jueves, 16 de septiembre de 2021

EL HAIKU SOBRE EL AGUA, LE HAÏKU SUR L'EAU, EN ÉDITIONS DU PETIT VÉHICULE

     Para la sección de Poesía, traemos el post titulado El haiku sobre el agua, Le haïku sur L'eau,  con una selección de poemas (y fotografías) del último libro publicado por quien suscribe este breve texto introductorio, en la bella y exquisita edición (artesanal, cosida a mano) al cuidado del poeta Luc Vidal, y con fotografías también del mencionado poeta, en la editorial Éditions du Petit Véhicule, en versión francesa de la profesora Joëlle Gautelli Tedeschi. Añadimos el enlace a dicha editorial para cualquier interesado en esta y otras obras publicadas en esta editorial ubicada en Nantes:


      Éditions du Petit Véhicule




EL HAIKU SOBRE EL AGUA, 

LE HAÏKU SUR L'EAU, 

(SELECCIÓN)

EN ÉDITIONS DU PETIT VÉHICULE



El haiku sobre el agua, Le haïku sur L'eau,  Francisco Acuyo


                                                                                     Al poeta y amigo Antonio Piedra

                                                Au poète, à l’ami Antonio Piedra
 
 
 
 
  
XI


 
    EL timbre frágil

del agua pinta el ámbito

de lapislázuli.


 
    LE timbre fragile

de l’eau teinte l’atmosphère

lapis-lazuli.
 



 
XII



 
(Amanecer marino)
(Aube marine)
 
 
   SE escucha azul

el vuelo de la noche

hacia la luz.



 
      ON écoute bleu

l’essor de l’obscurité

jusqu’à la lumière.


 

El haiku sobre el agua, Le haïku sur L'eau,
Fotografía de Luc Vidal

 

A la memoria del amigo y querido poeta Rafael Juárez

À la mémoire de Rafael Juárez, ami et cher poète

 

 

 

XXI


 

   SOBRE la mar

sueña el tiempo del río

la eternidad.

 

   LÀ-BAS sur la mer

rêve le temps du cours d’eau

une éternité.

 


 

 

XXII

 


   BAJO el rocío

la hoja tensa el silencio

en equilibrio.

 


   DESSOUS la rosée

la feuille tend le silence

en grand équilibre.

 

 

XXIII

 

   EN el aljibe

la voz suena designio

irremisible.

 


   En fond de citerne

la voix un irrémissible

dessein fait sonner.

 


El haiku sobre el agua, Le haïku sur L'eau,
Fotografía de Luc Vidal




A la memoria de Carlos Villareal,

maestro del agua.

À la mémoire de Carlos Villareal,

maître de l’eau.

 

 

 

LXX

 


   DE noche y libre

un espíritu corre

por el aljibe.

 


   DANS la nuit et libre

un esprit galope

au mitan de la citerne.

 


Dans la nuit et libre

court un esprit dans

le bassin de part en part.

 

 

 

 

LXXI

 


   Dice el azul

que en el agua penetra:

yo soy la luz.

 


   Proclame le bleu

qui au fond de l’eau pénètre :

je suis la lumière.






Francisco Acuyo, de El haiku sobre el agua

Le haïku sur L'eau

Versión Francesa  de Joëlle Guatelli Tedeschi.

Edición al cuidado del poeta Luc Vidal

Fotografías de Luc Vidal

 


 

 

El haiku sobre el agua, Le haïku sur L'eau,
Fotografía de Luc Vidal



                                                                     Éditions du Petit Véhicule

martes, 14 de septiembre de 2021

EL TIEMPO CONSTELADO II

 Para la sección de Poesía, traemos un nuevo post con otro poema de la publicación que estamos preparando con poemas y fotografías de Alejandro Martínez, que llevará por título: La ciudad constelada; este sería el poema número 2 del que lleva por título general: El tiempo constelado.




El tiempo constelado II, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez


 

II

 

 

 

Mas, nosotros, ¡oh estrellas!, nunca aquí

abajo recobramos lo que dimos 

a vuestro excelso brillo en forma de otra

nueva (¿o igual?) conciencia.

 

                                          Si este instante

en sí mismo un aliento consistente

contuviera, su espíritu volátil

(y perceptible apenas) al sentido

nos diría que el tiempo existe, que es

después de todo lo vivido frágil

memoria que en suspenso queda, como

irreversible página que anuncia

un futuro, no obstante, siempre incierto. 

