martes, 26 de diciembre de 2023

¿EL ALGORTIMO DE LA CONCIENCIA? CONCIENCIA VERSUS INTELIGENCIA EN LOS PROCESOS MATEMÁTICOS Y CREATIVOS PROFUNDOS

 Para la sección de Ciencia ofrecemos un nuevo post que titulamos: ¿El algoritmo de la conciencia? Conciencia versus inteligencia en los procesos matemáticos y creativos profundos, siguiendo la estela de la última entrada sobre esta temática afín.


¿EL ALGORTIMO DE LA CONCIENCIA?

CONCIENCIA VERSUS INTELIGENCIA

EN LOS PROCESOS MATEMÁTICOS
 
Y CREATIVOS PROFUNDOS


¿El algoritmo de la conciencia? Conciencia versus inteligencia en los procesos matemáticos y creativos profundos, Francisco Acuyo



Los procesos de programación modernos, mediante los que se pretende enseñar al ordenador una senda propia (bottom-up, de abajo arriba) con la que, a través de los pertinentes algoritmos, puedan aprender por sí mismos y así obtener más de lo que se habría programado, es uno de los argumentos más ambiciosos que, para los adeptos a la IA, resulta más convincente para para igualar o superar las capacidades humanas, incluyendo la propia creatividad (dixit). De hecho, para algunos de estos entusiastas de la programación, el impulso y el propio proceso creativo es una manera de programación que tiene su singular código fuente.

La creatividad, según estos pensadores y programadores, es susceptible de encajar en procesos netamente matemáticos, aunque muchos de ellos, no aclaran, si se trata de un proceso algorítmico basado en el manejo de datos, o si se mueve en un ámbito que excede la propia noción de verificabilidad o demostración, en tanto que la noción de verdad trasciende la propia verificación, ofreciendo la inquietante posibilidad de que algunos objetos matemáticos puedan ser independientes de la mente humana (Platón es el más ilustre y antiguo pensador de esta posibilidad, Gauss y Gödel de los más modernos).

A mí me fascinó siempre la matemática, sobre todo porque creí advertir en ella una vía creativa profunda y reveladora, que, en sus procesos de desarrollo, demostración o de puesta en evidencia de sus limitaciones, es capaz de producir belleza. No obstante, hoy día me parece que el mundo de la matemática aplicada al mundo de la información, si no es equívoca en el reconocimiento de esos procesos creativos (si son propios de un organismo con conciencia), excede el proceso de datos, por muy grande y numeroso que sea el fondo de estos, y, sobre todo,  porque la IA, no puede confundir la conciencia con el proceso de datos, por muy sofisticado que estos sean, ya que la presencia de inteligencia no conlleva necesariamente la presencia de conciencia. Esto es así porque el proceso de datos o de información, en su pretendida emulación de la cognición humana, no está acompañados de la conciencia, es decir de la experiencia privada interior. 

Esta intrínseca y singular naturaleza de la conciencia exigiría a la máquina, dejar de serlo, si es que esta lo que hace es reflejar, en su emulación, la percepción consciente y no la intimidad del sujeto, y si es que, como toda suerte de lógica nos dice, que solo los organismos pueden ser sujetos conscientes.

¿El algoritmo de la conciencia? Conciencia versus inteligencia en los procesos matemáticos y creativos profundos, Francisco Acuyo
La creación de algoritmos que parecen aprender de sus propios fallos en el proceso de datos, es acaso una de las fuentes más evidentes de confusión entre inteligencia y consciencia. Estos potentes metaprogramas de autocorrección y aprendizaje son los que han llevado, primero, a no entender que estos algoritmos son constructos matemáticos antiguos y, desde luego, no de los más refinados y profundos que la matemática ha producido en su historia, pero que se ha adaptado a las necesidades utilitarias del mundo de la información; en segundo lugar, no caer en la cuenta de que el cálculo (el proceso de datos), es solo una mínima faceta del vasto dominio de las matemáticas, y del cual extraemos precisamente sus límites y profundidades de conocimiento, quedando fuera de aquellos artefactos de cómputo y cálculo la abstracción de las verdades profundas que la conciencia del matemático tiene de manera connatural y de la que infiere que su realidad está fuera del mundo material (de nuevo Platón y compañía).

El lenguaje alfa numérico (álgebra) que constituye el fundamento del algoritmo, si bien permite hablar de un número sin especificar de qué número se trata, y a través su recurso lingüístico comprender las relaciones subyacentes entre dichos números para explicar los patrones su comportamiento, cuando es llevado al ordenador, lo que hace no es sino seguir las instrucciones  por las que ha sido creado, pero, por el momento, no piensa, mucho menos siente o tiene experiencia íntima, por muy potente que sea y se pueda utilizar en contextos muy diversos.

