Para la sección: Ciencia, del blog Ancile, traemos nueva entrada bajo el título: Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas.
TIEMPO, ESPACIO Y CONCIENCIA
EN LAS ARTES PLÁSTICAS
Los mazzochio o toros de Leonardo da Vinci son otra muestra más que
evidente de perspectivas inventadas a través de la matemática, las cuales son capaces de
generar realidades que la pintura hace existir singularmente y que, no obstante, participan de
una realidad nueva a través de la conciencia del artista, conformando su obra en cada parte
del todo (real) y el todo en cada parte de aquella, constituyendo una suerte de
holograma que interpreta e integra la realidad material y la psicológica. No es
extraño advertir que el pintor necesita no solo contar con el espacio narrativo
(y poético-creativo), también precisa plasmar pictóricamente el tiempo en pleno
Renacimiento,[1] aunque
sería más claro y sorprendente su integración en el caso de El Greco y su
genial manejo de esta cuarta dimensión, siendo un glorioso ejemplo de esto que
hablamos, El bautismo de Cristo; en
el desarrollo de las dos diferentes perspectivas que componen el cuadro, y en
la integración de las mismas, donde se sitúa el Espíritu Santo, en una
dimensión nueva temporal o extratemporal-mística.
El
tiempo y la conciencia son conceptos que van íntimamente integrados: Antonio
Machado no concebía la realidad y la vida aprehendidas por la conciencia sino
como tiempo (bebiendo de las fuentes filosóficas de Bergson): otras artes, como
es el caso de la pintura también escancian de esta conciencia urdida al tiempo.
Son rasgos particularmente significativos de esto las manifestaciones en
diversas anamorfosis en artistas como Francisco Zurbarán (Defensa de Cádiz ante los ingleses), Hans Holbein, el joven (Los embajadores) o el concepto de
espacio abstracto de Pablillos
de Valladolid) de Velázquez. La conciencia que el artista tiene del devenir es la
realidad partícipe y perceptible por los sentidos, mas, también aquella idea
platónica de lo inmutable ideal a la que solo se llega a través del pensamiento
profundo y la inteligencia verdadera. Así, la conciencia del pintor se entiende
entre el ser inmutable y el devenir perecedero que aporta el espacio, pudiendo
representar objetos reales para ser retratados, y otros que no existen, pues son
imaginados. Son las primeras manifestaciones de abstracción con consecuencias
pictórico expresivas muy de su tiempo: bajo la concepción cartesiano-newtoniana
del tiempo y del espacio), y que abrirán, no obstante, posibilidades de figuración
y expresión de un tiempo (moderno) que pondrá en cuestión el grado absoluto del
tiempo y el espacio (bajo los auspicios de la relatividad einsteniana y de la
mecánica cuántica).
La
conciencia artístico plástica, en fin, ha bebido de las mismas fuentes de
inspiración que cualquiera otra arte y modo de entendimiento y representación
del mundo en su época, con mayor o menor grado de clarividencia y adelanto a su
tiempo, y donde la explicación de dicha conciencia no es posible, en cualquier
caso, a análisis mecánicos, si es que como demuestra la dinámica matemático
pictórica del espacio (perspectiva) y del tiempo en estas obras traídas a
colación (entre muchas otras que podrían traerse), la ilusión de la concreción
de los sentidos es puesta en evidencia por una conciencia superior (científico
matemática en muchos casos, y en otros por una intuición de lo trascendente).
En realidad las metáforas narrativo temporales de estos cuadros son –a través
de esta anamorfosis referidas de los mismos- la señal inequívoca de que todo es
isomorfo –y sincrónico temporal- y que por tanto las metáforas motivadas por
esta conciencia artística, son tan reales como la realidad misma que se integra
en el organismo (o como diría Teilhard
de Chardin, dentro del tejido planetario) de conciencia que en realidad
es el mundo.
Francisco Acuyo
[1] Véase el
ingenioso mecanismo, ya en pleno Renacimiento, de Sandro Botticelli en las
cuatro tablas de su Nastagio degli Onesti.
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