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lunes, 20 de noviembre de 2017

DESDE EL APPENDIX PROBI, HASTA LOS PRIMEROS AUTORES CRISTIANOS: LA CRISTIANIZACIÓN DE HISPANIA.

Para la sección, Historia de un Diario, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: Desde el Appendix probi, hasta los primeros autores cristianos.La cristianización de Hispania.

Desde el Appendix probi, hasta los primeros autores cristianos.La cristianización de Hispania. Francisco Acuyo


DESDE EL APPENDIX PROBI, HASTA LOS PRIMEROS 

AUTORES CRISTIANOS:

LA CRISTIANIZACIÓN DE HISPANIA.



Desde el Appendix probi, hasta los primeros autores cristianos.La cristianización de Hispania. Francisco Acuyo


Tras el Appendix Probi y la formulación de su gramática de errores, hemos podido constatar la evolución de las lenguas en nuestra Hispania de la forma vulgar a la normativa. También los glosarios de Verrius Flaccus, del Verborum significatione y el Origines sive etymologiae, de Isidoro de Sevilla, ofrecen señas claras del latín tardío y popular en España. No debemos obviar bajo ningún concepto las Glosas Emilanienses, ni las de Silos, en esta labor de descripción de desarrollo y evolución de las lenguas románicas españolas. No podemos olvidar los muchos autores clásicos latinos, en sus expresiones coloquiales (Cicerón), o los llanos diálogos del mismo Plauto, en pro del desarrollo del latín vulgar; véase el lenguaje de los personajes de baja estofa en Horacio, Juvenal, Persio, Marcial y, claro está, en el Satiricón de Petronio. De muy digna consideración para el entendimiento del proceso evolutivo del latín vulgar serán también los muy diversos tratados técnicos y sus muchas imprecisiones expresivas; las historias y crónicas de redacción descuidada, las inscripciones latinas, la hibridación lingüística de leyes, cartas, diplomas…. y desde luego las redacciones de  los primeros  autores cristianos. (Sic)
Desde el Appendix probi, hasta los primeros autores cristianos.La cristianización de Hispania. Francisco AcuyoCon este sorprendente texto extraído de uno de los legajos fragmentados, nuestro autor sitúa la  historia en el centro mismo de la evolución de las lenguas de la Hispania, junto con la cristianización de las que ya eran fronteras consolidadas de nuestra España. Acaso la gran persecución de Diocleciano (quien atribuye a los cristianos  la galopante degeneración del Imperio)  fuese la causa de tan pocos documentos y testimonios de la iglesia primitiva en las provincias de la Hispania, en cualquier caso, Tertuliano demuestra que, ya  a principios del siglo III, la Iglesia habría trascendido todo el territorio español. En este punto, traemos otro breve fragmento que nos parece de interés:
En la Carta a los Romanos, Pablo de Tarso confesaba su voluntad de visitar las tierras de las hispanias, y queda supuestamente corroborado dicho viaje entre los años 63 y 67, según los datos expuestos por Clemente Romano. Junto a este dato, será de especial relevancia, la presencia de Póstumo (el usurpador), quien consigue expulsar a las hordas germánicas, aunque posteriormente, con la ausencia de la protección de los Severos, los bárbaros germanos vuelven a nuestras tierras para, finalmente, ir integrándose en las organizaciones militares de la Hispania Romana…[…] Curioso fue el efecto de la política de aniquilación del cristianismo en España por parte Diocleciano, quien acaso obtuvo en nuestra geografía el efecto contrario, célebres son los mártires en Hispania tras las persecuciones del siglo III, siendo necesario tener presente que poco antes de aquellas habría de producirse, en Ilíberis, el primer concilio general de la Iglesia católica en España. Especialmente señalados serán los mártires San Marcelo, centurión de hispano-romano de la célebre legión VII, o, también componentes de esta legión,  los soldados Emeterio y Celedonio;  y junto a estos las santas Justa y Rufina, San Prudencio, Santa Elulalia…. […] (Sic).
Cuando las hispanias se pasan a Constantino, favorecedor insigne del cristianismo, y tras derrotar a Mencio (en puente Milvio, en el año 312) y relegar a su competidor, Licinio, tendría lugar el edicto de Milán, monumento fundamental para la historia de Roma y, a la sazón, del mismo cristianismo, y con el que se pretendía terminar con los fanatismos en defensa de la libertad. Así las cosas, no en vano será el cristianismo quien mantendría vivo el ya decadente Imperio de Roma. Esto, hasta el año 380 en el que la religión cristiana se convierte en la confesión oficial, acabando por tornarse, así mismo, el Imperio en eje vertebrador de la ortodoxia cristiana.
Grande importancia  tuvo la presencia del nuevo emperador hispano Teodosio, si en verdad pretendía: que todos los pueblos regidos por nuestra clemencia y templanza profesen la religión que el divino apóstol Pedro enseñó a los romanos […] Pero esto será argumento y relato de nuestra próxima entrada.


