viernes, 21 de agosto de 2026

SENTIDO Y SENSIBILIDAD EN EL NÚMERO POÉTICO: LA MÉTRICA COMO UNA TEORÍA DE CONJUNTOS

 No deja de causarme asombro la alergia de no pocos poetas al mundo extraordinariamente sutil y bellísimo que encierra el ámbito de la métrica poética. De hecho, cada vez que me dispongo a indagar sobre ella, mayores maravillas descubro del vasto y raro dominio de la poesía. Por eso, sigo la senda de otras entradas con otra nueva al contemplar las relaciones profundas de aquella con la matemática. Por eso, para la sección de Poesía y matemáticas, traigo un nuevo post que lleva por título: Sentido y sensibilidad en el número poético: la métrica como una teoría de conjuntos.


SENTIDO Y SENSIBILIDAD EN EL NÚMERO POÉTICO:

LA MÉTRICA COMO UNA TEORÍA DE CONJUNTOS



Sentido y sensibilidad en el número poético: la métrica como una teoría de conjuntos. Francisco Acuyo




Decíamos en anteriores entradas que el número poético se diferencia del estrictamente simbólico matemático moderno en su proceso de cálculo que su número no tiene aspiración de tener significado semántico o lingüístico. El número poético (silábico, de pie métrico, de cláusulas…) tiene una estrecha vinculación con la palabra como portadora de ritmo, de eufonía, de significado, de expresividad… según su situación en el verso. Es, pues, claro que el número métrico no se sitúa dentro del ámbito lógico simbólico aritmético, donde 1 + 1 no necesariamente tiene que dar 2. 

No hay sistema métrico que su  base sea aritmética, pero no por ello deja de ser matemática. Esto es así hasta el extremo en el que incluso el número cero (heredado de la India), en métrica, si quisiésemos hacer una formulación matemática de determinado verso en esta o aquella estrofa o poema, puede simbolizarse con la pausa, la cesura, el final de verso…, como silencios primordiales para la comprensión de cualquier poema. Podríamos añadir que existen tantos sistemas métricos como clase de versos en una lengua.

En poesía podemos ver cómo los enunciados que contienen los versos pueden ser reconocidos en una operación aritmética de contabilidad, pero también en una no aritmética, en tanto que las palabras pueden no convertirse estrictamente en números al estar unidos al significado profundo del poema, cuyo sentido será mayor o menor expresivo en virtud de la situación de aquellos números que se traducen rítmicamente en eufonía vinculad a su vez a aquella precisa situación y no a otra. No es posible pues que un número estrictamente contable o computacional sea capaz ni siquiera de emular el poema verdadero en tanto en cuanto que dicha significación irá unida directamente al organismo vivo que no puede sustraerse a ese sentido que lo produce: el poeta.

Sentido y sensibilidad en el número poético: la métrica como una teoría de conjuntos. Francisco Acuyo

Inferimos de todo esto, que la poesía, formalmente expresa en el verso y en el poema, es deudora de su fuente original que es la de la vida, por lo que su organización y estructura está vinculada dinámicamente a quien la produce o crea en el verso, aunque esto pueda ofrecer en su singularidad
orgánica un rastro matemático.

Es curioso que, si el formalismo matemático quedó superado, en el ámbito de la métrica encontremos dos posicionamientos opuestos que ninguno de ellos se atiene a la realidad funcional de la estructura métrica del verso. Por un lado, los que rechazan cualquier soporte rítmico poético, rechazando de plano cualquier aportación al dominio de la métrica al conocimiento del verso y por tanto de la poesía y, por supuesto para su construcción. Esta perspectiva no merece ningún comentario por razones obvias. Por otro lado, están los que se atienen al constructo métrico en base a la preceptiva tradicional que alega un funcionamiento estricto de sus normas rítmicas porque piensan que el verso y el poema es una máquina cuyos engranajes rigurosos garantizan el óptimo funcionamiento del verso y del poema. Está última visión, que podría emparentar con rigorismo formalista matemático, es la que sí merece la atención y desde luego la crítica.

