Tengo el placer de convocar a nuestros habituales lectores a disfrutar de los poemas del poeta y entrañable amigo Dioniso Pérez Venegas, y todo ello para la sección de Editoriales amigas del blog Ancile, y bajo el título, Por vegas y cañadas, que encabeza, además, la inscripción genérica del libro, editado con el primor a que nos acostumbra la editorial Alhulia. Sirva, pues, esta entrada para animar a los que lean estos versos seleccionados a adquirir el libro completo que les garantizo que es una auténtica delicia.
POR VEGAS Y CAÑADAS,
DE DIONISIO PÉREZ VENEGAS
LOS ÁMBITOS DE BERNIA
A
Nathalie, Miguel, Lorenzo y Alessandro,
mis
compañeros de excursión
I
Subimos por
caminos apacibles;
en las primeras tierras los olivos
y almendros de labores antiquísimas,
trabajo de hombres duros olvidados.
Paramos en Xaló para comprar
agua, pan y jamón, nuestro sustento.
Por sinuosa senda de montaña
a las Casas de Bernia despobladas
llegamos. Los bancales de las viñas
al podador esperan con sarmientos
que torrarán las carnes del cordero
que han de regarse con alegre mosto.
Diciembre de cerezos en letargo;
junto al abrevadero de la fuente
cueva de yedra toda revestida
en donde el sol apenas halla paso
pisando la espesura del helecho.
En los barrancos, juncos y arrayanes
peciolados y adelfas y carrizos;
allí los chamarices y jilgueros
halagan los oídos con sus cantos.
Abre al mar la maravilla
de esta tierra quebradiza
entre el almendro y la higuera.
el lombriguito verdea.
Verdeguea el lombriguito
con sus vasos amarillos.
LOMBRIGUITOS
El trébol que nos enseña
el sol y la oscuridá.
Santiago Aguaded
Landero
Salio querido ¿por qué
no saben
dar
cuenta de mis lombriguitos
las cabras?
Los acoge el acebuche sobre sus raíces y no los rizomas de las
cañaveras con los brotes herbáceos de sus nudos y sus penachos jopeados y la
brisa rumorea en noches encendidas por atávicas fiestas henchidas de canciones
que esclavos del azúcar entonan, negros los rostros de sol y de cañas quemadas,
de sudor mal nutrido.
sazonadas de sol.
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| Dionisio Pérez Venegas |
CANTIGA ENTRE LA HUMUVIA
Amor, y yo
esperándote
para que me orearas.
Por los Matagallares
baja la humuvia
sin temor a los truenos
ni miedo a la canícula.
La noche va cayendo
por la Almijara.
Con la humuvia compiten
la sedienta albahaca
y
el jazmín que refresca
las noches cálidas.
Amor, y yo esperándote
para que me orearas.
UN CASTAÑO
EN EL CHAPARRAL
A Ramón García Mateos
Se alza sobre la viña
el secular castaño
—raíz en tierra y copa
entre los vientos—.
Se busca su cobijo
como se busca un pecho
amigo, acogedor y
solidario.
No tiembla con las
huellas
del olmo aquel herido
por el rayo
que en los cerros de
Soria
miró y cantó Machado.
En la cornisa se alza
sobre el Mediterráneo
y me recuerda que en
Cambrils tú vives
junto al árbol sagrado
que Palas Atenea dio a los hombres.
Sagrado siempre el árbol,
como es sagrado tu recuerdo, amigo,
que en tus versos revivo como abrazo.
Dionisio Pérez Venegas



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