lunes, 15 de abril de 2019

INTERPRETACIONES MEDIÁTICAS DEL MITO DE LA CAVERNA


Abundando sobre el mito de la caverna de Platón, y siguiendo la brillante exposición del profesor Tomás Moreno, para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos el siguiente trabajo que lleva por título: Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna.

 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno

INTERPRETACIONES MEDIÁTICAS 

DEL MITO DE LA CAVERNA

 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno

III. INTERPRETACIÓNES MEDIÁTICAS

A partir de la clásica obra de Peter L. Berger y Thomas Luckmann[1] sabemos cómo la realidad es pensada en la sociología actual como una construcción social que, en cuanto tal, expresa de algún modo la peculiar naturaleza de la sociedad que la realiza. La caverna platónica representa hoy, en realidad, el mundo  de la caverna mediática (el mundo de los "mass media", prensa, radio, televisión, cine, revistas, internet) el mundo de la pantalla mágica, cuyas apariencias, imágenes, sombras, simulacros ("ondas electromagnéticas" descodificadas por un aparato receptor) tratan  hacer pasar por la única y auténtica realidad, unos determinados intereses o poderes políticos, económicos, ideológicos que están, como los porteadores del mito, detrás de las "bambalinas", como los titiriteros "manejando los hilos” del teatro.
 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno

            No debemos olvidar, por otra parte, que Grecia, como nos recordara Carlos París, era una cultura exaltadora de la visualidad: los prisioneros viven en el engaño porque aquello que se les ofrece a sus ojos no son sino meras “sombras”, contrapuestas a la contemplación o visión de la verdadera realidad: el mundo de las ideas. Y el término griego “idea” guarda relación con eídenai (“ver”) y con eidos, (“forma”). En la lengua griega clásica es de notar y resaltar la relación estrecha existente entre el conocimiento y la visión. Aristóteles consideraba en su Metafísica la vista como el más noble de nuestros sentidos. “Y aunque en la filosofía el logos juega un papel fundamental –como atinadamente señala Carlos París- no podemos olvidar el teatro, cuyo mismo nombre proviene de “theáomai”, contemplar, creación en que la visión juega una función fundamental. No es posible entender la cultura griega sin tener en cuenta lo que el teatro y, también, la escultura, centrada en la percepción visual de la forma supusieron en ella”[2].
            Esta clase de  interpretaciones presenta una serie de variantes específicas: la caverna cinematográfica, la televisiva y la  mediática en general[3]. Se ha dicho y escrito  por numerosos entendidos que la primera función de cine ocurrió en la caverna de Platón. Tal vez una de las primeras referencias a esa vinculación cine y alegoría de la caverna podemos encontrarla en la primera nota a pie de página que  dos ilustres helenistas españoles, José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano, pusieron en su edición bilingüe (griego y español) de La República de Platón, editada por el Instituto de Estudios Políticos, en 1969. En ella sus citados anotadores dejaron escritas estas palabras: “La caverna –se ha repetido muchas veces- puede compararse a una especie de cinematógrafo subterráneo rectangular, en que los espectadores están sentados de espaldas a la puerta y de cara a una pared”[4].
            En efecto, el juego ilusorio de sombras, imágenes e iconos (“eikones”) que los prisioneros toman por la “realidad verdadera” -el más logrado epítome de la doctrina filosófica del filósofo ateniense- fue concebido por una mente filosófica genial, lógica y poética, la de Platón, que se atrevió a utilizar, con casi dos milenios y medio de anticipación a la invención del cine, un “montaje” y una precisa técnica cinematográfica, que en nada desmerecerían de las utilizadas por los más experimentados cineastas, para expresar a través de imágenes impactantes y enigmáticas y sirviéndose de medios icónicos y de un expresivo lenguaje mitopoético, no lógico-discursivo, conceptos y problemas filosóficos que apuntaban a experiencias fundamentales de la condición humana susceptibles de una comprensión “logo-pática”, racional y afectiva al mismo tiempo, por parte de sus lectores-espectadores. Platón trató con su alegoría de la caverna –la más bella, sin duda, de la literatura filosófica de todos los tiempos- y a través de cuatro precisas secuencias fílmicas [descripción de la caverna y de los prisioneros encadenados; salida de la caverna y conversión del prisionero liberado; ascensión hacia la luz del mundo exterior a la caverna, y retorno al interior de la misma para liberarlos de la ignorancia y de la oscuridad] de ilustrarnos acerca de los temas fundamentales de su filosofía y de la condición humana en general.
   