Francisco Acuyo





Desde el Appendix probi, hasta los primeros autores cristianos.La cristianización de Hispania. Francisco Acuyo

martes, 14 de noviembre de 2017

LOS EMPERADORES HISPANOS DE LA ROMA MÁS ESPLENDENTE

Prosiguiendo con la singular Historia que recoge la sección, Historia de un Diario, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.


Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.Francisco Acuyo



LOS EMPERADORES HISPANOS

 DE LA ROMA MÁS ESPLENDENTE




Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.Francisco Acuyo




Tarraco, una de las capitales más influyentes del imperio, erige a divo Augusto el primer templo al imperator, dando lugar con posterioridad a que las familias de este afiancen en la Hispania el impulso de la economía hacia buena parte de sus provincias. La Hispania de los Flavios vio, por mediación de Tito (hijo y sucesor de Vespasiano) el sometimiento y la primera diáspora del pueblo judío, cuyos muchos de sus hijos acabarían teniendo singular asentamiento desde entonces en la Hispania. Cuenta de estos y otros posteriores momentos darían nuestros legajos, y entre ellos de manos del historiador de este Diario, podía leerse en sus escritos lo siguiente:
El muy apreciado Nerva, del clan hispano, pudo con no poca dificultad dictar designios muy favorables para la Hispania, y con la adopción de Marco Ulpio Trajano, jefe de la séptima legión (hispana)  dio opción para el primer imperio de Roma regido por un Hispano. Así el gran Trajano dejó indeleble y rica huella en nuestra tierras en su mandato (el arco de Bará, el acueducto de Segovia, el puente de Alcántara, el embellecimiento de Itálica y una expansión de Roma hacia los máximos límites (limes bárbaro) conocidos, extendidos hasta la Dacia y la misma Partia. […] (Sic).
Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.Francisco Acuyo
El filósofo entronizado en Roma, Adriano, que unificó la Hispania en su máximo grado, y que a la sazón sería el segundo emperador hispano, dio testimonio de tal sentimiento de unidad con la realización de las monedas en las que aparece Hispania como conjunto unitario. De él quedan extraordinarios rasgos como el arco de Medinaceli y la configuración final de Itálica que fueron sin duda reliquias de imposible olvido dejados por este noble emperador.
También hubo de dejar la impronta de la sangre hispana en otro de los más grandes emperadores, Marco Aurelio. Así contaba nuestro autor de la Historia lo siguiente: En la Piazza del Campidoglio, el bronce imponente de Marco Aurelio, ya perece, con su imperial gesto, ofrecer un dejo de estoica ironía (no en vano pudo confundirse durante siglos con el emperador gran protector de la  iglesia, Costantino, a conservarse durante tanto tiempo), que extraído en la inspiración de su obra espectacular de los célebres Soliloquios.[1] El verissimus[2] relato de sus meditaciones son cuna inmortal de francas reflexiones que serán imperecederas para las generaciones, pues, que es el mundo y sus frugales y vanidosas contingencias: “átomos o cosas indivisibles. Y en suma, si hay Dios, toda va bien; si todo discurre por azar, no te dejes llevar tú también por el azar[3].” El inmortal imperator, acaso deja su ascendencia hispana también en la huella de sus juicios imperecederos. No puedo sino deleitarme todavía con el eco de su voz impreso en mis oídos y que pudo ser inspiración del Euis heauton,  su Manual íntimo, de  este insignificante
Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.Francisco Acuyo
diario que ahora leéis y que no busca dejar personal y vana huella, si es que en verdad “Sencilla  y respetable es la misión de la filosofía”. Que no puede inducir a la vanidad.[4]
Sería, al fin, Septimio Severo, superado ya el siglo III quien habría de conseguir el restablecimiento del orden en una Hispania sumida en el caos por posteriores nefandos gobiernos, llegando a crear la provincia de Galicia, y donde se pudieron asentar los cimientos de la que sería la España actual. Llegado a este punto nuestro enigmático historiador relataba con dosis de emotiva confianza en su trasegado discurrir de nuestra historia:
No me canso de repetir, sobre todo en este momento de nuestro devenir histórico, las sabias palabras del mejor guía o mentor que tener pudiese, si viene de  la sabiduría del gran Marco Aurelio: “Estas son las rotaciones del mundo, de arriba  abajo, de siglo en siglo. Y, o bien la inteligencia del conjunto universal impulsa a cada uno, hecho que, si se da, debes acoger en su impulso; o bien de una sola vez dio el impulso, y lo restante se sigue, por consecuencia… Pues, en cierto modo, son átomos o cosas indivisibles. Y, en suma, si hay Dios, todo va bien; si todo ocurre por azar, no te dejes llevar tú también por el azar”[5].

