jueves, 22 de agosto de 2019

¿LA (IR)REALIDAD DEL TIEMPO Y LA CERTEZA DE LA INFORMACIÓN?


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el nuevo post que lleva por título: ¿La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información? 

La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo


¿LA (IR)REALIDAD DEL TIEMPO


Y LA CERTEZA DE LA INFORMACIÓN?



 Cuando tratamos de entender la realidad acudimos a conceptos como espacio (ya hablamos de él anteriormente) así como el tiempo.  La infinitud del espacio en el universo nos hace interrogarnos si este tiene o puede tener la misma naturaleza infinita del espacio. La cotidianeidad inefable del tiempo (según San Agustín), para el matemático tiene un carácter familiar, sustentado aquél como proceso cuantificable, que nos hace entenderlo cual abstracción aplicada al cambio que pueden sufrir las cosas. En cualquier caso, el concepto aplicado a la realidad convencional de nuestras vidas es para casi todo el mundo algo incuestionable.

                El tiempo, como el espacio, son realidades (¿incuestionables, absolutas?) de nuestras vidas cotidianas. Vimos en numerosas ocasiones que esto no responde a la realidad (relativista) de lo que acontece en el universo. No obstante, el límite de la velocidad de la luz parece corroborar la extraña realidad del tiempo (como constante espacio temporal) relativa y no absoluta, y por tanto sujeta a la observación de los viajeros a velocidades cercanas a las de la luz; todo lo cual nos muestra una enigmática forma de realidad que estará sujeta a la gravedad. La curvatura del espacio-tiempo  la certifica la naturaleza y dinamismo de nuestro universo.
La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo


                Sin embargo, el origen singular de nuestro mundo (así como la existencia de singularidades como los agujeros negros), nos dice(n) que el tiempo mismo es algo no explicable dentro de las convenciones para medir los cambios en el mundo de los sentidos (o de las mediciones matemáticas de dichos cambios). ¿Había tiempo antes del big bang; o surge este con la gran explosión? En cualquier caso, lo que sí parece permanecer en el ámbito de esa singularidades es la información, aun cuando estas singularidades parezcan que entran en contradicción con la segunda ley de la termodinámica (y la entropía), que es la que hace posible precisamente la dirección temporal por todos reconocida sensorialmente. En cualquier caso uno de los pilares de la percepción de la realidad, cual es el tiempo, es puesto es cuestión por las mismas matemáticas, fundamentales para la descripción de cualquier estructura material y física, porque ellas sí que pueden situarse fuera del mismo para su realización y la explicación de cualquiera realidad física.

                No son pocos los que piensan, no sin fundamento, que aun no pudiendo constatar realidad física alguna (espacio, tiempo, materia…) sí existirían las matemáticas, e incluso podrían ser ellas la causa primera de la realidad física y material del mundo, habida cuenta de lo extraordinariamente bien que explican los fenómenos físicos mediante sus abstracciones. La sensación del transcurso del tiempo no es más que la ilusión (ya lo anunciábamos con anterioridad)  propiciada por nuestra propia ignorancia que, al fin y al cabo se ve alimentada por nuestra falta de conocimiento, y que viene propiciada por nuestra propia conciencia. Será esta, uno de los fundamentos básicos para la comprensión de lo que la realidad sea. Mas, de todo ello hablaremos con detenimiento en las próximas entradas de este blog Ancile.



Francisco Acuyo





La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo

martes, 20 de agosto de 2019

LA REALIDAD DEL INFINITO

 Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el nuevo post que lleva por título: La realidad del infinito.



La realidad del infinito. Francisco Acuyo


LA REALIDAD DEL INFINITO





Tras las indagaciones  llevadas a cabo hasta el momento sobre el concepto, significado  y potencial constatación de la realidad, y habiendo indagado desde ópticas bien distintas sobre su naturaleza y estructura (material y psicológica), hemos de reconocer las innumerables dudas no solo sobre la genuina realidad (si es que posible objetivamente), valga la redundancia, de la realidad, ni siquiera si hemos propuesto las interrogantes correctas para hacer accesible al entendimiento racional su dimensión verdadera (si es que esta también es posible sustanciarla de manera objetiva). Las incertidumbres crecen cuando se nos plantean realidades aún más extraordinarias e inquietantes (sobre todo desde la óptica de las matemáticas – y su contagio a la ciencia física-) como es el caso del infinito –ya hicimos referencia al mismo cuando tratamos también algunos de sus aspectos  en el ámbito cosmológico-. ¿Qué papel juega este en la composición de  lo que la realidad sea?

            Negar la infinitud bajo el prisma de la observación o experiencia sensorial, e incluso desde una lógica de andar por casa, es algo a todas luces muy humano y de fácil comprensión, sobre todo porque el sentido común nos avisa de que todo es transitorio y de que alcanza un fin, después del cual parece que todo se acaba. La cuestión toma un cariz peliagudo cuando desde el ámbito de las matemáticas se demuestra que el infinito es un objeto matemático netamente tangible: …. Él (el infinito) es el que, en su forma superior, nos ha creado y nos sustenta, y en sus formas secundarias transfinitas aparece a nuestro lado por todas partes e incluso habita en nuestras mentes (Georg Cantor). Esta afirmación se magnifica cuando demuestra que incluso había diferentes tipos de infinito, desde el aleph cero, primer infinito, que abriría el cómputo a los sucesivos infinitos. Pero acaso lo más fascinante del mundo de los conjuntos infinitos de Cantor era que no sólo se trataba de  un constructo mental, ya que el infinito actual es algo que está conformando a la propia naturaleza (y en consecuencia estructurando su realidad).
La realidad del infinito. Francisco Acuyo


            Podremos inferir de todo lo anteriormente expuesto que la realidad es algo no sólo difícilmente de constatar, acaso también de definir, ante todo porque las limitaciones de nuestro saber están delimitadas por nuestras fronteras en el conocimiento del mundo, y puede que también por las limitaciones de nuestros propios sentidos que nos impiden acceder a realidades para ellos imperceptibles. Podemos aspirar en este sentido a un conocimiento verosímil de la realidad y lo que en virtud de este conocimiento podemos decir de ella.

