Seguimos abundando sobre el fascinante mundo de la conciencia y la sinestesia para la sección de Ciencia del blog Ancile; esta vez bajo el título: Unidad y neutralidad sinestésica.
UNIDAD Y NEUTRALIDAD SINESTÉSICA
Siguiendo las reflexiones del anterior
post sobre la conciencia y la sinestesia, me aborda una cuestión que considero
nada baladí, la sinestesia es un instrumento trópico de una gran expresividad
que no tiene discusión desde una óptica estrictamente esteticista, pero, ¿qué
es lo que puede aportar a nuestro conocimiento de la realidad? ¿Qué al
conocimiento de la conciencia?
Decíamos anteriormente que, en virtud de los procesos sinestésicos, podía considerarse una apreciación de una metaconciencia que se posibilitaba en la disolución del yo sinestésico en los procesos de fusión o traslación sensorial, todo lo cual diríase que invoca un único sentido totalizador. No hacemos una llamada solo a la realidad de la conciencia subjetiva como dato propio que favorece una restricción de la misma al sujeto propio, sino que debe tenerse en cuenta como algo independiente de la ciencia empírica en tercera persona, ya que debemos considerarla como una fuente de información objetiva que debería añadirse a los datos de la experimentación y la propia observación. Pero, ¿esto es posible más allá de lo que entendemos como la conciencia subjetiva? O lo que es lo mismo ¿existe la conciencia más allá del sujeto que es consciente? ¿Es la conciencia una realidad del universo que se constituye como uno de los fundamentos primordiales del mismo?
En cualquier caso, la conciencia
importa y mucho en la física, teniendo en cuenta a esta disciplina como la más
cercana a los procesos materiales detectables, y que necesariamente la incorpora
en el tejido causal del mundo.
El papel de la sinestesia, como
proceso cognitivo o de conciencia peculiar en el reconocimiento de la realidad
del mundo, y su tendencia a la unificación o neutralidad de lo sensóreo, nos
concita a que ¿acaso los sucesos que ocurren en el espacio tiempo nos son ni inherentemente
mentales ni estrictamente físicos?
Aquella unidad o neutralidad a lo
que aspira el proceso sinestésico, ¿no nos está señalando que hay algo que
acontece que no puede accederse de una manera convencional científica? ¿No nos
está advirtiendo de que aquello único y neutral puede ser conciencia que se
extiende más allá de la propia convencional subjetiva, aunque esta forma parte
de aquella? La sinestesia nos advierte de la virtualidad de lo que percibe la
conciencia personal y que la conciencia real? Será cierta la apreciación kantiana
que decía que la mente y el mundo son una y una misma cosa que se sitúa más
allá de los parámetros del espacio tiempo? ¿No será que la sinestesia funciona como
aquel principio de orden einsteniano capaz de ordenar todas nuestras experiencias sensoriales? O, como apreciaba
Hermann Weyl, ¿Se construye la realidad objetiva a partir de la
experiencia inmediata?[1]
Lo cierto es que indagando en los
procesos expresivos poéticos a través de figuras como la sinestesia, llegué a conclusiones
que en algunos momentos pueden encontrar cierto parentesco con las
apreciaciones científicas llevadas a cabo por investigadores de los territorios
científicos, sobre todo de la física, y más concretamente de la física cuántica
en relación a la explanación del fenómeno de la conciencia. De hecho me llevó a
preguntas que también se hacen los físicos en relación a cómo es posible que
los sistemas físicos interactúen con la conciencia, o cómo se produce la
conciencia en la intervención de sistemas físicos.
Más adelante, en nuevas entradas
del blog Ancile, traeremos a colación nuevas apreciaciones sobre el raro fenómeno
de la conciencia en relación con el no menos singular fenómeno de la
sinestesia.
[1] Weyl, H., en Sylberstein, M. y Stuckey, W: M. La completitud de la mecánica cuántica, en, Conciencia y mecánica cuántica, ob. cit. pág. 287.