Si la atención al número poético deviene en primera instancia en virtud de un comportamiento aritmético de sus estructuras rítmicas, los complejos patrones que se derivan y aplican a la palabra, al lenguaje poético en su medida, no devienen linealmente en su discurso y composición y por tanto no son el resultado de la suma de sus descriptores o de sus las partes que lo componen, su comportamiento complejo e impredecible (caótico, en ocasiones) debido a su peculiar autointeracción, nos dice que nos movemos en un sistema aproximativo que, en ocasiones puede recordarnos a la dinámica de fluidos.

Como curiosidad final de esta reflexión diría que le constructo métrico matemático del verso y del poema, se acerca su descripción matemática, más que a la aritmética a la matemática de conjuntos que describió en su momento el genial Georg Cantor. Los números, en métrica bien podrían considerarse como conjuntos de elementos rítmicos que han de incidir en la propia eufonía, expresividad y semántica del poema. Vemos que los ingentes datos que puede ofrecer un verso, no digamos un poema, subyacen multitud de subconjuntos que pueden tener propiedades compartidas que se reflejan en determinados patrones y tendencias estructurales dinámicas de la composición del verso.

Trataremos de concretar algo más esta visión teórica en próximas entradas del blog Ancile con algunas aproximaciones o ejemplos prácticos en algunos versos.


Francisco Acuyo



Sentido y sensibilidad en el número poético: la métrica como una teoría de conjuntos. Francisco Acuyo

martes, 18 de agosto de 2026

MIRADOR DE SAN CRISTOBAL, FRANCISCO SILVERA

 Para la sección de Poesía del blog Ancile les ofrecemos el conjunto de poemas que llevan por título: Mirador de San Cristóbal, del poeta escritor y amigo Francisco Silvera, que dedica estos poemas a la gran poeta y también amiga común Rosaura Álvarez.


MIRADOR DE SAN CRISTOBAL,

DE FRANCISCO SILVERA




 

I

 

 

 

Plena de la luz

de Granada, líneas

de jardín al aire,

Rosaura parece.


un hada en su carmen

que es la Tierra toda

con el Albaicín

que baila en redor,


estrellas, planetas,

ciudadela roja

semejando al sol

 

sobre una ciudad

de tiempo parado

que ella piensa adentro.

 

 

II

 

 

Tristeza de pérdida,

explica Rosaura

feliz en su carmen

leyendo a Granada,

 

un reino parado

atrás cinco siglos

por una conquista

que nunca lo fue.


Para ella sonríe

Occidente pena

de Oriente, suspiro

 

camino de un mar

que busca el regreso

al huerto de mirtos.

 

 

III



Hortal de alarife,

dijo alguien, el agua

constante que arrulla

en canal medido,

 

presencia sentida,

vivencia presente

en cada matiz

de la brisa en víspera,


belleza y jardín

fundidos en luz,

verde, blanco y tierra

 

partal de los cielos,

el orden geométrico

que expresa un poema.

 

IV



Y Rosaura Álvarez

habla y anochece

en su Mirador,

medita la música

 

esencial efigie

de los paraísos

que encierra su cuerpo

pequeño, gigante

 

en beldad, mujer

de gracia elegante

sustentando un mundo


como San Cristóbal,

el Atlas cristiano

que aguanta su Cielo.

 


V

 


Sube a San Cristóbal

por la veredilla

mirando La Alhambra

en cada descanso,

 

a tus pies el mundo

y el cielo delante,

Mirador de paz,

cabello dorado

 

de mujer en dulce

soledad, fantasmas

de infancia, recuerdos


y la risa siempre

para la visita

a la flor de piel.

 


VI

 


De la geometría

y de la pintura

y del verso aura

rosa es el Poniente

 

en el Mirador,

alcazaba al fondo

tarde en San Cristóbal

envidia de Dios.


En mesa de mármol

macetas regadas,

arrayán cortado,

 

romero medido,

embriaga la dama

con flor de naranjo.