            El límite sobre lo que no se puede saber y expresar (Wittgenstein) sobre la realidad acaso sólo se pueda hablar mediante la poesía y las artes creativas y la introspección trascendente, que acaso puedan situarnos en la disposición de entendimiento que aspira a un saber que se articula un paso más allá del discurso conceptual, del juicio lógico (positivismo lógico), de la razón instrumentalista positivo-científica y reduccionista.

            Cualquier intento de entender (¿conocer?) la realidad debe pasar por la búsqueda profunda de explicaciones que deben integrar todas a aquellas entidades que quieren saber de ella, porque todo parece indicar que ellas conforman también una parte fundamental de dicha realidad. Aportaremos algunas nociones de interés sobre la realidad y su conceptualización y sobre su explanación en el ámbito de lo visible (perceptible), pero eso será en próximas entradas de este blog Ancile.



Francisco Acuyo

           
           
           

La realidad del infinito. Francisco Acuyo



jueves, 15 de agosto de 2019

LAS CUENTAS DE LO INCIERTO DE LA REALIDAD


A vueltas con el concepto y realidad de la realidad traemos el post que lleva por título: Las cuentas de lo incierto en la realidad, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.

Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo


LAS CUENTAS DE LO INCIERTO 

DE LA REALIDAD



 La incertidumbre cuantificada es acaso el legado más inquietante de la física cuántica, o lo que es lo mismo, el principio mediante el que podemos calcular el grado de desconocimiento que tenemos en relación a la propia estructura de la realidad.

                Las matemáticas (probabilísticas) de la teoría cuántica nos han llevado a un punto en el que acaso no sabemos muy bien lo que nos dicen de la realidad. Esta inseguridad plantea un serio desasosiego sobre los fundamentos de lo que en verdad sabemos sobre la base en la que se construye aquello que entendemos como realidad –perceptible-. La cuestión se vuelve aún más peliaguda cuando deducimos que, a escala subatómica, su estructura discreta –cuántica- nos ofrece un espacio más digital que analógico, o lo que es lo mismo, que no tienen una realidad física, lo que nos hace pensar que dicha realidad es sólo producto de la mente –matemática- que los ha descrito y probabilísticamente cuantificado.

                El concepto de realidad a partir de este instante ha de ser profundamente modificado. ¿Acaso es que la estructura de las partículas que fundamentan la realidad no tiene realidad? ¿Es que el mundo subatómico que sustenta el perceptual no existe? ¿O es que sencillamente, la realidad surge de la aproximación del observador que la crea a través de  dicha observación?
Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo

                Cuando la ciencia trata de verificar la realidad material pretende, mediante su método de verificación, explicar por qué el mundo es como es y cuál es el proceso que sigue para ser tal cual parece que  es, mas ahora nos cuestionamos si esto es posible sin valorar el sentido y la significación de aquello que tratamos de explicar. O es que acaso la afirmación de Heisenberg: Los átomos y las partículas elementales en sí mismas no son reales; forman un mundo de entes potenciales o de meras posibilidades, mas que de cosas o de hechos, no tiene consecuencias epistemológicas, ontológicas y filosóficas? Es aquí y ahora donde la palabra creación adquiere unos matices verdaderamente poderosos. Pero, ¿qué significa esto, si es que debe tener algún significado? En cualquier caso la célebre interrogante de ¿por qué hay algo en lugar de nada?, adquiere una nueva dimensión y necesita de un profundo debate que, irremediablemente va afectar a la idea del constructo de la realidad misma.

                Las consecuencias  de lo anteriormente expuesto afectarán incluso a la idea general del universo, su naturaleza y su origen (cosmología), para caer, al final de la cuenta, que hay muchas cuestiones a las  que no podremos dar respuesta (las leyes que rigen actualmente, por qué existen y, no otras? ¿En realidad hubo un origen singular del universo? ¿Hay uno o varios universos? ¿Es infinito o no el universo? La realidad de los espacios siderales es también una gran desconocida, lo que sabemos está basado en lo muy poco que podemos observar (materia luminosa), apenas un 5% de la realidad material y energética que constituye el universo.

                Esta manifiesta incapacidad de saber (no ya todo, al menos una parte sustancial) de la realidad, abre nuevas incógnitas sobre las fronteras que son accesibles a nuestro conocimiento y, por tanto, a saber en qué consiste la realidad, y, otro punto importantísimo, qué papel juegan nuestras conciencias en la realidad de ese mundo. Sobre este y otros aspecto particulares seguiremos indagando en nuevas entradas de Ancile.



Francisco Acuyo

               




Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo

lunes, 12 de agosto de 2019

RECUPERAR EL TIEMPO, DE PASTOR AGUIAR


Para la sección, Narrativa, del blog Ancile traemos otro espléndido relato del escritor y amigo Pastor Aguiar, que lleva por título: Recuperar el tiempo.




 Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar





RECUPERAR EL TIEMPO





Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar




Después de treinta años ausente en los países, fui a ver a Mima. Ya ella rondaba los noventa. Se me arrugó el corazón ante su imagen acartonada y frágil, disminuida la estatura como como si buscara algo oculto debajo de sus pies; pero tan clara de mente, que en pocos minutos recorrimos nuestras vidas de antaño.

_ Una sola cosa quisiera ahora, después que te vi_ Me susurró mirando alrededor.
_ ¿Qué?
_ Ir allá, donde estuvo la finca, nuestra casa, la única que sentí mía hasta el día de hoy.
_ Pero Mima, es muy lejos para tu edad. Sabes que no hay caminos, ni transporte.
_ Claro, lo sé mejor que tú. Sin embargo, es como una sed en el corazón, y sueño cada noche con ese viaje. ¿Me vas a llevar?

Me quedé pensando, me dolía respirar. Yo mismo pasaba de los setenta, aunque todavía saludable. Tendríamos que recorrer más de veinte kilómetros. Los primeros seis por la carretera central, hasta el entronque de Agüica. De allí en adelante diez kilómetros de terraplenes rumbo al barrio de Jacán, donde mi difunto padre me había inscripto semanas después de nacer. El último tramo eran cuatro kilómetros a campo traviesa, hasta un punto ya sin nombre, borrado de los mapas, sin sombra de los bateyes y fincas de antaño.