 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno
         Nadie con tanta lucidez, profundidad y belleza ha logrado comentar, en esta clave cinematográfica y en otras muchas dimensiones hermenéuticas, el mito o alegoría de la caverna como lo ha hecho, en repetidas ocasiones, uno de nuestros filósofos más respetados e ilustres, Emilio Lledó. No sólo en uno de los capítulos de su celebrada  La memoria del Logos[5], sino en otras muchas páginas de su muy bella y extensa obra filosófica –como por ejemplo “Variaciones sobre el tema de la caverna[6]- nuestro pensador ha reflexionado sobre este mito o alegoría con sabias y esclarecedoras palabras, de manera verdaderamente insuperable. Su atenta lectura, que desarrolla las distintas maneras posibles de interpretar este mito o alegoría -antropológica, epistemológica, pedagógica, social, psicoanalítica, televisiva, política y trágica- pone de manifiesto la proteica riqueza de esa narración platónica. Baste aquí referirnos a su acertada asociación entre el mito de la caverna y el cinematógrafo. Según nuestro filósofo la narración del mito de la caverna representa “la descripción de la primera sala de cine de arte y ensayo que todos los historiadores del cine han olvidado, y con ello a Platón, como un adelantado de Louis Lumière”, dejando constancia, asimismo, de que ella constituye una de las partes menos atendidas por los historiadores del cine,  filólogos e historiadores de la filosofía “que, desde hace más de un siglo, nos han inundado con comentarios a la República de Platón”[7].
            Pero no sólo señala esa afinidad sorprendente entre el oscuro escenario del mito platónico y la sala del cinematógrafo, sino que se refiere además con precisión  y lucidez al rodaje mismo de la mítica proto-película platónica, a los planos que lo conforman, cuya enumeración es un auténtico epítome del relato socrático y de su significación última, a saber: “un prisionero que escapa; la dificultad de la ascensión hacia la luz, hacia la puerta de la caverna; el dolor de los ojos acostumbrados a la oscuridad, fraternalmente hechos a las tinieblas; el asombro de ir descubriendo el montaje de la caverna; los deseos de volver al punto de partida, tan cómodo en el fondo; la duda de si es mejor la luz cegadora y dolorosa que la apacible oscuridad; el deslumbramiento y la imposibilidad de ver, una vez salido de la caverna y enfrentado con el sol que ilumina árboles y montañas y casas; los recuerdos de su prisión; la felicidad; el regreso; la discusión con los que no lograron liberarse, la muerte”.
            El profesor Lledó termina su reflexión, algunas páginas más adelante, recordándonos: “No hay que hacer grandes sutilezas hermenéuticas para descubrir en el montaje de la caverna la esencia misma de lo que puede constituir la desinformación en la sociedad contemporánea y, concretamente, uno de sus medios más poderosos: la televisión”  [8].
 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno

            La interpretación televisiva, ideada por Gustavo Bueno sostiene, por el contrario, que el mito de la caverna podría ser considerado como mito fundamental de la televisión (más que del cine) y, a pesar de reconocer cierta analogía entre  el cine y la televisión cuando se comparan a la luz de dicho relato platónico, argumenta que la televisión es la realización más puntual de dicho mito de la caverna,  y que debe entenderse como un análogo de la televisión formal y no del cinematográfico, en tanto las imágenes, proyectadas por el tubo catódico proceden de una luz situada “fuera del mundo de la caverna”, en el exterior. Y  señala además que “la televisión formal no es una reproducción más o menos fiel de la realidad, sino la realidad misma ante nuestros ojos, de la misma manera que la Luna que veo en una noche clara, o el avión suicida estrellándose contra la segunda torre de Nueva York, visto directamente por millones de personas gracias a la televisión formal, no es la reproducción que mi retina hace de los hechos, sino la realidad misma ante mis ojos”[9].
            Finalmente, otro distinguido filósofo español, J. Echevarría en “Cavernas virtuales y Cavernas reales[10], ha dedicado una brillante reflexión a la actualización de la alegoría de la caverna en el mundo en el que habitamos, de Internet y de la electrónica. Considera que la caverna platónica real es la naturaleza y está compuesta por una sucesión de microcuevas engarzadas en el espacio y en el tiempo, nuestros respectivos mundos vitales o Lebenswelten. El lugar específico del filósofo es la boca o entrada de la caverna, es decir, el lugar donde se proyectan los objetos artificiales, cuyas sombras son el Lebenswelt. El teatro, el cine, la televisión y, por supuesto, Internet son buenas representaciones de las diversas cuevas virtuales (tecno-cavernas) que los humanos construimos dentro de la caverna real para representar nuestra situación en el mundo, en nuestros ambientes o “mundos de vida”: la caverna sensorial, las cavernas mentales y las sociales. Las sombras de la caverna platónica sólo eran visuales. Si pensamos en una caverna audiovisual, también lo que decimos sería una ficción, un eco de palabras que otros proyectan sobre nosotros. Los recientes avances tecnológicos en digitalización de los sentidos (tacto electrónico, narices electrónicas, lengua electrónica) abren la posibilidad de construir cavernas pentasensoriales. En términos leibnizianos, éstas serían las mejores cavernas posibles[11].
 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno            Apenas once años después de haberse escrito este ensayo (de Javier Echevarría) nadie puede cuestionar o dudar de que ya, hoy, nos encontramos, de hoz y coz, en ese macro-escenario cavernario audiovisual en el que, desde las televisiones, los teléfonos móviles, los Whatsapp, las tabletas, los ordenadores personales, los twitters, vídeos, facebook, wikipedias y youtubes –al menos entre los integrados en las redes sociales de Internet y en el Mundo Virtual Universal de esa subcultura mediática, que suelen ser los más jóvenes[12]- somos transportados inconsciente y pasivamente a un mundo ilusorio e irreal y bombardeados por una inflación informativa que no podemos asimilar ni controlar[13]. En él, en ese Ciber-Universo Global, como  los encadenados prisioneros de la caverna platónica, somos o podemos ser sistemáticamente encadenados, engañados y manipulados por las mentiras, las fake news, al interpretar, acrítica e ingenuamente, las sombras, imágenes y ficciones -que aparecen en nuestras múltiples e omnipresentes pantallas- como la realidad verdadera, la única realidad posible, en la que, lejos de sentirnos alienados o engañados por quienes manejan los hilos de esa monumental tramoya -esos manipuladores invisibles y persuasores/controladores ocultos como los porteadores platónicos o el Gran Hermano orwelliano- nos encontramos bien acomodados incluso agradecidos y llenos de bienestar y de felicidad.


TOMÁS MORENO



[1] Peter L. Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, Amorrortu, 1968, 2003.
[2] Cf. Carlos París, op. cit., p. 249-250.
[3] Incluso algunos incluyen entre ellas la “fotográfica”, apoyados en algún texto de Susan Sontag, en el que la pensadora aludiría al tema al señalar que “la humanidad persiste irredimiblemente en la caverna platónica, aun deleitada, por costumbre ancestral, con meras imágenes de la verdad”. De igual manera que los prisioneros de la caverna sólo podían ver los eikones o imágenes de las cosas u objetos reales, así los fotógrafos no podrán nunca mediante el arte de la fotografía captar o representar con sus cámaras la perfección de las cosas reales en sí mismas, sino meras copias imperfectas de ellas (Susan Sontag, Sobre la fotografía, Alfaguara, Buenos Aires, 2006).
[4] Ibid., p. 1.
[5] Emilio Lledó, La memoria del Logos, Taurus, Madrid, pp. 20 y ss.
[6] Emilio Lledó, Días y libros, Austral, Edición de Mauricio Jalón, Barcelona 2018, pp. 159-162. El texto citado apareció como artículo en El País, 1, VII, 1993. El tema es tratado también en su ensayo El epicureísmo y aparece como leit motiv en otros muchos de sus escritos.
[7] Ibid.
[8] Emilio Lledó, La memoria del Logos, op. cit., p.31.
[9] Gustavo Bueno, Telebasura y democracia, Punto de lectura, Madrid, 200, pp. 126-127 y 260.
[10]  Javier, Echevarría, “Cavernas virtuales y Cavernas reales”, Ontology Studios, 8, 2008, 81
[11] Toda esta apasionante temática fue, cinco años después, completada y revisada por una obra del mismo autor Javier Echevarría -de mayor extensión que el ensayo que acabamos de resumir- cuyo título es Entre Cavernas. De Platón al cerebro, pasando por Internet, Editorial Triacastela, Madrid, 2013.
[12] Cf. Giovanni Sartori, Homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, 1998; Umberto Eco, Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas, Editorial Lumen, Barcelona, 1968 y el ensayo excelente de Fernando Sáez Vacas, “La Sociedad Informatizada, Apuntes para una patología de la técnica”, Claves de la Razón Práctica, Nº 10, marzo, 1991.
[13] Es muy  interesante al respecto el  artículo de Alejandro Chaverra: “El exceso de información: Platón y su caverna”, Revista Esfinge, 12, 2, 2020.



