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martes, 1 de abril de 2014

REVISTA JIZO DE HUMANIDADES Nº 8

La revista Jizo de Humanidades, en su entrega nº 8, fue presentada oficialmente el día 27 de marzo del presente año. Hoy, a parte de dar noticia del acontecimiento en nuestro blog Ancile, colocamos los enlaces para su visionado en la red. Advertimos que la visión de la misma no será completa, ya que las secciones de vídeo arte y de cine están reservadas en soporte magnético DVD sólo a los que adquieran la revista. La versión en papel también está disponible para los interesados. Los que desean adquirir la versión digital en PDF también podrán hacerlo mediante contacto con la página de Jizo ediciones, de la que aportaremos los correspondientes contactos.
En este número podrán contar con firmas de reconocido prestigio en el ámbito tanto de las letras, narrativa, poesía... como de las artes plásticas. Al igual que en entradas anteriores dejaremos material de orientación para que puedan someterla a su consideración.




 Enlace al nº 8 de la Revista Jizo de Humanidades.

  Enlace a la página de Jizo ediciones.




Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile



REVISTA JIZO DE HUMANIDADES Nº 8



Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile







NOTA EDITORIAL


La Revista Jizo de Humanidades vuelve a su actividad normal de edición y publicación en una segunda época, en la que aporta las siguientes peculiaridades de edición: tendrá tres versiones, una digital, con los contenidos textuales aportados para la edición del número, en
sus habituales secciones de poesía, narrativa o ensayo; otra, completa, en soporte magnético (DVD ), que incluirá como contenidos adicionales material artístico, gráfico, fotográfico y de video, y la tradicional en papel en tirada restringida para colección.
En esta nueva andadura inaugurada con este número ocho de la Revista Jizo de Humanidades se quiere ofrecer, con la misma calidad y exigencia de números anteriores, una versión más versátil y próxima al orden y reivindicación de los tiempos que corren, marcados por las nuevas tecnologías digitales en la oferta de publicaciones literarias y artísticas. Por eso creemos que estar adaptados a la situación actual demanda propuestas más acordes al panorama no sólo de crisis, en lo económico, sino también para verterse acomodadas a las necesidades y a los requerimientos de los lectores, adeptos muchos de ellos a la dinámica de las redes sociales, del blog, de las páginas Webs o de las consultas informatizadas e hipertextuales.
En esta línea podemos brindar al lector de esta nueva iniciativa editorial posibilidades nunca antes imaginadas en un mismo soporte editorial, valga como ejemplo singular la posibilidad de obsequiar al adepto de la revista, adjunto a los textos habituales de cualquier publicación similar, las reproducciones de obras artísticas, la visión de dinámicas creativas afines a la imagen como la videocreación o las imágenes cinematográficas (cortos) o la audición de textos que puedan ser interesantes para su examen y juicio sonoro. También entregar otra posibilidad de grande utilidad para el investigador y curioso lector: enlaces de interés en artículos, autores, obras incluidos en la red de redes Internet a través de enciclopedias y diccionarios virtuales, páginas web, blogs, etc... Se mantendrá una información puntual de todas las actividades de esta producción editorial a través de enlaces en las páginas que a propósito se han dispuesto para la ocasión de esta flamante etapa de la revista: blog, página en redes sociales y página Web que estará a disposición de todo aquel interesado en esta iniciativa. Así por ejemplo en el enlace al blog de la revista , en el blog Ancile, en la Web Ancile  o en la Web de Jizo ediciones,  entre otras que iremos aportando conforme avance esta propuesta editorial.
En la brecha inicial siguen prácticamente los mismos colaboradores y asesores de la etapa inicial de nuestra revista: está nuevamente dirigida por el poeta Francisco Acuyo, que cuenta con la asesoría en su consejo editorial de personajes de renombre nacional e internacional como Rosa Navarro, Emilio Lledó, Manuel Mantero, Antonio Campos, Antonio Carvajal, José Domínguez Caparrós, Antonio Chicharro, Antonio Sánchez Trigueros y Miguel Rodríguez Acosta, todos ellos, como digo, relevantes nombres de la literatura, las artes y la docencia universitaria. Como novedad, contaremos con el apoyo inestimable desde la comunidad hispana en Miami (USA ) de la poeta y escritora Jeniffer Moore y de los escritores Pastor J. Aguiar y Nelson Jiménez, vínculo que consideramos muy relevante porque nos abre una puerta al colectivo cada vez más numeroso de lectores en Estados Unidos en la lengua de Cervantes, amén de resultar una vía de integración más que interesante para toda hispanoamérica, la cual cada vez está más resuelta a incorporarse en la colectividad de lectores afines a este tipo de proyectos dinamizadores de la literatura, del arte y de las ciencias, que ya no hablan de futuro sino de una realidad presente a todas luces indiscutible e irrefrenable. En las tareas de logística editorial estarán trabajando con entusiasmo Gabriella Fabielli, Mª José de Córdoba, Juan Ruiz Ruiz, Juan José Martín Ramos, Ángel Rodríguez Abad, Mara Romero Torres, Joëlle Guatelli, Magda Robles y Tomás Moreno, que con su seguro empuje y positivo entusiasmo darán una dimensiónexcepcional a este proyecto que quiere manifestarse con una sustantividad manifiesta en la calidad de su producto pensado para satisfacer las necesidades intelectuales, artísticas,literarias y científicas en el ámbito de las ediciones culturales en la actualidad.
Con este ambicioso y entusiasta propósito nos presentamos de nuevo a la espera de que se traduzca en una realidad editorial que satisfaga las necesidades cada vez más complejas y exigentes de los lectores en la actualidad. Con ese fin ofrecemos este número ocho de la Revista Jizo de Humanidades y con la esperanza puesta en esta empresa para dilucidar, si fuera posible, sendas de edición que puedan ser útiles y satisfactorias a los verdaderos amantes de las artes y de las ciencias, si quieran acercarse y examinar nuestra incondicional y fervorosa labor editorial expuesta con tanta pasión como rigor en sus elaboradas páginas.


La dirección de Jizo de Humanidades.




Enlace al nº 8 de la Revista Jizo de Humanidades.

Enlace a la página de Jizo ediciones.




Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile
Con vistas al mar, de Lola López-Cózar


lunes, 24 de marzo de 2014

JIZO EDICIONES EN SU 8ª NÚMERO, Y LA CIUDAD CONSTELADA, PLAQUETTE DE FRANCISCO ACUYO

En esta última entrada del blog Ancile os recordamos que el jueves, 27 de marzo, presentamos el último número de la revista Jizo de Humanidades, el 8º, que porta firmas de relieve en el ámbito poético y literario, en sus habituales secciones de Poesía, Narrativa, Ensayo... Adjuntamos en esta entrega y de manera especial para el día de la presentación, la plaquette La ciudad constelada, de Francisco Acuyo, poema sobre el cielo constelado de la ciudad de Granada desde uno de los emblemáticos lugares del riquísimo patrimonio universal que la integra: la torre de su magna Catedral. 
Incorporamos a esta entrada la nota editorial de la revista para información de los interesados. Este número tiene la novedad de ofrecerse en edición impresa, en soporte magnético y en edición digital (incompleta para colocar en internet). Los contenidos son en algunos caso muy novedosos para una revista de estas características. De todo ello tendrán noticia en su nota editorial. También ofrecemos un breve fragmento de la plaquette La ciudad constelada. Adjuntamos la invitación al evento.



Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile



JIZO EDICIONES EN SU 8ª NÚMERO, Y 
LA CIUDAD CONSTELADA,
PLAQUETTE DE FRANCISCO ACUYO


Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile


La Revista Jizo de Humanidades vuelve a su actividad normal de edición y publicación en una segunda época, en la que aporta las siguientes peculiaridades de edición: tendrá tres versiones, una digital, con los contenidos textuales aportados para la edición del número, en
sus habituales secciones de poesía, narrativa o ensayo; otra, completa, en soporte magnético (DVD ), que incluirá como contenidos adicionales material artístico, gráfico, fotográfico y de video, y la tradicional en papel en tirada restringida para colección.
En esta nueva andadura inaugurada con este número ocho de la Revista Jizo de Humanidades se quiere ofrecer, con la misma calidad y exigencia de números anteriores, una versión más versátil y próxima al orden y reivindicación de los tiempos que corren, marcados por las nuevas tecnologías digitales en la oferta de publicaciones literarias y artísticas. Por eso creemos que estar adaptados a la situación actual demanda propuestas más acordes al panorama no sólo de crisis, en lo económico, sino también para verterse acomodadas a las necesidades y a los requerimientos de los lectores, adeptos muchos de ellos a la dinámica de las redes sociales, del blog, de las páginas Webs o de las consultas informatizadas e hipertextuales.
En esta línea podemos brindar al lector de esta nueva iniciativa editorial posibilidades nunca antes imaginadas en un mismo soporte editorial, valga como ejemplo singular la posibilidad de obsequiar al adepto de la revista, adjunto a los textos habituales de cualquier publicación similar, las reproducciones de obras artísticas, la visión de dinámicas creativas afines a la imagen como la videocreación o las imágenes cinematográficas (cortos) o la audición de textos que puedan ser interesantes para su examen y juicio sonoro. También entregar otra posibilidad de grande utilidad para el investigador y curioso lector: enlaces de interés en artículos, autores, obras incluidos en la red de redes Internet a través de enciclopedias y diccionarios virtuales, páginas web, blogs, etc... Se mantendrá una información puntual de todas las actividades de esta producción editorial a través de enlaces en las páginas que a propósito se han dispuesto para la ocasión de esta flamante etapa de la revista: blog, página en redes sociales y página Web que estará a disposición de todo aquel interesado en esta iniciativa. Así por ejemplo en el enlace al blog de la revista , en el blog Ancile, en la Web Ancile  o en la Web de Jizo ediciones,  entre otras que iremos aportando conforme avance esta propuesta editorial.
En la brecha inicial siguen prácticamente los mismos colaboradores y asesores de la etapa inicial de nuestra revista: está nuevamente dirigida por el poeta Francisco Acuyo, que cuenta con la asesoría en su consejo editorial de personajes de renombre nacional e internacional como Rosa Navarro, Emilio Lledó, Manuel Mantero, Antonio Campos, Antonio Carvajal, José Domínguez Caparrós, Antonio Chicharro, Antonio Sánchez Trigueros y Miguel Rodríguez Acosta, todos ellos, como digo, relevantes nombres de la literatura, las artes y la docencia universitaria. Como novedad, contaremos con el apoyo inestimable desde la comunidad hispana en Miami (USA ) de la poeta y escritora Jeniffer Moore y de los escritores Pastor J. Aguiar y Nelson Jiménez, vínculo que consideramos muy relevante porque nos abre una puerta al colectivo cada vez más numeroso de lectores en Estados Unidos en la lengua de Cervantes, amén de resultar una vía de integración más que interesante para toda hispanoamérica, la cual cada vez está más resuelta a incorporarse en la colectividad de lectores afines a este tipo de proyectos dinamizadores de la literatura, del arte y de las ciencias, que ya no hablan de futuro sino de una realidad presente a todas luces indiscutible e irrefrenable. En las tareas de logística editorial estarán trabajando con entusiasmo Gabriella Fabielli, Mª José de Córdoba, Juan Ruiz Ruiz, Juan José Martín Ramos, Ángel Rodríguez Abad, Mara Romero Torres, Joëlle Guatelli, Magda Robles y Tomás Moreno, que con su seguro empuje y positivo entusiasmo darán una dimensiónexcepcional a este proyecto que quiere manifestarse con una sustantividad manifiesta en la calidad de su producto pensado para satisfacer las necesidades intelectuales, artísticas,literarias y científicas en el ámbito de las ediciones culturales en la actualidad.
Con este ambicioso y entusiasta propósito nos presentamos de nuevo a la espera de que se traduzca en una realidad editorial que satisfaga las necesidades cada vez más complejas y exigentes de los lectores en la actualidad. Con ese fin ofrecemos este número ocho de la Revista Jizo de Humanidades y con la esperanza puesta en esta empresa para dilucidar, si fuera posible, sendas de edición que puedan ser útiles y satisfactorias a los verdaderos amantes de las artes y de las ciencias, si quieran acercarse y examinar nuestra incondicional y fervorosa labor editorial expuesta con tanta pasión como rigor en sus elaboradas páginas.


La dirección de Jizo de Humanidades.



Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile



LA CIUDAD CONSTELADA




[…] que de tus ruinas solas
se honrasen otras ciudades.
Luis de Góngora


Para Belén y Mª José Mesa y Christian Carbajosa,
esta ciudad constelada
en la noche del otoño de 2013





DEL astro las soledades
en un mapa traza urbano
el ángel de la distancia
estelar itinerario.

De la catedral la torre
pinta de gemas retablo
por donde se orienta el ángel,
si vertical astrolabio.

Se registra la ciudad,
a ras de cielo, portulano
que inscrito se refleja
puerto siempre solidario

para la marcha estelar
en la que apenas los barcos
siderales ya fondean
sobre el mar de los tejados. […]



Francisco Acuyo La ciudad constelada (fragmento).





Jizo ediciones nº 8, La ciudad constelada, Francisco Acuyo, Ancile




domingo, 25 de noviembre de 2012

TEORÍA DEL TIEMPO POÉTICO. APUNTES SOBRE LA METÁFORA DE LAS HUELLAS, DE ANTONIO CARVAJAL, SEGUNDA PARTE

Ofrecemos la segunda parte de Teoría del tiempo poético. Apuntes sobre Metáfora de las huellas, estudios de métrica del poeta y profesor de métrica y retórica de la Universidad de Granada, Antonio Carvajal. Cerramos con este post en un estudio hecho para la ocasión de la edición del libro Metáfora de la huellas, aparecido en la Revista Jizo de Humanidades en el número 3-4.


Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo




TEORÍA DEL TIEMPO POÉTICO. APUNTES SOBRE LA 
METÁFORA DE LAS HUELLAS, DE ANTONIO CARVAJAL, SEGUNDA PARTE



Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo


No satisfecho del todo continúa:

«Se puede calificar de magnífica la aproximación, análisis y conclusión aportada, por ejemplo, en su contemplación y estudio del soneto “Sombra final”39 de donde pueden deducirse que los conceptos “antirrítmico” o “anticadente” de los endecasílabos del poema acentuados en 1-3-6-9-10 sílabas, puede ser y son perfectamente discutibles, pues aquí habría que tener en cuenta el “cambio expresivo del compás”. Por eso la extraordinaria calidad estética de este poema no depende tanto del cumplimiento de la regla de una u otra preceptiva uniformada o simétrica, por el contrario, su impulso extremado y unificador proviene de la propia “convulsión” que producen los versos supuestamente antirrítmicos que, con su “colisión casi permanente de acentos”, pone de relieve, cuando ella desaparece, y tras la reaparición canónica de acentos, la serenidad después de la sensación de “la derrota y la renuncia” del amor con el que se infringe el poliritmo heterodoxo de aquellos endecasílabos atípicos».

Quizá aventure en exceso el pudor literario y crítico exigible nuestro cronista, pero al margen de las potenciales excrecencias interpretativas, sobre todo da evidentes muestras de su entusiasmo por la poesía cuando prosigue aseverando, tal vez con desordenada exhibición de juicios que extreman imprudencia en demasía, con neófitos consejos y enjuiciamientos críticos no sé si del todo necesarios, diciendo:

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
«No quisiera dejar a meced de quien no estime o considere la poesía en lo que métricamente conviniese, pues me consta que no son pocos los que, si no desprecian este campo de estudio, no le brindan interés suficiente, por lo que me afecta ser en mis juicios muy prudente, y preferir pecar de breve en lo bueno que de prolijo en lo que no sean más que inútiles excrecencias, más inclinadas al vituperio razonable que a la consideración recomendable y comedida.