_ Maldita revolución socialista que nos desarraigó para siempre. Va a ser difícil localizar dónde vivimos. Todo lo buldozearon, no quedó casa ni arboledas. Ni los cañaverales prosperan, según me dijo mi hermano en una carta_ Agregué.
_ A mí no se me va a escapar nada. Cierro los ojos y veo cada mata de frutas, cada techo de la sitiería, hasta la gente a caballo y el olor a café. ¡Júrame que me vas a llevar!
_ No hay que andar jurando, Mima. Prepárate para mañana después de la salida del sol.
Le dije aquello sin estar convencido, pero una vez que escuché mi propia voz, no había marcha atrás.
Poco después del amanecer partimos hacia el parque central del pueblo. Por equipaje llevaba una mochila con varias botellas de agua, pan y café. De soslayo observaba yo los ojitos de Mima, apenas dos ranuras por las que fulguraban como un bando de pájaros, su curiosidad que para mí era dolorosa, pues tenía un sabor a levedad, a cosa irrepetible. Sin embargo, en todo ello, por instantes, había algo de niño, imitando mis escapadas de antaño.
Íbamos a paso de tortugas. Ella reordenaba sus huesos constantemente, mientras con la imaginación corría.


Demoramos casi una hora en llegar al parque, donde a cada rato un cochero gritaba su itinerario a peso. Eran carretones halados por caballos. Al fin alguien que me pareció conocido vociferó.

_ ¡Agüica!
_ Me parece familiar_ Le dije a Mima, que ya se acercaba a la escalerilla del vehículo.
_ Es hijo de Jesús el tuerto, que en paz descanse.
_ Igualito_ Concluí.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar


Yo la empujé hacia un banco lateral. Cabían ocho, pero a tal hora nos reunimos cuatro, a dos pesos por cabeza, porque eran seis kilómetros hasta el entronque que ya mencioné hace un rato.

_El problema va a ser allá en Agüica, a ver si la suerte nos acompaña.
_ Ya pasará algo_ Me aseguró ella agarrándose de mi hombro.
_ ¿Hace mucho que no vas a Jacán?
_ Tanto como al lugar donde estuvo la finca Concepción, más de media vida. Desde que te fuiste no he vuelto.
Demoramos casi una hora; muchas veces el coche se tenía que salir al costado de la carretera central por los pitazos de algún camión repleto de gente.

Por suerte, a los pocos minutos de espera en el entronque, se apareció un tractor halando una carreta vacía, al parecer caído del cielo.

_ Eh, amigo, ¿nos puede llevar? ¿Hasta dónde llega? _ Le grité al tractorista.
_ Hasta Jacán no paro, que me coge tarde.
_ ¡Ni mandado a buscar; espere un momento para acomodar la vieja!
De inmediato icé a Mima como si fuera de papel, y la acomodé en el piso de tablas, pegada a una de las estacas laterales.
_ ¡Dale!

El terraplén era un rosario de baches, y tuve que sostener a mi madre para evitar que fuera despedida contra la cuneta.

_ Todo se ve pelado; antes te encontrabas con un caserío a cada paso. Ya ni los pájaros vuelan por aquí_ Iba diciendo Mima con voz entrecortada por las sacudidas.
_ ¿Y Jacán, seguirá como siempre? _ Pregunté.
_ Bueno, me han dicho que el poblado ha crecido con los que se fueron mudando por causa de las intervenciones de sus tierras, aunque ya no hay notaría, como aquella donde tu padre te inscribió. El cementerio sí está igual que siempre, con Máximo el llorón de sepulturero.
_ Debe estar más viejo que Matusalén_ Comenté.
_ Imagina que es casi de mi edad, y dicen que los ojos le lloran todavía.

Máximo era un hombre solitario, célibe de por vida, cuyos ojos lagrimeaban constantemente; ni pestañas tenía.

_ Me gustaría visitar las tumbas por última vez_ Me susurró mi madre medio asustada.
_ Mira que no nos va a alcanzar el día.
_ Si nos agarra la noche nos quedamos en casa de Isabelita, la de Alfredo Pérez, son de los pocos que quedan por esos rumbos.

Faltarían dos kilómetros para llegar a Jacán, cuando el tractor dio un respingo tipo caballo que se espanta, y se detuvo en seco. Nos llegaron las maldiciones del conductor, quien a los pocos minutos, sudoroso y rascándose la nuca nos dijo.

_ Esta catana estiró la pata, tendré que mandar un recado a la granja, en caso de que pase alguien.
_ Ahora sí que le entró comején al piano_ Comenté.
_ Ya Dios nos mandará ayuda, hijo, no te apures.
_ Ojalá te oiga, Mima, ojalá.


El tractorista se alejó hasta la sombra de un almácigo a orillas del terraplén.
Al cabo de una hora, pasado el mediodía, la vieja comentó como si no fuera conmigo.

_ Sería mejor seguir a pie, la tortuga es lenta, pero llega.
_ En tal caso te llevaría a cuestas.
_ Qué va, no es para tanto, solo deja que me agarre de tu hombro.

Así las cosas, dimos las gracias al tipo del tractor y fuimos alejándonos al paso de las mareas cuando el agua se va retirando de la orilla.
Todavía la carreta estaba a la vista, y se me antojó una visión surreal.

_ ¿No oyes un ruido, Pepito?
_ Déjame afilar el oído.

Efectivamente, una especie de ronroneo fue aumentado de volumen, hasta que pudimos ver otro tractor deteniéndose junto al anterior. En un santiamén reinició la marcha hasta alcanzarnos. Los dos hombres se apretaban detrás del timón, pues no llevaban remolque alguno.

_ Milagro no engancharon la carreta. Brutos que son_ Me confesó Mima.
_ Si pueden, acomódense ahí, sobre los hierros de enganche_ Nos exhortó el conductor.

Con mil precauciones acomodé a mi madre y yo me mantuve en cuclillas. Eran esos artefactos de hierro para enganchar arados y carretas.