 

   Que imaginemos su transcurso acaso 

sea que preguntarnos hace: ¿ahora

qué acontece?; y antes, ¿qué pasó?;

y luego, ¿qué sucederá después?  

Por eso no deviene algún momento

en esta noche, no se mueve ni

transcurre. El signo constelado se

dibuja con los astros en  inmóvil

movimiento: esta que habla ahora no

es conciencia de tiempo o de lugar,

si habitó alguna vez  lo acontecido.





Francisco Acuyo










El tiempo constelado II, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez

viernes, 10 de septiembre de 2021

EXÉGESIS DE LA REALIDAD ÍNTIMA DE LA MATERIA: CONSECUENCIAS PARA NUESTRA CONCIENCIA DEL MUNDO Y DE NOSOTROS MISMOS

 Traemos para la sección de Ciencia del blog Ancile, una serie de reflexiones sobre la estructura de la realidad según los criterios que aportan los descubrimientos de la nueva ciencia; esta primera entrega lleva por título: Exégesis de la realidad íntima de la materia: consecuencias para nuestra conciencia del mundo y de nosotros mismos.



EXÉGESIS DE LA REALIDAD ÍNTIMA DE LA MATERIA:

 CONSECUENCIAS PARA NUESTRA CONCIENCIA

DEL MUNDO Y DE NOSOTROS MISMOS




Exégesis de la realidad íntima de la materia: consecuencias para nuestra conciencia del mundo y de nosotros mismos. Francisco Acuyo


 

Que las relaciones de causa efecto son fundamentales para un correcto entendimiento y descripción de la realidad es una verdad científico filosófica que se puede calificar con el término (sintagma) -propio, por otra parte, de aquel participa del mismo sentido común, teniendo a este como la potencia que consideramos suficiente para apercibirse de las sensaciones externas y sobre las que tienen gran relevancia las convenciones, las creencias e incluso las proposiciones del entorno más inmediato a nosotros. Aquella orientación para la vida práctica bergsoniana se sustenta en lo razonable y que se dice tiene la mayoría de las personas sensatas y prudentes. En cualquier caso también reconocemos que dichas aproximaciones del sentir común, no tiene por qué ser rigurosas o científicas porque están basadas en un constructo social que puede no atender al pensamiento crítico.

            Pues bien, la realidad del mundo muchas veces no se aproxima siquiera al sentir común de la mayoría de aquellas personas que se precian de emitir juicios razonables y basar sus acciones en una lógica dada por supuesta a la hora de afrontar las cuestiones cotidianas de la vida. La falsedad de esos universales se ha visto puesta en evidencia en multitud de ocasiones por la ciencia (y por la misma filosofía), por lo que cabe reconocerse que no es tan buen sentido cómo cabía esperarse en un principio, pero no tanto porque no sea una función pura abstracta e intelectual (que también), sino porque los sentidos –en los que encuentra fundamento- nos engañan de consuno en lo que la misma realidad sea. La relatividad especial o la mecánica cuántica son las proverbiales sistemáticas científicas de la modernidad que ponen en evidencia ese buen sentir aceptado por comúnmente razonable. No han de ser estos, por modernos, los únicos hechos descritos por la teoría científica y demostrados en la praxis del laboratorio natural, pensemos, por ejemplo, en la vieja (y admirablemente puesta en cuestión aún hoy día por algunos merluzos) de la esfericidad de la tierra: la tierra debe ser plana a toda costa; ¿dónde irían a parar los que están en las antípodas de nuestro sustento plano evidente, si estarían boca abajo? Estos diálogos que hoy nos parecen  de concienzudos besugos, ponen sin embargo en evidencia la falsedad de ese sentir común razonable.

Exégesis de la realidad íntima de la materia: consecuencias para nuestra conciencia del mundo y de nosotros mismos. Francisco Acuyo

            Acaso sea la mecánica cuántica la que resulta más perturbadora para no sólo el sentido común, sino para la misma apreciación de la realidad material a la que aspira física (clásica), los fundamentos más íntimos de la materia y con ella de la realidad misma (así pues, las concepciones absolutas del espacio tiempo), o la inquietante y enloquecedora del sentido común: la no localidad[1] de los objetos del universo subatómico (acciones a distancia) que son constante de los fenómenos en lo más básico de la materia (decíamos, de las partículas subatómicas) que, al fin y al cabo, son las que sustentan las características menos cuestionables de la materia (de manera grosera: solidez, firmeza, durabilidad, permanencia…).