Toda esta exposición, tiene en el fondo una gran relevancia en el mundo actual en el que la IA diríase que puede resolver los problemas del mundo sea cual sea su índole y relevancia, para ello seguiremos disertando en próximas entradas del blog Ancile. 


Francisco Acuyo


¿El algoritmo de la conciencia? Conciencia versus inteligencia en los procesos matemáticos y creativos profundos, Francisco Acuyo


 

viernes, 22 de diciembre de 2023

SI ESPÍRITU SOMOS

Para la sección de Poesía, traemos un poema titulado, Si espíritu somos, versos de despedida pero, acaso también de reencuentro.


SI ESPÍRITU SOMOS



Si espíritu somos, Francisco Acuyo


Para Carpincho,

siempre muy cerca.


   Si espíritu somos

que llegamos de lejos,

¡oh! criatura de luz

y de amor alimento,


   ¿quién dijo que no tienes

lenguaje manifiesto,

si eres la dulzura

que habla en el silencio?


   Si espíritu somos

que llegamos de lejos,

¡oíd,! pues, el azul

que se aroma en su gesto.


   Entre árboles antiguos

y arcanos elementos

anda tu alma benévola

una senda sin tiempo.


   Criaturas como tú

hacen de lo pequeño

infinito dominio,

constante emplazamiento.


   Mas, de la luz caída

en las sombras del sueño

te alzas en la mañana

del letargo soñoliento,


   caída luz del ángel

que contigo su fuego

endulza al ver tu porte

leal y amable gesto.


   Si espíritus somos

que llegamos de lejos,

muy cerca tu lealtad

de mi corazón tengo.




Francisco Acuyo




Si espíritu somos, Francisco Acuyo






martes, 19 de diciembre de 2023

ALEGRÍA INFANTIL

Para la sección de Poesía, del blog Ancile, traemos un post nuevo que titulamos Alegría infantil.



ALEGRÍA INFANTIL






(A los niños de la guerra)

Can I see another’s woe,
And not be in sorrow too?*

*¿Puedo ver la desdicha ajena
y no ser luego un desdichado?


William Blake



   El ángel del silencio
que cuida de mi niño,
un lecho musical
prepara cristalino.

   Su sueño delicado
protege con sigilo
célico cuando, suena
en la tierra inaudito

   el horror de la guerra
con ecos sucesivo:
arropa, entonces, rápido, 
el ángel a mi niño,

   y lo lleva entre luces
consteladas al sitio
donde escuchar no pueda
terrorífico el ruido.

   La memoria me trae,
así, despierto, opimo
de dulzura su gesto
cuando expresa, jacinto

   de inocencia, su rostro
jugando divertido,
y el gozo indescriptible
que, no obstante, un designio

   sórdido arrancaría
quedando en el vacío
un dolor que se abre
en el alma infinito.

   Solo en el sueño, ahora,
junto al ángel beatífico,
dormido puedo verlo,
y porque esté conmigo,
  
   dormirme siempre quiero,
para estar con mi niño
y el ángel del silencio
que prepara cristalino

   el lecho musical
donde duerme jacinto
la inocencia, tan blanca,
un instante infinito.




Francisco Acuyo





viernes, 15 de diciembre de 2023

LA SAGRADA FAMILIA, ALONSO CANO, ÓLEO SOBRE LIENZO CONVENTO DEL SANTO ÁNGEL CUSTODIO GRANADA, POR ROSAURA ÁLVAREZ

 Para la sección de Poesía del blog Ancile, y con motivo de estas fechas señaladas para muchos, traemos este post de la querida amiga y admirada poeta Rosaura Álvarez, el cual lleva por título: La sagrada familia, inspirado en el lienzo al óleo de Alonso Cano del Convento del Santo Ángel Custodio de Granada.




LA SAGRADA FAMILIA

ALONSO CANO
ÓLEO SOBRE LIENZO
CONVENTO DEL SANTO
ÁNGEL CUSTODIO GRANADA







Lo miras, y un impacto de grandeza
te conmueve: Los ángeles, María,
El Niño; San José, total poesía,
centrando  la composición. Destreza
 
de un Cano universal. ¡Con qué pureza
el gesto está!: El mirar en armonía
de los tres, la cabal unción que envía
el mover de las manos con belleza

suma; el Infante, casi derramado,
la gracia virginal, el  movimiento
barroco de querubes, el momento

augusto del Patriarca coronado.
Se rasga el cielo, el Espíritu asoma,
un rastro de azucenas nos aroma.



