Abundando sobre mis apreciaciones particulares sobre las relaciones entre el número matemático y métrico, traemos una nueva entrada para la sección de Poesía y Matemáticas, del blog Ancile, y todo ello bajo el título de El infinito numerable en poesía: el número poético, entre Platón y Aristóteles.
EL INFINITO NUMERABLE
EN POESÍA:
EL NÚMERO POÉTICO, ENTRE PLATÓN Y ARISTÓTELES
Siguiendo mis particulares
observaciones (poético) matemáticas sobre el número métrico, me pareció de
grande curiosidad el caso de los números sucesivos que pueden tener su traslado
en la métrica poética, o lo que viene a ser igual: el posible infinito
numerable en el dominio estructural numérico en poesía, y esto, porque este
aspecto matemático bien puede ser emparentable con la realidad numerable del
verso.
Decíamos anteriormente que el
metro bien puede sostenerse más que en un cómputo numerable o contable estrictamente
aritmético, en un ámbito cercano a la matemática de conjuntos, o como lo que
definía Cantor con el concepto de aritmética transfinita.
Muy a pesar del propio Gauss, una
cantidad infinita puede ser una cantidad completa donde, por ejemplo, trasladado
al ámbito de la métrica, el número de sílabas, pies métricos o cláusulas y su situación en el
verso, en la estrofa y finalmente en el poema, son cantidades que se suceden
infinitamente según aquellos tipos de versos, de estrofas, de poemas y sus
componendas eufónicas, expresivas, de significado, de estilo, etc…
Para profunda decepción del genio
de Hilbert, se demostró que en matemáticas no era posible un plano axiomático
formal definitivo que mostrara la coherencia interna de aquellos axiomas,
siendo por tanto incompletos. De igual modo, el sistema numérico métrico
tampoco es completo, a pesar de mostrar cierta coherencia, por lo que no puede
enmarcarse en un ámbito estrictamente formalista o mecánico, ya que aquella
coherencia, riquísima, ha de ser
necesariamente incompleta (indecible), y así es expuesta en la estructura
numérica del discurso poético, por lo
que su acceso definitivo o total es imposible (acaso como ya han sospechado intuitivamente desde hace
mucho tiempo algunos verdaderos poetas).
Veremos que el número métrico
nada entre estas dos aguas. Por un lado, la coherencia interna que conforma la
estructura del verso muestra una verdad que coincide con la propia eufonía de
determinadas situaciones de los números en los versos, aunque no necesite de
una manifestación sustancial, formal que los acredite. Por otro lado, el número poético métrico
tiene la capacidad formal de un atributo rítmico eufónico-expresivo específico
con resultados formales evidentes, por ejemplo, el endecasílabo histórico, con
acentos en 2ª, 6º y 10ª, tiene una cadencia de equilibrio que viene muy
apropósito para un discurso poético determinado. El platónico lo justifica por
su coherencia matemática como manera de ser ideal del número. Para el
aristotélico, la acentuación en 2ª, 6ª y 10ª lo identifica formalmente como
como una armonía equilibrada característica muy a propósito para un determinado
hacer el discurso poético.
Iremos ofreciendo en nuevas
entradas algunas observaciones personales (seguramente excesivamente atrevidas)
sobre las matemáticas del verso y el mirífico de la propia ciencia matemática.