Llegará un momento nuevo en el que la espiritualidad de esta nación y sus instituciones militares, encontrarían fundamento de enorme solidez, todo lo cual tendría que ver con la llegada (anónima) del cristianismo a nuestra tierra. Cuestión de la que nuestro narrador dará cuenta en una próxima entrada.



Francisco Acuyo




[1] O Meditaciones.
[2] Así los calificaba el gran Adriano
[3] Marco Aurelio: Meditaciones, libro IX, Gredos, Madrid, 2001.
[4] Ibidem.
[5] Ibidem.


Los emperadores hispanos de la Roma más esplendente.Francisco Acuyo

jueves, 9 de noviembre de 2017

LA LEGIO VERNÁCULA: HISPANIA ENTRE JULIO CÉSAR Y OCTAVIO AUGUSTO.

Proseguimos con la andadura de Historia de un Diario, para la sección de mismo nombre del blog Ancile, con un nuevo post que lleva por título: La legio vernácula: Hispania entre Julio César y Octavio Augusto.



 La legio vernácula: Hispania entre Julio César y Octavio Augusto.Francisco Acuyo



LA LEGIO VERNÁCULA:

HISPANIA ENTRE JULIO CÉSAR Y OCTAVIO AUGUSTO.


 La legio vernácula: Hispania entre Julio César y Octavio Augusto.Francisco Acuyo




Desde  los crustae[1] –republicanos- de Azaila,[2] las pinturas de Celsa,[3] el mosaico opuis tessellatum,  en Ampurias,  hasta el fresco del Pavo Rea;,[4] o el templo de Vich, los acueductos, los puentes, los faros, los foros, los teatros, los pórticos, las termas, los arcos y otros monumentos sin cuento que poblaron la Hispania romana, llegó a configurarse muy singularmente el entorno urbano y rural de nuestra geografía (también el espíritu selecto de los avisados pobladores que se vio impregnado por los genios de Marcial, Quintiliano o Séneca….), no en vano aquellas magnas obras arte miran los siglos con infinita distancia, y entre ellos el Coliseo, que el poeta, tras su estancia en Roma, habría de causar hondo efecto, y en su perpetuo reflejo, todavía me parece escuchar de labios del mismo Marcial aquel: “Omnis Caesareo cedit labor Amphiteatro, unum pro cuntis fama loquetur opus[5].” [Sic]
                A este fragmento habría que añadir este otro no menos interesante que decía: Los consejos del insigne rétor, Quintiliano, quien se diría fuese envidia del mismo Isócrates, advertían en, De causis corruptae eloquentia, del descuido y aun de la depravación del arte de la elocuencia, que tanto hubo de  influir en Tácito y que fue sin duda senda a seguir por quien suscribe este momento de nuestra historia que, a la sazón, habría de conformar la imperecedera, Institutione oratoria, guía indiscutible de la retórica y su filosofía para cualquiera tiempo. [Sic]
