No pudiendo dejar de indagar sobre la vieja ciencia y arte hermética y sus conexiones con las más recientes indagaciones de la modernidad, para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: La gran obra hermética y la teoría de la gran unificación de la física moderna.
LA GRAN OBRA HERMÉTICA Y LA TEORÍA
DE LA GRAN UNIFICACIÓN DE LA FÍSICA
MODERNA
El sueño de la ciencia actual
moderna está emparentado muy estrechamente con el principio de Uno el todo,
a su vez vinculado con la Gran Obra hermética. La teoría de la gran
unificación es el sueño de la física moderna, donde la gravedad, por fin, pudiese, sin
controversias ni contradicciones, encajar con las fuerzas elementales y fundamentales
de la naturaleza, a saber: la fuerza nuclear débil[1],
la fuerza nuclear fuerte[2]
y la electromagnética.
Esto
supondría poner fin a las contradicciones entre dos de las más importantes e influyentes teorías de la física moderna, la relatividad general y la mecánica cuántica. El
intento de Einstein y Kaluza es uno de los más célebres, aunque todoshasta la fecha resultaron infructuosos. La
gran unificación, en su esfuerzo teórico y matemático, quiere ser la solución
para una teoría unificada que explique conjuntamente la complejidad estructural
del universo cósmico y del cuántico, que permanecen en una suerte de tensión,
que se me antoja análoga a la que el alquimista tenía ante la representación de la
naturaleza como sub specie interioratis, la cual venía a reflejarse en la antítesis entre
la materia y el espíritu, el mundo y el supermundo.[3]
La
simbología, la analogía, la metáfora, la sinestesia… y otra suerte de
manifestaciones trópico retóricas, resulta que pueden tener una importancia
rara vez reconocida por la propia ciencia, aunque hagan uso de estas figuras en
no pocas ocasiones y de manera constante. Los que utilizamos estas herramientas
de manera habitual sabemos claramente que vivimos la palabra unida a lo que
representa en el mundo (exterior e interior), y lo hacemos más allá del tiempo o el espacio, en virtud a las características singulares de los símbolos utilizados, pues nos
conectan también, graciosamente, con las cosas invisibles, y nos hacen interactuar con los
dáimones, genios y númenes que nos conectan a su vez con las dinámicas y fuerzas
(ocultas) que determinan determinados procesos en la naturaleza. Es éste, para nosotros, un
proceso resueltamente alquímico que conecta al poeta con la Gran Obra hermética.
No
puedo dejar de entrever que las almas más inquietas e inconformistas de la
ciencia, cada vez con más frecuencia, hacen uso de estas herramientas tan poco
ortodoxas para la ciencia convencional. Los fundamentos tradicionales del
universo mecánico: tiempo, espacio, materia y causalidad, son invertidos
destrozando aquellos principios básicos de dicha disciplina tradicional. De
hecho, no sé si el propio Einstein era consciente de la revolución que supuso su teoría en el propio
ámbito del mismo centro del método científico, pues exigía no ser literal, mecánico y
absoluto. O, posteriormente, los científicos del cuantum, cuando concluían que la materia se diluye en los dominios del
mundo subatómico, y esta misma y la energía se transforman e intercambian, y donde
la sustancia desaparece por la probabilidad de ser y la causalidad se diluye. O cuando la no localidad expone que las partículas mantengan una extraña interconexión
entre ellas, dando igual la distancia a la que se encuentren, exponiendo una
unidad del mundo que nos regresa a la ciencia y arte herméticos de la alquimia, que reconoce un anima mundi que todo lo relaciona.
Si
estamos o no en un momento crucial de la ciencia, lo está diciendo los propios
límites de la misma sujetos a la visión mecánica, lineal, determinista y literal de su
metodología que en su fracaso de explanación total, acaso clama por una revolución de sus principios.
Veremos
en próximas entradas esta situación, y será en las páginas de este blog Ancile.
Francisco Acuyo
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