            Para que aceptar que la realidad contiene aspectos no locales, o que la realidad no tiene la consistencia que el sentido común apresura a poner delante de nosotros de manera incuestionable, porque caso esté en una desconcertante configuración, debemos recordar de manera permanente que nuestros sentidos pertinazmente nos engañan (de lo que el matemático se congratula) sobre lo que la realidad del mundo sea, aunque a nivel práctico podamos, supuestamente, obviar (aunque esto mismo lo pongo yo mismo en cuestionamiento, en tanto que ese reconocimiento puede ayudarnos  (de hecho lo hace a nivel tecnológico), para un mejor entendimiento del mundo, y sobre todo de nosotros mismos.

            En este punto no hablamos sólo de las consecuencias filosóficas que conlleva, también de las que atañen a nuestra percepción del mundo y que pueden tener una apreciación psicológica de importancia para constatar la realidad de nuestra presencia corporal y de nuestra conciencia.

            ¿Ponen en realidad patas arriba el concepto de causalidad estos extraños comportamientos de la materia de lo infinitamente pequeño? ¿Cómo incide el entendimiento de estos fenómenos en nuestro concepto de la realidad? Indagaremos sobre todo ello con más detenimiento en las siguientes entradas del blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Recordamos que dos objetos situados a distancia, en física, no pueden bajo ningún concepto influirse de manera instantánea, necesitaría de un intervalo temporal para que esto fuese posible, de donde deducimos la necesidad de un espacio tiempo para que esto suceda, por lo que es preciso que dicha influencia se propague a velocidades inferiores a las de la luz. Pues bien, este principio se demuestra inaceptable en el mundo de la realidad subatómica. El entrelazamiento cuántico será el término que pone en evidencia esta  realidad extraña (sobre todo al sentido común) de la materia en sus estructuras más íntimas. Para el matemático esta realidad resulta fascinante, porque pone en evidencia la importancia de sus acercamientos abstractos a la realidad física del mundo.




Exégesis de la realidad íntima de la materia: consecuencias para nuestra conciencia del mundo y de nosotros mismos. Francisco Acuyo


martes, 7 de septiembre de 2021

NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA VISITA

 Un nuevo relato que hará las delicias de los lectores sirve como nuevo post para la sección Narrativa del blog Ancile, de nuestro amigo y colaborador Pastor Aguiar, esta vez bajo el título, Nos vemos en la próxima visita.



NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA VISITA


 

Nos vemos en la próxima visita. Pastor Aguiar


_ Si hubieras visto los melones que yo tuve al fondo del patio. Me parece verlos todavía, como toros cebados. ¿Ves ese sofá? ¡Así de grande eran! Mira que a mí no hay quien me gane comiendo melón; pero uno de aquellos daba para cincuenta hombres.

_ Quizás no eran muy dulces.

_ ¿Qué no? Ay compadre, te emborrachaban de la dulzura, y rojos como una jovencita avergonzada. No creas que eran pocos, las guías se arrastraban por la esquina derecha del patio tratando de llegar a la casa, y alguna, al chocar con cualquier arbusto, trepaba por él y podías acariciar al melón colgante, ja ja, que se me antojaba la teta de una nube verde… lo que uno llega a imaginar, carajo.

_ ¿No te los robaban?

Nos vemos en la próxima visita. Pastor Aguiar
_ ¡Qué va!, yo les regalaba a los vecinos, los tenía que rodar tipo barriles. Pero fíjate hasta donde llega la rareza del ser humano, cuando iba al negocio de Domitilo y veía sus melones, me daba por tantearlos para imaginar su sabrosura. Siempre apartaba el más grande, que al fin y al cabo ni le llegaba al tobillo a uno de los míos. Pura manía, porque terminaba abriéndolo a medio camino de regreso, le daba unas mordidas y lo tiraba a un lado.

_ Milagro no siembras melones ahora.

_ Me desencanté a los pocos años, y no por ellos. Más bien fue una pelea que tuve por cuenta de la gata Reuma y mi mujer.

_ No me digas, chico, ¿y cómo fue la cosa?

