Traemos la segunda entrega de Presentación del libro de Acuyo: Poética del silencio, para la sección de Ciencia del blog Ancile, de Eduardo Battaner.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ACUYO:
POÉTICA DEL SILENCIO.
EN EL SER DEL VERSO, LA MÚSICA DE LA NADA,
POR EDUARDO BATTANER,
2ª ENTREGA
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| Interior de la Biblioteca de la Universidad, foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer |
Sería de esperar que las palabras saltaran del saco de las palabras imprecisas al de las precisas, según la ciencia avanza, pero ha ocurrido precisamente lo contrario. La física moderna va agrietando ella misma su firmeza, haciéndonos dudar del significado de lo que parecía bien asentado.
Decía el físico John Wheeler que el observador es co-creador de la realidad. ¿Qué dice a esto el físico de oficio, supuesto depositario de la verdad?
La física actual está enmarañada, con claros pero atrevidos resultados, con un léxico que se vuelve contra él mismo.
Valga un ejemplo:
La velocidad de la luz en el vacío. Hombre: si la luz va por el vacío, ese vacío ya no está tan vacío. Pero además el vacío de los físicos está lleno de cosas: partículas virtuales, campos… y, especialmente, posee energía, la energía oscura, la energía del vacío, extensión del concepto del “Término Cosmológico” de Einstein, energía inagotable.
¿Energía del vacío casi indetectable de importancia minoritaria? ¿Sutileza vana de la teoría más especulativa? Nada de eso: es la componente más importante del Universo actual y, lo que es más inquietante, será la energía dominante en un futuro. Es además posible que el fin del Universo sea el “Big Rip”, cuando la expansión se haga infinita en un tiempo finito llamado “tiempo de Big Rip”. ¿Hay algo más misterioso, surgido de las ecuaciones más objetivas, como esa “materialización de la nada”, valga un oxímeron más.
Es el vacío lo que mueve el Universo.
El Universo ¿creación exnihilo y muerte por dilución “in-nihilo? El vacío se convierte en nada. Dejemos que el Universo se vacíe por sí mismo.
Por cierto: Big Rip, en inglés, es “Gran Desgarrón”, pero, como me hizo notar mi amigo latinista Jesús Luque, en latín, es “Requiescat in Pace”. La muerte del Universo sería su propio funeral.
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| Foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer |
Bromeaba mi profesor de bachillerato definiendo la nada como que “la nada es un cuchillo sin hoja al que le falta el mango”. Es una broma pero una broma muy seria, porque a la nada se llega por las
ausencias.
Y aunque las ausencias son de muchos tipos, la nada es solo una. Cuando se llega a ella, se ha borrado el camino que la alcanzó. La nada es el olvido, como el equilibrio termodinámico es amnésico.
La nada es creativa. La poesía es una forma de llegar a ella, gracias a sus pausas escondidas en los rigores de la métrica y la consonancia.
La poesía es el arte de encontrar lo inefable entre los entresijos de lo fable. A veces tapa con palabras nuevas algunos silencios, pero la nueva palabra acuñada nos adentra en más silencios, que nos conducen por la vía de la “nanidad”, término muy expresivo de Acuyo.
Extraordinariamente estimulantes son las reflexiones que hace Acuyo en un capítulo que se titula “Belleza exnihilo”. También la belleza parece pertenecer a esos conceptos, lo que él llama la “parentela” de la nada, que habíamos reunido, como vacío, espacio, olvido, silencio, cero, oscuridad, consciencia… La belleza es otro pariente más, un pariente muy distinguido al que hay que destacar, ya que Acuyo es un profesional de la belleza escrita. Con la poesía se va de la fable a lo inefable. Y por unos argumentos en los que la subjetividad no puede estar ausente, se deduce que la belleza puede ser fuente de ciencia, algo así como que las leyes físicas pueden establecerse gracias a su belleza. Nuevamente, el científico de oficio se hecha las manos a la cabeza: “eso no es lo que dice el método científico. Pudiera ser así en tiempos de Platón, o de Kepler, o incluso de Newton, pero ahora los científicos no procedemos así”.