 La legio vernácula: Hispania entre Julio César y Octavio Augusto.Francisco Acuyo                Tras el relato de estos fragmentos que reproducimos, la historia de este Diario toma singular carta de naturaleza. Ofrece visiones (¿de primera mano?) del acontecer histórico de la Hispania cuando en plena guerra civil parecía consumirse  Roma. Especialmente emotivo fuera aquel otro fragmento en que el gran Julio César lloraba ante el monumento a Alejandro en Cádiz:[6] ¡Qué poco he conseguido, ¡oh!, insigne Alejandro, con el mismo tiempo,  y aún a  edad más temprana ya conquistaste medio mundo…! […] [Sic]; para finalmente privar a Pompeyo del gozo de la conquista de Hispania; indeleble recuerdo dejó su derrota en Ilerda, [7] y, finalmente en Munda,[8] gracias a lo cual fue posible la romanización de Hispania, no en vano los nombres de Lucio Cornelio Balbo, Legio Vernácula, totalmente constituida por soldados hispanos.
Lucio Decidio Saxa y Ticio pasaron a formar parte del eximio senado romano, siendo todos ellos nacidos en la Hispania,  contando, además, con la ilustre
                Tras la muerte de César (en los idus de marzo del 44 a. C.), los conjurados intentan restaurar la república, muchas ciudades hispanas serían arrastradas a participar directamente en la guerra civil, lo que llevaría a dichas urbes a una posición preponderante cultural y políticamente en los momentos en los que se jugaba el designio de la misma Roma. Así resumía nuestro historiador su relato: Seis siglos nos contemplan junto al sentir de occidente en Hispania, como la que será nuestra lengua y la primera pericia de unidad hispánica;  así como el municipio, el Derecho y la sistemática jurídica, la educación superior….[…] [Sic]
 La legio vernácula: Hispania entre Julio César y Octavio Augusto.Francisco Acuyo                Si importante fue el paso de Julio César por el crecimiento cultural y político de Hispania, no iría a la zaga el de su sucesor, el emperador Octavio César Augusto. Este párrafo que trascribimos literalmente puede servirnos de singular referencia  para imaginar la situación del carácter e idiosincrasia de nuestro pueblo:
La legión de Julio César, la III macedónica, la V Victrix y la VI Alaudae, la VII hispánica y las Augustas I y II, las más eminentes y aventajadas tropas del Imperio romano, hicieron falta para, durante una guerra de veinte años, el doble de lo que césar necesitó para doblegar a las Galias, hicieron falta para acabar con la resistencia del resto de la Hispania, siendo precisa la presencia  y la dirección del “imperator” en territorio hispano (en Tarraco). Una vez que fue posible la pacificación de Augusto, la Hispania entra en plena comunicación con el imperio romano, lo cual entre, otras albricias, abocaría a los periodos de los grandes emperadores hispanos. [Sic]
                Tras estos párrafos vinieron otros de no menos consideración y dignidad histórica, los cuales dejaremos para próxima entrada.


