sábado, 6 de junio de 2026

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ACUYO: POÉTICA DEL SILENCIO. EN EL SER DEL VERSO, LA MÚSICA DE LA NADA, POR EDUARDO BATTANER, 1ª ENTREGA

Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos, en dos entregas, la intervención de Eduardo Battaner,  catedrático emérito de astrofísica y astronomía, que lleva por título: Presentación del libro de Acuyo: Poética del silencio: en el ser del verso la música de la nada, en la que intervino el editor del libro José Antonio Rodríguez, de Entorno Gráfico Ediciones, y el autor del libro, quien suscribe estas líneas, y todo ello en el marco espléndido de la Biblioteca de la Universidad de Granada. El reporte fotográfico es de Alejandro Martínez Ferrer. Como curiosidad, observen la octava rima o copla de arte menor cuya construcción estrófica es muy particular en la combinación de sus octosílabos y distribución de sus rimas y versos blancos, y que introduce su intervención.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ACUYO:

POÉTICA DEL SILENCIO.

EN EL SER DEL VERSO, LA MÚSICA DE LA NADA,

POR EDUARDO BATTANER,

1ª ENTREGA



Eduardo Battaner, foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer



Es un privilegio que 

en sitio tan venerable 

entre tantos incunables 

vea este libro la luz.

… Lo veo y no me lo creo…

Si mis ojos no me mienten… 

…está entre los asistentes… 

está… ¡san Juan de la Cruz!



Ahora en serio, porque este es un libro serio.


Nos encontramos en este gran templo de los libros, que es como decir, el gran templo de las ideas. Aquí nos encontramos con las ideas de los sabios de antaño, libros deseosos de saltar a nuestras manos, libros que están esperando “la mano de nieve” (que decía Becquer) que los vuelva a abrir, para ofrecernos sus secretos, sus sueños, sus vivencias.

El momento de la presentación de un libro viene a ser su nacimiento. Este libro nace en el mejor de los paritorios, en el templo de los libros, junto a sus muchos hermanos de otros tiempos, incluso sus añejos hermanos incunables. Este paritorio está asistido por unos bibliotecarias y bibliotecarios que preservan su conservación, su orden y su silencio con esmero y amor. Los libros están ahí para conversar con nosotros. Los bibliotecarios facilitan que los libros pasen de la conservación a la conversación.

Gracias a su directora, Olga Moreno, por ofrecernos este magnífico recinto, bajo su magistral cimborrio; gracias a María Artés, bibliotecaria Jefa de Servicio, que nos atiende en este acto, comadrona del nuevo libro.

Ella nos asiste para sacar a la luz un nuevo libro. Gracias, de nuevo,  María. Es un lujo contar contigo en este venerable recinto.

Gracias de todo corazón a la Biblioteca Universitaria, una de las más grandiosas del mundo actual, émula de las míticas de Alejandría o de la Córdoba califal.

E. Battaner, F. Acuyo y J.A. Rodríguez, foto cortesía de Alejandro Martínez Ferrer
Y aquí se reúnen los tres protagonistas del libro: El Editor, José Antonio Rodríguez, gracias José Antonio por regentar esa editorial acogedora de tanta literatura, la bibliotecaria, María Artes, y el autor, Francisco Acuyo.

Déjenme que cite a Galileo que expresó de forma sucinta y sencilla el mejor invento de la humanidad: la escritura y el libro:

“Pero sobre todas las invenciones estupendas, ¿qué mente elevada fue la del que encontró el modo de comunicar sus más recónditos pensamientos a cualquier otra persona aunque esté distante grandísimo espacio de lugar y tiempo? Hablar con los que están en las Indias, hablar a los que aún no han nacido ni nacerán de aquí a 10000 años y ¡con qué facilidad! Con varias reuniones de 20 caracteres sobre el papel”. 

De esta invención que dijera Galileo, se beneficia este libro, para beneficio de los lectores.

María Artés tendría dificultades para colocar este libro que tengo el orgullo de presentar: ¿Es un ensayo filosófico? ¿es un libro de poesía? ¿Es un libro de ciencia? Tan difícil sería de instalar en la adecuada estantería como es difícil definir a su autor. Como la ciencia es filosofía natural, yo diría que es un libro de filosofía, libro de filosofía escrito por un poeta. Porque está escrito con un subyacente estilo poético. Sus frases rezuman poesía.

Francisco Acuyo es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, ha escrito numerosos libros de poesía y filosofía, y dirigido varias revistas literarias. La lista es interminable. Mantiene un exquisito “blog” de poesía: “Ancile”. Sus méritos son muchos y buenos. Difícil seleccionar, tan buenos son tantos.

Es además el creador de una sociedad literaria denominada “La Ciudad Ilustrada”, a la cual me siento orgulloso de pertenecer. También pulcramente editada por “Etnográfico Ediciones”.

Editor, presentador, autor y A. Campos, foto
cortesía de Alejandro Martínez Ferrer

Sus últimos libros, o mejor, sus penúltimos, “Arte: la vida en busca de sentido”, prologado por Antonio Campos, y “El mal, aroma de la nada”, prologado por José Enrique Martínez, son excelentes complementos de este. 