 Interpretaciones mediáticas del mito de la caverna. Tomás Moreno

jueves, 11 de abril de 2019

HERMENÉUTICA DE LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA.


Siguiendo con el mito de la Caverna de Platón, El profesor Tomás Moreno, para la sección, Microensayos, del blog Ancile, trae la entrada que lleva por título: La alegoría de la caverna. Hermeneútica.





HERMENÉUTICA DE LA ALEGORÍA 

DE LA CAVERNA


La alegoría de la caverna. Hermeneútica.Tomás Moreno


 II. LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA. HERMENÉUTICA
La riqueza de la "alegoría" platónica de la caverna no se reduce a esta única interpretación, que antes hemos expuesto. Las claves interpretativas son múltiples. Veamos algunas posibles:
            En el "mito de la caverna" vemos representada, en clave ontológica, la concepción metafísica de Platón con su división de la realidad en dos regiones o mundos ontológica o entitativamente diferentes: el mundo visible o sensible (cosmos aiszetós o caverna) y el mundo inteligible (cosmos noetós, exterior a la caverna). El mundo de las apariencias y el mundo de la verdadera realidad ontológica. El fuego que produce las sombras tiene un poder similar al del Sol en nuestro mundo de apariencias: su luz nos permite conocer el mundo. El exterior de la caverna es el mundo inteligible al que accede nuestra alma mediante la razón. La Idea fundamental del mundo inteligible es la Idea del Bien que tiene una función semejante a la que tiene el Sol en el mundo sensible: su luz nos permite conocer el resto de las Ideas. Además el Sol del mundo visible es la causa de los seres y la Idea del Bien da el ser a las demás Ideas. Así, la Idea de Belleza recibe su ser de participar de la Idea del Bien.
            El relato puede interpretarse en clave epistemológica –en conexión con el pasaje que precede inmediatamente a la alegoría de la caverna (libro VI, 509d - 511e)- los grados de conocimiento en relación con los grados del ser, representándolos sobre una línea cortada en segmentos. A partir de la distinción entre los dos ámbitos de la realidad: Mundo visible (o de la génesis y el cambio) y Mundo Inteligible (o de la ousía, verdadera realidad esencial), Platón señala cuatro grados de conocimiento posibles o escalones para ir ascendiendo y progresando en sabiduría, delimitados espacialmente con precisión, y que se corresponden fiel y geométricamente con los distintos géneros de ser existentes en cada zona del espacio interior o exterior de la caverna: En primer lugar, la zona de las sombras o imágenes del mundo proyectadas en la pared del fondo de  (ámbito de la EIKASIA, imágenes-conjeturas, mundo del Arte, grado inferior de la DÓXA u OPINIÓN). En segundo lugar, la zona que se extiende entre los prisioneros y el fuego (ámbito del conocimiento sensible, de las PISTIS, sensaciones, mundo de la Física, de los seres o cosas naturales). El prisionero es  liberado y obligado a volver su cabeza hacia el fuego y los objetos transportados, pero no los puede ver con claridad por causa del deslumbramiento (515 c 4-c 5). Este otro nivel se corresponde con el grado superior de la DÓXA u OPINIÓN), la creencia, que se corresponde con la Física. Es, podríamos decir, la boca o abertura de la caverna.
La alegoría de la caverna. Hermeneútica.Tomás Moreno