_ Dale suave, amigo, que la vieja se me puede caer.
_ No se preocupen, faltan par de kilómetros y el camino por acá está mejor_ Aseguraron los tipos entre carcajadas, pero aminorando la velocidad.

Todavía los vehículos abandonados eran visibles cuando todo se oscureció.

_ Lo que nos faltaba es un aguacero_ Dije.

Como por arte de magia el cielo el cielo se cuajó de nubarrones, y desde allí pude ver como un huso gris rumbo a la tierra.

_ ¡Un rabo de nube, carajo!
_ No seas ave de mal agüero muchacho.
_ Lo estás viendo Mima, como aquellos de antaño.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

Efectivamente, era un tornado que ya rozaba la tierra levantando un torbellino rojo. Pudimos ver la carreta abandonada subir entre un sinnúmero de ramas, hojas, polvo, y caer a pocos metros por un lateral. A todas estas nuestro tractor aceleró para escapar.

_ ¡Agárrate de mí, vieja, que nos desbaratamos!
Pero en menos de lo que canta un gallo la tromba se recogió hacia su origen y no cayó ni una gota sobre nosotros.
_ ¡Menos mal! _ Suspiré.
Mientras, el caserío de Jacán surgió alrededor, como por encanto.
_ Hasta aquí llegamos_ Nos alertó el chofer.
_ ¡Gracias amigo! _ Contesté.
_ Estamos a pocos pasos de la tienda_ Me aseguró Mima_ Allí vamos a encontrar a alguien de nuestra zona. 

Aunque no fue exactamente así, entre los clientes Mima descubrió a un viejo de grandes bigotes blancos, como aquellos de los libros de historia.


_ ¿No eres de los Acosta?, ¿de los hijos de Sinencio?
_ Sí, ¿y ustedes?
_ Soy María, la del difunto Pepe, y este es Pepito, mi hijo mayor.
_ Dichosos los ojos, caramba, estás igualita a treinta años atrás. ¿Qué hacen por estos rumbos perdidos en el mapa?
_ Quiero ver la finca, o lo que queda de aquello, por última vez.
_Ah, no les va a ser fácil darse cuenta. Lo que queda es caña raquítica y dos o tres matas de caimito casi muertas. Hace un mes estuve por allá buscando una vaca. ¿Y cómo piensan llegar? Con su edad no lo imagino. Son como cuatro o cinco kilómetros.
_ Primero quería ir al cementerio_ Le dijo Mima.
_ Bueno, eso es fácil, está a cien pasos de aquí. Yo demoro un rato, los voy a esperar para que vayamos a casa. Siempre hay algo de comer. Quién sabe si les presto un caballo.

Al paso de Mima, en media hora llegamos a la puerta del cementerio, tipo arco colonial. A partir de la entrada y por ambos lados se extendía el muro de poco más de un metro de altura, para completar el área semejante a una cuadra de la ciudad, en este caso, ciudad de los muertos. Entramos por el pasillo central rumbo a la capilla, alrededor de la cual se disponían las bóvedas y después los rectángulos con cruces y nombres. Yo recordaba que a la izquierda estaban las dos tumbas de la familia paterna, una de ellas con los restos de mi padre y abuelo.

_ ¡Cómo ha llovido desde aquel Julio del sesenta, Mima!
_ Fue el único trueno aquella tarde, y le tocó a él. Si cierro los ojos lo revivo al detalle.
_ Eh, ¿qué se les ofrece? _ Era la vocecilla aflautada del sepulturero.
_ ¡Máximo! No lo puedo creer, no te retiras nunca_ Le dijo mi madre mirándolo de arriba abajo.
Efectivamente, era nada más y nada menos que Máximo el lloroso, sin pestañas y los ojillos todavía llorándole. Flaco y pequeño, con unos brazos que parecían salirle de la raíz del cuello y que giraban acentuando sus palabras.
_ Llevas más de cuarenta años en este trabajito_ Le dije.
_ Mucho más, Pepito, mucho más. Allí está la tumba de tu padre, en el mismo lugar.
_ Debí haber traído flores, qué pena_ Agregó Mima.
Estuvimos un rato en silencio junto a la cruz, hasta que mi madre se enderezó halándome por un brazo.
_ Vamos, que se nos va el día.

Máximo nos acompañó hasta el terraplén central, y desde allí sus manos gesticulaban hablándonos.
Ya en casa del hijo de Sinencio, comimos un plato de arroz con frijoles negros y unas masas de cerdo fritas.

_ Bueno, ahí les ensillé el caballo, es muy manso, a veces se duerme con su propio paso, porque a pie no llegarán ni en una semana.

Una vez que yo tomé las riendas, Mima fue ayudada para acomodarse en las ancas, desde donde se sujetaba de mis hombros. Era una bestia muy vieja y mansita.

_ Acelera un poco, hijo, que se duerme el animal, es más lento que la mula de tu difunto abuelo.
_ Déjalo así, que si se encabrona va a ser peor. Ya llegaremos antes de que anochezca.
Pero en un recodo del camino y por causa del viento, se desprendió una hoja de palma con gran escándalo. Apenas me dio tiempo de apretar las piernas contra la panza del animal, cuando se desbocaba como un relámpago.
_ ¡Agárrate de mí, que nos vamos a pique! _ Grité a mi madre.
Yo sentí las manos huesudas a punto de arrancarme la camisa, mientras los cascos ametrallaban la tierra roja del callejón. Por mucho que halaba las riendas no había forma de aminorar la carrera, hasta que un río que no identifiqué en mis memorias, se nos atravesó.
_ El río Santa Bárbara_ Suspiró mi madre aterrada.