Hay un paseo en Granada que lleva a la Fuente del Avellano, tan evocador para los literatos. A lo largo del paseo se han erigido bloques que contienen poemas de consagrados poetas. Pues bien: uno de ellos, es de Francisco Acuyo. Es un placer ver que su nombre y un poema suyo se encuentra entre otros muy laureados nombres: san Juan de la Cruz, Alberti, Carvajal… Esta sí es nota destacable en su largo y frondoso curriculum vitae.

Francisco Acuyo es un gran poeta, un gran filósofo y un gran astrónomo amateur.

¿Por qué tiene usted que leer este libro? Se lo recomiendo fervorosamente. No es fácil de leer. ¿Por qué? No porque sea un libro profundo, que ciertamente lo es hasta el abismo. Sino porque despierta la imaginación de tal manera, que los ojos se cierran, la frente se eleva, la mente se pierde por nuevos senderos, el alma se adormece y dinamiza. En la lectura, cada paso pide una pausa.

Si tiene usted tiempo y tranquilidad y deseo de nuevos pensamientos, éste es su libro. Prosa sin prisa. Lectura sin locura (o quizá sí, pero locura de la buena). Lectura realmente para el deleite y la reflexión.

¿De qué trata el libro? El título es un oximorón: “Poética de Silencio”. Otro oximorón en el subtítulo escondido en el interior: “La música de la nada”. Y también “En el ser del verso”. 

Permítanme que les lea un párrafo del prólogo:

“Este libro trata de la nada. El autor ha encomendado este prólogo a un físico, lo cual podría parecer un atrevimiento, porque si éste, el prologuista, hubiera razonado como un físico de oficio, habría llegado a este breve necio comentario apartando de un manotazo este objeto inútil.  “Este libro carece de interés; trata de la nada, la nada no es nada, la nada no es un concepto aceptable en física.  Otra cosa es el vacío. Nosotros distinguimos entre vacío y nada. El vacío sí es un concepto aceptable. Un libro que trata de la nada es un libro que no trata de nada”. 

Necio, necio, necio desprecio hubiera sido. Hay que rebatir al físico de oficio con la misma física, como también hace, con mejor tino que yo, Francisco Acuyo. Me parece que los grandes físicos, Heisenberg, Schrödinger, Einstein, está más capacitados para saborear este libro que los físicos de oficio.

Werner Heisenberg, uno de los padres de la mecánica cuántica, decía, con estas o parecidas palabras, que la física, a base de razonar con precisión sobre conceptos definidos con precisión desecha todo aquello que, precisamente por ser impreciso, es importante. Pensemos en palabras de difícil o imposible definición precisa: vida, alma, amor, dios, humor, arte, consciencia, belleza, nada… Que son importantes no hay duda, pues son de las palabras más usadas en nuestro lenguaje diario. Entre ellas hemos incluido “nada”, el fundamental objetivo de este libro. 





Eduardo Battaner






jueves, 4 de junio de 2026

CORPUS, DE GABRIEL MIRÓ

Para le sección de Narrativa, traigo un nuevo post, que viene muy a propósito en las fechas que vivimos, por sugerencia de Antonio Carvajal, que consiste en un bellísimo relato del inmenso Gabriel Miró que tituló, Corpus, y que ahora me impele mi amigo y poeta a acompañarlo con la  siguiente interrogante: ¿Qué nos queda del Corpus?, 


CORPUS






Acabado el enjalbiego, dijo la señora tía, ya doblada por senectud, al
sobrinico huérfano:

—Anda, Ramonete, anda; anda y acuéstate, como a buen seguro hicieron
ya todos los muchachos; que muy de mañana se ha de ir a la parroquia.

—¿Qué hay entierro o casamiento, señora tía?

—Pues, descabezado, ¿qué no recuerdas el día que es? ¿Qué dijo el
señor maestro?

—¡Que no había escuela!

—¿Y no paró en hablar de la grande fiesta de Nuestro Señor?

—Sí dijo de fiesta, señora tía, sí dijo.

—¿Y no entendiste que había de ser la del Corpus, la más preciosa y
bendita, hijo Ramonete?

—Sí que podrá ser, señora tía; que Damián y Javierico, los de la Corrionera
, y Luis y Gabriel y Barbera dijeron que estrenaban botas de cordones y
gorras de visera reluciente y trajes de...

—Anda, Ramonete, hijo; anda y acuéstate, que bien supiste las fantasías
de los rapaces... Corpus es mañana, y el señor rector predica, con que...
Y el sobrinito huérfano bebió de una cántara que estaba a la serena; besó
la mano seca y rugosa de la señora tía, y se internó muy despacio en la
negrura del portal.

Desde lo hondo llamó tímidamente:

—¡Señora tía! ¡Señora tía!

—¡Ay, Ramonete; ay, hijo! ¿Qué antojo es ése?

—¿Ha de venir pronto, señora tía? ¡Mire que todo está fosco, y en lo corral sentí ruido y pasó como una fantasma, señora tía!