            El espacio del mundo exterior, visible a la luz nocturna de la luna o las estrellas al que el prisionero liberado es llevado y en donde percibe las sombras y reflejos de esos objetos o seres (515e 6-516a 7) se corresponde con el primer nivel de la (EPISTEME o CIENCIA), el estudio de los objetos matemáticos (ámbito de la DIANOIA, Razón discursiva, de las Matemáticas, "ideas” o “conceptos” matemáticos, números y figuras,). El espacio exterior a la caverna iluminado por el cielo diurno o la luz del Sol (ámbito de la NOESIS, Razón intuitiva, de las “Ideas en sí” o verdaderas realidades: (516 a 8). Es el mundo de la Dialéctica. “Y después de esto, colegirían ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían” (516 b 4-c 2). Este es el conocimiento de la Idea Suprema, la Idea del Bien.
            El mito es también explicable desde una interpretación ético-pedagógica como  una alegoría de la educación del alma ("paideia") en su búsqueda de la verdad  y del bien o la virtud. El logro del conocimiento y de la virtud exige un esfuerzo ascético (ascender dificultosamente, con esfuerzo, por el "camino escarpado" que lleva al mundo exterior, que nos hace ascender/progresar desde la simple apariencia de las ideologías imperantes y de sus informaciones (sombras, reflejos) hasta ir alcanzando grados de saber superiores: el conocimiento y la sabiduría). Es la filosofía o la dialéctica la encargada de educarnos para ese objetivo. Únicamente los que conocen la Idea del Bien están preparados para gobernar, desprecian el mundo de la política y sólo desean permanecer dedicados al estudio y la verdad hasta los cincuenta años. La educación tiene un carácter liberador: debe curar del error (función de la ironía socrática) y dirigir hacia la luz (función de la mayéutica). Sólo eso: no pretende infundir el saber (como los sofistas), sino únicamente orientar al discípulo en la buena dirección, para que uno lo descubra por sí mismo.
            Cabe también una Interpretación Político-social y otra Antropológico-Escatológica. Se nos indica en el relato cual debe ser la misión y la función política del filósofo en la sociedad. Sócrates, el narrador, es consciente de que una vez en el mundo real de la ideas el filósofo preferiría morir antes que volver a tener que sufrir una vida semejante: a los que han conocido la verdadera realidad (las ideas, el Bien)  les costará mucho descender de nuevo a la caverna.
           
La alegoría de la caverna. Hermeneútica.Tomás Moreno
Pero el filósofo liberado no debe aislarse en su torre de marfil, en la estética contemplación de la realidad, sino compadecerse de sus antiguos compañeros, consciente de que es su deber moral asumir un compromiso político liberador: "descender a la caverna de la política" y tratar allí de imponer la racionalidad y el sentido de la verdad y de la justicia. Debe comprometerse con los hombres explotados, ignorantes, alienados, manipulados, encadenados por la injusticia y por la mentira y tratar de ayudar a liberarlos de sus cadenas.
            Sin embargo, al regresar a la caverna y desenvolverse en el mundo de las sombras ya no será capaz de ver en la oscuridad, ni de desenvolverse en ese oscuro mundo donde lo que importa no es la verdad sino la mentira. El mundo de las sombras se les aparecerá como extraño: y contemplará con cierto escepticismo todos los “honores y elogios” que dentro de la caverna se tributan unos a otros. Si intentase acostumbrarse de nuevo a las tinieblas terminaría por hacer el ridículo y considerarían que se ha estropeado los ojos. Si al filósofo se le ocurriese desatarlos y conducirlos hacia la luz lo matarían (Sócrates, Monseñor Romero, Ignacio Ellacuría, Gandhi, Martin Luther King serían un buen ejemplo de tal tipo de conducta y de sus trágicas consecuencias).
            Por otra parte, la distinta actitud de los prisioneros de la caverna puede mostrarnos las diversas formas que tienen los individuos de instalarse en su medio político-social: unos mostrarán un evidente conformismo con su situación, asumiendo con naturalidad sus cadenas, su pasividad ante la opresión, su espíritu de rebaño y sumisión, su miedo a la libertad (Erich Fromm), su "bienestar" y "felicidad" en un mundo social que es una prisión. No faltan, en este sentido, aquellos que interpreten esa situación de los encadenados como a la espera resignada de un mesías salvador, de un elegido, que los salve de su opresión y los libere  de sus cadenas. Otros, por el contrario, harán gala de su rebelión y de su lucha por liberarse por sí mismos de las cadenas y de los muros que los aprisionan y por acceder a la libertad del mundo exterior sin esperar que nadie los redima de su esclavitud o de su aceptada “servidumbre voluntaria” (La Boetie). Y ello sólo será posible mediante la "paideia": la educación, la cultura.
            La existencia además otros enigmáticos personajes en el relato, sugiere también alguna reflexión política: ¿Quiénes son, por ejemplo, los "porteadores"? ¿A quién o a quienes sirven? ¿Qué pretenden con sus engaños? ¿Son ellos, a su vez, también manejados por otro/s  manipulador/es? Se trata de las ideologías hegemónicas en una determinada sociedad que tratan de imponer sus visiones de la realidad a todos los habitantes de la sociedad-caverna; representan el Sistema, lo políticamente correcto que trata de imponerse a todos mediante los medios más efectivos en cada época: escuela, universidad, ideologías religiosas/metafísicas, instituciones etc.. Son sin duda, pues, los ideólogos de todas las sociedades,  la clase epistémica monopolizadora en cada época del saber y del sistema establecido: chamán, mandarín, sofista, filósofo, teólogo, imán, investigador científico, profesor moderno, intelectual orgánico, la comunidad científica y los escritores y comunicadores de los mass media[1]).
            En la alegoría o mito se ilustra perfectamente la concepción antropológico-escatológica de Platón, su concepción dualista del hombre: el hombre como ser dual, constituido por dos sustancias irreductibles entre sí: cuerpo-alma, "soma-sema", "cuerpo-prisión" del alma. El alma sólo puede liberarse de ella a través de un camino de "purificación". A esta categoría pertenecerían también algunos intérpretes que han visto en la alegoría de la caverna una ilustración del "Mito órfico" del "Alma caída" y aquellos otros que, desde el psicoanálisis, han utilizado para interpretarla el símil de la expulsión del útero materno en la que se realiza a la perfección la clásica dialéctica entre sombra y luz, el mundo intrauterino velado y en penumbras, en el que se escuchan sólo los ecos de las voces y el mundo extrauterino, lleno de sonidos, ruidos y de luminosidad. Presentan no obstante importantes diferencias: el nacimiento es más una expulsión que una liberación y el retorno o regressus ad uterum es inviable, absolutamente imposible (cont.).