_ Sabes que trabajo tres noches a la semana en lo de las pruebas de sueño. Pues esta vez estaba yo durmiendo después de la mala noche, serían las once de la mañana. Recuerdo que estuve soñando con tantos melones en el patio, que no me quedó más remedio que tender puentes entre ellos para poder caminar. Gozando mis visiones estaba cuando escuché voces extrañas en el portalito trasero. Salí con mi short de dormir y sin camisa, olvidando la dentadura al lado de la cama. Lo que vi parecía otro sueño, eran dos tipos agarrando a Reuma por las patas y una mujer de blanco cosiéndole la herida de la castración, pobre animalito, se lo ganó por andar en celo permanente, despertando al barrio con sus quejidos de chiquilla con hambre, decía “mamá” clarito. Pero para no cansarte, ya los veterinarios terminaban y querían irse a resolver una emergencia. Pidieron el cheque de ciento diez dólares. Mi mujer vio los cielos abiertos cuando me asomé y comenzó con aquello de “viejo, busca la chequera”. Imagina, yo medio dormido, desubicado en tiempo y espacio, qué chequera ni un carajo, no tenía la menor idea y me fui a registrar gavetas maldiciendo. En una de esas miré por la ventana y ya el trío estaba subido en su carro todavía reclamando la paga.

Nos vemos en la próxima visita. Pastor Aguiar

_ No imagino qué tiene que ver todo eso con tu renuncia a los melones.

_ Ya vas a ver. Yo estaba acumulando vapor como una locomotora, hecho una fiera porque no encontraba los malditos cheques, porque lo de la castración había sido por sorpresa, porque ya los cabrones daban pitazos desde el auto y eso sí que me sacó de quicio. Lo peor fue mi intento de vestirme durante la búsqueda, coño, pero todavía desnudo seguí registrando, y el pito con su jodedera. No pude aguantarme y eché manos al machete, que a ese sí lo tengo siempre a la vista. Salí al frente rumbo al carro de los cabrones hecho un león, con los cojones al aire, y fue remedio santo. Se perdieron en un santiamén, no sin antes aplastar una gallina del vecindario.

_ Bueno, pero te habrás desahogado.

_ No, para nada, no hallaba forma de calmarme, y el machete pedía sangre. Yo nunca había perdido el control de tal manera… creo que tantos desvelos, Reuma maullando en un rincón. Salí como alma que lleva el diablo hacia el melonar y comencé a destrozarlo a machetazo limpio. Si vieras cómo se rajaban dando gritos, cubriéndolo todo de pulpa roja que se me antojaba sangre. Ya te había dicho que eran melones gigantescos, de lo que puedes visualizar el mar de pulpa que se fue levantando hasta sobrepasar mis rodillas, con los trozos de cáscaras a manera de peces entre las piernas que ya me flaqueaban, hasta que caí sobre la mitad del último melón, prendido a él como a un salvavidas. Para entonces llegaba la ambulancia con los loqueros. Lo demás lo sabes, esquizofrenia paranoide, electroshocks, pastillas que escondo debajo del colchón, y gracias a que tú me traes medio litro de ron en ese pomito con el letreo de jugo de manzanas. Bueno, creo que se acabó la visita, nos vemos la próxima semana.

 

 

 

Pastor Aguiar





Nos vemos en la próxima visita. Pastor Aguiar

miércoles, 1 de septiembre de 2021

¡NO TENGAS MIEDO, BUEN AMIGO!

 Con este nuevo post para la sección Apuntes histórico teológicos, de nuestro amigo Alfredo Arrebola, seguimos abundando sobre cuestiones de interés en este ámbito, esta vez bajo el título: ¡No tengas miedo, buen amigo!



 ¡NO  TENGAS  MIEDO, BUEN AMIGO!

                                  

                                                   

¡No tengas miedo, buen amigo! Alfredo Arrebola

 

 

     Cuanto más reflexiono sobre la relación “Hombre -Dios”, mayores son las dificultades que hallo. ¡La fe y la razón en continua lucha!. No importa. A mi mente acude el ejemplo del famoso teólogo Pierre Rousselot (1878 – 1915) quien, aún a inicios del siglo XX, se vio  obligado a defender la dignidad de la  “fe de los  simples”, de  aquellos  que no podían acceder a las complicadas operaciones apologéticas. Sin embargo, me tranquiliza  haber encontrado a Jesús de Nazaret. Porque, a la verdad, no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en él que no poder  hacerlo.