Francisco Acuyo







[1] Imitación de mármol recortado conformando diversas figuras.
[2] Teruel.
[3] Velilla del Ebro.
[4] Siglo I d. C. en Bilbilis (Calatayud).
[5] Marcial: Liber despectáculis, epigrama I. Todo esfuerzo cede ante el anfiteatro de César, la fama hablará solamente de esta obra en lugar de todas las demás.
[6] Pensaba Julio César en su frustración al contemplar lo poco que había hecho en relación a las conquistas de Alejandro con la misma edad.
[7] Lérida, año 49 antes de Cristo.
[8] La actual Montilla.



viernes, 3 de noviembre de 2017

DE LA APOCOLOCINTOSIS Y LA OCUPACIÓN ROMANA EN LA HISPANIA DEL SIGLO III A. DE C. HASTA EL AÑO 154 DE NUESTRA ERA

Prosiguiendo con el relato de nuestra historia singular, traemos una nueva entrada para la sección, Historia de un Diario, del blog Ancile, esta vez bajo el el título. De la apocolocintosis y la ocupación romana en la hispania del siglo III a. C.



De la apocolocintosis y la ocupación romana en la hispania del siglo III a. C. Francisco Acuyo



DE LA APOCOLOCINTOSIS

Y LA OCUPACIÓN ROMANA  EN LA HISPANIA DEL 

SIGLO III A. DE C. HASTA EL AÑO 154 DE NUESTRA ERA



De la apocolocintosis y la ocupación romana en la hispania del siglo III a. C. Francisco Acuyo



Aun emboscado entre jarales, malezas, tenebrosas peñas, fuera singular testigo de aquel fementido proceso depredador de Roma, y pudimos constatar que fue eminentemente claro, que así se confirma en los anales -andando finales el siglo III a. C. hasta el año 154 de nuestra era- (al margen y pausa de la gloriosa y justa pax Sempronia[1], tan acorde con la intención humanista y pacífica de Publio Cornelio Escipión).[2] Largo y muy duro proceso, decíamos, que en sus desemejanzas, pudo contar con la ironía y mordacidad en la Hispania romana de genios de la tierra, por lo que muy bien pudiera haberse obtenido de cualquiera de ellos el mejor de los proemios a cualquier historia, incluyendo esta misma, y que de auténtica veracidad se precie; así recuerdo del genio estoico de Corduba, con aquello de: “Quiero transmitir a la posteridad lo que ocurrió en el cielo el día tercero antes de los idus de octubre” […][3] En cualquier caso, fue la doctrina de expolio, despojo y explotación de Marco Porcio Catón la que acabó por imponerse y, a la sazón, acabaría, para injuria de nuestros ojos, con la caída y el exterminio de la valiente Numancia y con el arrojado lusitano Viriato (nada menos que por el Africano),[4] y que habría de suponer, al fin,  una guerra abierta de Hispania contra Roma. [Sic]
                El relato de la mayor ignominia que alcanzó su punto culminante con el genocida exterminio de Numancia, según relataba nuestro singular testigo del cerco y la feroz y audaz resistencia numantina, supuso un grande enigma, por cuyos ocho mil habitantes (niños y mujeres incluidos) hubieron de resistir durante dieciocho meses el asedio de veinticinco mil romanos excelentemente preparados y pertrechados.
                Hubo entonces, tras sobrevenir estos y otros aconteceres de enfrentamiento que la Hispania entró en la historia de la misma Roma, y de hecho se acentuó esta integración al albur de las guerras civiles romanas (entre plebeyos o populares y patricios o aristócratas), agudizado el proceso tras la muerte de Tiberio Sempronio Graco. La primera gran contienda hubo de tener lugar en esta tierra hispánica con el enfrentamiento entre Mario y Sila y Julio César y Pompeyo, respectivamente.[5]
De la apocolocintosis y la ocupación romana en la hispania del siglo III a. C. Francisco Acuyo                […] Qué eminente episodio, sin ningún género de comparación o equiparable diligencia, para mayor gloria de la incipiente Hispania romana, hubo de inscribir el notable prófugo, insigne proscrito Quinto Sertorio, que habría de trascender allende nuestras fronteras, si fue desde estas desde donde inicia su rebelión contra Sila,[6] y por la que, tras extraordinarias victorias contra la dictadura aristocrática de Roma, acabaría por transformarse en el pujante caudillo capaz de concitar la unidad hispana bajo una excepcional empresa común: hacer frente a la tiranía de la Roma patricia. Así las cosas, ora hubo de configurar un ejército de verdadero cuño hispano con legiones, insignias, entrenamiento táctico romano (bajo mandos de celtíberos, lusitanos y otros pueblos de la Hispania); ora hubo de crear magistraturas, ora instituyó instrumentos para la verdadera difusión de una genuina educación romana y ora sembraba la semilla de la que una vez habría de florecer en la preclara y deseada ciudadanía romana. Aun después de su asesinato,[7] quedó franca la romanización para Pompeyo y Julio César en el cuento y cronología de nuestra gran Hispania. [Sic]
                De linaje, noble; de espíritu, crecido; de desventura, tanta,  que aún lo lloran desde entonces hasta ahora seguirán los siglos venideros. Así muy bien pudiera quedar resumida la semblanza que hizo en estos y otros escritos venturosamente recuperados nuestros autor y testigo del prócer Sertorio, que no pudimos sino sentirnos profundamente conmovidos por la grandeza de su figura y del conspicuo proceder que habría de incidir capitalmente en la que era nuestra incipiente historia, y que no nos dejó más remedio que guardarla en lo más señalado de nuestros anales, y aun en el corazón de aquellos que supieron apreciar su ínclita personalidad y bizarra eminencia. De todo ello y más cosas daremos cuenta en próximas entradas en este medio singular.



