jueves, 17 de septiembre de 2026

POR VEGAS Y CAÑADAS, DE DIONISIO PÉREZ VENEGAS

 Tengo el placer de convocar a nuestros habituales lectores a disfrutar de los poemas del poeta y entrañable amigo Dioniso Pérez Venegas, y todo ello para la sección de Editoriales amigas del blog Ancile, y bajo el título, Por vegas y cañadas, que encabeza, además, la inscripción genérica del libro, editado con el primor a que nos acostumbra la editorial Alhulia. Sirva, pues, esta entrada para animar a los que lean estos versos seleccionados a adquirir el libro completo que les garantizo que es una auténtica delicia.


POR VEGAS Y CAÑADAS,


DE DIONISIO PÉREZ VENEGAS







LOS ÁMBITOS DE BERNIA

 

 

A Nathalie, Miguel, Lorenzo y Alessandro,

mis compañeros de excursión

 

I

 

Subimos por caminos apacibles;

en las primeras tierras los olivos

y almendros de labores antiquísimas,

trabajo de hombres duros olvidados.

Paramos en Xaló para comprar

agua, pan y jamón, nuestro sustento.

Por sinuosa senda de montaña

a las Casas de Bernia despobladas

llegamos. Los bancales de las viñas

al podador esperan con sarmientos

que torrarán las carnes del cordero

que han de regarse con alegre mosto.

Diciembre de cerezos en letargo;

junto al abrevadero de la fuente

cueva de yedra toda revestida

en donde el sol apenas halla paso

pisando la espesura del helecho.

En los barrancos, juncos y arrayanes

peciolados y adelfas y carrizos;

allí los chamarices y jilgueros

halagan los oídos con sus cantos.

Abre al mar la maravilla

de esta tierra quebradiza

entre el almendro y la higuera.

el lombriguito verdea.

Verdeguea el lombriguito

con sus vasos amarillos.

 

              


LOMBRIGUITOS


 

El trébol que nos enseña el sol y la oscuridá.


Santiago Aguaded Landero

 

 


Salio querido ¿por qué no saben

                        dar cuenta de mis lombriguitos

                                                                   las cabras?

Los acoge el acebuche sobre sus raíces y no los rizomas de las cañaveras con los brotes herbáceos de sus nudos y sus penachos jopeados y la brisa rumorea en noches encendidas por atávicas fiestas henchidas de canciones que esclavos del azúcar entonan, negros los rostros de sol y de cañas quemadas, de sudor mal nutrido.

 Con porte erecto de tallos nudosos y fuerte, soporte para las bestias de carga que con las cajoneras fertilizan húmedas vegas y cercados, opone el lombriguito, guardián de sales y rival del almendro y del algarrobo, sus nudosos rizomas para sanar tu corazón nutriente de expandidos terrenos con verdes frescos de tréboles que emergen con pedúnculos agrios y con umbelas

sazonadas de sol.

 

Dionisio Pérez Venegas

 

CANTIGA ENTRE LA HUMUVIA

 


Amor, y yo esperándote

para que me orearas.

Por los Matagallares

baja la humuvia

sin temor a los truenos

ni miedo a la canícula.

La noche va cayendo

por la Almijara.

Con la humuvia compiten

la sedienta albahaca

y

el jazmín que refresca

las noches cálidas.

Amor, y yo esperándote

para que me orearas.

                              

 

UN CASTAÑO

EN EL CHAPARRAL


 

A Ramón García Mateos

 


Se alza sobre la viña

el secular castaño

—raíz en tierra y copa entre los vientos—.

Se busca su cobijo

como se busca un pecho

amigo, acogedor y solidario.

No tiembla con las huellas

del olmo aquel herido por el rayo

que en los cerros de Soria

miró y cantó Machado.

En la cornisa se alza

sobre el Mediterráneo

y me recuerda que en Cambrils tú vives

junto al árbol sagrado

que Palas Atenea dio a los hombres.  

Sagrado siempre el árbol,

como es sagrado tu recuerdo, amigo,

que en tus versos revivo como abrazo.





Dionisio Pérez Venegas







 

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