TOMÁS MORENO




[1] Carlos París,  Ética radical. Los abismos de la actual civilización, Tecnos, Madrid, 1912,  p. 220.


La alegoría de la caverna. Hermeneútica.Tomás Moreno


lunes, 8 de abril de 2019

A VUELTAS CON LA NADA Y LA CONCIENCIA. CONCLUSIONES


Para la sección, Ciencia, del blog Ancile, concluimos con un par de post sobre la nada; este primero lleva por título: A vueltas con la nada y la conciencia.



A vueltas con la nada y la conciencia. Francisco Acuyo


A VUELTAS CON LA NADA

Y LA CONCIENCIA. CONCLUSIONES



MATERIA (universo), vida y conciencia acaso siguen siendo un gran enigma en su genealogía. Sobre todo si acudimos a una revisión de la nada, no sólo como concepto, sino como realidad a priori de lo que es ahora, cuestión que pone en clara evidencia las serias dificultades de la ciencia para explicar las interrogantes más fundamentales (y ¿sencillas?) de la propia existencia y de lo la conforma. Hasta las cuestiones más básicas, como es la naturaleza del aquí y del ahora, no parecen obtener una explicación lógica, ante todo porque lo que se obtiene de una supuesta explanación de todo ello (experimentalmente) es siempre una realidad paradójica. Esto último lo hemos aprendido de los estudios exhaustivos de lo más íntimo y fundamental de la materia (a través de la física cuántica)
                La dicotomía clásica (objeto y sujeto) de lo que la realidad sea, acaso ahora más que nunca antes en occidente es puesta en tela de juicio (no tanto en oriente). Todo parece indicar que aquello que denominamos realidad bien pudiera ser una mera ilusión que experimentamos como percepción de una realidad en la que las fronteras del que observa y lo observado se diluyen y que diríase que nos hablan de una única conciencia. La idea del tiempo es la ilusión de una conciencia propia, y es que lo que es (Parménides) es uno y su existencia es atemporal.
La nada es el ámbito (no el concepto) absoluto en cuya matriz espacio temporal se reflejan las formas y los movimientos que incesantemente cambian con la ilusión de la individualidad en derredor de ese espejo inmutable que es el ser de esa única conciencia inmutable.
A vueltas con la nada y la conciencia. Francisco Acuyo

La idea clásica (aristotélica y cartesiano newtoniana) de la componenda –mecánica-  del mundo como algo independiente de la mente ha sido (y es en la ciencia positiva) el indiscutible evangelio de la ciencia y los presupuestos filosófico positivos del pensamiento occidental en la actualidad. Hasta la aparición de la mecánica cuántica y sus extraños postulados que vendrán a poner en cuestión todo el edificio de su presupuesto milenario. La inclusión de la incertidumbre como como hecho integrado en la estructura de la realidad ha propuesto una óptica bien distinta de la materia, del universo, de la vida y de la misma conciencia.
El espacio y el tiempo pasan a  ser considerados instrumentalmente, como herramientas necesarias para la descripción (aparente) de la realidad. Que se comience a plantear la realidad como un hecho que no es nada (o lo que es lo mismo: es nada) a no ser que haya una conciencia que dé cuenta de cualquiera aproximación potencial que pueda existir en función de ese colapso –de materialidad y movimiento-   producido por la conciencia observadora.
La nada adquiere, según los antecedentes formulados anteriormente, carta de singular naturaleza unida estrechamente a la conciencia. El mundo cuántico y sus partículas que pueden simultáneamente existir y no existir al mismo tiempo y que se realizan en virtud del observador, proyectan una idea necesariamente capital para el entendimiento de la realidad o de lo que esta sea. El efecto de entrelazamiento cuántico (ya descrito en anteriores entradas), nos habla de una nada en la que potencialmente todo es posible y donde el espacio y el tiempo no tienen el más mínimo sentido.
En próximo post concluiremos esta conclusión sobre la nada y sus manifestaciones posibles a tenor de los procesos que realice esta singular conciencia de la que venimos hablando.