En este sentido, recojo el pensamiento de  Francisco, nuestro digno Papa: “No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”, cf “Evangelio 2021”, pág. 271. Los creyentes cristianos, afortunadamente, sabemos bien que la vida con él se vuelve mucho más plena y que con él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Este es, pues, el sentido trascendental que yo deseo transmitirte, buen amigo: !No tengas miedo!.

  La “verdad subjetiva” - que radica en todo ser humano – también tiene su aspecto psicológico y ético que puede originar, sin duda, la paz y la tranquilidad. Por eso, desde mi humilde actitud cristiana, me atrevo, amigo lector, a animarte a conocer a Cristo a través de los Evangelios. Porque, sirviéndome de las palabras del famoso  profesor de teología  A. Hillaire, estos  son el libro más autorizado; el más íntegro, el más verídico de todos los libros. Estamos por consiguiente, tan ciertos de los milagros de Jesucristo como de sus enseñanzas. Los testigos que los narran los han visto; estos testigos no se engañan; sus narraciones han llegado hasta nosotros en toda su integridad, cf “La religión demostrada. Los fundamentos de la fe católica ante la Razón y la Ciencia” (1944).

¡No tengas miedo, buen amigo! Alfredo Arrebola
    Ya he comentado varias veces que, desde hace muchos años, tengo  por costumbre leer  el “Evangelio del día” en sus textos originales: griego y latín. El Evangelio - ¡sólo hay un Evangelio! - es la única luz que da sentido pleno a mi fe, esperanza y amor, bajo mi  “experiencia personal”. Por ello, posiblemente, me llamaron tanto la atención las palabras del impío J J  Rousseau (1712 – 1778): “¿Cómo recusar el testimonio de un libro escrito por testigos oculares que lo firmaron con su sangre, recibido en depósito por otros testigos que nunca han cesado  de darlo  a conocer en toda la tierra, y por el cual han muerto más mártires que letras tienen sus páginas?”, tal como hemos leído en “Introducción especial a los libros del Nuevo Testamento”, pág. 66 (Zamora, 1963).            

   Es cierto, benévolo lector – creyente o no – que la razón es un huésped incómodo para las religiones, pero hay que reconocer al cristianismo – opina  J A Marina, escritor y filósofo (Toledo, 1939) – que tuvo la osadía de no eludir el problema y pelear durante toda sus historia para hacer compatible la fe y la razón (cf “Por qué soy cristiano”, pág. 109 y “ Haces de luz. Reflexiones filosófico-teológicas”, pág. 13, de A  Arrebola). Podría citar – sin petulancia de “sabiondo – una larguísima lista  de personajes históricos que han intentado explicar esta difícil doctrina, pero permitid, al menos recordar a San Gregorio de Nisa, el Demóstenes cristiano, quien dejó escrito: “De la cultura profana hemos conservado lo que es búsqueda y contemplación de la verdad”, San Agustín, San Anselmo, Santo Tomás de Aquino, quien llegó a decir que la verdad humana y la verdad divina son iguales, y que un hombre que está en la verdad podría disputar incluso con el mismo Dios, porque “la verdad no cambia según la diversidad de las personas. Por eso, cuando uno expresa la verdad no puede ser vencido, cualquiera que sea su adversario” (In Job, cap 13 -2). Y entre otros muchos filósofos y teólogos está el nombre del franciscano San Buenaventura (1217 - 1274), quien prolonga esa alegre confianza con su deliciosa metafísica de la participación de la luz, tal como lo comprobamos en su famoso “Itinerarium mentis in  Deum”. La luz es el componente esencial de las cosas y como escribe el apóstol Santiago: “Toda  dádiva buena y todo don  perfecto de arriba desciende del Padre de las luces” (cf 1, 17), incluida la  inteligencia humana. Es difícil, a la verdad, coordinar fe y razón que, según el Profesor J A Marina, aparece en la elaboración teológico-psicológica del  acto de fe, que es una  compleja peripecia intelectual que ha debido de amargar la vida de muchos cristianos, incapaces de creer del  todo e incapaces de no creer del todo, también (Op cit pág. 111).