El caballo, en vez de detenerse, quiso volar sobre el cauce que tendría unos veinte metros de ancho, y todos nos fuimos a pique en medio de la corriente. Por suerte soy buen nadador y en pocos segundos sostuve a Mima con una mano al tiempo que con la otra me impulsaba hacia la orilla opuesta, por donde ya el animal se enderezaba sacudiéndose.
A duras penas logré arrastrar a Mima, quien temblaba por la mojazón y el miedo, pero gracias a Dios, sin daños mayores.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Ahora vamos a tener que dar un buen rodeo para llegar a la finca, hijo, digo, si llegamos.
_ Mira vieja, el caballo se tranquilizó.
Efectivamente, el animal mordisqueaba unas yerbas a dos o tres pasos de nosotros, con la silla chorreando aguas turbias.
_ El problema va a ser subirte sin ayuda.
_ Me subes a mi primero, y después lo haces tú.
Así hice, la acomodé sobre las ancas y con mucho cuidado, me elevé hasta la parte delantera de la cabalgadura.
_ Quién me iba a decir que con mis años todavía era capaz de estas aventuras, muchacho.

Así fuimos bordeando el río hasta un puente de madera, por donde retomamos el camino real rumbo a San Lorenzo, que así se llamaba la sitiería de antaño.

_ Ya ni linderos quedan. Mira, allí estuvo la casa de Pepe Aguerrido, aquel solterón, ¿lo recuerdas?

_ Claro que sí, Mima, dicen que tenía a su abuela loca amarrada e un poste en medio del cuarto, pero nadie pudo verla hasta el día del entierro.
_ No nos va a quedar tiempo para que vieras la laguna de Asiento Viejo, donde tu padre pescaba manjuaríes y cazaba pájaros acuáticos.
_ No, pero ya me han dicho que no vale la pena. Con los diques del gobierno se ha quedado apenas como un charco en la parte de la poceta, por donde dicen que se ocultaba la madre de agua.

Y conversando, reviviendo con palabras lo inexistente, fuimos acercándonos a una de las pocas casas de la zona, la del difunto Alfredo Pérez, tío de Mima. Un bohío de paredes de tablas y techo de hojas de palmeras en medio de una pequeña franja de tierra roja sembrada de yucas, maíz y plátanos. Allí vivían su hija Esperanza y Caruco, el hermano menor, además de varios muchachos y el marido de Esperanza.

_ Acá nos va a coger la noche_ Me aseguró Mima.
Nos vinieron a recibir al patio, con los primeros abrazos y gritos de júbilo.
_ Espera mujer, para ayudarte a desmontar_ Exclamó Caruco quitándose el sombrero.
_ No han cambiado nada; Pepito un poco más blanco, seguro que en los países no hay tanto sol_ Dijo Esperanza, agregando.
_ Seguro que no han almorzado, y ya es hora de comida, así que voy a preparar la mesa.
_ No te preocupes, hija, que no contaban con nosotros.
_ María, siempre cocino para que sobre, por si acaso, como hacía tú.

A los pocos minutos nos sentamos frente al rectángulo de madera en sendos taburetes con asientos de cuero. Había arroz con frijoles negros, plátanos maduros fritos y masas de cerdo.
Esperancita, como le decíamos todos vigilaba para rellenar los platos.

_ Ya no puedo más_ Acabó diciendo mi madre.
_ Bueno, pero no pueden despreciar el postre. Buñuelos de tuca con miel de abejas. Tenemos tres colmenas debajo de la arboleda.
_ Menos mal que aunque sea podemos ver una arboleda en este campo desolado_ Dije.
_ Así es, Pepito. Por allá por los Calderines vive Alfredo el de Perera. Allá también queda algo. Se dedican a sembrar piñas para el turismo.

Alfredo era contemporáneo conmigo, y jugábamos a diario en el batey. Nos llevábamos como hermanos. Después él se casó con la hija de uno de los Calderines y se dedicó al campo alternando con el magisterio, pues daba clases a tres niños que quedaban en la zona.

_ Bueno, si siguen viaje ahora, los agarrará la noche. ¿Por qué no se quedan hasta el amanecer? Tenemos una cama lista_ Aconsejó Esperanza.
Aunque no dije palabra, me quitó la idea, sobre todo por Mima.
_ Imagina, el caballo es prestado, van a pensar que nos pasó algo_ Agregó mi madre.
_ Ya ellos sabrán que no es hora para completar un viaje y estar de vuelta antes de que anochezca_ Afirmó Esperancita_ No hay más discusión, se quedan, y con el primer gallo siguen su camino, que falta casi un kilómetro.

Yo estuve soñando con lo del trueno que mató a mi padre aquel cinco de julio, a pocos días de cumplir mis diez años de edad.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Te oí gritar dormido, hijo.
_ Debe ser por la pesadilla con lo de la muerte de Pipo.
Con los primeros claros el día, ya Esperanza nos esperaba con leche caliente y café.
_ Para que entonen el estómago. Si llegan a los Calderines seguro los obligarán a almorzar.

Una vez que me aseguré sobre el caballo, Caruco ayudó a subir a Mima, y al momento enfilamos rumbo al recuerdo de la finca.
Todavía la guardarraya de antaño se alargaba entre cañaverales raquíticos, y solo donde había vivido José Borges, hermano de mi abuelo materno, quedaba una mata de ciruelas.

_ Tantas veces que vine a visitar a Vita y José, carajo. Ya estamos entrando a los terrenos que fueron de abuelo Luciano, después otro callejón, la esquina de la tienda del moro, y lo que fue asiento de nuestra casa.
_ Hijo, si no fuera por ti, me iba a morir sin ver todo est por última vez.
_ Nunca digas que es la última vez, te queda mucho por delante.


Cuando pasamos por un pequeño montecillo de zarzas, más allá, descubrimos la única casa de los alrededores, la escuela primaria con su inodoro de tablas al fondo, como en el siglo anterior. La escuela anterior fue de madera también, pero durante mi cuarto grado, los alzados le dieron candela, y estuvimos recibiendo clases en la casona de mis difuntos abuelos paternos, hasta que hicieron esta construcción de concreto y techo de zinc.

_ Quiero bajarme aquí, Pepito. Dejemos el animal al lado de la escuela. A pocos pasos me parece ver la guardarraya que atravesaba el batey rumbo a los potreros. ¿Recuerdas cuando íbamos de visita a casa de tu difunto tío Juan? Vivía pegado al cuartón de los terneros. Allí jugabas toda la tarde con tus primos. ¿Qué será de sus vidas?
_ Quién sabe, Mima, ha llovido mucho desde entonces, y no solo lluvia, sino el ciclón del comunismo que lo arrasó todo.
_ Veo otro caballo debajo de aquel ateje al fondo de la escuela, ¿será Alfredo el de Perera? _ Pregunté.
_ No lo dudes, muchacho, si da clases como dice Esperanza, debe ser él.