Francisco Acuyo



A vueltas con la nada y la conciencia. Francisco Acuyo


jueves, 4 de abril de 2019

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA Y SUS CLAVES INTERPRETATIVAS


Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos una nueva entrada del filósofo y profesor Tomás Moreno, en relación con el mito de la Alegoría platónica de la Caverna, y todo bajo el título: La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Trabajo de cuya merecidísima dedicatoria me hago partícipe, al maestro Emilio Lledó, quien en esta bitácora ha sido traído en ocasiones varias y por cuya sabia e imprescindible influencia el redactor de este medio se siente tan profunda y gratamente agradecido.



La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Tomás Moreno


LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA 

Y SUS CLAVES INTERPRETATIVAS



La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Tomás Moreno


I. Platón inicia el Libro VII de La República[1] (514a-518b) con una de las páginas más memorables y densas de contenido filosófico de toda la historia de la filosofía: el pasaje de la alegoría o  mito de la caverna. El relato de la "caverna” es puesto por Platón en boca de Sócrates, que dialoga con Glaucón, y viene a decir así:
            El estado en que se halla nuestra naturaleza con respecto a su "educación" ("paideusía") o "ineducación" ("apaideusía") es comparable a la de unos prisioneros encerrados en el interior de “una especie de cavernosa vivienda subterránea”. Allí, por no se sabe qué desventura, han sido condenados a permanecer de por vida, desde su nacimiento, encadenados por los pies y por el cuello (sin poder girar la cabeza hacia atrás), de espaldas a la única entrada que comunica la cueva con el exterior. Su peculiar situación les obliga a mirar únicamente a la pared del fondo de la caverna.
            “Detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior”; entre el fuego y los prisioneros encadenados hay “un camino situado en alto”, junto al cual se levanta un tabiquillo (tapia o paredilla) parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de los cuales exhiben aquéllos sus maravillas” o marionetas. Imagínate ahora que, del otro lado de ese tabique, pasan unos hombres que transportan toda clase de objetos, “cuya altura sobrepasa la de la pared”, estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de diversas materias. Y entre los que pasan unos van hablando y otros caminan en silencio.
La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Tomás Moreno

            Los prisioneros sólo pueden contemplar las "sombras" o "imágenes" proyectadas por el fuego en la pared del fondo de la caverna, y escuchar los "ecos" de las voces de los misteriosos porteadores. Para ellos esas sombras y ecos constituyen la única, la verdadera "realidad", no pueden concebir "otra" distinta. En ese estado permanecerán hasta que alguien los libere de sus cadenas y les obligue a la fuerza a abandonar la caverna y salir al exterior de la misma, pudiendo entonces contemplar a la luz del sol las cosas reales y verdaderas, el mundo auténtico y verdadero.
            Imaginemos - propone Sócrates a Glaucón- que uno de los prisioneros fuese de repente desatado y liberado de sus cadenas y forzado a levantarse, volver el cuello y marchar hacia la salida. Cerca de la misma se toparía con la hoguera y sufriría encandilamiento (o “chiribitas” en los ojos) producido por el resplandor de la luz del fuego de la caverna y sentiría dolor mostrándose incapaz de percibir aquellos objetos cuyas sombras había visto antes. Si se le dijera, una vez  cerca  de la salida de la cueva, allí donde se encuentran los porteadores y sus figurillas de hombres y de otros animales, que esos objetos son mucho más reales y verdaderos que las sombras que antes veía en el fondo de la caverna y que ahora su visión está mejor orientada que antes, tardaría en convencerse de ello.
             Y prosigue Sócrates con su imaginativa suposición: “Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma [del fuego] ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos son realmente más claros que los que le muestra” […]. “Y si se lo llevaran de allí a la fuerza, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?”.
            En el exterior de la cueva, ya fuera, necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar “las cosas de arriba”. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en las aguas y luego los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de las estrellas y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol”. Poco a poco iría percibiendo las cosas de ese mundo exterior, las verdaderas realidades iluminadas por la luz del día. Finalmente, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo en su propio dominio y tal cual es en sí mismo. “Y después de esto colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían”.
            En medio de su felicidad por tan bella visión, se acordaría, entonces, de sus antiguos compañeros de la caverna, con pena y sentirá compasión y simpateia por ellos. Decidiría regresar a la caverna, para comunicarles su hallazgo. De regreso allí, todo lo “vería confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve. En su antigua morada se mostrará, pues, torpe y ofuscado: sus ojos llenos de tinieblas –por haber dejado súbitamente la luz del sol- no se adaptarían al mundo de las sombras, no pudiendo competir con sus moradores mucho más hábiles y prácticos en las sombras (por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban”). Los "conocimientos" de esos prisioneros ahora le parecerán faltos de valor y verdad. Y cuando les tratara de explicar lo que había visto fuera de la caverna no le creerían; dirían que por haber salido de la cueva se había dañado la vista o que se le habían “estropeado los ojos”, sería el hazmerreír de todos y si pudieran incluso lo matarían.
          