Francisco Acuyo





[1] Periodo ocupado por el gran pretor Tiberio Sempronio, 179 al 154 a. C.)
[2] Marco Poncio Catón quien asumió este carácter invasivo y predador y de sometimiento para el expolio y beneficio de Roma.
[3] Se refiere a Séneca, en su célebre Apocolocintosis
[4] Publio Cornelio Escipión Emiliano.
[5] 88-82 a. C. y 49-45 a. C.
[6] Año 83 a. C.
[7] Para la historia de la ignominia quedó su ejecutor Perpenna, quien habría de sucumbir a la máxima de Roma no paga a traidores, siendo finalmente ejecutado.




De la apocolocintosis y la ocupación romana en la hispania del siglo III a. C. Francisco Acuyo

miércoles, 1 de noviembre de 2017

CARTAGO Y LA "DEVOTIO HISPANA"

Para la sección histórica de España, Historia de un Diario, del blog Ancile traemos el post titulado, Cartago y la Devotio Hispana.




Cartago y la Devotio Hispana.Francisco Acuyo



CARTAGO Y  LA DEVOTIO HISPANA


Cartago y la Devotio Hispana.Francisco Acuyo


Tras su partida de Gadir, el gran Amílcar (Barca) tenía firmemente aherrojado en su feroz y ambicioso espíritu controlar la Turdetania.[…] Hubo de desafiar con audacia tras la fundación de imponente factoría en Akra Leuka a griegos y romanos, llevando a los suyos a la conquista de Hélike[1] y a la fundación de Kart Hadash[2]t o Ciudad Nueva. Fue, inevitablemente, la fragmentación, división desmembramiento característicamente hispano –proverbial, dirá yo-, lo que llevo a Amílcar a conquistar buena parte de España. ¡Ah! Qué inefable emoción rememorar en estos instantes, por  voz de Eneas (amante de la reina de Cartago, Dido) aquel promisor “Tu regere imperio populos, Romae, memento”[3]. (Sic)
                  Cerraba así uno de los fragmentos más intensos de estos primeros capítulos de su historia nuestro compilador –omnisciente- testigo de aquellas decidas y enérgicas campañas. Más adelante, rescatar pudimos de entre unos trozos manchados y muy maltrechos otras consideraciones muy dignas de reseñar de aquel enigmático diario:
                  Una vez asesinado el pacífico conquistador Asdrúbal , sería el muy joven, de gentil talle y apostura, célebre por su aguerrido talante y conocido como excelente estratega, Aníbal, quien tomara la jefatura militar en la Iberia de Cartago, dejando a propios y extraños admirados de su demanda, y quien haría inmortal a la granazón la resistencia heroica, para mayor gloria de los habitantes de aquel pueblo, de Sagunto, decimos (mediante la poliorcética),[4] tras su expugnación y total aniquilización, y en cuya hecatombe colectiva, tras destruir todo lo servible en la ciudad, hizo para la historia una de las más memorables e increíbles páginas de unidad, entereza y sacrificio colectivo; diera cuenta de todo ello el gran Tito Livio, cuyas descripciones han quedado como
Cartago y la Devotio Hispana.Francisco Acuyo
muestra y dechado excepcional de valor, notoriedad y renombre del que muy bien pudiera vanagloriarse cualquier nación del mundo si,  tal episodio inaudito y admirable repetirse pudiera. (Sic)