 


Y VII

 


Llamar a su puerta

en el Mirador

del santo Cristóbal,

oír su voz poca

 

deshaciendo el cierro

y encontrar la risa

fundida en el carmen

que la vio nacer,

 

la pena por dentro

llena de amistad,

jardín infinito


de armonía pulcra,

alma de Rosaura

por el Albaicín.

 

 

Francisco Silvera

 

Extraído con la autorización de su autor de

Ed. La Cañada y el Granado

(Octavilla 21)





jueves, 13 de agosto de 2026

LUIS CERNUDA : PEREGRINO, POR ANTONIO CARVAJAL

  Para la sección La métrica celeste, del blog Ancile, por cierto de las más visitadas de esta plataforma, ofrecemos un excelente trabajo más del poeta y metricista Antonio Carvajal, bajo el título: Luis Cernuda: Peregrino.



LUIS CERNUDA : PEREGRINO,

POR ANTONIO CARVAJAL



 

Luis Cernuda: Peregrino. Antonio Carvajal

 

 

  ¿Volver? vuelva el que tenga,                                            2-3        6
  tras largos años, tras un largo viaje,                                   2-4        8-10
 cansancio del camino y la codicia                                      2       6    10 
 de su tierra, su casa, sus amigos,                                        3     6      10                       
 del amor que al regreso fiel le espere.                               3     6  8   10


Mas, ¿tú? ¿volver? regresar no piensas,                            2     4   8    10
sino seguir libre adelante,                                                          4-5     8
disponible por siempre, mozo o viejo,                                3    6   8    10
sin hijo que te busque, como a Ulises,                                2    6         10
sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.                                 2    6         10
Sigue, sigue adelante y no regreses,                                   1    3    6    10
fiel hasta el fin del camino y tu vida,                                  1    4    7    10
no eches de menos un destino más fácil,                            1    4    7    10
tus pies sobre la tierra antes no hollada,                            2     6-7    10
tus ojos frente a lo antes nunca visto.                                    



                            


 

no eches de menos un destino más fácil

                                    


El habla sevillana explica la aparente hipermetría. La pérdida de la -s y la permanencia de la -o- cerrada posibilitan la sinalefa (no-un). Los versos se construyen con sílabas del habla. Así se comprueba en Consuelos de la poea, donde otro sevillano ilustre, don Emilio Lledó, lo hace (impensadamente) en romance de octosílabos; impensadamente según pude comprobar por su sorpresa manifiesta cuando leyó la nota de Dionisio Pérez Venegas al verso qué tristes están los lagartos. En andaluz occidental, que abre las vocales al perderse la -s esta sinalefa no es posible.

El compás ternario repite el esquema del verso anterior. Sorprenden los acordes del compás y la semántica, el contraste entre los dos dáctilos y el cierre yámbico puro tras el salto de 6/7, acentos en sílabas contiguas, según un modelo ilustre que aquí Cernuda emplea en vv 1. 7 y 14. (Ver tesis. Aleixandre usa soledá para una sinalefa y cuadrar el compás en verso libre. Y desde Garcilaso, vuestro rigor executá en mi vida”, hasta hoy(Ver tesis para justificar la aplicación de la ley de Maury en el poema Vida (besos o pájaros, tarde o pronto o nunca) de Aleixandre, y poner ejemplos de Borges y de Francisco Castaño, que no respetan esa ley; procedimientos que usan para que los versos no suenen como decalabos).



Hipometrías aparentes, hipometrías compensadas.


Si las esdrújulas en el endecalabo ante pausa tras 4ª se sincopan (ley de Maury) e incluso en otras posiciones y otros tipos de verso, por efecto del silencio muy marcado el segmento ante la cesura puede incrementarse si es agudo. El recurso es patente cuando es un maestro como Juan Ramón Jiménez quien lo usa:

Luis Cernuda: Peregrino. Antonio Carvajal

 

 Mañana  de  l a  cru z

 

1          Dios está azul. La flauta y el tambor

            anuncian ya la cruz de primavera.

¡Vivan las rosas, las rosas del amor,

entre el verdor con  sol  de la pradera!