—¡Ay, hijo Ramonete! Encomiéndate al buen Ángel; mira que recelo quetodo eso es el Enemigo que te lo hace ver...

A poco sosegaba el chico; y la vieja cerró con cautela él postigo; guardóse en la faltriquera del refajo la llave, trabajadosa y pesada como de puertas
de ciudad, y fuése a la casa de la mayordoma de la Congregación, cuyo
zaguán bullía de gente devota y picotera. El señor rector y otro eclesiástico
forastero paseaban gravemente, celando al vicario, recién afeitado, que
aleteaba en un ruedo de doncellas afanadas por acabar el recamado de
cañutillo de la nueva palia para el Sagrario. En un aposento alto, los
mozos ensayaban el “Credo” de la misa.

Ya cerca de la media noche entraba la señora tía en su dormitorio. El
sobrinico quejábase con pesadilla.

—¡Hijo Ramonete...! —llamó la vieja, signándose, y luego suspiró—: ¡No
sosiega una con criaturas!

Acostada, percibió la congoja de Ramonete. Y ella sopló al candil y rezó
tres veces su jaculatoria: “San Pedro, con vuestra licencia, voy a dormir;
las puertas de mi casa las guarde la Santísima Trinidad; mis ventanas,
San Joaquín y Santa Ana; mi aposento, el Santísimo Sacramento.”
Ramonete despertó espantado al sentir en su carne las manos afiladas de
la fantasma. Se había caído de la cama. Subióse muy medroso; ensanchó
los ojos y gimió:

—¡Señora tía!... ¡Señora tía!

Y estuvo aguardando.

La señora tía roncaba.

—¡Hijo! ¿Qué regodeo es éste?... A buen seguro que te pudrirías
durmiendo si no te tuviera a mi cuidado... ¡Pues que no oíste aquel
estrépito de campanas y de morteretes, que no parecía sino que era
venida la fin del mundo?

¡Y la bulla de los mozos que llegaban del monte con sus costales de chopo
y romero para enramar la casa de Nuestro Señor! ¿No piensas en la
fiesta? Darán las seis y te estarás allí como un gusano... Anda, hijo
Ramonete; anda, despabila; y en tanto que yo avío la clueca y los
cochinos, colócate este delantal lavado y el pañolico de pita..., y venga,
Ramonete; anda, hijo, que vayamos a la parroquia para bien
acomodarnos...

Y la señora tía salióse muy ahina a su corral, donde la pollada y los cerdos
la recibieron con alborozos y contiendas de gula.

Atolondrado, se incorporó el sobrino; entróse las calzas, que sujetó a las
rodillas con ataderas verdes; luego descuidó su atavío para estregarse los
ojos. Un dulce emperezamiento le rendía, y se acostó, diciéndose:
“¡Corpus, Corpus es! ¡La fiesta de Nuestro Señor! ¿Qué será Corpus?”

Desde la pocilga acuciábale la señora tía:

—Hijo Ramonete, ¿qué negocio tan largo es el que me llevas, que no
acabas de salir?

Muy azorado levantóse de nuevo el sobrino. Se puso las alpargatas y salió
a bañarse la cara en la pila del pozo.

La señora tía ya estaba en su cámara mudándose las haldas; prendió su
mantellina de pana negra y raída con larga cruz de ébano tendida sobre el
seno; recogió del clavo de la cabecera su rosario de dieces cabales y
llevóse de la mano al sobrinico, sin permitirle enmendar la lazada del
cenojil, que se le había desceñido.

—¡Ay, señora tía, que se me cae una calza!

—¡Hijo Ramonete! ¿Qué nuevo antojo dices para ir reacio?
—¡Mire, señora tía, que muestro el calcañar!

—Obra es del Enemigo, hijo Ramonete, para que no oigamos al señor predicador.

Y tiraba del zagalico, que había de jadear y brincar como un chivo zaguero para poder seguirla.

Cuando llegaron a la iglesia colgaba los muros el vicario, ayudado de dos mozos. Otros esparcían juncia y espadañas en las losas.

Una lámpara pestañeaba en la lobreguez de la capilla de las benditas Ánimas.

Vino la mayordoma de la cofradía. Las hijas trajeron una butaca de su sala, que había de servir para el oficiante.

—¡Hijo Ramonete, no miras cuánto lujo!... Ahora quédate sin menearte ni
resollar en este puesto, y yo iré a cumplir mi trabajo.

Y la señora tía acercóse al hormiguero de amigas que colocaban la palia
nueva.

Quedó Ramonete custodio del codiciado asiento, y pensaba: “¡Corpus,
Corpus!” ¡La fiesta de Nuestro Señor! ¡Qué será Corpus!” Y miraba a los
muchachos que pasaban libres y gozosos. Todos estrenaban ropas;
chupaban regalicia. Damián y Javierico traían bastones de hombrecito, y
Barberá lucía cadena de reloj y todo.

... Ramonete se aburría... “Corpus... Corpus... Corpus...” Y se quedó
dormido.