Me deslicé a tierra primero para ayudar a desmontar a mi madre. Después nos acercamos a la puerta de la construcción de una sola pieza, y nos asomamos al aula. Contamos tres estudiantes. Al frente Alfredo, vistiendo una guayabera blanca. Terminaba la clase. Acto seguido, mientras los niños escapaban al patio, él dejó la guayabera en un pequeño escaparate junto al pizarrón y se colocó una camisa de trabajo de mangas largas, y encajetó el sombrero de campo. Uno de loa alumnos, hija suya, lo esperaba cerca del caballo.

_ ¡No puedo creer lo que mis ojos ven! ¡Nada menos que María y el desaparecido Pepito! ¿O sueño despierto?
_ Cabrón, no has cambiado en nada. Por acá no pasa el tiempo. Dos o tres canitas de lidiar con el magisterio, y nada más.

Enseguida él vino a abrazarnos. Ya la niña se aproximaba halando al caballo por las riendas.

_ Esta es Azucena, mi hija menor, pues el mayor estudia secundaria en Colón. Cualquier día les hacemos la visita allá.

Estuvimos charlando un rato durante el cual recapitulábamos la infancia, las picardías que hacíamos, los juegos de pelota, las matas de la arboleda.

_ Miren lo que queda de todo aquello, tres matas de caimito moribundas. Pasaron buldóceres para sembrar caña. Van a necesitar un adivino para encontrar dónde vivían ustedes. Debe ser por allí_ Dijo estirando el brazo al sur.
_ Vayan ustedes, que nosotros nos quedamos un rato reconstruyendo tanto pasado_ Le dije.
_ Pero los espero con el almuerzo listo. Además, les tendré unas piñas para que se las lleven. ¿Recuerdas el camino?
_ Claro, aunque hayan borrado el callejón hondo; no me perderé. Además, los campos de piñas me avisarán_ Dije.
Alfredo se fue al paso de la bestia con su hija agarrada de sus espaldas.
_ Bueno, a lo nuestro_ Dijo Mima alejándose con inusitada rapidez entre los primeros surcos de un cañaveral amarillento que no pasaba de la cintura.
_ ¡Pepito, mira, una mata de marilope de nuestro patio!
Efectivamente, las flores amarillas de la planta parecían insultar a las cañas anémicas. Me puse a registrar la tierra roja mezclada con paja y saqué un pequeño trozo de cemento que me eché en un bolsillo del pantalón.
_ Esto era del piso del comedor, estoy seguro. En aquel claro a veinte pasos veo el esqueleto de la mata de limones, ¿te acuerdas cómo me mandabas a traer dos o tres para la carne?
_ Claro que sí, y al lado estaba la mata de güira. Allí vivió, antes de que tú nacieras, Dominga Melitina. La pudiste ver con la cabeza blanca, cuando se había mudado al Desquite.
Mima parecía flotar sobre las cañas, sus gestos iban armando cada detalle de un paisaje que solo su memoria hacía posible. Vi par de lágrimas en su rostro de casi nunca haber llorado, pues acostumbraba a decir que ella, cuando lloraba, lo hacía por dentro.

Nos quedamos más de una hora en silencio, a veces cerrando los ojos, hasta que la escuché decir.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Ya, hijo, podemos irnos, estoy tranquila y como si me hubiera curado de la vida.
Una vez más la empujé sobre el lomo del animal para después montar yo. Al rato descubrí los campos de piñas y el caserío de los Calderines, el único que sobrevivía en la zona.
La primera casa resultó ser la de Alfredo. Lazarita, hija de uno de los Calderines y su esposa, nos esperaba con la mesa dispuesta, hasta una botella de vino tenían.
_ Es vino de piña, lo hago yo mismo_ Exclamó Alfredo llenándonos sendos vasos orgullosamente.
_ ¿Todavía existe la laguna del berraco? Recuerdo que cuando llovía mucho se comunicaba con la de Asiento Viejo_ Pregunté.
_ Claro, pero ahora es un charco que casi se seca en invierno, ya ni biajacas tiene, solo sapos_ Dijo Alfredo mientras su mujer nos repletaba los platos con arroz, frijoles negros y cerdo frito.
_ ¿Y tu hermano Osva, el isleño, por qué no vino?
_ Está muy gordo, con diabetes. No le gusta salir del pueblo después que se desmayó por la presión alta_ Le contesté a mi amigo.
La sobremesa se prolongó hasta media tarde. Vi que Mima se intranquilizaba y concluí.
_ Bueno, familia, tenemos que irnos, ya van a ser dos días escapados de la casa, y por allá deben andar preocupados.
_ Les ayudo a montar. Después les alcanzo este saco de piñas.
Así fue. Comenzamos a desandar lo andado rumbo a Jacán.
_ Va a ser muy tarde para encontrar en qué irnos a Colón, Mima.
_ Creo que sí, ya no me importa el tiempo, nada me importa después de hoy. Me parece que he vivido más de cien años, hijo.



Pastor Aguiar







Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar



jueves, 8 de agosto de 2019

DE LA REALIDAD VISIBLE Y LA INVISIBLE

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: De la realidad visible y la invisible.


De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo


DE LA REALIDAD VISIBLE Y LA INVISIBLE


Una de las deducciones más necesarias e interesantes de lo expuesto sobre el concepto y realidad de la realidad misma, pasa por el reconocimiento de que lo que podemos percibir de ella es mucho menor de lo que ella es en realidad.

                Aquello que denominamos evidencia experimental exhibe necesariamente una limitación clara, así lo demuestra el hecho de que lo que podemos acceder por conocimiento directo es muy poco: así se deduce de lo que sabemos del universo y sus asterismos o de su fenomenología y naturaleza, ni el constructo o estructura íntima de la materia, ni muchas impresiones sensoriales que damos por sentadas en su aparente certidumbre.