 

 

Vámonos al campo por romero,

vámonos, vámonos

por romero y por amor…

 

2          Le pregunté: «¿me dejas que te quiera?»

            Me respondió, radiante de pasión:

«cuando florezca la cruz de primavera,

yo te querré con todo el corazón.»

 

Vámonos al campo por romero,

vámonos, vámonos

por romero y por amor…

 

3          «Ya florecla cruz de primavera.

¡amor, la cruz, amor, ya floreció!»

Me respondió: «¿tú quieres que te quiera?»

¡y la mañana de luz me traspasó!

 

Vámonos al campo por romero,

vámonos, vámonos

por romero y por amor…

 

4          Alegran flauta y tambor nuestra bandera.

            La mariposa está aquí con la ilusión…

¡Mi novia es la virjen de la era

y va a quererme con todo el corazón!

 

Dodecalabos de 5 (4+1)+7 (según pauta de e1,v3 e2,v; e3,v4; e4,v; e4.v2; e4,v4);  si como algunos pretenden se mide a la francesa, haciendo la cesura tras 4ª  para obtener la ficción 4+6 (tendríamos que despreciar la sílaba final de los versos llanos) y que con un decasillabe se satisfaga nuestra necesidad de pedantería; sintaxis y semántica padecen con ese recurso.

e1,v4, las posibles lecturas


entre el ver dor  / con  sol  de la pradera  (5+7)

entre el ver dor  con  sol  / de la pradera  (7+5)


dependen de las entendederas del lector.


La sinalefa en e4,v2,5ª desplaza la pausa a sin incremento silábico. Y el verso suena como 7+5.

 

Estribillo: En mi opinión pide una ejecución congrüente, que supone medir así:


Vámonós  // al campo por romero,     4+7

vámonós, // vámonós                          4+4

por roméro_y / por amor                     4+4

 

Cambia el compás para producir la impresión de una fiesta pastoril.


Como JRJ aprovecha la cesura para incrementar aparentes endecalabos y ajustarlos como dodecalabos, Luis Cernuda lo hace en Peregrino


Mas, ¿tú? ¿volver? regresar no piensas.


Podría realizarse tras 7ª, pero es posición poco habitual para una tónica fundamental; y el poeta incluso pudo someterse al dictado academicista (Mas, ¿tú? ¿volver? No piensas regresar), pero ese sometimiento habría eliminado la intensidad emocional y el vigor del concepto. La pausa fuerte tras 4ª posibilita un tiempo de meditación”, y la proximidad de los términos, volver/regresar, sinónimos en apariencia y constitutivos de un ejemplo excelente de paradiástole, producen un efecto de insistencia y dan a la negación su alto valor de renuncia.

 

García Lorca incrementa un aparente decalabo. En su caso (En Málaga, Canciones)

la posibilidad de incremento la facilita el sangrado


                                   Negros torsos bañistas oscurecen

la ribera del mar.

                                                             Oscilando -concha y loto         a la vez- viene tu culo


de Ceres en retórica de mármol.

 

(Ver tesis)


A todo esto hay que sumar los llamados, el cielo nos asista, alejandrinos flexibilizados. Los preceptistas españoles aceptan con gusto cuanto les suena a frans con tal de no admitir que el alejandrino español tiene 14 sílabas constadas, que requiere acento en l y que es habitual la pausa tras 7ª con los mismos efectos que si fuera medial; mucho menos soportan que se les sugiera que hay unos metros oscilantes en arte mayor como los hay en el menor, claro que enseguida notan que no les habla Enríquez Ureña. Así que prefieren la ficción de intensificar la preposición átona en posición de 6ª y de tal modo logran sumar 14, como en este ejemplo de Rubén Darío:


El chorro de agua de Verlaine estaba mudo


cuya partición tras la preposición “de (de pertenencia) provoca un sintagma, Verlaine estaba mudo, que me maravilla. Lástima grande que no sea verdad esta belleza.




Antonio Carvajal





Luis Cernuda: Peregrino. Antonio Carvajal