... Lo despertó muy enojada la señora tía.

—Hijo Ramonete, ¿no acabarás de afrentarme? Atiende, que está aquí
todo el pueblo y nos conoce... Mira que comenzó la fiesta...

Descaecía el sobrino entre la muchedumbre, y parecióle que su estómago
recogía como un ávido olfato olores mezclados de pisadas verduras, de
cera ardiente, de sudor de carne labradora, de telas tiesas y nuevas...
Los cantores gritaban rudamente el Gloria in excelsis Deo.

La señora tía, de rato en rato, mandaba al sobrinico: “Ponte en pies, hijo
Ramonete...” “Anda, hijo, y ponte de hinojos...” “Ahora, Ramonete, puedes
asentarte en tierra si te cansas...”

Hacíalo puntualmente el sobrino, y suspiraba de cansancio y hastío.

—¡Señora tía! ¡Señora tía!

—¡Calla, hijo Ramonete, calla y mira a Nuestro Señor, que te ve desde la
Custodia!

Subió Ramonete la mirada por el altar y la puso medrosamente en el viril,
en cuyo centelleo se apagaba la blancura de la hostia.

Estuvo Ramonete muy quieto, muy quieto, y sin apartarse de la
contemplación, musitó:

—¡Señora tía, no me mira Nuestro Señor!

Y sudaba y se removía buscando descanso con la mudanza de actitud.
Avizorábale indignada la vieja.

—Pero, hijo Ramonete, ¿qué nuevo antojo te dió?

—¡Ay, señora tía, es que... es que me estoy orinando!...

—¡En la casa de Dios esos pensamientos!... Reza, hijo Ramonete, que
todo es el Enemigo que te posee... Pero, calla, hijo, que el señor rector
subióse ya al pulpito... ¡Qué bendición de hombre!

Ramonete miró a lo alto. Los anteojos del señor rector resplandecían como
los del señor maestro en la malhumorada lección de los lunes...
Ya era mediodía cuando la vieja y el sobrino huérfano volvieron al portal
de su casa.

La quejumbre de los goznes inquietó a los cerdos.

—Vamos, vamos, ¿no conocéis al ama?

Y la risica de la señora tía fuése entrando por los obscuros cuartos, hasta
que sonó muy zalamera y despejada en el corral calentado de sol, ruidoso
de moscas. De la umbría de la pila y de la leña salieron las gallinas.

Ramonete aguardaba.

Al entrar, reparó en él la señara tía.

—¡Mustio hoy, Ramonete! ¿Pues qué maquinas, Ramonete?

Y alcanzó del último vasar de la alacena un cuarto de hogaza; goteó la
miga con aceite de la alcuza, añadióle sal, y se lo entregó, diciéndole:

—Anda, Ramonete, y hártate; la señora tía come en casa de la
mayordoma, que da comida a la congregación y a los señores curas. Pero,
hijo, no voy a regalo, sino a faena, que bien me conoces, y no acertara
llevándote. Hártate cuanto quieras, pues eres chico... Y ya sabes que en la
procesión hemos de vernos. Amigos tienes, pero mira cuál es tu
comportamiento, que quedaste a mi guarda... ¡no se diga, hijo Ramonete,
no se diga de nosotros!...

Estaba en quietud toda la aldea; y por las calles repasaban muy bajas las
golondrinas. En la sombra de un cornijal sesteaba un perro.

Ramonete se acercó a da casa de la mayordoma y oyó voces de
gargantas espesadas al engullir. La señora tía no sosegaba de hablar.
Ramonete se alejó mordiendo el pan y marchóse al ejido. Comía y miraba
el valle ancho, suave y arbolado. Lo abría un río de aguas silenciosas
donde se miraban las trémuías frondas de los chopos.

Y el paisaje le envió toda su tristeza en aquella tarde de la fiesta de
Nuestro Señor.

De la aldea surgió una vocecita campanil que parecía volar entre la calina
y perderse en los campos.

Estuvo atendiendo, y sus ojos se regocijaron y pensó: “Será Gregorico?...
Gregorico es, que dijo que helaría limón para Corpus.” Y guardóse en sus
bolsillos los zoquetes que le quedaban, y tornó al pueblo.

Ya estaban empaliados los principales balcones y las calles rociadas.
En un cantón de la plaza estaba Gregorico cercado de muchachos que
lamían da garrafa con la mirada.

Llegó Ramonete al grupo y saludo risueño y humilde al vendedor; pero los ojos claros y fríos de Gregorico no le acogieron amigos. ¡Oh! Gregorico no tenía cara de chico, sino de hombre abobado y cermeño. Miraba desdeñoso la rapacería anhelante; destapaba la heladora; con el largo cazo arrancaba de las paredes del cañón los grumos de dulce nieve y alzando la mano caía estrepitoso el rico y codiciado suco de oro... Ycuando algún lugareño le compraba de su refresco, él le servía solemnemente con hazañería y melindre de poner, en apariencia, más de lo que cabía en el vaso de vidrio recio y nublado. Y luego preguntaba chancero:

 “¿Va otro? Vaya otro!”