                En todo caso nos vemos obligados a superar cualquier solipsismo si queremos hablar con cierta propiedad sobre la cuestión de la realidad, más aún cuando hoy podemos acceder a elementos sensoriales artificiales que pretenden simular una realidad concreta, hablamos de los artefactos generadores de realidad virtual. ¿Cómo distinguir la genuina realidad de una generada artificialmente? Todo parece indicar que esto va a depender de la capacidad de interacción de la virtualidad con la realidad de lo artificialmente generado y del grado de impredecibilidad que contenga la realidad virtual generada. De todas formas, lo que cabe inferirse en cualquier caso es que la experiencia sensorial será siempre una infinitesimal parte de la totalidad (que es la que a la ciencia interesa) la que finalmente seremos capaces de captar.

De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo                Pero también es cierto que la distinción entre lo virtual o artificial de una realidad creada, no solo no es clara, sino que muchas de las maneras de conocimiento de las que somos acreedores muy bien pueden considerarse como virtuales: en muchos aspectos las abstracciones matemáticas los son, así como el ejercicio imaginativo que no es, precisamente, portador de un conocimiento directo y, acaso, porque nuestra experiencia sensorial tampoco lo sea.


                ¿Significa (inferido de lo anteriormente señalado) que la realidad independientemente de nuestra observación y experiencia no tiene una realidad intrínseca? ¿O, simplemente, es que no podemos apercibirla directamente?

                Que tengamos que aceptar que el conocimiento que tenemos de la realidad es en el fondo virtual, hace de la realidad universal una problemática de resolución bastante delicada y de no fácil acercamiento por su compleja e insólita naturaleza. Nuestra propio acercamiento a la realidad no deja de ser antrópico, así como que todas nuestras respuestas o soluciones (científicas) a dicha problemática habrán de conducir a nuevos problemas que, a su vez, exigirán nuevas explicaciones (K. Popper). Hasta aquí, me atrevo a conjeturar que es extremadamente difícil, si no es un error, la distinción radical y taxativa del sujeto que observa  y del objeto observado, ya que nos hace mantener la ilusión de un yo capaz de distinguir objetos.

                A tenor de todo lo expuesto en la serie de reflexiones sobre la realidad que hemos llevado a cabo en estas entradas, es muy razonable pensar que la realidad puede ser ambivalente en tanto que responde a unas singularidades constatables en el ámbito de la ciencia de la física clásica y otras en el ámbito de la mecanocuántica, pero ¿es cierto que hay dos tipos de realidades en atención a su naturaleza y estructura? ¿ Y, de ser así, qué papel juegan las matemáticas, habida cuenta que tanto en una y otra realidad son fundamentales para establecer pilares idóneos para su conocimiento? Sobre estas y otras cuestiones hablaremos en entradas posteriores de este blog Ancile.



Francisco Acuyo



De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo



lunes, 5 de agosto de 2019

LAS REALIDADES INTANGIBLES


Con el título de: Las realidades intangibles, traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, un nuevo post que insiste sobre la temática y concepto de realidad.

Las realidades intangibles, Francisco Acuyo


LAS REALIDADES INTANGIBLES




Hablábamos unos post atrás de las realidades intangibles que conforman nuestra realidad, y que aceptamos como hechos integrantes e incontestables de nuestras vidas, acudíamos a las abstracciones matemáticas, a las proposiciones lógicas, éticas, estéticas (podríamos incluir las introspecciones hacia lo trascendente)  y también hacíamos alguna referencia al ámbito de la poesía, como ejemplo genuino de ejercicio creativo, que puede inundar nuestras vidas con el inasible aliento de emociones, pensamientos e intuiciones muy diversas.

                A nuestro juicio resulta inevitable la interrogante siguiente a la luz de estas indiscutibles realidades intangibles, a saber: ¿Cómo inciden estas realidades en el mundo físico y desde luego biológico (neurológico, si aceptamos que la conciencia es un epifenómeno del cerebro, y  es la fuente de aquellas realidades matemáticas, lógicas, poéticas…)? ¿Puede acceder nuestro sistema neurológico a aquellas verdades intangibles? ¿O, puede que esas realidades intangibles sean las responsables incluso de nuestra propia conciencia?
Las realidades intangibles, Francisco Acuyo


                Son aquellas cuestiones acaso muy necesarias para responder a la realidad de todo aquello que, sin estar estrictamente sujeto a las percepciones y experimento como algo con consistencia y realidad independiente, y por tanto propia. En este caso, el dominio de la poesía puede resultar interesante, en tanto que, si se mueve entre las analogías, las ambigüedades, las paradojas… y por tanto nos imbuye en el universo de la incertidumbre, sí es cierto que ofrece explicaciones para un entendimiento integral de la conciencia como fuente de emociones, conocimiento, interpretaciones éticas, de belleza, etc… y todo desde  el caos de las sensaciones, tratando o desarrollándose en una suerte de lógica singular (poética) desde la que poner un cierto orden entre la conciencia y el mundo. Esto en matemáticas se da por cierto, en tanto que tras la superación de la certeza absoluta de su disciplina (teorema de la incompletitud de Godel), ya no aspira tanto a la búsqueda de certezas absolutas como de explanaciones realistas del mundo.

                La aceptación (de la ciencia, de la matemática –la asunción clara de esto por parte de la poesía-) de la imposibilidad de hallar certeza alguna en nuestros conocimientos sobre la realidad, es imprescindible para un acercamiento profundo, amplio e informado de lo que la realidad sea. Puede que aquellas realidades no perceptibles tengan propiedades y objetividad propias que, independientes de las leyes de la física, acudan a ella para adquirir algún conocimiento de ese reino[1].

                Acaso cuando entendamos la verdadera dimensión de esas realidades intangibles, comencemos también a comprender los límites de nuestras percepciones y cómo la conciencia participa de las ilusiones de sus certezas, cómo el flujo –temporal- que invade sensorialmente nuestras vidas no tiene más realidad que la ilusión que el mago ofrece en la desaparición de una carta entre sus hábiles dedos. En este acto de prestidigitación  entretenemos nuestras vidas imaginando certezas intentando hacer viable nuestro desconocimiento sobre lo que somos: imaginando lo que fuimos, somos y seremos, y todo por no contemplar la -¿inimaginable?- totalidad que conforma y estructura la realidad. Abundaremos sobre estos aspectos más adelante, en nuevos post al respecto.



Francisco Acuyo






[1] Deutsch, D.: La estructura de la realidad, Anagrama, Barcelona, 1999, p. 259.




Las realidades intangibles, Francisco Acuyo

jueves, 1 de agosto de 2019

CONCIENCIA: FUNDAMENTO DE TODA REALIDAD


Insistiendo en la temática sobre el concepto de realidad, traemos una nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile;esta vez bajo el título de: Conciencia: Fundamento de toda realidad.



Conciencia: Fundamento de toda realidad. Francisco Acuyo



CONCIENCIA: FUNDAMENTO DE TODA REALIDAD




 CUALQUIERA persona atenta reconoce que la percepción de cualquier realidad (incluyendo la misma que informa y estructura la materia) depende y se fundamenta en lo que denominamos conciencia.[1] Esto será así tanto si consideramos la conciencia como un mero epifenómeno del cerebro, como si queremos atribuirle una dimensión más amplia, profunda y compleja (véase las relaciones y conceptos que la emparenta nada menos que con la naturaleza de Dios y otras aproximaciones trascendentes).

                Las diferentes ópticas sobre la naturaleza de la conciencia no hacen sino trasladar un grado más sobre su importancia y complejidad, si no de inusitada perplejidad sobre su influencia en lo que la realidad sea. Ya sea nuestra intención dualista (cartesiana) o de mera emergencia,  entender el fenómeno de la conciencia se ha transformado en algo de capital importancia para entender la realidad del mundo. Algo de esto hemos podido dilucidar en anteriores entradas cuando nos hemos referido al mundo subatómico y las singularísimas y extrañas características que lo fundamentan, estructuran y realizan.

                Está claro que la (supuesta) subjetividad de la conciencia nos conmina a moderar nuestras afirmaciones sobre lo que sea la realidad (o dónde se encuentra esta), ya que hemos de considerarlas como interpretaciones aproximadas, más o menos cercanas a la realidad misma. La cuestión medular de la conciencia como vía de entendimiento de la realidad parte del hecho de que la conciencia siempre es más que la suma de lo que supuestamente conforman las partes de aquella (se la ha comparado a una red matemática de interacción compleja de información alimentada por patrones y simetrías de variada índole). Sea o no una red que se retroalimenta de información, está claro que la interconectividad de la conciencia es de una enorme complejidad que, a mi juicio, la lleva más allá de una mera percepción del sí mismo, además nos embarga en la interacción con el mundo (consciente o inconsciente) y, lo que es más importante y extraordinario:  hace al portador de conciencia genuinamente creativo.
Conciencia: Fundamento de toda realidad. Francisco Acuyo

                Que la realidad de la conciencia está implicada en la realidad del mundo es algo que no es discutible por la ciencia. Cuestión a parte será si participan de la conciencia únicamente los seres humanos, o si aquella es una suerte de red compartida de información, es decir, es un fenómeno que no se circunscribe al ámbito del entendimiento humano y participan de ella otras entidades (inteligentes) y en qué grado afectan estas al entramado que entendemos como realidad.

                De todas formas el concepto de conciencia implicado en el de realidad  nos lleva de manera irremediable al dominio o territorio del lenguaje. Aquello que es privativo de la conciencia necesariamente nos remite al lenguaje si el sentido que aportamos a dicho lenguaje no nos engaña en virtud de la verdad que encierre dicho lenguaje; mucho da para argumentar al respecto de la conciencia el lenguaje poético, si adalid de la verdad que se fundamenta en la belleza de sus dictados, y acaso también lo que la emparenta con las matemáticas en la búsqueda de la certeza (exactitud de lo expresado) en relación con el mundo, no solo de la materia (matemáticas), también de las emociones, del sentido existencial (filosófico) y de lo que acaso trasciende la misma materia en cuanto que impulso creativo crea y recrea el mundo desde la insustancialidad que supone la misma conciencia, si es que esta interviene en los procesos de generación de la realidad, como a todas luces así parece. Lo mismo que la lógica matemática surge de la necesidad de la demostración de sus argumentos -discursivos- matemáticos al amparo de juicios estéticos[3] para una determinada elección lógica de verdad, la lógica poética se embarca en la búsqueda de la verdad del juicio estético que conforma su verdad poética.

                Una nueva y singular analogía entre matemáticas y poesía puede surgir del concepto mismo de conciencia, si esta está implicada en la configuración de la realidad, y es el carácter paradójico[4] del discurso poético y que, a la sazón, comparte el matemático (a pesar de los encarecidos esfuerzo de Hilber por demostrar lo contrario) en la incompletitud de sus proposiciones, que habría de compartir en lo más íntimo de sus fundamentos lógicos con la paradoja de la contradicción: Dios existe porque las matemáticas son consistentes, y el Diablo existe porque no podemos demostrarlo (que diría, André Weil). Esta nueva incertidumbre se hace dueña de la misma esencia del fundamento de la realidad, si es que este es mediante el que se construye nuestra idea de la realidad material; y este deducible del ámbito de la matemática.

                La conciencia y su implicación en la construcción de  la realidad de forma inevitable trae nuevas y cada vez más complejas interrogantes, como ¿qué es lo que hace consciente a la mente(s) capaz(ces) de sus extraordinarias cualidades, y ¿cómo afectan estas a la estructura misma de la realidad? Abundaremos sobre esto en siguientes post del blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Véase en relación a la temática de la conciencia las numerosas entradas de este blog dedicadas a esta fascinante realidad que informa y estructura el mundo. 
[3] La implicación de la belleza en resolución de un teorema es algo básico para la verdad que acompaña dicha resolución.
[4] Ciencia de la paradoja decíamos en otra ocasión, ver otros trabajos sobre la temática de la conciencia en este blog.


Conciencia: Fundamento de toda realidad. Francisco Acuyo