Sin embargo, la historia refrena la osadía del científico de oficio. Recordemos que Maxwell dedujo la existencia de ondas electromagnéticas del hecho de que tenía ante sí dos ecuaciones similares, pero una más larga que la otra. Alargó la corta con un nuevo término que se inventó. Un criterio puramente estético le llevó a un descubrimiento de consecuencias imprescindibles en el mundo actual. Existen ondas electromagnéticas, incluso este recinto está repleto de ellas que lo cruzan en todas direcciones. Y la luz es una de ellas.
Decía Dirac, con estas o parecidas palabras, que tenía dos criterios para reconocer la verdad de una fórmula nueva: la sencillez y la belleza. Y que, cuando ambos criterios no coincidieran en su dictamen, el de la belleza debería prevalecer. Chandrasekhar tituló uno de sus libros “Truth and Beauty”, Verdad y Belleza. Podríamos poner muchos otros ejemplos para mostrar que muchos de los más admirados científicos ponían la belleza al servicio de la verdad.
La nada al servicio de la verdad
Unos breves comentarios más. En este libro no se habla de Dios, aunque para algunos, la palabra Dios podría entrar en la familia de la nada creadora. Es que este libro respeta todo tipo de posicionamientos religiosos. Puede ser leído por un teísta como por un deísta, como por un agnóstico, como por un ateo.
Si es usted un filósofo, un poeta, un científico, un lexicógrafo… tiene usted que leer este libro. Si usted es una persona atrevidamente sensible, tiene usted que leer este libro.
Si tiene usted prisa, este libro es absolutamente desaconsejable.
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| Foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer |
No hablo de lo que el libro contiene, entre otras cosas porque no sería capaz, Acuyo es un maestro de la expresividad. Yo sólo abro la puerta. Pasen y lean.
La intención del prologuista no ha sido sino avisar de que este libro sólo se puede leer con la mente y el corazón abiertos. Este prólogo sólo tiene la intención abrir la mente del lector para que pueda saborear esta efusión de ciencia, filosofía y poesía.
Esto lo consiguen también las citas precursoras de cada capítulo, sabiamente extraídas de poemas de Quevedo, de Lope de Vega, de Juan Ramón Jiménez, de Salinas… del mismo Acuyo. Cumplen con su función introductoria y persuasiva. Especialmente ilustrativa es la alusión a un poema de San Juan de la Cruz, en la que se repite machaconamente al final de cada estrofa: “toda ciencia trascendiendo”. Porque esa trascendencia es el ánimo de este que no sé si llamar libro o jardín.
Toda ciencia trascendiendo. Más allá de la ciencia… O tal vez, más acá.
Por resaltar una que me llamado mucho la atención y se me ha metido en la cabeza, para quedarse, como se dice ahora. Es de Lope de Vega:
Hay mucho que hablar de la nada. Un deseo latente en la física actual es la ToE, Theory of Everything, la “Teoría del Todo”, culmen del reduccionismo a ultranza, una ecuación o un principio del que se dedujera absolutamente todo, que resolviera la incompatibilidad de la relatividad y la cuántica, que dedujera el principio del Universo y de la materia, que asentara definitivamente la cosmología y la física de partículas… en fin, “todo”, en la física y en todas las ciencias, química, biología… etc. A ello se tiende, de momento sin éxito. Como contraste arrasador, en este libro no se habla de la Teoría del Todo, sino de la Teoría de la Nada.
Si ahora digo “muchas gracias”, ustedes me dirán “de nada”. Con esa medio frase tan protocolaria están ustedes a dos pasos de adentrarse en uno de los problemas más escrutados por los más reconocidos filósofos de todos los tiempos: la nada.
Muchas gracias.
Eduardo Battaner
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| Foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer |




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