»Por todo esto –continúa ardorosamente– huiré en la medida de mis fuerzas de cualquier afectación que entienda como excesivamente erudita, prefiriendo acaso encontrarme al arbitrio de una muy serena incertidumbre que pueda, la más de las veces, iluminar en sus dudas, que muchas certezas compartidas con la inatención y la desidia, incluso de una curiosa estupidez adulterada por el estudio».

Con este ánimo seguía el apunte intitulado: «Sobre la asonancia en caída»,40 a guisa de capítulo siguiente, sobre este libro sin duda tan recomendable; así también los juicios de este comentarista singular que, aun con las indecisiones manifiestas en la redacción de su discurso, así como lo relativo a su inseguro arbitraje crítico, deja traslucir, no obstante, junto a una intuición de dudosas y discutibles dotes de perspicacia, un indiscreto entusiasmo que contagia, a su vez, un intenso y no muy justificado optimismo. Ved si no, cuando decía respecto a este ensayo:

«En este trance nuestro autor se acerca hasta la rima que, en asonancia, “se produce por separación, en una de las palabras rimadas de la primera vocal constitutiva”,41 ilustrando con abundantes casos ejemplos de poetas varios,42 como el de Valle Inclán,43 cuando decía:

«por la oración de un conjuro
se deshojarán tus lirios.
De tus sueños seré íncubo».
       
»Establece –prosigue con decidido tono– posteriormente las conclusiones por las que se distinguen este tipo de rima, diciendo entre otras particularidades: “la palabra afecta tiene que ser esdrújula”, matizando que dicha condición depende de que haya o no sido sometida a cambios de pronunciación o de normativa ortográfica, por ejemplo: “heróico-heroico”. También supone el salto de la norma ortográfica, pues esta supone un impedimento para su consecución; añadiendo, finalmente, que la rima en caída responde a un juego de extremar “las galas” de la versificación».

Muestra nuestro comentarista el mismo talante y desparpajo que, desde luego, no ceja en la siguiente disertación impresa en nuestro libro motivo de apresurada reseña, y que se titula: «Rosa Chacel o las perplejidades de la rima», sobre la cual apuntaba:
Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
«En el ensayo siguiente, y después de la anterior exposición también sobre la rima, el autor parece despojarse, o al menos así me lo parece, de toda piel que vista de inquietudes con medida suficiente para envolver a un sabio; así de dificultoso nos parece cualquier avance serio sobre el análisis poético».

De este ánimo quisimos coger un poco, e inquirir en la espesura de la poesía, zambuyéndonos en las nuevas páginas de esta «Metáfora de las huellas», mas siempre de la mano de nuestro intérprete habitual, que añadía:

«Juan Ramón Jiménez44 sostiene que la rima es la marca que nos permite establecer un claro límite del verso; no será menor la importancia que para Rosa Chacel45 tiene este elemento según cabe colegirse de la lectura de estas páginas. Así, de las consonancias inversas y otras rimas “impertinentes”, nos ofrece un amplio muestrario de contravenciones rimarias, con las que acentuar, a mi juicio, uno de los aspectos más interesantes de su función. Apoya sus tesis en el autorizado criterio de José Domínguez Caparrós,46 quien establece dicha función esencial en “colocar la palabra en el tiempo vital”, y con esto entender que la rima no es la mera repetición de sonidos, pues gracias a ella “estamos dentro y fuera de nosotros mismos”, ya que “el encuentro de un sonido y el recuerdo de otro” nos remonta desde el mundo de la sensación al del recuerdo.»

No quisiéramos, en este momento del análisis, divagar excesivamente, pero creo que este concepto de temporalidad comienza ya a resultarnos estrechamente familiar. Cabe deducirse así de los fragmentos analizados de nuestro peculiar exégeta, aunque dicho concepto de tiempo no puede explicar, sino muy groseramente, aquella ilusión de que el tiempo verdaderamente transcurre. Pero pueden servirnos para, al menos, hacernos una idea de que el pasado, presente y futuro, y su distancia temporal son «el quicio de la estructura gramatical del lenguaje».47
Para seguir la ilación de lo aclarado y lo ya dicho por el artífice de nuestras interpretaciones, seguiremos las ocasionales e impertinentes premisas con las que continúa el hilo de su discurso:

«La sensación y la memoria son las que en realidad “crean la emoción imprescindible de todo poema”, y acaso no sólo del poema, quizá de lo que nos parece transcurrir del tiempo en el mundo».

En verdad no deja de ser, cuando menos curioso que, de la lectura e interpretación de tan extraordinario compendio de elaborados estudios, puedan deducirse tan peregrinas afirmaciones. Pero lo que de verdad interesa en este caso, es ofrecer, aunque sea en una interpretación apresurada e incluso errática, la solidez de argumentos suficiente para estimar el libro, a veces tan arbitrariamente analizado, como una unidad expositiva capaz de ofrecernos soluciones magníficamente expuestas, las cuales, además, vierten soluciones a problemas no resueltos en la temática a veces tan compleja que le ocupa.
Prosigue, no obstante, en su comentario añadiendo lo que sigue del siguiente capítulo titulado: «Apuntes sobre la semantización de la rima ausente»:48

«Si colocamos la rima entre el ritmo y la eufonía, consideraremos aquella no como elemento métrico en sí mismo, pero sí imprescindible “en la combinatoria de ellos”, y podremos constatar que las rimas serían harto más eficaces si son colocadas en las sílabas tónicas dominantes. Se verá, según nuestro autor, que el cambio de usos lingüísticos también va a reflejarse en unas “determinados tipos de rima”; pero quizá lo más destacable de este apunte sea, la vindicación de un hecho en verdad importante: la ausencia de rima se puede constituir en un axioma “cuando se prescinde totalmente de ella”, caso de las estrofas que contengan asonancia o consonancia, convirtiéndolos, finalmente, en versos blancos.
Parece que la desconsideración del poema, susceptible de estos efectos, no debiera, tan apresuradamente darse por justificada, pues en muchos casos esta “ausencia de rima se carga de contenido semántico”. Ruega atención de los siguientes versos:

“Deshace la sonora
soledad su celeste santuario,
si de silencio su mensaje ahora
sueña cántico acorde
de un alma constelada solitario”49

»De donde «la ausencia de rima puede ser metáfora de otra ausencia dicha en el poema». Parece hacerse sentencia constatable aquella interrogante de Rosa Chacel que decía: “¿Una palabra puede ser un hecho?” Así parece ser, si tenemos en cuenta que “la ausencia de rima vale tanto como un silencio”. De nuevo la sensación y la memoria en su quieto movimiento que acaso confunden de nuevo con su presumible transcurso».