Ramonete se perecía de risa para celebrarle la chanza. Y Gregorico no lo notaba.
Vinieron Barbera y Damián y Javierico y también refrescaron, que llevaban
dineros. Bebían muy despacio contemplados por Ramonete.
Gregorico explicó menudamente la mixtura y cuando dijo del azúcar,
Ramonete, que ansiaba intervenir y congraciarse, preguntó:

—¿Y es “asúcar morena”, verdad?

—¡Morena, morena será! ¡Qué va a ser morena! —gritaron, burlándose,
los otros; y miraron y se acercaron más a Gregorico para desagraviarle.

Arrepentido Ramonete, oseó con humildad las moscas que revoleaban
tenaces sobre la abierta vasija. Pero Gregorico no estimó la fineza, y
antecogiendo vasera y garrafa se alejó voceando, rodeado de muchachos.

... Como suele en los rediles
en torno de los tarros de la leche
zumbar de moscas numeroso enjambre,
cuando ya llega la estación florida
y ordeñan al ganado...

que dijo el padre Homero.

Corpus, Corpus, Corpus... La fiesta de Nuestro Señor —íbase diciendo
el sobrinico huérfano y volvió al ejido y se tendió en su llano torrado de sol.
De abajo, de un olmo ribereño, brotaba, esparciéndose en el silencio de la
tarde campesina, la apasionada cantiga de un ruiseñor.

Súbitamente cayó sobre la gran paz estruendo de campanas y alarida de
banda. En el azul aparecían copos de humo, reventaban los cohetes y el
tronar se arrastraba de montaña a montaña. Pasaron muy alto los
gorriones de la aldea, refugiándose en el valle.

—... Corpus, Corpus, Corpus... —decía Ramonete. Y se afligió su alma.
La procesión apareció en la calle frontera al ejido. Todos los aldeanos y
labradores del término iban alumbrando.

Vió Ramonete a la señora tía delante de la mayordoma. Un viejo agobiado
por su capa pardal acercóse a hablarla. Y la señora tía abandonó su
puesto para buscar al sobrinico huérfano; su diestra empuñaba un cirio
doblado, rendido.

—¡Hijo Ramonete! ¿No tienes compasión de la señora tía? ¿Habré de
coserte a mis faldas? ¡Pues no ves que todo el pueblo acompaña a
Nuestro Señor!

Y se lo llevó agarrado hasta la fila de los piadosos congregantes.

En un remanso de la procesión, ocurriósele a la señora tía secretear con la
mayordoma, y los cirios de las dos devotas gotearon espesamente en la
cabeza del rapaz. Quiso éste apartarse, y, al hacerlo, derribó la candela de
la mayordoma.

Entonces la señora tía creyó morirse de vergüenza.

—¡Ay, hijo Ramonete, hijo Ramonete! ¿Te mordió alguna sierpe, o es que
en verdad te ha poseído el Enemigo?...

...Ya muy estrellado el cielo, entraban en su casa la señora tía y el
sobrinico huérfano.

—¿Cómo tropezabas tanto, hijo Ramonete?

—Es que me estaba durmiendo, señora tía.

—Bien dices, hijo; a mí también me rinde el sueño, que si tu divertimiento
te cansó, yo estoy majada del trajinar de todo el día. Y mejor será
acostarnos, que no conviene la cena tarde; y mira, hijo Ramonete, que
mañana hay escuela y no todo ha de ser holgar y regalarse.

Y la señora tía entornó su alcoba.

El sobrinico huérfano sollozó.

—Pues cómo, hijo Ramonete, ¿ya te dormiste y te anda la pesadilla?

—¡No es durmiendo, señora tía, que estoy llorando, estoy llorando de
verdad!

—¡Llorando, hijo Ramonete, llorando en la noche de la grande fiesta de
Nuestro Señor!

¡Corpus, Corpus, Corpus!... La fiesta fue de Damián, Garbiel y Javierico
y Barberá, que yo...

—¡Ay, hijo Ramonete, rézale al buen Ángel, y mira no murmures, hijo, no
sea que te castigue el Nuestro Señor!...

Ramonete no podía ya dormirse. Tenía hambre y miedo. Y gimió:

—¡Señora tía! ¡Señora tía!

La señora tía roncaba...



Gabriel Miro, 1908.






lunes, 1 de junio de 2026

APUNTES Y NOTAS SOBRE POÉTICA DEL SILENCIO, EN LA BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA, 1ª ENTREGA

Para la sección de Noticias del blog Ancile, traigo unos cuantos post basados en la presentación del libro Poética del silencio que se celebró el día 28 de mayo de 2025, en el templo del conocimiento, emblema de lo mejor de nuestra Universidad de Granada, la Biblioteca. Allí, el público asistente, junto a los que estábamos en la mesa (Eduardo Battaner, catedrático emérito de astrofísica y astronomía, el editor del libro José Antonio Rodríguez y un servidor), disfrutamos de un marco incomparable para hablar de ciencia, de arte y de poesía. Las fotos provienen de la cortesía de Alejandro Martínez Ferrer

Con mi agradecimiento a Olga Moreno, directora de la Biblioteca, y a María Artés, Jefa de Servicio.


APUNTES Y NOTAS SOBRE POÉTICA DEL SILENCIO,

EN LA BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA,

1ª ENTREGA



Apuntes y notas sobre "Poética del silencio" en la biblioteca de la Universidad de Granada. Francisco Acuyo


Quiero anticipar o mejor introducir mi intervención diciendo que en este libro no existen pretensiones que no sean fundamentalmente poéticas. Mi vocación y mi curiosidad de poeta, en este conjunto de trabajos que constituyen Poética del silencio, desembocaron en una suerte de juego entre teoría (literaria y científica) y praxis poética (que no es otra que el ejercicio de la misma poesía), y las cuales me llevaron a escribir este libro que, con toda su singularidad, parte siempre de la vivencia, la reflexión y ánimo de trascendencia que siempre la poesía invocó en lo más profundo de mi conciencia. La audacia, o quizá, la temeridad de acudir en estas páginas a la filosofía, a la ciencia, a las matemáticas incluso, son una muestra de ello, pero deben, no obstante, tener muy presente que su origen proviene, sobre todo, insisto, de mi curiosidad poética que ha sido y es siempre insaciable. Digo esto, porque me da la sensación que, aún en nuestros días, no se estima ni se entiende la poesía al margen de un ejercicio muy peculiar estético de lenguaje, o lo que es peor, de un mero recurso sentimental de desahogo, aunque esta insuficiencia provenga muchas veces de la falta de respeto que el poeta se tiene así mismo, tal vez por influjo de convenciones, ideologías o por la propia ignorancia de lo que encierra más hondamente la propia poesía. Así las cosas, no crean que, en la limitación de mis conocimientos filosóficos, científicos o matemáticos, quiera usurpar lugares que no me corresponden, haciendo referencia a cuestiones en las que de consuno inciden estas disciplinas, las cuales puede parecer que no deberían competer a un humilde poeta, que se mueve, sobre todo, en el dominio tantas veces inescrutable de las intuiciones, pero que no puede dejar entrever su amor y curiosidad por la ciencia, la filosofía y las propias matemáticas.

Apuntes y notas sobre "Poética del silencio" en la biblioteca de la Universidad de Granada. Francisco Acuyo
Fotos de Alejandro Martínez Ferrer.

En el ámbito de aquellas limitaciones señaladas y en la amorosa inclinación y dedicación a conocer la más íntima naturaleza del discurso poético, podemos decir que discurre la disertación general que constituye este trabajo, del cual, puedo decir a ciencia cierta, que he disfrutado muchísimo a través de sus indagaciones, lecturas, investigaciones y la posterior redacción que concreta este conjunto de ¿ensayos? que constituyen el corpus de esta Poética del silencio.


Mis dudas y limitaciones no han sido óbice para mostrar la osadía de un discurso por momentos interdisciplinar en el transcurso de sus reflexiones, pero creo, sinceramente, que las fronteras entre ciencia y poesía, no son en muchas ocasiones más que un espejismo, tal vez proyectado de manera interesada o simplemente ignorante u olvidadas de lo más interesante de nuestro pasado; como un ejemplo pronto y casi improvisado se me ocurren los casos de dos figuras eminentísimas como son Parménides o Lucrecio, que escribieron en verso sus tratados de profunda filosofía o incipiente ciencia. Son tantos los maravillosos vasos comunicantes que existen entre las artes y las ciencias, que me parece, quizá, con toda modestia lo digo, no se ha sabido, o querido discurrir o acceder a esta concurrencia de manera acertada en la mayoría de las ocasiones para, con la seriedad que se merece, tratar esta poco reconocida convergencia.







Apuntes y notas sobre "Poética del silencio" en la biblioteca de la Universidad de Granada. Francisco Acuyo
Fotos de Alejandro Martínez Ferrer.

viernes, 29 de mayo de 2026

RESPUESTA A RIGEL, DE ANTONIO CARVAJAL

 Traemos para la sección de Poesía del blog Ancile, la respuesta a un poema propio titulado Rigel,  en anterior entrada de este medio, y dedicado a nuestra común amiga Cristina Álvarez, actual Decana de la  Facultad de Traducción e Interpretación, y que yo mismo he puesto el título de: Respuesta a Rigel.



RESPUESTA A RIGEL






Bécquer llamó pupila al iris; ora

repite Acuyo la licencia pero

sigue Rigel azul en pleno cielo

de véspero feliz a enhiesta aurora.

No hay sema puro si la vista implora

sin lágrimas mirar azul tan bello

como es el de los ojos de este esbelto

ángel siendo Cristina medidora.

Si tú te has entregado a sus pupilas,

amigo, yo recojo su sonrisa

del cielo más hermoso de mis noches.

Viene y se mece en mi jardín umbrío,

bella de nácar si lilial su porte.

Y Salomón envidia su vestido.






Antonio Carvajal



Rigel, gigante  azul de la
 Constelación de Orión


martes, 26 de mayo de 2026

RIGEL

Para la sección de Poesía del blog Ancile, traemos un nuevo poema con el trasfondo constelado de las noches en Sierra Nevada, esta vez observando la gigante azul, Rigel, de la constelación de Orión.  La foto de la nebulosa de Orión que ilustra el poema está hecha con uno de mis telescopios. Lleva el poema el título precisamente de esta estrella, Rigel.


 RIGEL



Rigel, Francisco Acuyo





(Estrella gigante azul, de la constelación de Orión, 
viendo unos ojos que, observando,
en ellos la misma Rigel se confunde)

A Cristina Álvarez







   SI es raro en la belleza hallar destino,
profunda holló en mi espíritu su huella, 
si a creer que robó el azul la estrella
de tan bella pupila yo me inclino.

   ¿Qué impide a su contrario abrir camino
desde el cielo, si opuesta luz tan bella
viaja a la tierra por mirar aquella,
y ver su azul en ella peregrino?

   Mas la estrella será quien la pupila
emule para, así, envidiarla luego,
que es la suerte de aquel estelar signo

   dar sentido fugaz a la sibila
de la belleza, y señalar el fuego
que arde en su eternidad azul designio.





Francisco Acuyo







Rigel, Francisco Acuyo






viernes, 22 de mayo de 2026

LA POESÍA Y LA MÚSICA DE LOS NÚMEROS PRIMOS

Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos una nueva entrada en la que abundamos sobre la estructura rítmica del verso y sus potenciales relaciones con el mundo de las matemáticas, y esta vez bajo el título: La poesía y la música de los números primos.


LA POESÍA Y LA MÚSICA 

DE LOS NÚMEROS PRIMOS

 

La poesía y la música de los números primos. Francisco Acuyo

Resultan fascinantes para aquellos que nos sentimos misteriosamente imbuidos, o por lo menos más o menos intuitivamente concernidos por los patrones y estructuras rítmicas de lo más íntimo del discurso poético como es la métrica, ¿las coincidencias? relacionales entre sus estructuras y peculiaridades rítmico matemáticas y su eufonía y expresividad, si estas últimas son la sustancia reconocible del discurso poético.

Así mismo, nunca ha dejado de llamarme la atención que el verso endecasilábico encierre en su simbología numérica, 11, una atracción en las lenguas románicas y equivalentes en otras lenguas que se refleja en su uso frecuentísimo desde su aparición y que, según Antonio Quilis, se basa en quesu longitud coincide exactamente con la del grupo fónico máximo castellano. Su uso único o combinado con otros versos cuya cadencia combinan perfectamente con él, como es el verso heptasílabo es aceptado con total naturalidad.  Así pues, es un verso que en nuestros días se sigue utilizando masivamente en lugar de los tradicionales españoles como eran el dodecasílabo y, por supuesto, el octosílabo.

¿Por qué nos suena tan bien (recordamos la afirmación de A. Quilis) no siendo un verso nacido de nuestra lengua materna? Mucho se ha hablado de este verso en su conjunción enigmática con el soneto, y si este estaba estructurado de manera acorde a los elementos rítmicos reconocibles en la proporción áurea.[1] Este número phi que tanto ha dado que hablar en artes como la pintura y la arquitectura, parece tener también una apreciación especial en determinadas formas estróficas como es el soneto. Su representación decimal infinita es una sugerente cualidad que sin duda anima a las imaginaciones más inquietas. 

El valor numérico de la proporción del soneto parece cumplir lo exigido en la dicha proporción entre los elementos (segmentos) que la componen. Decía Euclides que una recta ha sido cortada en extrema y media razón cuando la recta entera es al segmento mayor como el segmento mayor es al segmento menor; ¿se cumple esta razón de proporción en la forma estrófica del soneto? No entraremos ahora, porque nos es el propósito de esta entrada, en una demostración matemática de tales afirmaciones sobre esta estrofa, pero sí seguiremos indagando sobre algunas peculiaridades numéricas que pueden, o no, aplicarse al uso de determinados patrones numéricos traducidos en ritmos que utiliza, no solo la música, también la poesía.

Pero, volviendo al célebre verso de 11 sílabas, ¿ha advertido algún poeta que dicho número es primo?[2] y que alguna de sus más celebradas combinaciones han tenido lugar con otros versos cuyo patrón es un número primo, por ejemplo el 7, identiifcado en los versos heptasílabos? Antes de entrar en otras consideraciones sobre la singularidad numérica del verso endecasílabo, hay que advertir de algunas características métricas que, veremos, si encuentran parentesco o razón matemática con el número once primo. El endecasílabo, a diferencia de otros versos, como el octosílabo, el decasílabo, etc… por ejemplo, no hay un punto medio de equilibrio: 4 +4 = 8; 5 + 5 = 10… No obstante, vemos que el verso de once, a diferencia de otros versos no tiene un punto en sus hemistiquios aritméticamente exactos de equilibrio. Entonces, ¿por qué se adapta tan bien a la intencionalidad eufónico expresiva del poeta, aun en períodos iconoclastas como los actuales?

