y razonado, aparece para el intérprete discreto desconfiado de su realidad intrínseca supuestamente manifiesta en virtud de esas exégesis analíticas y comparativas que son preponderantes en el estudio interpretativo de cualquier texto. En verdad, ese poema subido, altamente inspirado, rezuma de lo más cercano a lo ininterpretable y que además, está íntimamente relacionado con la esencia poética, a saber: la poiesis (la creación), y no es otra cosa que la nada, la cual impregna y llena es espíritu verdaderamente creativo. Es pues el sueño, como la poesía, la metáfora certera de la plenitud creativa y del ser pleno.
El sueño de la poesía. Francisco Acuyo


Decíamos que la poesía podía ofrecerse como una manifestación poderosa de volver al origen[3], como acaso sucede con el sueño. Muchos concuerdan en que la poesía y muchos sueños pueden ser un deliro divino; y es que esa visio nocturna puede trascender la imagen (convencional)  misma para ser lo uno indescriptible y, por tanto, para ser visio spiritualis. Esto sería en casos extremos y evidentes de poesía denominada mística. Sin embargo, nos parece que la poesía con pulso discursivo seguro y sereno, por muy ordinaria que pareciese en temática y desarrollo, cuando verdadera, y por muy  fácil de dicción que parezca, comparte esos rasgos fundamentales del sueño visionario y unitivo.

Imágenes no convencionales, decíamos,  sino visionarias, simbólicas serán las que pueblan (con el sueño mántico) la verdadera poesía. No sería exagerado afirmar que muchos poetas en su arrobo poético pierden conciencia de sí y del pensamiento en favor de imágenes. Símbolos, formas…  que se configuran como un sueño que, en no pocos caso, puede identificarse como una mors mystica o iniciática de transfiguración[4] para acceder al ámbito de lo genuinamente creador y  poético. Puede inferirse incluso en no pocos auténticos creadores que en su poesía, la vida vigilante y consciente no adquiere su verdadero y profundo significado sino del sueño (poético).

Más adelante daremos nuevas y variadas nociones sobre esta interesante relación entre sueño y poesía en post del blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Dante, A.: Dios sabe que juzgar me parece presuntuoso.
[2] Visiones, sueños, oráculos, alucinaciones…
[3] Acuyo, F.: Ancile, Poesía, pensamiento salvaje;
[4] Así lo denominaba en mi primer libro de poemas, La transfiguración de la lira.


El sueño de la poesía. Francisco Acuyo


lunes, 23 de diciembre de 2019

POESÍA: ALIQUEM ALIUM INTERNUM[1]: ENTRE LA LOCURA Y LA VOZ DE DIOS


Con el título de: Poesía: Aliquem alium internum: entre la locura y la voz de Dios, traemos una nueva entrada del blog Ancile para la sección, Pensamiento.



POESÍA: ALIQUEM ALIUM INTERNUM[1]:

ENTRE LA LOCURA Y LA VOZ DE DIOS



Poesía: Aliquem alium internum: entre la locura y la voz de Dios, Francisco Acuyo


Si la poesía (poiesis) es creación, debe tenerse por una manera (forma, suerte, procedimiento) de renacer.  Es un germinar de lo nuevo cuyo origen no puede ser medible en modo alguno. No será empíricamente constatable. De no ser así, en modo alguno puede considerarse como algo en verdad creativo. La ilusión de muchos es creer ver en la experiencia personal positiva el origen de la obra creativa dando pábulo al prejuicio intelectual en el que todo lo que nace del entendimiento es necesariamente racional; o lo que es lo mismo, procede de la conciencia lógico racional.

                El poeta verdadero, como creador genuino, puede considerarse como el prototipo (o mejor, arquetipo)  simbólico del Dioscuro: en él habita lo efímero (y mortal) y lo perenne (e inmortal).