                  Esto contaba nuestro historiador, justo antes de acometer el relato de la llegada de Roma a nuestra península, donde habrá de acontecer la segunda guerra púnica, que tantos lances dignos de recuerdo habrán de ofrecer para nuestra historia. Tras vencer a olades, adentrarse en los valles del Duero y del Tajo, hubo de tomar Helmántica y Arbucala[5], aunque su ambición más profunda era acabar con la preponderancia de la potencia antagonista de su patria Cartago, Roma.
                  Publio Cornelio Escipión, en Hispania desde el año 217, llegó para reforzar las tropas romanas regidas por su hermano Cneo. Reconociendo rasgos proverbiales de individualismo de los pueblos de la Iberia, consiguió sembrar la disensión, la discordia y el conflicto en las hordas Cartago-ibéricas, llevando a sufrir el gran Aníbal la derrota, cerca de Tortosa, que habría a la sazón, de impedir en principio su ansiado avance hacia Roma. No obstante, habría de costarle al Escipión la vida en su avance por el valle del Betis, cerca de Cástulo, todo lo cual iba a provocar que la guerra púnica se decidiera definitivamente en Hispania. [Sic]
                  Proseguía en primera persona su relato contando como el segundo Escipión, hijo y sobrino de los Escipiones muertos en la campañas de la Hispania, habría, en nueva expedición, de conquistar Cartago Nova y que refería puntualmente de esta manera:
                  Liberados los rehenes hispanos, feroz y cruelmente retenidos por Cartago, hubo de enviarlos Escipión, como agentes de la misma Roma, a sus diferentes lugares de origen. Muy consciente de que la suerte de Roma estaba en juego en territorio de la Hispania, emprendió brava y audazmente viaje hacia la cuenca del Betis para su conquista, así fue que, en Ilipa, el pueblo, más fenicio que cartaginés, suscribieron con el romano inteligente alianza. La cruel actitud de Aníbal con los residentes de diversos lugares (como Iliturgi) no ayudo tampoco a encontrar alianzas contra Roma. Finalmente, no valorando estratégicamente Aníbal la guerra que se estaba decidiendo en Hispania, decidió regresar a África, donde acabaría por encontrar la derrota definitiva en Zama (202 a.C.)
                  De esta manera concluía otro párrafo crucial de nuestra historia y del diario personal de nuestro extravagante narrador en esta fragmentada biblioteca de nuestro acontecer histórico. No será desde luego el último relato de nuestro extravagante compendio histórico recogido, como tampoco será la postrer aparición de nuestro anónimo historiador en estas páginas que entretienen a quien tuviera a bien deleitarse o sufrir en ellas. Así proseguirá en próxima entrega su crónica y reseña.


Francisco Acuyo




[1] Elche
[2] Cartagena.
[3] Acuérdate, romano, que tu fin es dominar a los pueblos con tu poder. Virgilio en su Eneida.
[4] Técnicas de asedio puestas en práctica en las guerras del Peloponeso y Sicilia.
[5] Salamanca y Toro.


Cartago y la Devotio Hispana.Francisco Acuyo