El metricista avisado y el poeta con buen oído, encontrará una razón rítmica en las cesuras que admite este peculiar verso, las cuales nos darán precisamente advertencia del límite de la cantidad fonética en nuestra lengua. Y ahora viene la pregunta del millón, ¿guarda este cómputo métrico rítmico y eufónico alguna relación con el cómputo aritmético matemático? Y, finalmente, ¿Qué características y significación tiene el número primo para el patrón métrico? ¿Tiene alguna relación, a efectos prácticos en general y particularmente en el ámbito general de la métrica poética?

Seguiremos indagando sobre estas ensoñaciones o, acaso realidades, entre el número y la poesía en próximas entradas del blog Ancile.


 



[1] Cuya relación matemática resulta entre magnitudes que se ofrecen en un numero irracional apercibido de manera estética.

[2] Es el número que solo es divisible por sí mismo y por la unidad.


La poesía y la música de los números primos. Francisco Acuyo

martes, 19 de mayo de 2026

LAS MATEMÁTICAS DE LA VIDA EN LA LÓGICA DEL ARTE

 De nuevo traemos reflexiones diversas sobre la lógica, la conciencia, las matemáticas y el arte, para la sección de Ciencia del blog Ancile, y todo ello bajo el título: Las matemáticas de la vida en la lógica del arte.


LAS MATEMÁTICAS DE LA VIDA

 EN LA LÓGICA DEL ARTE

 

Las matemáticas de la vida en la lógica del arte. Francisco Acuyo


CUANDO UN ARTISTA se reafirma en su arte y considera que esa labor creativa es parte inseparable de sí mismo en su tránsito existencial, nadie se extraña con semejante afirmación. Si alguien dice que las matemáticas son una forma de vida, la cuestión puede tomar una vertiente bien distinta. Pitágoras pensaba de esta manera. Que un artista extraiga de la vida consecuencias para su arte es algo normal. Cuando ese artista aspira hacer de su arte una forma de manifestación vital, comparable al fenómeno de la vida misma puede inquietarnos un momento. Pero, que un matemático deduzca vida de las matemáticas, es algo más que una extravagancia que no muchos estarían dispuestos a tolerar. ¿Está vivo un principio lógico matemático, un axioma, un teorema?

Requiere otra pregunta cualquier respuesta a la anterior interrogante: ¿La identidad del mundo y sus diversos componentes dependen más de la forma que de la sustancia? ¿Qué papel  juega la conciencia en estos procesos de identificación y representación? ¿Qué rol tiene la imaginación en la conciencia? ¿Cuál en el artista? ¿Cuál en el matemático? ¿No es la imaginación la que emparenta al poeta, al artista, con el matemático?

Que el poeta utiliza patrones (matemáticos) rítmicos con los que sujetar el caos de las sensaciones y experiencias vitales al lenguaje rítmico, eufónico y expresivo de su discurso no debe tomarse por un secreto, es del todo evidente. Aquellas muchas interrogantes y las exiguas respuestas a lo antecedido pueden darnos nociones harto sugerentes que invocan un parentesco singular y no reconocido en el que pocos poetas y menos matemáticos han caído en la cuenta.

Las matemáticas de la vida en la lógica del arte. Francisco Acuyo
Se ha afirmado que sin retórica no puede haber matemáticas[1], ya que la lógica es la premisa fundamental del sustento de ambas. ¿Qué decir de la poesía, del verso, del poema como constituyentes esenciales de aquella? La retórica es perfectamente ostensible y reconocible en cualquier poema. ¿En qué se asemeja una lógica (retórica) matemática y la que consideramos poética? ¿Qué las diferencia?

Es reconocible, nos reiteramos en esto muchas veces, que incluso en la irrupción emocional o inconsciente del poema son detectables patrones rítmicos que fundamentan la eufonía y la expresividad del verso en relación con los contenidos semánticos que le dan sentido. No obstante, también sabemos que el discurso poético, muchas veces, en realidad responde a ¿magnitudes? incontables e insondables que sobrepasan el discurso habitual de la lengua común, aunque en cada lengua existan unas preferencias en utilizar estos o aquellos patrones de versificación. ¿Son estos parámetros rítmicos computables sostenidos por alguna lógica que se diferencie o se asemeje a una lógica aritmética puramente matemática?

La posible resolución a la anterior interrogante puede abrirnos sendas sorprendentes sobre la naturaleza peculiar de la lógica poética y sus diferencias y vínculos con una lógica contable y extranumerable. Que existe una razón cualitativa y expresiva y eufónica para la utilización de determinados versos me parece evidente, pero, ¿lo es para la mayoría de los poetas? ¿es entendible para el matemático este razonamiento, como sí pudiera serlo para el músico?

Daremos cuenta de ello en la próxima entrega de este blog Ancile, si es posible hacerlo con un razonamiento lógico.

 

 

Francisco Acuyo

 



[1] Tammet, D.: Ob. cit. 71.



Las matemáticas de la vida en la lógica del arte. Francisco Acuyo