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
Antes de entrar en la siguiente pieza crítica de esta excepcional síntesis de singularidades y principios métricos, y me refiero al que su autor, Antonio Carvajal, titula: «José Hierro: La desmesura de lo medido»,50 añadiría que, en lo que sigue, nuestro crítico, mantiene la línea principal de su análisis, con divagaciones sobre una temática paralela, pero a mi juicio, confusamente contrastable con la marca argumental del libro que se comenta, así insiste:

«Quisieramos matizar algo sobre el mencionado concepto temporal, pues creo que enlaza también con el criterio de el gran Antonio Machado de “Estos días azules y ese sol de la infancia”51 compartiendo parentesco con el pensamiento del propio de Henri Bergson52 que nos trae a la memoria aquello de «somos tiempo», pues cuando habla de este, establecía aquellas idealizaciones con un marcado carácter cenestésico, así mismo sometido a una sujección mental a lo sensorial cinético o de movimiento que, a la postrer, es la huella que primordialmente nos engaña en el supuesto del transcurso, marea y velocidad del tiempo»

Con todas las recomendaciones que exige la prudencia en estos casos, nuevamente insistiremos en la reiterada incidencia del concepto de tiempo, de forma poco elegante por cierto, de nuestro benévolo censor en el oficio de su análisis, mas esta vez atento al oxímoron con que se anuncia la disertación siguiente: «José Hierro: La desmesura de lo medido»53; y comenta:

«Prosige nuestro caro autor en su exposición en la siguiente conferencia, recordando el oprobio que significaba para cualquier poeta que se preciase en este momento histórico54 escribir sonetos: pretendían proscribir su uso los más encarnizados heterodoxos. En este mismo ímpetu iconoclasta era extensible hacia cualquier otra composición medida o rimada. Todo esto, curiosamente, como resalta nuestro eximio ensayista, durante los años donde mayor proliferación de textos y estudios habían de surgir sobre el estudio de la métrica,55 no pudiendo sino hacer nuestra su perplejidad ante el hecho de que buena parte de nuestros estudiosos de la poesía contemporánea, venga a insistir de manera prácticamente exclusiva, sobre las “configuraciones de la cosmovisión del poeta elegida su explicación y comentario desde influencias de otras prácticas literarias y de textos filosóficos, y no se alude casi nunca a los libros teóricos y técnicos”,56 lo que denota ilustrativamente el menosprecio hacia todo lo que, de una u otra forma, tuviera que ver con aspectos técnicos o formales.
Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
»En el caso del excelso y entrañable José Hierro (recientemente desaparecido) va a presentar una imagen en nuestra poesía que, por momentos, plantea dudas, si pretendemos emparentarlo con sus contemporáneos. Su manejo del eneasílabo lo propone como poeta de singular estilo, y su uso habitual lo caracteriza de esta manera, a pesar de ser este un verso excéntrico dentro de nuestro canon literario. Sin embargo, y como demuestra magistralmente Carvajal, se ofrece como un verso que no es en absoluto incompatible con el buen quehacer poético, en tanto que este personalísimo oficio debe mucho al “tono” con el cual se manifiesta, como particular piedra de toque en el poeta verdadero. No obstante, debemos tener muy en cuenta que dicho “tono”, al margen de ser algo enigmático e intransferible, se hace expreso mediante materiales concretos y perceptibles (silencios, sonidos), y que sobre estos se pueden incidir con un buen magisterio; cosa bien distinta será hablar de enseñar un “tono” determinado.
»De José Hierro, advierte nuestro autor ciertos elementos intrínsecos y característicos de su obra, tales como los valores “de deslizamiento interestrófico entre el adjetivo y sus complementos” y la ruptura del sirrema establecido canónicamente. Vemos que junto a la intención poética manifiesta en autores de genio para “unir palabras que jamás lo habían estado”, debe señalarse la opción contraria, al desunir lo que siempre había estado unido».

También se percata nuestro comentarista, aunque se hace breve en exceso en sus aproximaciones, que trascender la tan cacareada deshumanización del arte gassetiana ha llevado consigo más que trascendencia, reacción, esto lo veremos por la manifestación de intenciones tales como la sustitución de las «ideas sublimes» por los «sentimientos inmediatos», para acabar en la irrisoria degradación de la maledicencia reflejada en el chisme, la murmuración y la comidilla; tal ha sido la «rehumanización del arte», pues se ha vertido como sinónimo de solemne indigencia expresiva. Cabe preguntarse con el autor de nuestro libro si la segunda versión del poema «Caballero de otoño» de Hierro57 no adolece de aquella sintoma-tología descrita. Incluso nuestro irregular intérprete cae en la cuenta de esto cuando advierte de la lectura y análisis de Antonio Carvajal:

«La pérdida de timbre, rimas, asonancia; la ausencia de deslizamientos, metáforas, sinéstesias audaces, marcarán la diferencia de una primera y posterior versión del poema, salvando, desde luego, las distancias del poeta auténtico, y claro está, Hierro lo es: si bien el poeta adolescente era “un mago”, con los años ha pasado a ser “un cronista”, relación de diferencia que, como digo, avala la autenticidad del poeta».58

Ahora que ya finaliza el libro a comentar y el propio comentario del intérprete escogido, podemos observar que todo el transcurrir de su disertación explicativa sigue la impostura de un discurso poco ortodoxo, el cual espero del buen gusto, paciencia y sereno talante del lector, encuentre comprensión, pues merece, no obstante la atención, aunque sea sólo en un aspecto: el de concebir su parlamento casi como un solitario retiro, pues no parece turbar la lectura que interpreta, e intenta conjurar cualquier asomo de afectación dogmática (con desigual resultado). Muchas veces parece no perseguir nada en su reseña si no gozar de la suavidad de un espíritu aéreo que lo sustrae abiertamente de contexto, de donde cabe colegir que no sea el arte de la exégesis su genuino oficio. Esto puede observarse también en el comentario y cierre del último ensayo: «María Victoria Atencia, o la armonía», cuando dice:

«Veremos las excelencias del alejandrino en un poema de María Victoria Atencia, titulado “Laguna de Fuentepiedra”59, y donde Antonio Carvajal nos invita gratamente a distinguir entre “modelo de verso” y “ejemplo de ejecución”, para poder disfrutar del “dezir” del verso, término recuperado por Carvajal por adecuarse mejor a su concepto».

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
Se diría de este y otros comentarios (con lo que muestra su torpeza) que más de las veces que prodiga las alabanzas y los laudes al magnífico libro, se diría que no es sino forma indirecta de darse mérito a sí mismo. De cualquier forma, podía decirse que del hecho de saber escoger y disfrutar de una buena lectura, por ser siempre cosa muy recomendable, radique la única bizarría de sus comentarios. Pero no quisiera que pensase el lector atento que nos hemos despojado de toda modestia, de todo pudor, de toda sombra de delicadeza, mas al contrario, siempre huimos (y por eso criticamos esta interpretación) de toda eminencia audaz por impertinente en el severo ejercicio que encierra la interpretación del discurso ajeno. Los que toman en jactancia la naturaleza de sus opiniones, pueden asegurarse su incapacidad y mostrar nada aceptable este género de crítico parlamento.
Finalmente, añadir respecto a la labor de nuestro inopinado comentarista que, no obstante de las limitaciones obvias que presenta lo expuesto en su trabajo, se infiere un extremo de sensatez al menos en lo que concierne a cualquier enjuiciamiento de la poesía cuando dice:

«Siempre tuvimos extremadamente claro que suscitar opiniones, litigios y controversias sobre poesía será, sobre todo, escarnecer torpemente nuestra propia insuficiencia. En la poesía verdadera parece haber desplegado la naturaleza en igual proporción toda suerte de perfecciones y de enigmas, y acaso también deja con bastante rigor y de manera muy patente que las cosas no maduran hasta su estación. Es pues, altamente sugestivo entrever al menos qué es lo que puede aprehenderse en poesía, y este lugar, a mi modesto entender, resulta maravillosamente a propósito para nuestro ensayo».

Estas líneas inseguras (aunque sinceras) nos sirven de escena; ese entusiasmo manifiesto, como bastidores: accionando su discurso como si estuviera en presencia de un público vívido y expectante. En su descargo, diremos también que cuando un poeta (porque nos parece a todas luces que lo es) hace las veces de crítico no es que éste abjure de las subidas excelencias de la poesía, y se convierta en un hereje execrable de su origen excelso, ni que renuncie a la llama misteriosa que enciende la radiante belleza en su sublime divinidad, pensando que son espíritus de otra alcurnia. En este sentido añade un interés grande, cuando lleno de admiración y respecto a la lectura de la «Metáfora de las huellas» dice:

«Estamos inermes ante la franca gentileza del lector, además creemos estar exentos de toda censura en tanto que nuestra entrega a la lectura de estos ensayos ha sido total y sincera, y así, creemos también que la métrica tiene la propiedad nada despreciable de disipar una de las falacias que afecta a la sustancia misma de la poesía: evapora aquella ilusión, tantas veces inicua que, algunas veces al poeta, otras al lector, fascina a la vista, cuando debiera atender más al oído y restituir el equilibrio a los sentidos que atienden y afectan verdaderamente la poesía.»

Y de nuevo vuelve a insistir en esa enigmática relación temporal de la poesía y el mundo, y dice, concluyendo:

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo
«De igual modo se diría que el tiempo ofrecido en el ritmo de los versos, o el latir de nuestros corazones, o el palpitar del mundo en nuestros ojos sea origen de una ilusión pertinaz: la del transcurso del tiempo ¿Con respecto a que se mueve? Sería francamente absurdo relacionarlo consigo mismo.»

Diremos nosotros, finalmente, siguiendo la misteriosa línea de su discurso, que hablar de la naturaleza de la poesía, es hablar de las leyes y las excepciones que la conforman, y porque no queremos tan solo hablar, sino hablar con propiedad, y no buscamos excusas en este trance, diremos pues que el tiempo que sí conocemos es el empleado en la lectura de «Metáfora de las huellas», el cual os restituirá con resarcimiento, pues será en muchos momentos como escuchar de nuevo aquel vívido recuerdo del poema y de la poesía que tanto gozo nos procura y en ella tanto admiramos, pues nos incumbe mantener el eco de su gracia en corazón y espíritu como en una sola remembranza, por eso instigar a su lectura es el verdadero principio de nuestro fin, fundamentalmente para obsequio de vuestro deleite



                                                                                                                    Francisco Acuyo      




39 Vicente Aleixandre: Obras Completas: Ver nota 35.
40 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag .113.
41 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag. 114.
42 Junto a Valle Inclán, recoge ejemplos de Jorge Guillén, Federico García Lorca, Luis Cernuda, del mismo Antonio Carvajal, Milena Jáved, Miguel García, Francisco Pino, Antonio Piedra, Miguel de Cervantes y Francisco Acuyo.
43 Valle Inclán: «Nigromancia» :Obras Completas: Espasa Calpe. Madrid 2002.
44 Juan Ramón Jiménez: Obras Completas. Aguilar. Madrid 1969.
45 Rosa Chacel: «Canalillo»: Obras Completas: Diputación de Valladolid 1989.
46 José Domínguez Caparrós: Métrica Española: Ver nota 27.
47 Paul Davies: «La flecha del tiempo»: Ivestigación y Ciencia (Scientific American). Noviembre 2002.
48 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.135.
49 Francisco Acuyo: «El Hemisferio Infinito». (En prensa).
50 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.145.
51 Antonio Machado: Poesías de la guerra: Coplas, CCXLI. (1923­-1936): Obras Completas. Espasa Calpe. Clásicos Castellanos. Madrid 1988.
52 Henri Bergson: essai sur la relation du corps a l’esprit . Alcan, 1939.
53 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag 145.
54 Década de los años cincuenta.
55 Tomás Navarro Tomás, Gili Gaya, Balbín de Lucas, Carballo Picazo, Díez Echarri, Martín de Riquer, López Estrada entre otros.
56 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag. 147.
57 José Hierro: Caballero de Otoño: Antología. Sel. e introd. de Aurora de Albornoz. Visor , Madrid 1998.
58 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.160.
59 María Victoria Atencia: «Laguna de Fuentepiedra»: Antología poética. Madrid, 1990.



Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, 2 Francisco Acuyo


miércoles, 21 de noviembre de 2012

TEORÍA DEL TIEMPO POÉTICO. APUNTES SOBRE LA METÁFORA DE LAS HUELLAS, DE ANTONIO CARVAJAL


Recogemos, del número 2-3 de la Revista Jizo de Humanidades, el trabajo intitulado Teoría del tiempo poético. Apuntes sobre La metáfora de las huellas, del poeta y profesor recientemente galardonado con el premio Nacional de Poesía, Antonio Carvajal, que tuve la ocasión de publicar con motivo de su edición. Trabajo de singular carácter que me sirvió para reflexionar sobre cuestiones, a mi juicio, bastante interesantes sobre los aspectos métricos en poesía. Se publicará en dos entregas para la sección de la Revista Jizo de Humanidades de nuestro blog Ancile. Sirva, pues, esta entrada inspirada sobre estudios de métrica del excelente profesor, como particular reconocimiento y homenaje al extraordinario y excelso poeta.


Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo





TEORÍA DEL TIEMPO POÉTICO. APUNTES SOBRE
LA METÁFORA DE LAS HUELLAS DE ANTONIO CARVAJAL


I



AUNQUE TODAVÍA SE sostenga, tras su amena lectura, palpitante el vívido recuerdo del poema, diremos que nos incumbe mantener el eco de su gracia en corazón y mente como en una sola y única remembranza, y con ella, así verter algún crédito digno de certeza, y sobre él, así mismo, confiar de algún modo esa prístina luz donde encendió su llama intransferible la poesía. Sin embargo, diremos también, que se ofrece necesario ese otro impulso que tanto ha combatido la sustancia, naturaleza y esencia misma del poema, cual es el de su conveniente (o acaso inconveniente) análisis interpretativo, cuyo rigor exigible parece tantas veces inútil ante el fulgor inmarcesible de su vuelo: de forma tal nos asiste su inextricable materia y su alado espíritu y de los cuales fluye, simultáneamente, entretejida la poesía.
Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo
A este fin quisimos encarecidamente dedicar las páginas que siguen y que fuesen menester para siquiera entrever su industriosa estructura, con el convencimiento, no obstante, de la imposibilidad de su realización práctica y acaso definitiva en tan corto espacio como el que ha lugar en este apunte apresurado. De cualquier forma quiere dar noticia este escrito de la que consideramos sin duda influyente opinión1 sobre ese aspecto singular que aboca la poesía, como aquel fenómeno que responde entre otras muchas cualidades, a todas esas que hacen de ella, de la poesía digo, una suerte extremadamente peculiar de discurso, por el cual estudiamos lo que afecta a la disposición del ritmo y su eufonía, así como a la transcripción de su unidad lingüística, esto es: el verso, o lo que viene a ser lo mismo: los estudios de la Métrica como disciplina de particular exégesis en la composición y funcionamiento del verso.
Para todo lo cual vinimos, en principio, a basarnos en un estudio breve e intenso, aunque algo irregular en su desarrollo y precipitado en su disposición sobre el tratado, el cual llegó a nuestras manos antes que el propio texto objeto de estudio, por eso, y por otras necesidades que iremos viendo y apuntando más adelante, y aun con todas sus seguras carencias estimamos oportuno tenerlo en cuenta. A la luz de su heteróclito manifiesto, posteriormente, y una vez leído con detención el título sobre el cual versa su análisis, convenimos hablarles del uno (del libro en cuestión: «Metáfora de las huellas(1)»), teniendo en cuenta la perspectiva del otro (del registro del intérprete), con el fin de contrastar las que pudieran ser, en algún momento, dispares opiniones, pero que vendrían a confluir todas en lo mismo: el interés y admiración por la obra elemento fundamental de nuestro comentario. Veremos pues, inicialmente, como nuestro analista literario da los primeros pasos (vacilantes) sobre la obra que nos ocupa, diciendo:

«No trata, pues, esta obra, de ofrecer un «corpus» o canon dogmático con el que imponer viejos o nuevos sistemas de precepto sobre los cuales inclinarse según unas u otras preferencias normativas. Al contrario, nos parece que aboga con grande amenidad por lo que puede parecer una heterodoxia en temática, cuya acritud y severa disposición, han parecido desde siempre proverbiales. Veremos que, si bien se puede recurrir a las autoridades metricistas2 y 3 para reconocer las normas, es también capital la «interacción entre los sistemas»4 para establecer las excepciones a dicha normativa. En todo caso, no hubiere sido del todo prudente dar a la imprenta el compendio de sus ensayos5 sino fuese porque todos ellos obedecen a unos criterios de estructura, estilo y concepción métricas perfectamente compensados por años de riguroso estudio y, desde luego, por los no menos numerosos e intensos de excelente poeta con los que hacerlos concordantemente prácticos.»6

En este tono prosigue nuestro intérprete:

«No hemos dejado de seguir para nuestro propósito el dictado de un libre juicio en todas nuestras disquisiciones interpretativas, mas también siendo muy conscientes de sus limitaciones por los presuntos prejuicios sobre la materia, no en vano, algunos de nosotros también escribimos versos,7 y que así se nos muestre, a la luz o a la sombra, el análisis del poema, lo cual  no debe nunca ofrecerse como verdadera herejía. Sin embargo, creemos haber garantizado en el transcurso de este comentario una conciencia tan clara como espontánea en sus exposiciones y juicios, siempre muy conscientes de que el discurso sobre poesía, fuera de sus cauces singulares de expresión es algo, cuando menos, fragmentario y, muchas veces, en extremo tendencioso; pero también partícipes de la pródiga e ingente generosidad que siempre decanta riquísimo el fenómeno poético: quizá por esto somos de los que piensan que cuando se analiza la poesía, esta se adelanta siempre a nuestras demandas con la benevolencia desprendida de su oferta».

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo
Este guía entusiasta, no hace sino suyo el liberal continente del autor que, con tanto y tan exquisito rigor y juicio, en estas páginas se retrata, a su vez, como el auténtico intérprete. Así, a tenor de los sistemas métricos de mayor relieve, y nunca en términos conminativos, advierte de la necesidad de su conocimiento (y siendo poeta, incluso de su manejo discrecional), pero estableciendo algunas precauciones, y todo ello dando muestras, tras sucesión de pronósticos razonados y siempre razonables, de los peculiares casos y sucesos que afectan al verso, y por ende, a la estructura misma del poema. Adelantamos, sin embargo, que de buena parte de su exposición, se consagra la invulnerabilidad de la poesía verdadera, siendo esto sin duda requisito indispensable para su fruición y más certero conocimiento.
Proseguía en sus disquisiciones, invocando a las propias palabras del autor cuando decía:

«Hay que distinguir rigurosamente entre el movimiento y el resultado de dicho movimiento»,8 como cita introductoria al ensayo primero,9 pues se establece con él, la primera dicotomía importante, máxime si pretende hacerse distinguible el ritmo del verso, o mejor, del ritmo como parte integrante e indisociable del verso mismo. Cuando así establece la dificultad, acaso insalvable, en la definición del ritmo, no podemos evitar la asociación intelectiva con otro concepto que encierra desde siempre no pocas dificultades para una definición concreta, definitiva, nos referimos al concepto de tiempo. También como ocurre con la belleza, que «nadie es capaz de encerrarla con palabras».10
Aparece por vez primera el concepto singular de tiempo, como decía, por parte de nuestro singular tutor, insuflándole un excéntrico sentido por no decir muy extravagante, pues lo hace extensivo al tiempo de sucesión rítmica y, según parece dilucidarse apenas de sus premisas, con el tiempo que, según él, supuestamente acontece en nuestras vidas. De esta manera, y ahora refiriéndose al intertexto de Osip Brik en el libro de Antonio Carvajal, decía:

«Si «el ritmo es movimiento, sucesión, proceso, gesto en el tiempo»,11 y se trasluce conceptualmente como secuencia y transcurso en la palabra, seguimos sin poder deducir de sus comentarios el entroncamiento con un posible concepto de tiempo y espacio que nunca acaba de definirse satisfactoriamente: si hablamos de ritmo en relación exclusiva a una «repetición periódica de elementos en el tiempo o en el espacio»,12 mas no nos parece equiparable en este extremo el ritmo de las obras artísticas a una teoría científica del ritmo; ni siquiera emparentado como consecuencia del ritmo natural que pudiera enlazarlo con los fenómenos fisiológicos del pulso cadencioso del corazón, o el ritmo asociado a la respiración en su carácter «asimétrico y dinámico» y en lo que, afectivamente, pudieran estar relacionados. El hecho de que Ernest Lévy inscriba el «metro a la energía desarrollada según el principio de orden, y el ritmo a la energía desarrollada según el principio de causa efecto»,13 nos hace, inevitablemente, pensar de nuevo en el aspecto que realmente diferencia la dimensión temporal de la espacial; siendo precisamente esta traza la que fenomenológicamente define y distingue al tiempo»14.
«Pero ¿este tiempo es equiparable al que define el ritmo y tiempo artístico? No parece del todo clara la opinión de nuestro comentarista. No parece que así lo entienda (ni tampoco parece querer referirse a este asunto) nuestro autor comentado, ya que éste, defiende, apoyado en las afirmaciones de Osip Brik en este ensayo primero, que el ritmo y el tiempo, en sus intervalos, es «convencional»; se somete al número, al metro y pretende intencionadamente «reproducir movimiento y melodía naturales».

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo
Se nos antoja que esta no es la única cualidad que hace de este primer apunte algo ciertamente destacable, y la exégesis de nuestro cronista literario, aventurada. Pero sigue con insistencia en defender una tesis cuya finalidad se nos antoja poco o nada clara. Continúa diciendo:
«Pues, si “nadie pone en duda la presencia o el influjo del ritmo en el lenguaje escrito o hablado, así como en la música”,15 esto nos hace reflexionar sobre la ilusión de que el tiempo del fenómeno físico es algo que transcurre veloz e inexorable. Este “flujo” es algo deducible ya en la antigüedad: de la raíz etimológica griega “rheins” –fluir–, que tiene la misma asociación que «rythmos» y “arithmos”: curso, corriente; afiliando el ritmo como periodicidad recibida, cuya aparente sucesión «deforma en nosotros la marcha habitual del tiempo.16
»La naturaleza del tiempo poético (del tiempo artístico) deja una impronta que marca en el espíritu la idea de un número cuyo registro sucesivo nos marca un tiempo correoso que jalona el espacio con hitos (que son versos) y muestran de forma inequívoca las huellas de su paso.
»¿Es acaso el mismo o similar y enigmático impulso rítmico del poeta o del artista el que nos hace reconocer patrones de medida rítmico temporales en el mundo fenome-nológico? Es digno de advertir que, cuando Antonio Carvajal, por boca de Osip Brik, señala que es “una presentación convencional que nada tiene que ver con la alternancia natural en los movimientos astronómico, biológico, mecánico” y, por lo tanto, no creemos que pensara en tal posibilidad17 Tal vez, y después de todo, no sea demasiado errático colegir que, la percepción temporal como sucesión, es una ilusión rítmico perceptiva de un tiempo que se diría transcurre irrevocablemente. El hecho de que se señale el ritmo como anterior al verso, siendo éste comprensible “sólo a partir de dicho movimiento rítmico” nos hace pensar en dicho proceso como algo consustancial al ser humano, mas no del todo reconocido, y menos aún, someramente sopesado y comprendido».

No dejan de sorprendernos las enigmáticas cábalas de nuestro intérprete. Pero parece, a partir de este instante, más resuelto a sumergirse en las cuestiones puntuales de las que se ocupa Carvajal en su extraordinario libro. Dice:

«Mas, ahora, nos centraremos en la cuestión métrica que abunda y muy sustanciosamente a lo largo de las resoluciones e interpretaciones que se hacen a lo largo de este interesantísimo compendio; para ello seguiremos su exégesis interpretativa estudiando los mecanismos de rastreo e indagación y de versificación acotados, y sobre todo de aquellos otros fenómenos aún por acotar dentro de la compleja dinámica que conforma el lenguaje y su expresión poética». Mientras, nuestro avisado autor, compendia y hace lista, a través de representaciones varias e incontestables de poetas, de toda suerte de adminículos métricos necesarios para responder a las tesis que obligan en su oficio.
«Desde la décima a la francesa del «brindis» de Jorge Guillén, en honor de Góngora,18 viene ya ha establecerse que el «impulso métrico» en verdad está sujeto a la voluntad del poeta. Así pues, parece del todo necesario poner en evidencia las necesidades de la métrica actual, pero teniendo en cuenta que «la noción de cantidad de las lenguas neolatinas es irrelevante como rasgo pertinente»19 en nuestro idioma, pues mantener el pie clásico en una lengua romance como la nuestra supone un grave equívoco que llevará a la confusión entre sistemas. Apoya su tesis, como decíamos, en el análisis vario de poemas de poetas muy diversos20 con los cuales constatar la validez de su «memoria crítica», manteniendo en este asunto un esfuerzo analítico considerable, y todo con el fin de mostrar la necesidad de una reedificación o redefinición del ritmo en poesía, y para demostrar la veracidad de afirmaciones tales como que el compás no es el ritmo, desde las cuales entender que «ni el lector ni el poeta competentes olvidan la realidad de la palabra inscrita en el verso, articulada, a la vez, con los hábitos del habla y las reglas del arte».21 Podemos colegir estos principios del hecho que ningún metro puede ser aceptado sin un ejemplo memorable, de donde a su vez podemos deducir que las leyes métricas se infieren de los poemas y no al contrario».

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo
En este punto parece (de forma espontánea y casi milagrosa) de veras razonable nuestro comentarista, el cual sigue arguyendo:

«Si para Tomachevski22 el ritmo será siempre posterior al verso, no será de igual modo para Príncipe,23 quien manifiesta que el ritmo sólo aparece en la expresión en unión con otros versos; es decir, la estrofa sería la unidad rítmica; pero será al fin “el propio discurrir del verso” el que resuelva las contradicciones entre formalistas rusos y el metricista musical: “El impulso rítmico genera un determinado modelo de verso y el verso, a su vez, provoca un determinado tipo de impulso sucesivo”».24
En este instante, no creo conveniente hacer difusa y minuciosa en exceso esta exposición sin adelantar que nuestro intérprete a pesar de su poco apta intuición exegética, ofrece con cierta habilidad alguna de las conclusiones importantes de lo ya descrito con diligencia de este primer y más largo ensayo. Nos dice:

«Cabe colegirse hasta el momento una serie de graves conclusiones que merecería la pena, aunque sea sólo enumerar con algún orden respecto lo ya adelantado: la necesidad de una redefinición del ritmo en poesía; así también, el distingo entre compás y ritmo; el ritmo sólo es totalmente perceptible de forma oral; los sitemas métricos necesitan de códigos de referencia con los cuales valorar los desvíos que se presenten respecto a los sistemas. Finalmente, cabe destacar un característico eclecticismo funcional en las exposiciones, de donde se infiere la necesidad de acudir a las autoridades pertinentes cuando «la interpretación de un determinado fenómeno métrico o rítmico no sea posible de acuerdo con un solo criterio de autoridad.25
«La interacción o convivencia entre los diversos sistemas métricos debe tener en cuenta, inevitablemente, tanto el reconocimiento por evidente necesidad de una normativa, pero que también las excepciones (y la aceptación de dichas normas) han de ser dilucidadas a la luz de los principios comunes de la gramática y de la métrica, es decir: a los principios fonético, etimológico y acentual, a los que, según nuestro autor, habría que insertar aquellos que se refieren al uso personal, y muchas veces intransferible del uso de la lengua del propio poeta.
»Resuelve y avisa con probidad Antonio Carvajal de los posibles solapamientos de un sistema métrico de versos con el de cláusulas, demostrando con ejemplos precisos (y preciosos) este fenómeno, dejando claro que, en definitiva, “nadie puede saber lo que ocurre en el interior del poeta”.26 Las posteriores indicaciones sobre las presuntas distinciones entre el período rítmico de Tomás Navarro Tomás27 y la frase música de Príncipe, servirán para establecer dichas diferencias, haciendo pertinentes alusiones a los nunca suficientemente ponderados manuales del metricista José Domínguez Caparrós,28 o del insigne Ricardo Jaimes Freyre29. La remisión “al buen oído y dócil instinto”, se establece como excelente criterio para la combinación acertada de los diferentes grupos silábicos, no debiendo obsesionar su razón métrica en la “longura o brevedad» de las sílabas”. La ley del compás será un buena iniciativa, sobre cuya «battuta» creemos se regula perfectamente la cantidad en las lenguas romances. Sería bueno, no obstante saber que en el compás, si bien se establecen rasgos de marcado carácter musical, se va a diferenciar del compás propio de la música en el modo de combinar los tiempos sencillos y dobles que lo componen; nos referimos a ese fraccionar el tiempo en partes iguales o desiguales, con doble duración unas de otras, mas teniendo en cuenta, por ser esto segundo muy importante, el silencio, el cual marcará una duración exacta de cada fracción».

Aquí y así concluye, en esta primera disertación del libro, explicando, o resumiendo lo que a juicio del comentarista fuese más esencial. No obstante, sería bueno añadir, porque así mismo lo establece el autor, que acaso la «individualidad rítmica de la estrofa»30 proclamada por Jakobson se debe a los «cortes o fracturas acentuadas», los cuales ponen en evidencia que el concepto de frase música de Príncipe se atiene más verazmente a la realidad de lo que sea verso: Se establece este con el cuatrisílabo como el primer verso aceptado en nuestra lengua. Puede deducirse de este criterio que el compás puede abarcar toda la estrofa, e incluso «todo el poema si no hay un silencio tan largo que lo seccione».31
Toda la larga progenie de confusiones y solapamientos entre sistemas proviene de nuestras propias querellas y disenciones; si bien un sistema métrico puede, y de hecho así lo hace, establecer normas con las que enjuiciar y valorar un poema, así también lo hacen la poética, la retórica o la estética: hay que tener diáfanamente claro que el poema presenta sólo un esquema de aquella configuración inicial del mismo, hecha con algo más que con palabras: incorpora el número, así como «el gusto del propio poeta» por contravenir dicha imposición numérica, o, lo que es lo mismo: el impulso rítmico «al que se le supone atado desde el momento desde que los dioses le regalan el primer verso».32

Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo
Que los más altos poetas muestren sus excelencias en la consecución de este o aquel excelso poema, le venía a indicar a nuestro comentarista lo que era obvio: el requerimiento de ciertas aptitudes para tan estimada ejecución expresiva. Se le suplica, encarece y recomienda al poeta que cifre todo su entusiasmo en esa guía enigmática (que antes adelantaba nuestro batidor de espesuras literarias como intuitiva) que puede hacer, y hace, cuando se materializa en el verso una fuente tal y tan prolífica de belleza y sabiduría.
De la siguiente disertación del libro: «Consideraciones sobre la métrica en la copa del Rey de Thule, de Francisco Villaespesa»,33 y 34 nos dice:

«Se desarrolla, –según apercibía, creo que correctamente nuestro autor– este ensayo como un flujo, una corriente que, en modo alguno, viene a turbar la fluidez unitaria del discurso, y todo ello a pesar de la supuesta ruptura y alboroto con que cabe deducir –advertía– del otro estudio anterior bien distinto, con el que daba comienzo al conjunto general de la obra, y este otro, con un tratamiento sustancialmente distinto. Esto cabe explicarse no sólo en función de la analogía temática, también por la naturalidad y fluidez de estilo con la que diluye cualquier clima que tuviese como consecuencia la sensación de disgusto o desavenencia en el circular de su discurso». Y prosigue en su análisis:
»De capital importancia será en este séquito de necesarias puntualizaciones metricistas, caer en la cuenta del funesto reduccionismo de determinada sistemática que sería responsable de no pocas y graves distorsiones de “conceptos esenciales y realidades audibles”, para lo cual es muy saludable recordar que la música de la palabra tiene, si expresa en el verso bien concebido, además de medida y acentuación: “morfología, sintaxis y semántica previas a su inserción en versos”».35 También cabe inferir de esta afirmación que, con el número y la cadencia, la métrica debe mostrarnos su capacidad de potenciar los significados. Cosa que tampoco debe ser motivo de escándalo, será la percepción de convivencia de dos sistemas distintos de versificación. En el caso del estudio sobre el poema de Villaespesa puede observarse un modelo medido en base a la sílaba como unidad métrica, y otro en el que «el grupo uniforme de sílabas con una dominante posición fija», esto es, la cláusula, es la que sostiene la estructura versal del poema. Véase como el lenguaje poético mostrado por Carvajal en los versos de Villaespesa, esplende con una fuerza plástica considerable que, a su vez, demuestra la ductilidad y maleabilidad de nuestra lengua.
«Resultaría harto jactancioso –prosigue el comentarista– por otra parte, entronizar la poesía en base a estos o aquellos estudios retóricos, métricos o poéticos; sobre todo si de forma exclusivista fijamos nuestras críticas en las seguras limitaciones de los sistemas de análisis métrico para explicar su misteriosa esencia y complejísimo funcionamiento, y todo en base a la inaccesibilidad última de la poesía. Por eso estimamos como muy útiles (y necesarios) estos ejercicios de clarividencia explicativa, pues con ellos sabremos algo más de la que se nos muestra muchas veces como remota e inalcanzable naturaleza de la poesía. Así se entiende que tampoco deba considerarse herética aquella o esta maniobra interpretativa, pues en modo alguno quedará extinta la fuente de misterio y sugerencias inagotable de la poesía. Esto cabe inferirse del sabio repaso de los aspectos singulares de algunos extraordinarios sonetos de Vicente Aleixandre,36 y con ellos traslucir la evolución de nuestro verso endecasílabo blanco, desde Garcilaso de la Vega,37 “hasta su conversión en el eficacísimo molde para la expresión lírica más acendrada de nuestro siglo”».38

(continuará)



                                                                                                                                                            Francisco Acuyo




1 Antonio Carvajal: «Metáfora de las Huellas»: Jizo Ediciones. Granada 2002.
2 Idem. Pag.33.
3 Tomás Navarro Tomás: «Métrica Española: Guadarrama Madrid. 1972.
4 Rafael de Balbín Lucas: Sistema de rítmica castellana. Gredos. Madrid 1975.
5 El libro lo comprenden los siguiente ensayos: «Metáfora de las huellas», «Consideraciones sobre la métricaen la copa del rey de thule, de Francisco Villaespesa; «Sonetos de Vicente Aleixandre»; «Sobre la asonancia en caída»; Rosa Chacel o las perplejidades de la rima; «José Hierro: Las desmesura de los Medido» y «María Victoria Atencia, o la armonía».
6 Obras para la posteridad tales como «Tigres en el Jardín», «Serenata y Navaja», «Casi una Fantasía», «Siesta en el mirador», «Sitio de Ballesteros», «Servidumbre de paso», «Después que me miraste», «Del viento en los jazmines», «Noticia de setiembre», «Enero en las ventanas», «De un capricho celeste», «Testimonio de Invierno», entre otros títulos que extremadamente le avalan.
7 Tal es el caso de Francisco Acuyo, poeta reticente donde los haya en las cuestiones del análisis e interpretación total de los poemas.
8 Osip Brik: Rytme et sintase: En Théorie de la littérature. Textes des Formalistes russes I réunis, présentés et traduits par Tzvetan Todorov. Preface de Roman Jakobson. Editions du Seuil. Paris 1965.
9 Que da título al libro: «Metáfora de las huellas».
10 Antonio Carvajal: «Metáfora de las Huellas»: Pag. 9.
11 Idem: Pag 10.
12 Osip Brik: Rytme et sintase: Ver nota 8.
13 Ernest Lévy:
14 Paul Davies: «Sobre el tiempo»: Edt. Crítica. Barcelona 1996.
15 Matila C. Ghyka: «El número de Oro»: los ritmos los ritos. Edt. Poseidón. Barcelona 1992.
16 Pius Servien: Essai sur les Rythmes Toniques du Fracaise.
17 Osip Brik: Rytme et sintase: Ver nota 8 y 12.
18 Jorge Guillén: El ruiseñor: Poesías Completas. Fundación Jorge Guillén. Valladolid 1987.
19 Antonio Carvajal: «Metáfora de las Huellas». Pag.20.
20 Entre otros: Francisco Villaespesa, Vicente Aleixandre, Rosa Chacel, María Victoria Atencia, Jose Hierro, Rafael Juárez,  Manuel García, Francisco Acuyo...
21 Antonio Carvajal:«Metáfora de las Huellas»: Pag 25.
22 Boris Tomachevski: «Sur le vers». Akal Madrid.
23 Miguel Agustín Príncipe: Fábulas en verso castellano...y... Arte Métrica. Madrid 1861-1862 Imprenta de D.M. Ibo Alfaro.
24 Antonio Carvajal:«Metáfora de las Huellas»: Pag 25.
25  idem.
26 Antonio Carvajal: «Metáfora de las Huellas»: Pag 26.
27 Tomás Navarro Tomás: «Métrica Española: Ver nota 3.
28 José Domínguez Caparrós: Métrica Española. Edt. Síntesis. Madrid 1993.
29 Ricardo Jaimes Freyre: «Las leyes de la versificación castellana». Aguilar México.
30 Roman Jakobson: Lingüística y poética. Ariel. Barcelona 1984.
31 Antonio Carvajal: «Metáfora de las huellas»: Pag.56.
32 Idem: Pag.71.
33 Idem: Pag 73.
34 Francisco Villaespesa: «La copa del Rey de Thule»:Poesías completas. Aguilar, Col. Joya, 1954.
35 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag 74.
36 Vicente Aleixandre: Obras Completas: Visor Madrid.2002.
37 Garcilaso de la Vega: Poesías Completas: Espasa Calpe. Clásicos Castellanos. Madrid 1987.
38 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag 98.
39 Vicente Aleixandre: Obras Completas: Ver nota 35.
40 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag .113.
41 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag. 114.
42 Junto a Valle Inclán, recoge ejemplos de Jorge Guillén, Federico García Lorca, Luis Cernuda, del mismo Antonio Carvajal, Milena Jáved, Miguel García, Francisco Pino, Antonio Piedra, Miguel de Cervantes y Francisco Acuyo.
43 Valle Inclán: «Nigromancia» :Obras Completas: Espasa Calpe. Madrid 2002.
44 Juan Ramón Jiménez: Obras Completas. Aguilar. Madrid 1969.
45 Rosa Chacel: «Canalillo»: Obras Completas: Diputación de Valladolid 1989.
46 José Domínguez Caparrós: Métrica Española: Ver nota 27.
47 Paul Davies: «La flecha del tiempo»: Ivestigación y Ciencia (Scientific American). Noviembre 2002.
48 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.135.
49 Francisco Acuyo: «El Hemisferio Infinito». (En prensa).
50 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.145.
51 Antonio Machado: Poesías de la guerra: Coplas, CCXLI. (1923­-1936): Obras Completas. Espasa Calpe. Clásicos Castellanos. Madrid 1988.
52 Henri Bergson: essai sur la relation du corps a l’esprit . Alcan, 1939.
53 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag 145.
54 Década de los años cincuenta.
55 Tomás Navarro Tomás, Gili Gaya, Balbín de Lucas, Carballo Picazo, Díez Echarri, Martín de Riquer, López Estrada entre otros.
56 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag. 147.
57 José Hierro: Caballero de Otoño: Antología. Sel. e introd. de Aurora de Albornoz. Visor , Madrid 1998.
58 Antonio Carvajal:«Metáfora de las huellas»: Pag.160.


Teoría del tiempo poético, Apuntes sobre Metáfora de las Huellas de Antonio Carvajal, Francisco Acuyo