                No debe extrañarnos en encontrar, paradójicamente,  en el producto creativo (poiético) las huellas de la trascendencia y de lo transitorio que aspira a la transformación. El poema se inviste en muchos casos de la ceremonia, el rito, en el que poeta no es sino una especie de alquimista, meditador, médium que suele estar tocado por la gracia de la fuerza creativa, y que unas veces procede de lo exterior a él, y otras, de lo más profundo de su ser.
Poesía: Aliquem alium internum: entre la locura y la voz de Dios, Francisco Acuyo

                En cualquier caso, el producto poético en muchas ocasiones puede estar investido de la conciencia primitiva[2] que no basa sus parámetros de consistencia necesariamente en la coherencia del concepto tradicional y de la razón. Se precisa aflojar la voluntad consciente para poder aprehender este movimiento generatriz que el poema exige para sus creaciones y que demanda por tanto una atenuación del yo consciente y racional. También puede estar conferido el resultado poético del manantial interior profundo del ser humano poeta como una energía arrolladora que nos revela lo que estaba oculto.

                Hemos abundado sobre la relación de la fuerza creativa y sus transformaciones a través de la poesía con la que sucede en el ámbito de los sueños. En ellos se manifiesta también el conflicto (Dioscuro) del yo consciente y racional que quiere prevalecer a toda costa, frente a aquel amigo (o enemigo) oculto pero real que vive en lo más hondo de nosotros mismos, sin temor a la disolución en lo inconsciente. Es así que el poeta se mueve entre la búsqueda de la voz (interior) de Dios y la locura (que  supone perder la voluntad consciente y racional sobre las cosas).

                De esta lucha cabe comprender la sospecha y el rechazo del poeta por la visión platónica de la verdad coronada por la razón. Si acabamos con las convenciones de la razón, ¿qué monstruos asaltaría nuestra conciencia?, ¿qué locura nos iba aterrorizar sin su supremacía –de la voluntad racional, nos referimos- ? Lo que sí es cierto, es que el amigo interior estaría silenciado a no ser por la poesía, que nos lo ofrece  como el fuego mismo.[3]

                Seguiremos hablando sobre esta cuestión fascinante en entradas próximas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Alguien distinto, interior.
[2] Poesía, pensamiento salvaje, ver post.
[3] Quien está cerca de él, está cerca del fuego. Evangelio de Tomás, logion 82, CF. Textos gn´soticos II, pág. 93



Poesía: Aliquem alium internum: entre la locura y la voz de Dios, Francisco Acuyo


jueves, 19 de diciembre de 2019

BREVE REFLEXIÓN HISTÓRICO-TEOLÓGICA: ¿CUÁNDO NACIÓ CRISTO?


Para la sección nueva, Cuadernos espirituales, del blog Ancile, y muy a propósito de estas fechas navideñas,  traemos un post titulado: Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, de Alfredo Arrebola (Profesor- Cantaor; Maestro de Enseñanza Primaria; Doctor en Filosofía y Letras (Sección de Filología Clásica, 1978); Licenciado en “Ciencias Religiosas”; Director del “Aula de flamencología” de la Universidad de Málaga (desde 1977).


BREVE REFLEXIÓN HISTÓRICO-TEOLÓGICA:

 ¿CUÁNDO NACIÓ  CRISTO?



 Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, Alfredo Arrebola


    
         Guiado por mi inmanente inquietud de “dar razón a mi fe”, he dedicado buen tiempo en reflexionar acerca del nacimiento de Jesús de Nazaret, pensando que todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla, conforme al espíritu de la Carta Apostólica “Dignitatis humanae” . Porque, a la verdad, ninguna otra celebración religiosa, ni siquiera la Pascua que es  la más importante de las fiestas cristianas, tiene la carga de ternura y recogimiento que encierra la Navidad. La noche del 24 de diciembre millones de personas conmemoran, con la más profunda emoción, otra noche de hace dos mil largos años, en la que Cristo vino al mundo. Así estaba prescrito  desde los más remotos tiempos bíblicos.

     En muchas partes del mundo, recordando ese día, se suspenden las guerras, se conceden indultos, se saludan quienes no se hablaban. Aún más: la gente trata de ser más amable y generosa de lo que es el resto del año. Lo que nos lleva a pensar  que  el 25 de diciembre se  reviste de ciertos toques mágicos. Por otra parte, pienso, en perfecta comunión con el Papa Francisco, que la Iglesia no es un refugio para gente triste. Nada más  lejano: la Iglesia es la casa de la alegría, que encuentra su razón de ser en el saberse acogidos y amados por  Dios. De  ese Dios,  el mismo “Logos”, hecho carne humana”  (Jn 1,14) en las purísimas entrañas de María. He aquí, pues, la  base y  fundamento metafísico de nuestra alegría: Nativitas Christi.
 Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, Alfredo Arrebola


    Ahora bien, ¿Jesucristo nació realmente ese día? No. El 25 de diciembre no es la fecha histórica del nacimiento del Señor. Creo conveniente, incluso didáctico -  para todo seguidor de Cristo - , recordarle que durante los dos primeros siglos de la  Era  Cristiana nadie sabía ni le importaba cuándo nació Jesús. Luego, unos y otros empezaron a celebrar el nacimiento en fechas muy distintas, el 1 y 6 de febrero, el 25 de marzo y el 20 de mayo. Esta última fecha fue la que obtuvo más aprobación en aquel  entonces puesto que san Lucas en su Evangelio dice que los pastores estaban vigilando sus rebaños en plena noche, lo que solo acontece en la época en que nacen  corderillos , no en invierno. El texto lucano dice así. “Había cerca de Belén  unos pastores que  dormían al aire libre en el campo y vigilaban sus ovejas por turno durante la noche” (Lc 2, 8), cfr. “Navidad Flamenca”, pág. 12-13 (Málaga, 2019), de Ángel Rodríguez  Cabezas/ Alfredo Arrebola.
   
   ¿Cuál es, entonces, el día exacto del nacimiento de Jesús? No lo sabemos. Sí es posible saber – escribe Ariel Álvarez en “Evangelio y Vida”,nº 366 (Nov.Dic. 2019) –  el año de su nacimiento (fue, aunque suene extraño, alrededor del año 7 antes de Cristo).  Pero  saber el día resulta imposible con los datos  que disponemos actualmente. Una simple reflexión nos lleva a  tener en cuenta la climatología de Palestina; sabiendo, además,  que la región cercana a Belén es sumamente fría y
                                                                                                                                - 2

lluviosa durante el invierno, cuesta admitir que en ese mes había pastores cuidando
sus  rebaños.  Tanto las ovejas como los pastores permanecían dentro de los establos. Sólo a partir de marzo, mejoradas ya las condiciones climáticas, solían pasar la noche a la interperie. Por consiguiente, si cuando nació Cristo había pastores con sus ovejas a la interperie, pudo haber sido cualquier otro mes menos diciembre.

¿Por qué  razón celebramos la Navidad el 25 de diciembre?
     Estamos, sin la menor duda, ante  un complejo y difícil problema  histórico-teológico. Ya he dejado dicho que en los primeros siglos, los cristianos mostraron poco interés en celebrar el nacimiento de Jesús. Los motivos eran bien sencillos: en aquel tiempo se festejaba con toda solemnidad el cumpleaños del emperador, pero los cristianos no estaban dispuestos a colocar a Jesús en el mismo nivel que éstos. Así - la historia lo dice – el  teólogo  Orígenes (185 - 253), hacia el año 245, repudiaba la idea de celebrar la “Nativitas Christi”, como si fuera la de un emperador.
    No obstante, de vez en cuando aparecía algún teólogo proponiendo una fecha para su nacimiento . Por ejemplo, San Clemente de  Alejandría (siglo III) decía que era el 20 de abril, en tanto que San Epifanio la fijaba el 6 de enero. Hubo teólogos  que  hablaban del 25 de mayo, o  17 de noviembre. Es decir, no se llegaba a un acuerdo definitivo por falta de datos y argumentos ciertos para justificarla. Por tanto, durante los tres pimeros siglos la fiesta del nacimiento del Señor se mantuvo incierta. Pero – según la ley de la “Evolución histórica” - en el siglo IV sucedió algo inesperado, que llevó a la Iglesia ineludiblemente a tomar partido por una fecha definitiva y  dejarla - cómo no! -  totalmente asentada.

 Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, Alfredo Arrebola      En este afamado siglo IV apareció una temible y peligrosa herejía que no sólo perturbó la paz de los cristianos, sino que puso  en jaque a los teólogos y pensadores de aquel tiempo: El Arrianismo, doctrina creada y difundida en Alejandría de Egipto por el sacerdote Arrio, nacido en Libia en el 256. Este, ordenado sacerdote hacia el 315, se ganó la admiración de cuantos llegaron a conocerle, debido a sus prácticas ascéticas y a su gran capacidad de convicción, cfr. “Diccionario Teológico”, pág. 46   al tiempo  e inmediatamente del Padre, de manera distinta al resto de las criaturas, pero sin  ser sustancial del Padre. Así, es a la vez engendrado y creado, es Dios por participación lo mismo que nosotros, entidad media entre Dios y el mundo. Como prueba, este “Logos” tuvo que hacerse hombre, de tal manera, según el arrianismo, que el “Logos” ocupó en Jesús el lugar del alma, de forma   que Jesús carecía de alma humana”. Estas teorías fueron condenadas en el primer Concilio de Nicea (325).
(Herder, 1966), donde podemos leer: “Según el arrianismo, el “Logos” no es eterno como el Padre, aunque recibe la existencia con anterioridad

Para los que no han estudiado Teología, les diré que el pensamiento de Arrio puede  reducirse a esto: Jesús no era realmente Dios. Era, sí, un ser extraordinario, maravilloso, grandioso, una criatura perfecta, pero no era Dios mismo. Dios lo había creado para que le ayudara a salvar a la humanidad. Y debido a la ayuda que  Jesús le prestó a Dios con su pasión y muerte en la cruz, se  hizo digno del título de  “Dios”, que Dios Padre le regaló. Pero no fue verdadero Dios desde su nacimiento, sino  que llegó a serlo gracias a su misión cumplida en la tierra. En esta misma línea está el pensamiento del teólogo A. Álvarez Valdés ( op- cit. “Evangelio y Vida”, 16).

     Aunque  Arrio fue totalmente derrotado, sus seguidores siguieron defendiendo sus teorías y dándolas a conocer por toda la Iglesia alcanzando  gran cantidad de adeptos, de tal manera que treinta años más tarde no se encontraba un obispo que defendiera el “credo” de Nicea, excepto San Atanasio, obligado a  sufrir destierro varias veces.

    Pero gracias a la habilidad del Papa Julio I (337 – 352), quien se dió cuenta de que una manera rápida y eficaz de dar a conocer la idea de la divinidad de  Cristo  era propagar la fiesta del nacimiento de Jesús – contrarrestando, por otra parte, las teorías de Arrio – poco conocida. Pensaba el Papa que si se celebraba el nacimiento del “Niño-Dios”, las  personas dejarían de pensar  que Jesús llegó a ser Dios solo de grande.

    Pero, por fin, ¿Qué fecha elegir, si no se sabía a ciencia cierta qué día era?.
La tradición popular nos enseña que siempre hay “un listillo de turno” para resolver lo imposible. Al tal – se ignora quién sería – se le ocurrió una idea genial: servirse del folklore romano donde se celebraba una fiesta muy popular, llamada “ El día del Sol Invicto” (Dies Natalis Solis Invicti): celebración pagana antiquísima, llevada a Roma por el emeprador  Aureliano desde Oriente en el siglo III, consistente en adorar al sol como al dios Invencible. A esto habría  que añadir  los elementos geoclimáticos del hemiferio norte para admitir el origen de esta fiesta. A partir del 21 de diciembre – el día  más corto del año – los días comienzan a alargarse lentamente. El sol, pues, no ha sido vencido por las tinieblas, sino que es invencible. He aquí, por tanto, la razón del festejo: 25 de diciembre, nacimiento del Sol Invicto.

   El  emperador Aureliano inauguró el nuevo templo al Sol Invicto – 25 de diciembre del año 274 – en el Campus Agrippae de Roma, proclamándolo patrón principal del Imperio, ordenando que ese día fuera el festival del nacimiento del  Sol Invicto. Ahora bien, para los cristianos JESUCRISTO era el verdadero Sol. Y así nos lo muestra  la Sagrada Escritura. El profeta Malaquías  (siglo V a.C.) ya había anunciado que cuando llegara el final de los tiempos “... brillará el Sol de Justicia, cuyos rayos serán la salvación” (Ml 4,2). Por su parte, el  Evangelio de Lucas nos dice que “...nos visitará una salida de Sol para iluminar a los  que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1, 78). Sin abusar de los textos sagrados, el Apocalipsis de  Juan predice que en los últimos tiempos no habrá necesidad de sol, pues  será reemplazado por JESÚS, el nuevo  sol que nos ilumina desde ahora  (Ap 21, 23).
    Los cristianos tampoco debemos olvidar que a Jesús hubo un día en que las tinieblas parecieron vencerlo, derrotarlo y matarlo, cuando lo llevaron al sepulcro. Pero  él salió triunfante de la muerte, y con su resurrección se convirtió en invencible.  Cristo, el Hijo de la siempre virgen María, era, por tanto, el verdadero y auténtico SOL INVICTO.
 Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, Alfredo Arrebola


   Estas pruebas, histórico-teológicas, fueron más que suficientes para que los cristianos rompieran con el tradicional rito del 25 de diciembre: celebrar el
nacimiento de un ser inanimado, de una simple criatura de Dios, sino más bien el nacimiento del Divino Redentor, el verdadero Sol que ilumina a todos los hombres del mundo, creyentes y no creyentes. De esta forma la Iglesia primitiva, con su especial sabiduría pedagógica, “bautizó y cristianizó” la fiesta pagana del “Día natal del Sol Invicto”, y la transformó en el “Día natal de Jesús”, el Sol de Justicia mucho más radiante  que el astro rey. Y así – simpliciter simplex – el 25 de diciembre se  convirtió en la Navidad cristiana.
      
      La primera mención directa de esta fecha  la tenemos en el calendario litúrgico escrito por el literato Filocalo, en Roma, en el año 354. Allí se dice que “... el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”, según leemos en “Evangelio y Vida”,19.

Las noticias históricas recogen que fue en Roma donde tuvo lugar la primera celebración de la fiesta de Navidad. Inmediatamente se fue extendiendo por las distintas regiones del Imperio. En el 360 pasó al norte de África. En el 390, al norte de Italia, y a “nuestra” España hacia el 400. En el año 535 el emperador Justiniano decretó como ley imperial la celebración de la Navidad el 25 de diciembre.

En  síntesis, la fiesta de la Navidad se convirtió en un poderosísimo instrumento para “CONFESAR” y “CELEBRAR” la fe en Jesús – Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6) – y defender, a capa y espada, que Jesús es verdadero y auténtico Dios desde el día de su nacimiento.



                           
                                                      A todos  mis amigos: FELIZ  NAVIDAD  2019.

                                                                    Alfredo Arrebola Sánchez


 Breve Reflexión histórico-teologíca: ¿Cuándo nació Cristo?, Alfredo Arrebola


lunes, 16 de diciembre de 2019

POESÍA: EL CONTINUUM INDIVISIBLE ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la nueva entrada que lleva por título: Poesía: el continuum indivisible entre la vida y la muerte.





POESÍA: EL CONTINUUM INDIVISIBLE

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE


 Poesía: el continuum indivisible entre la vida y la muerte. Francisco Acuyo


Decíamos en anteriores ocasiones[1] que el proceso creativo genuino necesita de la extinción (la muerte, el olvido) de lo conocido para la ascensión a lo nuevo que exige cualquier proceso creativo verdadero. El discurso poético tiene la virtud de situarse entre el principio y el final, como ese continuum indivisible donde habita las fronteras entre la vida y la muerte de las cosas. Ese presente topológico (más que temporal) donde discurren los aconteceres del verso que, sobre todo, pone en evidencia la convencionalidad de cualquier límite establecido por los procesos racionales de conocimiento.

                La proverbial vinculación que entiende la neurociencia entre la psique y el cerebro, en poesía parece ponerse en cuestión. Hacíamos valoraciones[2] sobre aquellos atributos inconscientes (irracionales) en el ámbito poético que hacen a este incidir de manera muy especial en los dominios del tiempo y el espacio, estableciendo unas relaciones muy singulares sobre ellos.  Hablábamos del carácter simbólico y oracular[3] (profético) que invisten muchos ámbitos de poetas ilustres que hacen pensar en ellos como perfectos augures que trascienden los marcos racionales de entendimiento para ahondar en territorios ignotos para la lógica. Diríase trasgredir su discurso la limitación espacio temporal de la consciencia. Parece, como diría Jung[4], que el poeta puede ser el temido o poco fiable (Platón) loco vidente que, poseído por la musa, el tiempo y el espacio son atributos relativos para su psique, ya que su idiosincrasia es la aespacialidad y atemporalidad.
 Poesía: el continuum indivisible entre la vida y la muerte. Francisco Acuyo


                La psique del poeta verdadero más parece vinculada a una totalidad implicada en una conciencia exterior (arquetípica?) que con el soporte biológico material de las redes neuronales que conforman el cerebro. Acaso por esto, el poeta profundo y genuino encuentra serias dificultades para su entendimiento, incluso para el propio creador, que muestra serios problemas a la hora de hacer una interpretación conceptual y analítica de sus creaciones.

                Es difícil sino imposible un entendimiento empírico racional del orbe poético en tanto que, cualquier materialización resulta inaccesible para la inteligencia lógica sin el espacio y el tiempo convencionales. La certeza y la ingenuidad perceptiva de nuestro tiempo empírico no es óbice para descartar una capacidad de entendimiento y de percepción no sean necesarios para su realización creativo descriptiva de mundos psíquicos diferentes, e incluida una existencia más allá de esas convenciones experimentales tan importantes para nuestro entendimiento racional.

                Es en verdad algo notable que la naturaleza absoluta del tiempo –y del espacio-[5] tan cuestionada durante el siglo XX y XXI , y tomada de continuo como una extravagancia filosófica sea hoy día una realidad física incuestionable, y que la poesía ha compartido desde siempre en sus más íntimas concepciones creativas inspiradoras de los más subidos poetas, acaso estos lo menos entendidos por las corrientes de lectores no avisados de la dinámica que anima el espíritu poemático genuino y que conforma el singular sustrato material (lingüístico, gramatical, métrico, retórico…) del verso y del poema de aquellos enormes creadores que enlazan su poder creativo con el que acaso inspiro lo más profundo del alma humana desde tiempos inmemoriales.


Francisco Acuyo


               
               



[2] Ibidem: Sincronicidad poética, a vueltas con el tiempo poético, http://franciscoacuyo.blogspot.com/2019/12/sincronicidad-poetica-vueltas-con-el.html
[3] Ibidem: Símbolo e intención oracular del lenguaje poético, http://franciscoacuyo.blogspot.com/2019/12/sincronicidad-poetica-vueltas-con-el.html
[4] Jung. C.G.: Escritos sobre espiritualidad y trascendencia, Realidad y trascendencia de la psique, Alma y muerte, Trotta, Madrid, 2016, pág. 249.
[5] Relatividad especial de Einstein.


 Poesía: el continuum indivisible entre la vida y la muerte. Francisco Acuyo


jueves, 12 de diciembre de 2019

PSICOLOGÍA DEL IMPULSO POÉTICO CREATIVO


 Ofrecemos esta nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, post que lleva por título: Psicología del impulso poético creativo.


PSICOLOGÍA DEL IMPULSO 

POÉTICO CREATIVO



Psicología del impulso poético creativo. Francisco Acuyo


La poesía, como proceso creativo, es la muestra acaso más palmaría de cómo el alma humana no acaba por ajustarse al proceso que consideramos como propio de la ley natural. El ciclo vital, ascendente en principio, acaba por declinar y extinguirse inevitablemente. La poesía, en su impulso de creación, diríase mantenerse en un pulso perpetuo de un tiempo que no discurre,  sino que está situado en una infancia perenne que no reconoce el final de su trayectoria, condenada a resistir de manera imperecedera.

                La reflexión anterior sobre la psicología del impulso poético  demuestra que será la vida misma, aun siendo efímera, la que sustente y nutra sus más íntimos fundamentos. Pero será muy conveniente atender a que su propósito sin propósito no es otro que el de la vida del que sabe que ha de morir con ella, y que, acaso, con Epicuro en la memoria, no ha de significar gran cosa,[1] si es que el vivir y el morir forman parte inseparable del mismo proceso existencial de todas las criaturas. Pero tengamos presente que este reconocimiento de mortalidad la consciencia poética no participa ni puede identificarse como una perversidad o inmadurez psicológica. Muy al contrario. El poeta genuino, en su proceso creativo no hace sino olvidarse del sí mismo (que ha de morir) para ser en el misterio mismo de la vida y de la muerte. La poesía puede considerarse un artefacto (¿antinatural, si todo acaba muriendo?) que embarca a la conciencia hacia lo transfinito. ¿O acaso es la conciencia en sí, un ente transfinito? La cuestión es que la poesía , como fenómeno creativo psicológico, mejor afronta esa extraña finalidad que es la extinción de la que forma parte la vida. O lo que es más importante, da un significado no solo a la vida, también a la muerte.
Psicología del impulso poético creativo. Francisco Acuyo

                Que obtengamos un sentido y un significado a la vida a través del proceso creativo poético puede parecer, incluso natural, pero, ¿cómo darle un sentido al muerte en virtud de un proceso creativo como es la poesía?

                Si la poesía es creación (poiesis), debe participar de facto y de manera absoluta de la terminación, de la extinción, de la muerte, si lo que queremos en verdad es ser creativos. La creación aspira a lo radicalmente nuevo, a lo nunca antes expresado, a lo jamás visto. Para ello hemos de morir a cualquier tipo de conocimiento. Hemos de nacer de nuevo y ser inocentes como niños para una posibilidad de auténtica novedad.

                El aspecto religioso que tiene toda poesía[2] es precisamente el de una expresión del genuino ritual que nos prepara para la muerte, si es que en verdad queremos ser creativos, y es que ciertamente el sentido último de la existencia se completa con su extinción. El impulso generativo de anima la poesía es la creación, y por tanto, de manera inevitable el de la destrucción (o el amor) que aspira a la generación de lo genuinamente nuevo.

                El incentivo psicológico poético es de una naturaleza siempre simbólica que en modo alguno pueden ser engendrados desde lo únicamente racional, más bien al contrario, nace de las simas de lo inconsciente y tiene una carácter profundamente arraigado en la revelación que supone cualquier proceso creativo.

                Seguiremos  en próximas entradas insistiendo sobre este carácter psicológico singular de todo verdadero ejercicio poético.


Francisco Acuyo




[1] Epicuro: Carta a Meneceo: La muerte no significa nada para nosotros
[2] Véase a George Santayana al respecto en su libro Poesía y religión.


Psicología del impulso poético creativo. Francisco Acuyo


viernes, 6 de diciembre de 2019

SINCRONICIDAD POÉTICA, A VUELTAS CON EL TIEMPO POÉTICO


Proseguimos la reflexión sobre el discurso poético y su peculiar naturaleza espacio temporal, y esto para la sección, Pensamiento, del blog Ancile; esta vez bajo el título: Sincronicidad poética: a vueltas con el tiempo poético.