    No hay duda de que hay un trágico esfuerzo por complicar - hasta hacerla intransitable – la sencilla y cálida noción de fe que aparece a través de las páginas evangélicas: confianza en Jesús, en  sus palabras y promesas. Bastaría sustituir “fe” por “confianza. En esta misma línea está el pensamiento del  ya referido escritor  Marina el cual nos dice que “confiar” quiere decir creer que alguien no va a defraudar mis expectativas. Es, por tanto, una actitud hacia el futuro, y así la define San Pablo: “Fe es la sustancia de las cosas que debemos esperar”.

¡No tengas miedo, buen amigo! Alfredo Arrebola

   Desde los inicios de mi vida docente (1961), vengo observando esa manía persecutoria contra la religión  cristiano-católica, fuente – guste o no – de la milenaria cultura europea. La ignorancia es posible  que sea la mayor desgracia de cualquier pueblo o nación. Porque la religión, buen amigo, no es un problema de orden sentimental, sino una imposición de la razón y de la conciencia. Hoy más que nunca – hablo con la mayor objetividad posible – deben ser conocidos a fondo los verdaderos motivos de la credibilidad, para afianzarse más en su fe y estar más dispuestos a defenderla y darla a conocer debidamente. ¡Basta ya  de esas chorradas, propias del necio : “Yo no creo en los curas...; yo no he visto  Dios….!. Si eres “creyente”, tienes obligación moral de conocer la “razón de tu fe” (1Pe 3,15).

  La fe es un don sobrenatural – nadie puede decidir tener fe -, fuera de la capacidad de acción  del hombre, que Dios da cuando y a quien quiere. “Nadie puede decir “Jesús es el Señor” si no es por el  Espíritu Santo”, nos dirá San Pablo en “Epístola I a los Corintios (12,3). Y esto se fundamentaba, teológicamente, en dos premisas suicidas por su equivocidad. Una: la fe es un acto de conocimiento. La otra: la fe nos justifica, sólo la fe nos salva. Una y otra son afirmaciones “gnósticas”. Los católicos, influidos por Juan el Evangelista, subrayaron el primer aspecto; el protestantismo, inspirados en San Pablo, el segundo. Por su parte, Calvino (1509 – 1564), cierra el  círculo de la desesperación al unir la necesidad de la fe para salvarse con la incapacidad del creyente no ya de decidir tener fe, sino  ni siquiera de saber si Dios se la ha concedido, es decir, si está salvado o condenado. No le demos más vueltas: la fe es un don gratuito. ¡Pero también hay que trabajarla día a día!

    Grande es hoy el afán por conocer las ciencias  profanas, ya sean teóricas o aplicadas; pero existe un abandono casi total del estudio de la Religión, que, al fin y al cabo es la única que debe hacer felices a los hombres en esta vida y en la otra. Yo, personalmente, no apruebo que la diversidad  de las religiones es “voluntad de Dios”. De ninguna manera. Sólo hay un camino hacia Dios, y este es  Jesucristo, porque El mismo lo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Ese Jesús de Nazaret, el “Unigénito de Dios e Hijo del Hombre”, es la única luz para que no tengas, buen amigo, miedo. Sólo me atrevo a darte una recomendación: No olvides las palabras de San Agustín (siglo IV-V), quien peleó con uñas y dientes para salvar los derechos de la inteligencia humana en la fe: “Cree para entender, entiende para creer” (Crede ut  intelligas, intellige tu credas).

 

 

Alfredo Arrebola

 

Villanueva Mesía-Granada, Agosto de 2021.

 

          

¡No tengas miedo, buen amigo! Alfredo Arrebola

martes, 24 de agosto de 2021

TIEMPO CONSTELADO

 Para la sección de Poesía del blog Ancile traemos un nuevo post que lleva por título Tiempo constelado; poema que está incluido en el libro inédito La ciudad constelada, y que incluirá fotos del artista Alejandro Martínez Ferrez para la ocasión.



Tiempo constelado, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez




TIEMPO CONSTELADO

 



 

 

VED celestial la estela que, de brillo

ciñe esmaltado el pulso azul o blanco

(purpúreo, a veces) del preclaro cielo

en la noche de marzo añil.

                                                                      Diríase

exclamar constelado aquel paisaje:

¡Tú, conciencia, por fin regresa al único

mandato de tu ser a aquel espejo

en que se reconocen las miríadas

de estrellas, si pupilas de otro mundo!







Francisco Acuyo

 



Tiempo constelado, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez