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jueves, 15 de octubre de 2026

ALEIXANDRE PREDILECTO, POR EZEQUÍAS DE PABLO

Traemos para la sección de Extractos críticos del blog Ancile, y bajo el título Aleixandre predilecto, un trabajo recogido de Sabemos Diario, y firmado por Ezequías de Pablo, Catedrático de Hispanofilia.


ALEIXANDRE PREDILECTO,

POR EZEQUÍAS DE PABLO







Una cierta experiencia vital acumulada me dice que en Literatura hay que elegir entre ser o parecer, no es una elección exactamente, más bien cuando uno comienza en esto de escribir y publicar, el camino hacia el éxito requiere de ciertos rasgos personales que no todos comparten. Sin un cierto grado de egolatría, incluso frisando la “cosita rara”, es muy difícil escribir, porque la exigencia de una perspectiva propia, la digestión (que no acaba nunca) de toda una tradición cultural de siglos pide tener los santos arrestos de alzar una voz.

Claro, hay quien hace eso llevando en una mano el rigor y el estudio, la disponibilidad de aprender siempre en quienes han escrito o escriben antes, contrarrestando a ese ego hipertrofiado; y en la otra un algo de compromiso ético que no tiene por qué ir más allá de no perjudicar al mundo de los posibles lectores, es decir, entretener inteligentemente y hacer pensar... hay muchos grados ahí por medio y no siempre excluyentes entre sí.

Después hay gente, tampoco podemos afirmar que sea premeditado o calculado ni buscado, que desde sus inicios gustan de ponerse en las fotos, de ver sus nombres en determinados foros, que se les cite con la única vocación de que se les llame siempre porque, claro, ya son un “sinequanon”, ¿qué sería de la velada poética o prosística sin ella o él? Éstos terminan teniendo la envidiable posición de ser profesionales o casi profesionales (dinero), lo han leído todo, lo de antes, lo de ahora y lo de mañana, hablan de cualquier cosa y sus obras versan sobre lo más suyo de sí mismos, incluyendo su legado la fama en vida.

El tomito que acabo de leer (una sentada de sobremesa) es un documento más que interesante, porque puede ayudar a cambiar, a quien respete los documentos antes que a la propaganda, la mirada sobre la gente que aparece por ahí y alardea de una intimísima amistad velintoniana con don Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura, no lo olvidemos. Tienen los escritores muertos con buen patrimonio

literario esa maldición de haber sembrado magníficas amistades y que, no siempre, sus legatarios sean esos deseados o los más capacitados para promover la grandeza de sus obras, no digamos ya familiares con Derechos de Autor por Ley, capaces de tumbar al mismísimo Homero si pudieran por defenderlo.

El librito en cuestión es Vicente Aleixandre, nombre con brillo, conjunto de textos coordinados y editados por Dionisio Pérez Venegas e impreso en la granadina Salobreña (Alhulia, Colección Syl-laba)  en edición no venal que incluye un pliego con un grabado de Juan Carlos Ramos titulado, a su vez, Ausencia y presencia con un fragmento de texto del propio Aleixandre; puede que pronto esté disponible más extensamente en algún tipo de descarga digital. Precioso arte-facto.

En un prólogo brillante, el profesor Manuel Ángel Vázquez Medel narra los acontecimientos que rodearon el nombramiento en 1983 de Vicente Aleixandre como Hijo Predilecto de Andalucía, previsto en un acto para febrero del 84 que se cancelaría por vicisitudes políticas. El poeta, ya enfermo, moriría a finales de ese año, no tenía previsto acudir al acto oficial aunque aceptó de buen grado: “Yo no seré técnicamente un poeta andaluz, pero Andalucía tiene muchos modos de dar poetas y yo, modestamente, soy uno de ellos” dice en el discurso de aceptación, reproducido en este volumen, y no se puede ser más elegantemente antinacionalista al tiempo que agradecido a una tierra; este acto nunca se produjo por el cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía, aunque se había publicado en el correspondiente BOJA con todos los efectos.

Vicente Aleixandre comunicó a la Junta de Andalucía que en la entrega del reconocimiento intervendría en su nombre “[...] la voz de un gran poeta andaluz, Antonio Carvajal”, cito de nuevo su discurso reproducido en este volumen. Tenemos la suerte de haber conocido esta historia, por otro lado nada secreta, narrada por el propio Carvajal en una cena de familia en casa, ahora se publican los documentos que citaba Antonio: la carta dirigida a él y Carlos Villarreal para pedir el “favor” de recoger la distinción, el discurso de Aleixandre que nunca se leyó, una aclaración del propio Carvajal sobre lo sucedido y un prólogo, ya citado, de Vázquez Medel además de un epílogo necesario para la comprensión de los detalles, del poeta y editor Dionisio Pérez Venegas.

Vázquez Medel reivindica la figura de Carlos Villarreal, justamente aludido en la carta del Nobel. Carvajal ha contado cómo la amistad con Aleixandre surgió tras el envío de un soneto al admirado poeta consagrado (y cito, pág. 27, la antología Nos diferencia el cuerpo, Cátedra, 2023, preparada por Francisco Silvera, o la conferencia Poética y Poesía del propio Carvajal, Fundación March, 2004, pág. 22).

“Me emociona, Antonio, que seas tú quien me represente” dice nuestro Premio Nobel. Carvajal no llegaría a ejercer ese encargo, y si observamos los nombres traídos y llevados como espíritus por los pasillos de Velintonia, tampoco es frecuentado. Andrés Amorós, en estos días, proponía su nombre como poeta candidato, merecedor del Premio Nobel; con el Cervantes o el Princesa de Asturias tampoco se le faltaría, quienes le leemos devotamente creemos entender el gesto de Aleixandre, de confianza, amistad segura y cierta y admiración mutua. Lo demás, es silencio.



Ezequías de Pablo

 8-10-26





martes, 18 de febrero de 2025

ESPARCIMIENTOS, POR ANTONIO CARVAJAL

Para la sección de Extractos críticos del blog Ancile, traemos un texto de Antonio Carvajal y el poema  de Rosaura Álvarez,  Hotel del Duque, que Carvajal expone en versión con la amplitud necesaria, según escenario evocado y las vivencias añoradas, y todo bajo el título: Esparcimientos.



ESPARCIMIENTOS, 

POR ANTONIO CARVAJAL






En lugares muy distintos y en circunstancias diversas he leído el poema “Hotel del Duque” de Rosaura Álvarez; la más reciente ha sido la versión que Manuel Titos ofrece en Poemas para Sierra Nevada y la Alpujarra, en cuya página 509 la disposición tipográfica no mantiene los espacios que enmarcan el verso “Por sus espacios, me he perdido plena”, con lo que se angostan los lugares y los tiempos evocados, como bien sabemos por los comentarios que Antonio Sánchez Trigueros hizo al rotundo “¡No!” que Rubén Darío le dirigió al presidente yanki Teodoro Roosvelt (certero cazador con rifle), cuyos amplios blancos le pedía al poeta a Juan Ramón Jiménez que cuidara en la publicación. En la reciente edición de Una sombra, una ficción (Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 2024), cuyo calderoniano título desmiente el vivo y no deletéreo amor que la poeta manifiesta en el poema “Nupcias” (aprovecho para recomendar con fervor la lectura de esta obra), el verso respira libremente por delante, pero queda al pie de su columna en la página 56 y el alto engarce con la p. 57 parece ir de seguido. No es así. Leí el poema por primera vez, en casa del profesor Rosario Trovato, en la pantalla del ordenador, recién recibido en Misterbianco para incrementar la selección que conforma Meriggiare, la excelente antología bilingüe publicada por Algra Editore. Esta es la versión que ofrezco para que el poema se lea con la amplitud necesaria y se esparza con toda la amplitud que requieren el escenario evocado y las vivencias añoradas. La poesía hay que editarla con minucioso amor, no es un picoteo de consumo para pajarillos atrapados en las redes, sino solaz de la mente, como el profesor Trovato marca al elegir por título esta palabra en el uso de Eugenio Montale: “meriggiare pallido e assorto”, un sestear absorto a media luz.  




 

EL HOTEL DEL DUQUE

(SIERRA NEVADA)

Enamorado desde niño estaba.

Su arte, nevadas cumbres, su historia

eran espejos de belleza pura

donde mirarse y ser, donde quedar.


Julio Quesada-Cañaveral y Piédrola

–amante de Granada el más fecundo–,

prócer de la nobleza, títulos ostentaba:

Duque de San Pedro de Galatino,

Conde de Benalúa, Señor de Láchar.

Con tenaz osadía, 

vida otorgó a su más hermoso sueño:

Tranvía hasta la Sierra.

En su trayecto, hotel bello y oculto,

exuberante el verde,

la vista dilatada, sonorosas

las aguas, los aromas penetrantes,

perfecta su altitud. Proximidad

convenida al gran hotel del que fuese

subsidiario: suntuoso Alhambra Palace.


Prestante, el edificio aún conserva

arquitectura exacta. Sus estancias

fastos lujosos transpiran: placeres

de molicie, esparcimientos vedados.


Por sus espacios, me he perdido plena.


Aquí y allá: recónditos jardines,

esculturas de Navas, castaños abundosos,

el nogal, los cerezos, las moreras,

un águila real meciendo cielo.

En galería principal,

retrato ilustre del Duque.


Muere la tarde. Me asiento en el porche.

Al frente, pilar en piedra tallada,

lucir de las luciérnagas; al fondo,

susurros del Genil en el Barranco.

Es junio. Un leve sopor me enajena

dejando mis sentidos transportados.

Y en dulce ensoñación desando el tiempo:


Desde el salón de baile,

de un vals llegan compases,

los efluvios de habanos,

los caldos olorosos.

Es noche de S. Juan. Bajo la luna,

intensos brillos del lamé,

charol y risas compitiendo…


El alba ya se anuncia.

Cansancio de los rostros.

En fausto carruaje, el duque se retira.

Volviendo la cabeza lo contempla,

lo sabe fiel testigo de su gloria.

Próximo un mirlo, seducido,

nostalgias canta.    


La poeta canta una nostalgia que el traductor omite porque a oídos sordos llegaría en Italia, la dedicatoria a Lolita Ibarra, amiga tan querida. 







sábado, 30 de marzo de 2024

ACOPIOS DE PACIENCIA, POR ANTONIO CARVAJAL

Mi muy querido amigo Antonio Carvajal me envía el texto que sigue y que intitula, Acopios de paciencia, y que incluyo en la sección, Extractos críticos, para la que, a mi juicio, viene muy apropósito porque da algunas nociones de no poco interés para quien quiera y sepa apreciarlas.



ACOPIOS DE PACIENCIA, 

POR ANTONIO CARVAJAL



De Giorgo de Vasari



  Glosa al comienzo de "Ciudades de provincia" (1979, Siesta en el mirador)


GLOSA A UNOS VERSOS PROPIOS


Acopios de paciencia, 
retenciones de cólera, tensiones 
entre hartazgo y desprecio,
todo lo que el entorno exige, obliga 
para esa convivencia que no es sueño 
porque la angustia tiene bulto, y consta.  


Acopios de paciencia.

Más de 70 años esperando. ¿Qué? La libre disposición de mis horas. ¿Y? No lo he conseguido. ¿Por? Blando de corazón, o sea, flojo de carácter. 

Retenciones de cólera. Me enfurece la vana frivolidad con que se desprecia a quienes tratan de hacerme bien. Acaban de publicar una antología de Francisco Silvera elaborada con poemas míos y mi furor ha sido triple: 1, porque la gente me ha demostrado que no se me estima por la calidad de mi obra sino por el poder de quien edita; 2 porque Silvera elaboró y publicó otra antología hace años, que no mereció ni una mención, aunque es excelente: la editorial de entonces no trasminaba capitalismo; y 3, porque llega tras haberse negado la editorial que ahora sí publica a recibir siquiera la antología que Antonio Chicharro le propuso so pretexto de que sería abrir las compuertas a los aluviones novos, novísimos y postnovísimos, aluviones que han colmatado desde hace años el catálogo de la editorial, con ostensible menosprecio de la obra de mis antólogos y ultraje a la mía. Más de 30 años callado, reteniendo la cólera ante desprecios, menosprecios y otras groserías, se han visto pródigamente aventados porque, "o infelix culpa", me sentí obligado por la amistad y acepté en mala hora el honor de un premio donde se invoca a Góngora pero molestan sus versos (v.gr. "Dineros dan calidad..."), porque me honran después de pasarme por delante durante años y años otros honrados que ni siquieran me igualan, con lo que el don sin din me suena a cascado retontón de retintín; para colmo, se enfadan con quien me elogió porque invirtió en mí el tiempo que algunos habían dilapidado en adular a ciertas autoridades postizas. Años y años de tensiones entre hartazgo y desprecio, soportados con paciente rostro de modelo para tallistas de imágenes penitenciales. En fin, que no se podrá decir de mí que no he dado generosamente todo lo que el entorno exige, obliga para esa convivencia que no es sueño. Así que como el grajo de Poe he dicho "nevermore" (entiéndase: jamás), y he decidido pedir a las instituciones que propusieron mi candidatura a un premio de Granada que la retiren porque la angustia tiene bulto, y consta y es demasiado el agobio que me produce llevar 20 años soportando los desdenes de los jurados sucesivos hacia respetables y muy dignas instituciones, desdén que repercute en mí como evidente ninguneo.  

Seguro que me tildarán de soberbio, vanidoso, maricón, rojo trasnochao, chulo de mierda, cateto, y muchas más execraciones que llevo oyendo toda mi vida. Si confunden presión y coacción, ¿cómo van a distinguir entre orgullo necio y sentido consciente del decoro?




Antonio Carvajal






viernes, 15 de marzo de 2024

NOTAS PARA UN ENSAYO, POR MARTÍN NOGUEROL

 Siguiendo la estela de la anterior entrada, y de nuevo con el artista y ensayista Martín Noguerol, ofrecemos unos fragmentos de su libro intitulado: Notas para un ensayo, donde reflexiona sobre la abstracción en el arte bajo unos parámetros donde se expone el pensamiento como generador de plasticidad, y la pintura capaz de producir pensamiento; ensayo muy interesante publicado por la Fundación Chirivilla Soriano, en una edición impecable; entrada que incluimos para la sección de Pensamiento del blog Ancile.






NOTAS PARA UN ENSAYO,

MARTÍN NOGUEROL









ESPACIO / INFINITO / FINITO


Espacio. 1. m. Extensión que contiene toda la materia existente.
Infinito. 1. adj. Que no tiene ni puede tener fin ni término.
Finito. 1. adj. Que tiene fin, término, límite.



El concepto pictórico de infinito en el espacio bidimensional ya se encuentra asociado a la abstracción en las pinturas de Kandisky; de otro modo en las de Malévich, cuyo concepto estaba más cerca de la noción de “vuelo espacial” bajo una forma más idealizada. En la pintura suprematista cierta deformación de algunas de las figuras geométricas usadas contribuye a dotarlas de una “perspectiva” que nos indica un espacio más allá, una profundidad que la aleja de unas imágenes sujetas al plano. En algunas obras, sobre todo en las pinturas monocromáticas, y a través de algunos colores se consigue cierto sentido de la profundidad que palpita en la superficie; ello es posible, en mayor grado, cuando nos sentimos penetrar en el espacio pictórico. El formato en este caso tiene bastante que aportar a la cuestión. La tesis visual junto a la mental puede ayudarnos a ello.

La Capilla Rothko posiblemente sea un ejemplo que nos ayude a comprender mejor la cuestión. La planta interior octogonal resulta fundamental para que las obras de Rothko adquieran una dimensión sagrada de intemporalidad. El espacio frontal en el eje de acceso nos ofrece con las tres piezas el tríptico simétrico, con piezas de grandes dimensiones situadas a izquierda y derecha, que enfatizan la idea del artista de penetrabilidad espacial sin estar juntas sometiendo a la vista un conjunto unitario. Resulta evidente la carga de espiritualidad extrema de la capilla; el pintor dota a sus obras de un contenido trascendente que va más allá de la plástica pura; la expresión es contenida de una forma vibrante y la abstracción se hace casi “absoluta” para adentrarse en la tragedia, el dolor, en un canto espiritual de clara raíz mística.

Creo que trabajo mis obras y las “concluyo” como no finitas, como si quedaran inacabadas, no conclusivas, pudiendo ser retomadas en cualquier momento histórico, ajeno posiblemente al devenir temporal o a su fijación contemporánea; quiero decir con ello que no son obras representativas de su tiempo en el sentido tradicional del término, no obedecen a la necesidad de insertarlas y datarlas; el tiempo es un todo que los humanos tendemos a parcelar, a fragmentar para intentar alcanzarlo, comprenderlo ¿Con ello quiero dotarlas de una condición de atemporalidad? 

Regreso a EM. 1996

Posiblemente los tiempos y sus necesidades no necesariamente van de la mano. Puede que esta cuestión sea un tanto ajena al mundo del arte, salvo si la ponemos al servicio de intereses determinados: la exaltación política o social, por ejemplo. No cabe duda de que el artista difícilmente se podría separar de su condición humana, lo que no viene a decir que deba ser un espejo de la sociedad o deba asumir el rol que ideológicamente se le pueda atribuir. Sobre ello podríamos construir diversos relatos y posiblemente no nos falte razón en la mayoría de ellos; por tanto, y volviendo al tema que me ocupa, podemos disociar la finitud de estos periodos históricos, ya que siempre estaremos en un continuo histórico, de trazado lineal o transversal, y por tanto dentro del mismo tiempo. Como antes comentaba, esta infinitud es fruto de la intemporalidad, que es al fin y al cabo el contenido de los grandes temas asociados al ser humano. Esos grandes interrogantes, señalados pero no desentrañados del todo, como una verdad absoluta, no hablo de
infinito como una cuestión matemática. 

La obra es portadora de una imagen final; en un tiempo anterior pudo tener otra, en el posterior también podrá cambiar, pero se elige un momento para terminarla ¿al azar? ¿Premeditadamente? Esta noción del tiempo en relación a las decisiones resulta sumamente atrayente, en el caso de mis trabajos fundamental.

Son algunas de las preguntas que rodean mi obra. En ellas habitan ciertas estructuras inherentes que pueden contribuir a que tengan continuidad en el tiempo y el espacio, considerando el tiempo como un continuo ininterrumpido. Por otro lado, esas mismas estructuras de las que antes hablaba actúan introduciendo cánones orgánicos.

En el exilio neoyorquino de los años finales de su vida, Piet Mondrian creó algunas obras bajo la influencia de la música negra, sobre todo jazz y blues, dotándolas de un “ritmo” desconocido hasta ese momento; siempre he pensado que esas obras eran como un inicio y un retorno, una dualidad imposible. Seguramente en esos años finales, aun sin desprenderse de sus “dogmatismos” de antaño, encontrara cierta libertad en esa música que lo acercaba a sus semejantes. Esto me lleva a reflexionar sobre las influencias de relatos externos que en momentos determinados pueden afectar a nuestras obras.

Existe algo significativo que busca desde el tiempo cuestiones tan abstractas como la eternidad, tan presente en la obra del poeta T. S. Eliot, que conforma un poderoso relato y nos conduce preclaramente hacia ella. Aunque la poesía conforma una cartografía diferente a la pintura, hay elementos que pueden ser trasvasados sin caer en tópicos. Puede parecer que en el espacio de la obra de arte el tiempo tenga una significación obscura, indescifrable, y probablemente sea así. Entre otras cuestiones porque no sabemos qué es exactamente ese tempus, cuál es su naturaleza cuando hablamos de él en el arte. No me refiero al tiempo medible, divisible.

Retomando el asunto del infinito estaríamos hablando también del espacio. Tiempo y espacio forman un binomio inseparable en diversas teorías. Pero yo me refiero a la relación de infinito en el espacio pictórico. Un espacio finito, acotado. Debemos por tanto pensar en un espacio pictórico mental y su representación espacial. ¿Es posible? De serlo debe ser a través de la geometría, o de cierta geometría.

Posiblemente hablar del espacio en general y particularmente en su trato con el arte, resulta de una enorme complejidad. 

Regreso a EM. 1996

Detengámonos sobre el breve pero interesante ensayo de Heidegger “El arte y el espacio”. El filósofo se plantea una serie de interrogantes alrededor del espacio y entre ellos su relación con la plástica y el espacio artístico, fundamentalmente la escultura. En el ensayo encontramos una serie de preguntas donde pone de manifiesto la diferencia del espacio artístico en relación al espacio científico. “El espacio, ¿pertenece a esos fenómenos primarios que, al ser descubiertos, despiertan en el hombre, según palabras de Goethe, una suerte de espanto que llega a convertirse en angustia? Porque parece que detrás del espacio no hay nada más a lo que pudiera ser reconducido, y delante de él no hay desvío que lleve a otra cosa. Lo peculiar del espacio tiene que mostrarse a partir de él mismo. ¿Se deja decir todavía su peculiaridad?” (Heidegger, 2009: 19). Ese espacio primitivo ya no tiene en la actualidad las mismas connotaciones, en todo caso nos referiremos a él desde diversos conceptos abstractos. El espacio cósmico nos intriga, pero su conquista es una cuestión técnico-científica. En cuanto al espacio artístico es evidentemente una formulación indeterminada, ya que entre otras cuestiones cuando nos referimos a él no sabemos si lo hacemos al espacio artístico o al espacio en la obra de arte, y se genera cierta confusión. Expresa Heidegger “Una vez admitido que el arte es el poner-en-obra la verdad y que la verdad designa el desocultamiento del ser” (Heidegger, 2009: 21). Efectivamente debemos partir de esa verdad, aunque no quede claro que el arte en general sea, en la actualidad, una búsqueda de esa verdad. En lo que sí estoy plenamente de acuerdo con el filósofo es en que es la “desocultación del ser” y como he venido manteniendo en estas notas nos encontramos ante la tarea de esclarecer lo oculto, dicho en otras palabras: hacer visible lo invisible. Es en ese hacer donde podemos hallar la verdad. Son interesantes también los planteamientos espaciales del sitio y el paraje, y los interrogantes que plantea alrededor de ellos. Cabría añadir que, si los sitios son el resultado y la consecuencia de espaciar, el actuar en esos sitios espaciados (lugares), no es más que ejercer una injerencia, una influencia en esos sitios, dejar una huella, una transmutación. Escribía Heidegger: “Sin embargo, el vacío está presumiblemente hermanado con el carácter peculiar del lugar y, por ello, no es un echar en falta, sino un producir.”  *(Heidegger, 2009: 31).
También el ya mencionado Ernst Cassirer nos habla del espacio: “En la totalidad de la cosmovisión mitológica el espacio no desempeña en modo alguno en cuanto al contenido una función idéntica a la que corresponde al espacio geométrico en la construcción de la “naturaleza” empírica, objetiva, pero sí una función análoga en cuanto a la forma” (Cassirer, 1972: 76-77).



Martín Noguerol










 * Esta es una cuestión con la que trabajaba Jorge Oteiza el concepto vacío-lugar. Heidegger da a conocer su texto “El arte y el espacio” en 1969, dedicado a Eduardo Chillida.

martes, 12 de marzo de 2024

MIGUEL HERNÁNDEZ Y LO ABSTRACTO, UNA HIPÓTESIS , POR MARTÍN NOGUEROL

Tenemos el placer de traer  para las secciones de Pensamiento y Extractos críticos, del blog Ancile, unos fragmentos de la publicación que lleva por título: Miguel Hernández y lo abstracto, una hipótesis, del artista y amigo Martín Noguerol, editado exquisitamente por la Diputación de Jaén y la Fundación Legado Miguel Hernández, para la ocasión. Reflexión sobre las relaciones entre el arte y la poesía con un marcado carácter personal no exento de grande interés.



MIGUEL HERNÁNDEZ 
Y LO ABSTRACTO, UNA HIPÓTESIS


MARTÍN NOGUEROL







A partir de la muerte de Miguel se abrieron diversos interrogantes que con el tiempo alcanzaron cuestiones de índole histórica; la mayoría están resueltos a estas alturas, algunos quedan aún por resolver y otros son ya irresolubles. En su vida y obra existen, sobre todo en los últimos años, excesivos “lugares comunes” influenciados tanto por su corta e intensa existencia, de trágica conclusión, como por su posicionamiento social y político durante la II República y la Guerra Civil Española, con un mayor protagonismo en el segundo caso. […] En la poesía se condensa todo lo que el ser humano puede llegar a ser, en realidad todo lo que es. 

Casi toda poesía puede llegar a parecer descriptiva de una realidad externa, concreta: tanto la que refleja la naturaleza que nos rodea como la que emana de aquellos elementos insondables como el alma o el espíritu, también de la gnosis, sobre la vida, el amor, la muerte, lo social, etcétera, aunque trasladables a interpretaciones y expresiones poéticas. Sería como traducir lo inefable en expresable. […] Locke –un filósofo empirista– denomina abstracción al proceso de separación de ideas descubriendo lo que de común tienen todas ellas , lo que resulta revelador en cuanto se expresa como: “El resultado es una idea «abstracta» que contiene tan sólo las características comunes a todas las instancias, esto es, las propiedades definitorias de la humanidad, cuya idea es abstracta, por cuanto, al ser incompleta, no se corresponde con objeto particular alguno” . […] En el caso de Miguel, en esa poesía de conciencia social, de posicionamiento ideológico, se produce lo que podría denominarse una “paradoja”, el intento de hacer de la acción estética una consecuencia de alineamiento con su propio sufrimiento y el del otro, una concreción que pone al servicio de un todo. […] Expresaba Hofmannsthal: “La fuerza plástica tiene sus raíces en la justicia” . Una justicia que el poeta persiguió en toda su existencia como eje vertebrador de su vida y obra. […] Hay unas bellas palabras de Margueritte Bonnet, en las que, refiriéndose a André Breton dice: “Lo que busca Breton es cómo hacer de la poesía el eje ordenador de la existencia, cómo articular con la preocupación poética la voluntad de revolución social” . Sin duda nuestro poeta, de haber vivido en ese momento, no solo hubiera suscrito las palabras de Breton, sino que habría sido en su biografía un camino a seguir. […] Expresaba Eliot al final del último movimiento del poema East Coker, de sus Cuatro Cuartetos: “In my end is my beginning.” . Es así como el poeta regresa a la tierra y desde ella “renace” humildemente para la eternidad con su poesía y ejemplo de comportamiento ético. Del mismo modo Mahler en el texto del coro final  de su Segunda Sinfonía “Resurrección” nos señala en una estrofa: “Con alas que he conquistado, / en ardiente afán de amor, / ¡levantaré el vuelo / hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo! / ¡Moriré para vivir!”. Es de esta forma como el poeta adquiere trascendencia e inmortalidad más allá de las cuestiones ideológicas, que nunca serán, por mucho empeño que algunos pongan, las que definan la trascendencia de la poesía de Miguel Hernández. 


Poesía y abstracción


Martín Noguerol, fotografiado
para el Diario Las provincias, por Jesús S. Signes



La figura y obra de Miguel han sido estudiadas desde diversas perspectivas, la mayoría de ellas bajo aspectos lingüísticos, biográficos, tesis sobre su vida y obra: el poeta barroco, neorromántico, neopopulista, social, etcétera; posiblemente la abstracción ha sido la menos analizada, tal vez porque los expertos en su obra no la han considerado relevante en el contexto general de la misma, sino un elemento secundario o incluso inexistente. […] La obra poética, como toda obra artística abstracta, es susceptible de contener diversas interpretaciones, diversas lecturas, y posiblemente contenga ciertas variables que las conecten de una forma enigmática. […] En el mundo poético ocurre algo parecido: lo que nos llega cuando leemos un poema no es tanto lo que el poeta escribe, su literalidad, sino lo que nosotros sentimos e interpretamos; y esa interpretación pasa a ser una conexión con aquello que leemos: ¿es lo que el poeta quería expresar, o simplemente lo adecuamos a nuestra necesidad en ese preciso momento? […]

¿Existen en la obra de Miguel Hernández poemas de raíz abstracta? ¿Es ésta una pregunta pertinente? Mi opinión es que, efectivamente, de esa naturaleza son algunos de sus versos, que incluso podrían también denominarse heterópicos. Aunque el concepto foucaultiano sea posterior, Miguel ya nos hablaba de “esos otros lugares”. Es una cuestión que considero de cierta trascendencia en la obra del poeta: “el topos” “el lugar”; su poesía contiene una poderosa presencia de lo que podría denominarse “lugar”, no algo tan especifico como el concepto pueda expresar, como una cuestión toponímica, por ejemplo. […] no así la génesis de su poesía, ni siquiera aquella poesía más comprometida socialmente alcanza esa dimensión ideológica en lo político, sino que se vierte hacia concepciones de mayor amplitud: bajo mi análisis no existe un ser político, sino un ser humano que tiene un concepto social de mayor hondura que el que le pueda permitir ese ser político, para Miguel eso no es suficiente, ni conveniente. ¿Es su poesía pura expresión estética? Sin duda es algo que preocupaba y ocupaba al poeta, pero insisto, no me cabe duda que su poesía nos conduce al pensamiento como paso previo hacia el conocimiento. […] Aunque no se trata solo de lo que el poeta expone y la forma de hacerlo: tan importante como lo anterior es la idea que subyace en esa expresión y que impregna de una atmósfera vital su lectura y la llamada a la conciencia como conocimiento y como ente abstracto primario. Miguel es un poeta “arcaico”, con un poder que le traslada a la esencia de un pensamiento conocimiento primigenio, directo, poderoso. Pero también es un poeta de su tiempo, moderno en el más amplio sentido del término. […] Para Miguel, el viaje a Moscú de 1937 con la delegación española como dramaturgo, no como poeta, y las paradas correspondientes en distintas ciudades europeas no encendió la llama de un verso distinto, aunque escribiese algunos como “La fábrica-ciudad”, donde la metáfora y los elementos abstractos son evidentes:

Una visión de hierro, de fortaleza innata,

un clamor de metales probados, perseguidos,

mientras de nave en nave se encabrita y desata

con dólmenes de espuma, chispazos y rugidos” . […]. En mi opinión, la obra de Miguel contiene más ecos de este modernismo que de los movimientos de vanguardia literaria que ya estaban instalados en el resto de Europa, llámense dadaístas, surrealistas, futuristas, etcétera. Es por tanto poco probable que, como apunta Esquerra i Nonell, no deje de ser meramente anecdótico un Miguel Hernández surrealista. […] Miguel Hernández agita lo que de atávicos poseemos, pero no es hasta El rayo que no cesa cuando alcanza niveles notables de esos conceptos de raíz abstracta que se materializan sin perder la esencia hernandiana, transformándose en palabras de un poder agitador extraordinario, bajo un contenido más nietzscheano que revolucionario en el sentido clásico; aunque estemos hablando de conceptos complejos podemos establecer alguna diferencia de significado en su obra. Posiblemente sin pretenderlo, es uno de los autores de su generación  que más se puede aproximar a alguno de los poetas malditos, –pienso en Rimbaud– […] Una de las cuestiones más precarias en Miguel es la inmediatez, la angustia por alcanzar unas metas que le eran necesarias; para él el fracaso como poeta era una muerte en vida ya que había construido en el ámbito de la poesía una forma de existir y ser en el mundo. Su triunfo fue el resultado de diversas cuestiones en las que él, desgraciadamente, en algunas de ellas no pudo intervenir. Miguel, entre otras muchas cuestiones personales, es el poeta de la premisa, de la premura y la premonición. […] ¿Es Miguel Hernández un poeta encorsetado por la historia? Esta es una pregunta que me ha rondado durante años. Los que admiramos su obra y defendemos sus posicionamientos éticos alejados de posiciones binarias, nos hemos visto ante un Miguel “oficial”, en ocasiones bajo usos maniqueos, alineado con posicionamientos políticos definidos que devienen de la Guerra Civil Española y posteriormente de su figura como “símbolo” de la resistencia y del antifranquismo. Todas ellas cuestiones que en alguna ocasión han soslayado lo realmente trascendente, el Poeta.




Serie Opus nº 1 para un poeta muerto



Poesía y arte abstracto



Cierto arte adquirió una trascendencia, denominémosle universal, amparada en la etiqueta de abstracto […] Hacía referencia con anterioridad a la Escuela de Vallecas. Como en otras cuestiones donde Miguel tuvo algún tipo de presencia, su nombre es asociado en este caso por cuestiones de amistad con algunos de sus componentes, no siendo indicativo de su pertenencia al grupo ni de compartir cuestiones de índole artística. Miguel era un ser curioso por naturaleza, ávido de experiencias que le pudieran ayudar a construir su mundo existencial, y en ese sentido la influencia que pudieron ejercer  tanto Benjamín Palencia como Alberto Sánchez iba encaminada a mostrarle otras miradas, otra forma de observar y ver lo que le circundaba […] Gustav Mahler, señala en una epístola a Max Marschalk: “Sé que en tanto yo pueda dar forma a una experiencia interior mediante palabras, no la escribiría ciertamente de una forma musical. La necesidad de expresarme musicalmente, sinfónicamente, no comienza sino con las emociones nebulosas que se abren al “otro mundo” al mundo en el que las cosas ya no están separadas por el tiempo y el lugar…” . Ese es el caso de Miguel, su necesidad de expresión está en la palabra, en el verso.




Serie Opus nº 1 para un poeta muerto



Conclusión



Resultaría discutible adscribir la obra de Miguel Hernández –el corpus general– a la cuestión abstracta, pero sin duda algunos de sus versos, de sus poemas, tienen, sin artificios, una nítida raíz de esa naturaleza y posiblemente fuesen construidos bajo ese concepto. Como exponía al principio la cuestión es compleja, quedando circunscrita a una hipótesis, más cuando el propio poeta no puede dar su versión y solamente tenemos opiniones y estudios más o menos amplios sobre su obra. Que algunos poemas puedan tener esa raíz abstracta ni añade valía a su obra ni se la resta. En cuanto a la conexión con el arte abstracto no deja de ser una opinión personal que no pretende, en modo alguno, crear un concepto inalterable. Quienes consideramos una parte del arte abstracto como un constructo hacia el conocimiento, entendemos que la poesía, así como otros espacios de índole creativa, pueden estar asociados y ser usados como principios de desarrollos plásticos abstractos, no como figuras representativas sino bajo una génesis más inductiva.


Martín Noguerol

Artista plástico y ensayista









martes, 24 de octubre de 2023

ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE: ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA, DE ANTONIO CARREIRA (III)

Tercera entrega del trabajo titulado: Ética y estética de la poesía, a la sazón de: Estudios sobre literatura contemporánea, de Antonio Carreira, para la sección de Extractos críticos, del blog Ancile.



 ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE:

 ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA,

DE ANTONIO CARREIRA (III)



Estudios sobre literatura contemporánea, Francsico Acuyo



Un signo claro de esta decadencia es el vacío expresivo producto del galopante narcisismo de una sociedad que muestra un hondo vacío interior, producto por la obsesión de la contemplación hedonista y banal del sí mismo. ¿Por qué hoy podemos distinguir lo bello desasido de lo sublime tan fácilmente en las manifestaciones artísticas que ofrecen al uso los representantes del arte actual? Porque la conmoción, el asombro, el arrebato, el dolor incluso, están descartados de los presupuestos estéticos en la actualidad. Lo plano, ramplón y literal campan a sus anchas en los gustos y valores contemporáneos.

Góngora (de quien sabe como pocos nuestro autor) será el ejemplo más adecuado, quizá, para exponer como contraste lo que hoy ofrece la triste perspectiva de lo literario y poético español. Vemos en el genial D. Luis lo contrario a lo asequible y de monótona y clónica gradación estética, cuyos resultados difícilmente pueden ser entendidos o considerados como poéticos; en el genial cordobés lo sublime destaca por su magnitud y grandeza, por lo agreste y vívido de sus construcciones siempre extremadamente expresivas que impiden el aletargamiento del lector que se ve impelido al asombro constante. La conmoción enérgica de aquellos versos de nuestro poeta universal, cómo disienten con la horizontalidad soporífera del esteticismo manido y tedioso de gran parte de lo que se ofrece en la actualidad.

Estudios sobre literatura contemporánea, Francsico Acuyo

De los grandes maestros del clasicismo, también aprendí que lo bello no puede ni debe complacerse en sí mismo sin implicarse en lo más íntimo del proceso cognitivo, pues debe aspirar a la sugerencia profunda, a la conmoción y a la sublimidad con todo el aporte de complejidad que todo ello conlleva, aunque eso duela en su recepción y necesite de nuestro esfuerzo lector para entenderlo e interpretarlo. ¿Hoy día hay interés por este vasto dominio? Más bien diría que se entrega a la fácil complacencia de lo inmediato y huye de cualquier atisbo de profundidad, audacia y riesgo expresivo.

Adorno proponía una hermenéutica de enorme interés para la contemplación de la verdadera obra de arte, cuando decía que no tiene por qué ser agradable y asequible, más bien al contrario, pues su percepción va mucho más allá del placer porque en dicha contemplación conmueve el concepto habitual de vivencia… es una admonición del sacrificio la liquidación del yo, que estremecido comprende su propia limitación y finitud.[1] Lo racional (y lo inconsciente como sustrato profundo de la conciencia) se abre(n) a una percepción honda que, a su vez, se mueve entre lo consciente y lo inconsciente, lo racional y lo irracional.

¿Quién, a día de hoy está dispuesto a desviarse de los principios hedonistas de la estética actual, para estar dispuesto al desgarro y el dolor que anuncia lo que es completamente distinto? Será por esto que, en la era de la información, lo bello digital prepondera porque es del todo opuesto a lo que es variado, complejo, distinto y que expone al que se adentra en él a la exposición traumática de lo extraño y diferente.

¿Hasta qué punto no se ignora totalmente el valor del pudor que ofrece el arte al no dar con evidencia sus secretos que requieren en su desvelamiento el esfuerzo, el conocimiento, la entrega y el padecimiento gozoso de su descubrimiento? La sugerencia se sustituye por una simple, incauta, cuando no necia obviedad manifiesta. Sin querer traer a colación una hermenéutica del encubrimiento, sí que me parece oportuno traer a colación a Benjamin cuando nos advierte que solo gracias a un conocimiento muy exacto de lo bello como velo, estaremos en condiciones de aprehender el verdadero arte, porque la belleza no se comunica ni a la empatía inmediata ni a la observación ingenua[2].

Cuando la sociedad elimina sistemáticamente el esfuerzo, lo hace también con la percepción de lo bello, pues muchas, muchas veces, sólo es posible alcanzar la vulnerabilidad necesaria con ese esfuerzo requerido, pero, ¿quién quiere ser vulnerable en una sociedad entregada al consumo de lo fácilmente deleitoso, y a la ideología de lo ramplón y adocenado, de lo tranquilo, cómodo y trivial?

 

 

Francisco Acuyo

               



[1] Adorno, T. W.: Teoría estética, Orbis, Barcelona, 1974.
[2] Byung-Chul Han: La salvación de lo bello, Herder, Barcelona 2023, pág. 52.



Estudios sobre literatura contemporánea, Francsico Acuyo


viernes, 20 de octubre de 2023

ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE: ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA, DE ANTONIO CARREIRA (II)

Ofrecemos para la sección de Extractos críticos del blog Ancile, la segunda entrega de: Ética y estética de la poesía, a la sazón de: Estudios sobre literatura contemporánea.


ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE:

 ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA,

DE ANTONIO CARREIRA (II)



Ética y estética de la poesía, a la sazón de: Estudios sobre literatura contemporánea. Francisco Acuyo




Parte nuestro autor de una premisa de grande interés que no siempre se tiene en cuenta a la hora de establecer unos fundamentos serios de acercamiento al propio fenómeno poético, a saber: que el poema es, al margen de una cosa de dos (poeta y lector), un constructo cuya componenda adquiere consistencia en dos fundamentos imprescindibles: el musical –rítmico y eufónico- y el racional (este último, con todas las prevenciones que conllevan los factores irracionales de la semántica de la lengua). Sin entrar en las complejas relaciones que puede conllevar la música como lenguaje universal, y el poema como lenguaje que no lo es, lo que Carreira plantea, y a mí me hizo pensar detenidamente, es la racionalidad como fundamento gozoso y gustoso del poema, basado, en principio, en su necesaria comprensión (Eliot). Ahora bien, dicho goce (estético) debe cimentarse en determinadas razones. Nada sabemos de dichas razones (avisa Carreira) y nada dice de ellas el ilustre poeta de San Luis, todo lo cual hizo que mi curiosidad al respecto aumentara exponencialmente.

                La sensibilidad de cada cual, la formación, los valores estéticos y otros criterios subjetivos, que suponemos deben comprender aquellas razones del buen gusto, son materia de segura controversia, en cuanto que deben estar relacionados con diferentes aspectos no menos controvertidos como la comprensión o no del poema, y las interpretaciones variadas que se pudieren hacer del mismo. En cualquier caso, es claro que aquellos ya señalados valores estéticos tienen mucho que decir al respecto de lo bueno, malo o caótico del poema, que advertía Eliot, sobre todo en relación con la ambigüedad o claridad que pudieren ofrecernos sus versos, estableciendo como criterio esencial el ritmo y como pilar básico de todo buen poema, ya que, el ritmo, no es solo medida, sino visión del mundo (Octavio Paz).

                Todo este asunto del ritmo del lenguaje poético no es en modo alguno cosa baladí. Por eso, Carreira, insiste en este aspecto añadiendo, además, otros criterios de distinción entre las artes, centrados en la potencial racionalidad de las mismas; así, la música, se dice, tiene un carácter irracional, y el lenguaje (sobre todo en prosa) carácter racional; de ambos principios se deduce que la poesía ocupe
un estadio intermedio (Pessoa) que, para muchos puede resultar poco cómodo y que, acaso irremediablemente, puede añadir confusión en la práctica y en la teoría del verso. Hablamos, claro está, de la proverbial confrontación teórica (y práctica) entre verso medido y verso libre, que me remito a la magistral referencia que hace nuestro autor en su texto.

Ética y estética de la poesía, a la sazón de: Estudios sobre literatura contemporánea. Francisco Acuyo
                Todo ello tiene su punto álgido cuando Carreira entra a debatir todos estos asuntos con la aparición de las vanguardias artísticas, las cuales acabarán llevándonos hasta la situación de la actualidad. La rebelión contra la versificación silábica coincidirá con la subversión contra todo lo que tuviere asomos de racionalidad. Así también, afectará a la concepción trópica del verso, y la metáfora rehúye referentes comparativos para verterse como metáfora absoluta que no aspira al significado sino al ser (Paz), donde la realidad no es aludida, porque pretende recrearla. Mas, si esto es así, ¿quién podría considerarse poeta y qué poema? Nos dice nuestro autor que ante situación, nuevamente, habrá que de enfrentarse al difícil problema de los valores estéticos.

                La cuestión es que las artes se han rebelado contra tantas cosas, nos avisa Carreira, que es extremadamente complicado, a luz de estos cambios y del aparato teórico derivado de los mismos, aprehender criterios de valoración apreciables a lo bueno o nefasto de esta o aquella obra artística. Esta situación, llevada al ámbito de la poesía, pone, inevitablemente, la duda o la evidencia de si no estamos ante un verdadero ocaso de la poesía. O si ya no encontramos diferencias entre la prosa (mala), exhibida como poesía, poniendo (textualmente) en peligro la sensibilidad de los jóvenes que se acerquen a ella.

                La indiscutible necesidad de renovación de las artes no justifica la clara inclinación actual por el camino de lo fácil para verter el objeto artístico como una mercancía asequible y de consumo rápido, alentado todo ello por una propaganda perfectamente engrasada para tal fin. Una de las expresiones que más me gustan de Carreira ante el panorama del arte y la literatura (y que se deriva a la música), es que estas nuevas generaciones caminan irremediablemente a la sordera, amén de decidir hablar en necio para dar gusto al vulgo. La reflexión pertinente y que viene muy apropósito en la panorámica actual quizá sea: ¿si no hay grandes compositores, poetas o pintores es porque no tienen cabida en la escala de valores de nuestra sociedad actual?

Lo que sí parece del todo evidente es que nuestra sociedad está manifiestamente entregada al hedonismo de la belleza fácil y digerible. Rechaza cualquier dolor o sacrificio y expone con claridad que estamos entregados a la dogmática doctrina del consumo o de la ideología (im)pertinente. La herida que exigía Gadamer ante la contemplación de la obra de arte verdadera, es hoy rechazada por una producción supuestamente destinada a agradar de forma exclusiva, y no a convulsionar, sorprender, despertar. La sedación de la sensibilidad expone que los presupuestos de consumo triunfan resueltamente. Exponen de manera obvia, además, que acaso hoy, de manera ostensible, sea imposible la percepción de la maestría y destreza que exige y reside en la resolución de lo genuinamente bello.

El disfrute plano, literal, liso del formato de consumo, no oculta que, además, vivimos en la era de la producción de datos, cuya impudicia de lo literal expone un mundo que no admite la profundidad velada de lo íntimo, y por tanto no admite ambigüedad mediante la que enfrentarse con el lenguaje, cuestión especialmente grave en relación al lenguaje poético, que no puede perder el pudor de su intimidad y su manifestación analógica, emancipada y libre. La obscenidad de la era de la información acaso tiene que ver también bastante con este serio declive, porque este procaz exhibicionismo de literalidad está despojando a la poesía de su fundamento: la singularidad abierta, viva, profunda y dinámica de su lenguaje.



Francisco Acuyo

2ª entrega




Ética y estética de la poesía, a la sazón de: Estudios sobre literatura contemporánea. Francisco Acuyo


martes, 17 de octubre de 2023

ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE: "ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA", DE ANTONIO CARREIRA (I)

 Para la sección de Extractos críticos del blog Ancile, traemos un nuevo post dedicado al libro Estudios sobre literatura contemporánea, del excelso y eminente filólogo Antonio Carreira, y que lleva por título Ética y estética de la poesía, a la sazón de: "Estudios sobre literatura contemporánea". Son algunas reflexiones sobre su espléndido y riguroso trabajo editado por la editorial Renacimiento y que desde aquí recomendamos vivamente. Ofreceremos varias entregas de la totalidad que componen estas reflexiones y que han deponer de relieve algunos asuntos que debieran motivar a plantearnos no pocos criterios de valoración ética y estética de la actualidad.


ÉTICA Y ESTÉTICA DE LA POESÍA, A LA SAZÓN DE:

 ESTUDIOS SOBRE LITERATURA CONTEMPORÁNEA,

DE ANTONIO CARREIRA (I)


 

Ética y estética de la poesía, a la sazón de: "Estudios sobre literatura contemporánea". Francisco Acuyo

Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto,
siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada
y persistentemente se ocupa de ellas la reflexión:
el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que en mi hay. [1]

 

Enmanuel Kant

 

 

Se pueden establecer algo más que conjeturas sobre si hay algo más allá de la razón y lo razonable en la vida de la conciencia. Pero, ¿se puede mirar, ver e ir más allá del imperativo categórico[2] de lo razonable para reconocer lo que sea bello y moralmente plausible? Creemos que se puede y se debe.[3] Es forzoso decir que la vida de lo consciente se anima y pervive también en el mundo más o menos abisal de lo irracional inconsciente.

No obstante, también debemos reconocer que lo bello razonable, con su apolínea, refulgente y encomiable trayectoria, puede resultar una égida, un escudo, una protección más que una imagen real propiamente dicha que, sin embargo, en su idealidad de constructo de razón, no puede ser impermeable a la realidad sensorial, sensible y sensitiva de lo exterior. Exterioridad que muy bien puede ser perturbadora, inquietante o terrible, pues extrae al sujeto de la complacencia del yo y lo enfrenta a la otra cara quizá menos amable de una belleza, por sublime, eminente, compleja, que nos muestra que aquella, bien puede no estar exenta de diferencias, paradojas, desasosiegos y contradicciones. En verdad que es propio de la estética de lo genuinamente bello llegar a ser considerada como perturbación, dolencia o molestia intolerable, sobre todo para los presupuestos de belleza de una sociedad del deleite superficial, el entretenimiento hipnótico y la fácil complacencia.

Se plantea a mi juicio, por todo lo antecedido, una cuestión que no sólo es estética sino también ética. ¿Afectará la moral a las directrices y ambiente en que se fundamenta y desarrolla lo considerado bello en la actualidad? Es claro, o al menos a mí me lo pareció siempre, que el deleite, el asombro, la fascinación o lo inquietante de lo bello deben ser desinteresados por contemplativos, por lo que podemos decir que lo bello trasciende (en el sentido kantiano) el placer estético para fondear en lo ético; así, las formas bellas, aprehendidas, y a tenor del don de la interpretación, se nos ha otorgado con el sentimiento de lo moral (Hölderlin). De esta manera, nos vemos situados en el ideal de lo bello kantiano. Deberíamos deducir que, en virtud del contenido racional, esa idea de lo bello no debe ni puede sujetarse al instinto finalista del mero consumo o la inclinación ideológica interesada que rigen en la actualidad.

Ética y estética de la poesía, a la sazón de: "Estudios sobre literatura contemporánea". Francisco Acuyo
¿Hasta qué punto esa belleza moral, o moral de lo bello, tiene(n) sentido en nuestros días? ¿A día de hoy no es francamente discutible su presencia? Sin embargo, lo que sí puedo afirmar es que el trabajo, el esfuerzo, la constancia, la entereza en la realización e interpretación de lo bello que aspira a durar, no puede ser compatible con la aspiración efímera, fácil, inconstante de los principios (si es que llegan a serlo) de esta sociedad de lo banal a la que nos vemos relegados irremisiblemente. El temperamento, la condición, el carácter del genio creativo poco o nada tiene que hacer ante la manifestación constante de lo fácil, lo cómodo, incluso, lo ordinario por soez, impuestos por la dinámica de lo superficial que rige en nuestros días.

El esplendor de la verdad hegeliano deducible de lo bello, donde el concepto se manifiesta en lo sensible (curiosa sinestesia)[4] , ¿es un concepto perdido hoy día? Se olvida que dicho juicio (quizá, por prejuicios ideológicos), unifica sus partes en una totalidad organizada (orgánica) y siempre viva, capaz de revocar mil particularidades desde su dispersión para concentrarlas en una expresión y en una figura (Hegel) de totalidad; totalidad que, por cierto, tanto ha criticado el posmodernismo, olvidando la capacidad reconciliadora de las partes que ofrece dicha la totalidad, pongamos por caso, del poema, de la obra plástica, musical, … y todas ellas como una muestra de una praxis de reconciliación y libertad y, desde luego, decíamos, de verdad.

Que la belleza es un fin en sí misma, es algo que en el utilitarismo actual no tiene cabida. Lo estetizante debe estar al servicio de un fin (del consumo o de la tendencia ideológica interesada, decíamos), cuando siempre se mantuvo alejada dicha belleza de cualquier propaganda a fin de tales servicios. Dicho lo cual, tampoco está demás señalar la ostentación de una suerte de política de la belleza que pretende someter los valores más genuinos y profundos de aquella, anestesiando su honda significancia y necesaria trascendencia.

Así pues, es cierto que nuestro raciocinio puede estar vinculado a nuestro temperamento, muchas veces influido, pues, obedece, en ocasiones con más docilidad a los influjos del ambiente que a los criterios y juicios de lo razonable. Es así que, leyendo los Estudios sobre literatura contemporánea,[5] del admirado Antonio Carreira, reflexionaba sobre una cuestión harto debatida y no poco llena de controversias: los valores estéticos, y todo ello debatiendo nuestro autor, a la sazón, sobre unas reflexiones de T.S. Eliot, en relación con la valoración y calidad de la poesía, sobre lo cual, Eliot, enfatizaba que sólo existen versos buenos, versos malos y el caos,[6] pero dejando huérfana de criterios la búsqueda con la que hacer posible una evaluación.


Francisco Acuyo

1ª entrega



[1] Kant, E.: Crítica de la razón práctica, Losada, Buenos Aires, 2003, pág. 171.
[2] Si este imperativo categórico propende a ser un mandamiento autónomo, emancipado de cualquiera religión o ideolo)gía y, a tenor de esa emancipación, apto para regir el proceder humano en todas sus vertientes y ostentaciones. 

[3] Sería interesante atender con la extensión que merecen lo que las vanguardias han aportado en este aspecto.
[4] Sobre esta temática véase: Acuyo, F.:  Fisiología de un espejismo. Sinestesia pincel del pensamiento, colección Entrono Gráfico Ediciones, col. Exagium, Granada, 2023.
[5] Carreira, A.: Estudios sobre Literatura Contemporánea, Renacimiento, Sevilla, 2022.
[6] Ibidem: ob. cit. pág. 368.




Ética y estética de la poesía, a la sazón de: "Estudios sobre literatura contemporánea". Francisco Acuyo