SINCRONICIDAD POÉTICA, 

A VUELTAS CON EL TIEMPO POÉTICO


Sincronicidad poética: a vueltas con el tiempo poético.Francisco Acuyo



 Con no poca insistencia hemos ido relatando, a través de entradas diversas, el concepto y naturaleza del tiempo poético.[1] El discurrir del tiempo en poesía es más una manifestación especial topológica o cronotópica (espacio temporal) reflectante, que un discurrir, deslizar, transcurrir o fluir, pues, diríase que manifiesta su dimensión en una suerte de perpetuo presente –dimensional- donde los tiempos verbales adquieren un rasgo singular de simultaneidad que poco o nada tiene que ver con lo casual, ya que  nada podemos hacer en el análisis de su concurrencia, pues, en modo alguno es verificable por la estadística. El acontecer o aconteceres de los tiempos verbales poéticos se invisten con una especie de coincidencias de sentido, que bien pueden valer para cualquiera (sea el lugar y el tiempo que sea) que se acerque y se imbuya de ellas con suficiente atención. No en vano las apreciaciones que hace el poeta verdadero de sí mismo  y del mundo –y que acaba contagiando al  lector atento- bien pueden adaptarse a cualquiera espacio y época sin resolución distintiva alguna.

                Estas coincidencias de sentido se manifiestan particularmente con un carácter enigmático, en cuanto que no sabríamos causalmente establecer los nexos de comunicación racional de esas coincidencias. Podríamos pensar sin demasiada reflexión que, el aspecto psíquico (mental) tiende a eliminar o a relativizar el tiempo y el espacio ordinarios en el topos-temporal inusitado de lo poético. Es curioso cómo el elemento poético es o puede ser convocado desde el futuro al presente e incluso al pasado, esto será si observamos su en manifestación el dominio sincrónico del mismo, a saber: una aseveración poética lanzada en un momento presente puede enlazar con una hecha en el pasado sin conocer dicho pasado, la psique compartida del poeta comparte un inconsciente poético simbólico colectivo que abarca cualquier lugar y tiempo de quien la percibe. Estamos ante un mithos que explica la realidad de todo aquello que es susceptible de conciencia.
Sincronicidad poética: a vueltas con el tiempo poético.Francisco Acuyo


                La acausalidad, por tanto, del fenómeno poético puede ser, y de hecho lo es generalmente, un hecho constatable que no tiene explicación verificable positivamente. Hecho que expone una realidad cuando menos inquietante: el fenómeno poético, entendido como factor psíquico elimina o modifica la imagen material, espacio temporal ordinaria del mundo. Uno de los aspectos fundamentales que forman la naturaleza del fenómeno poético, el afectivo, tiene mucho que ver con esta singular realidad. Realidad a la que acaso sólo puede accederse a través del entendimiento no menos especial del símbolo y la intuición poético afectiva, y también de la necesidad de lo trascendente.

                Los planos de coincidencia de sentido en poesía pueden ser variados. El poeta o lector de poesía pueden hacer coincidir su estado poético (de lectura o inspiración creativa) interior con un acontecimiento exterior simultáneo que se encuentra en el ámbito cercano de percepción de los sujetos afectos al estado psíquico poético. También puede darse el caso de que aquél estado poético sea coincidente fuera del plano inmediato de percepción espacio temporal, y pueda reconocerse solo con posterioridad. Incluso que aquel estado poético pueda coincidir con acontecimientos que aún no han sucedido (carácter oracular del que hablamos en anteriores entradas).[2]

                No se nos debe escapar que en algunos casos (los dos últimos) aquellos acontecimientos de sentido no están al alcance perceptivo del observador poético, se dírían anticipados en el tiempo y en el espacio para su posterior verificación. He aquí el carácter sincronístico que adelantábamos en nuestro post y que encabezaba el título del mismo.

                Abundaremos sobre esta y otras cuestiones varias e interesantes del discurso poético en el blog  Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Véanse las entradas al respecto en el blog Ancile. https://franciscoacuyo.blogspot.com/
[2] Ver y anotar



Sincronicidad poética: a vueltas con el tiempo poético.Francisco Acuyo