La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Tomás Moreno
  Hasta aquí, aproximadamente, el relato socrático de la alegoría. A continuación el propio Platón a través de Sócrates  nos va a dar las claves para su interpretación. En una primera aproximación la interpretación es sencilla: la "caverna" representa el "mundo visible”, ámbito de los seres sometidos a génesis y cambio, el mundo de las “imágenes” de las “cosas” o de los seres materiales; los "prisioneros", somos los hombres que lo habitamos, antes de haber recibido una adecuada educación ("paideia"). Sólo pueden ver sus propias  sombras, las de sus compañeros y las de las cosas transportadas por detrás del tabique, y, en consecuencia, entenderán que éstas son las únicas realidades que hay). Este estado -prisioneros de nuestro conocimiento sensible- se corresponde con el grado más bajo de conocimiento: la opinión o conjetura.
            Las "ataduras o ligaduras" que los atenazan son nuestros "sentidos" corporales que nos atan a este falso y aparente mundo. La "oscuridad" de la caverna es la "ignorancia" en la que vivimos. Las "sombras" e "imágenes" proyectadas en la pared del fondo de la caverna representan las artificios creados por el arte y la imaginación artística humana (las obras de la "mímesis" artística, copias de copias). El fuego que arde en la caverna representa al Sol del mundo sensible, principio de la vida y de la luz y visión de los seres que habitan ese mundo. El "camino escarpado" o rampa que conduce al exterior de la caverna, es el esfuerzo educativo que tenemos que emprender para acceder a la verdad.
            Los "objetos y estatuillas" llevados en sus manos y sobre sus hombros por los porteadores representan los "seres del mundo sensible" (copias de las Ideas, imitaciones de las "verdaderas realidades").Los porteadores expertos en “sombras” de la caverna son los sofistas y  políticos de la época de Platón, de la Atenas de su tiempo, educados en la retórica y expertos en el arte de la mentira y de la persuasión mediante el lenguaje y la manipulación, iniciados en el arte de hacer pasar como realidad lo que no son más que sombras o patrañas.
            La áspera y escarpada rampa o cuesta para acceder a la salida de la caverna simboliza la difícil y ardua tarea de formación y educación que debemos emprender si queremos alcanzar nuestra liberación de la ignorancia. El "mundo exterior" a la caverna simboliza el "Mundo inteligible", de las Ideas: la verdadera realidad. El "Sol", es la Idea Suprema del "Bien", "Sol del mundo inteligible", fuente y raíz de la vida, del conocimiento y de la entidad de todas las demás cosas, se puede contemplar, por unos instantes tan sólo, en "éxtasis".
            El "prisionero liberado" de sus cadenas es el "filósofo" (evoca, sin duda, la figura de Sócrates), que gracias a la "dialéctica racional" ha logrado desembarazarse de las cadenas de la ignorancia. Este ascético, difícil y esforzado camino de salida de la caverna o ascensión al mundo de las Ideas implica un proceso de “conversión” cuasi-religioso que es muy compatible con la consideración de la Idea del Bien como algo sagrado, en opinión de Werner Jaeger[2] (cont.).

TOMÁS MORENO


[1] Platón, La República, Edición bilingüe, traducción, notas y estudio preliminar por José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Tomo. III., Madrid, 1969, pp. 1-8.
[2] Cfr. Werner Jaeger, Paideia: Los ideales de la cultura griega, traducción de Loaquin Xiral, Fondo de Cultura económica, México, 2001.




La alegoría de la caverna y sus claves interpretativas. Tomás Moreno