Seguimos insistiendo con reflexiones nuevas sobre el ámbito de la conciencia, en este caso en el mundo de las matemáticas y las potenciales relaciones con la conciencia y el entendimiento humanos, y todo bajo el título de, Conciencia y algoritmos, para la sección de Ciencia del blog Ancile.
CONCIENCIA Y ALGORITMOS
Se deducía de las aproximaciones
de Kurt Gödel, que las matemáticas en realidad no pueden enmarcarse en procesos
algorítmicos de los que pueda estimarse una rigurosa solidez, ya que el
procedimiento matemático pude ir más allá de cualquier método algorítmico que conozcamos,[1]
por lo que, infiere Penrose, el entendimiento humano trasciende cualquier
proceso algorítmico.
Estas inferencias del Premio
Nobel Roger Penrose implican necesariamente algo que atañe fundamentalmente
a la naturaleza de la conciencia como un fenómeno genuino que no puede ser
computable. Esta aproximación me parece de capital importancia porque, no solo
afecta al entendimiento de la propia conciencia, sino también a los límites de
la propia computación, y, como la IA, puede ayudarnos en este caso por sus
limitaciones, a la mejor comprensión del propio fenómeno de la conciencia, ya
que las altísimas capacidades y eficiencias de la IA no tienen una comprensión clara de lo que
está realizando.
Para los gurús de la IA, esto no
significa que aquella, la IA, no pueda alcanzar a algún algoritmo desconocido
que por ahora no explica el genuino proceso cognitivo y de conciencia, cosa que
rechaza Penrose[2],
espetando que, si eso fuese cierto, ¿cómo podríamos saber que dicho teorema es
cierto?; además de no explicar cómo surgió por selección natural ese procedimiento algoritmo inherente a la conciencia, y qué ventajas
selectivas para obtener resultados correctos.
También desde una óptica física,
más concretamente, desde la mecánica cuántica, se objeta que la
conciencia pueda ser computable, así se deduce de la observación de la función
y el colapso de onda,[3]
donde la gravedad (el campo gravitatorio) intervine en el proceso de
observación y resultado final objetivo de dicha observación.
Me van a permitir una apreciación
que puede ser una audacia o un auténtico disparate, pero como poeta utilizaré
el uso (tal vez el abuso) de tomarme una licencia, digamos, poético intelectual
que irá introducida por una o varias interrogantes; a saber: ¿Qué es la gravedad?
¿Es, como dice la física clásica, una fuerza? ¿O como se deduce de la física
relativista y también cuántica, es un constructo matemático? ¿Y, si, de alguna
manera tuviera con ver con la misma conciencia? ¿Y si la objetividad final del
proceso cuántico en la función de onda no es en realidad objetivo físicamente,
sino que tiene una inferencia sustancial en la propia conciencia?
Finalmente, ¿Es la conciencia un
producto de la evolución? ¿Es un epifenómeno del cerebro y del funcionamiento
neurológico? ¿Es un proceso físico cuántico? ¿O la conciencia tiene por sí
misma una peculiar y rara sustancialidad que no depende de ninguno las
supuestos orígenes de ella ni de los procesos anteriormente interrogados?
En próximos capítulos de este
blog seguiremos haciendo preguntas e intentando obtener alguna respuesta.
[1] Penrose,
R.: Nueva física para la propuesta de conciencia ORCC-OR o reducción reducida
orquestada, en Ob. cit. Pág. 353.
[2] Véase su
reflexión sobre el teorema de Goodstein (así como la inducción transinfinita de
Cantor) que pone en cuestión que ningún algoritmo pueda responder a cómo
funcionan nuestros procesos mentales.