Rosaura Álvarez

(De Sacro Misterio de la Natividad)










martes, 12 de diciembre de 2023

LA ABSTRACCIÓN PROFUNDA Y LA REALIDAD, SEGÚN KURT GÖDEL

 Finalizamos la relación de entradas sobre la abstracción para la sección de Pensamiento del blog Ancile, con el post intitulado: La abstracción profunda y la realidad, según Kurt Gödel.



LA ABSTRACCIÓN PROFUNDA Y

 LA REALIDAD, SEGÚN KURT GÖDEL

 

La abstracción profunda y la realidad, según Kurt Gödel. Francisco Acuyo
Kurt Gödel

 

Es cuando menos inquietante y sugerente desde una óptica científica que la noción de verdad que encierra la matemática sea infinitamente más grande que la propia noción de demostrabilidad, si es que el método científico exige para su verificación dicha demostrabilidad. Es claro que nos movemos en un ámbito incómodo para la convención lógico racional que afecta al constructo metodológico científico.

            Una de las conclusiones más extraordinarias que podrían extraerse de esta noción de verdad, anunciábamos al final de la anterior entrada sobre esta temática, radica en que, muy bien podrían ser los objetos matemáticos independientes de la misma inteligencia humana, si esta la basamos en el soporte físico del cerebro y la conciencia la entendemos como un epifenómeno del mismo..

            Nos avisaba Roger Penrose que estas matemáticas residen en un vasto dominio más allá del ámbito espacio temporal, al cual tenemos acceso por una capacidad innata para razonar con y sobre esas formas, por lo que el cálculo (utilizado en la matemática aplicada) es sólo una mínima faceta del potencial de conocimiento que abarca, y que sólo nosotros o entidades conscientes afines, pueden utilizar (quedando para la inteligencia artificial el cálculo, ya que estos ingenios informáticos no tiene acceso a esa capacidad connatural de abstracción para razonar esas formas profundas.   

            El mismo Penrouse nos avisa de que en modo alguno podemos establecer la verdad de la proposición G, a través de un método o procedimiento de cálculo, o lo que es lo mismo, entidades como los seres humanos tenemos la capacidad o el acceso a las verdades matemáticas, de lo que cabe inferirse que la especial naturaleza de la mente o de la conciencia, no puede ser material.

            Gödel insistía que, en virtud de su teorema de la incompletitud, la mente (para nosotros, la conciencia), no puede ser mecánica, es decir, que la conciencia no puede entender su propia dinámica de funcionamiento, por lo que dicha conciencia es una realidad diferente a la de la materia, o que los objetos matemáticos tienen su realidad fuera del mundo material.

            La conclusión final sería, en palabras del propio Gödel, que: Mi teorema muestra solamente que la mecanización de las entidades abstractas, es imposible. La propia materialidad del cerebro como origen de la conciencia es puesta muy seriamente en duda, pues, razona, que en modo alguno hay en el cerebro cantidad tal de neuronas para la producción de todas y cada una de las funciones de las que presuponemos  que es capaz la mente.

            A través de los procesos de abstracción profunda llegamos a conclusiones verdaderamente fascinantes, como que el orden es una manera de racionalidad que se extiende al universo (que, en este caso, participa de la conciencia enigmáticamente) y que nos conmina a la búsqueda de un significado, significado que se deduce de la propia incompletitud del universo, por lo que es totalmente lógico y razonable que ese universo material puede tener su origen fuera del propio universo. No obstante, esto implica que, a tenor de las abstracciones oportunas, estamos desconectados del conocimiento último, y esto en virtud de las propias leyes abstractas de razonamiento que nos impulsan a su búsqueda.

            Las conclusiones extraídas de la lógica gödeliana son muchas y diversas, y algunas de ellas extraordinariamente sugerentes, por ejemplo, la que el propio Gödel llega a concluir: Si el mundo está ordenado de maneral racional y tiene un significado, no sería baladí que bien pudiera haber otros mundos manifiestos en otra vida.

            Las deducciones inferidas de los procesos de abstracción profunda, no hacen sino poner en evidencia la importancia ineludible de dichos procesos para el entendimiento de la conciencia en el mundo, y del mundo en la conciencia.

 

 

 

Francisco Acuyo




La abstracción profunda y la realidad, según Kurt Gödel. Francisco Acuyo



           

 

           

viernes, 8 de diciembre de 2023

LUX, LUMEN: LA LUZ ÚNICA DE LA CONCIENCIA

 Cerramos lo expuesto en el anterior post, dedicado al poeta y amigo José Luis López Bretones, con esta nueva entrada para la sección de Pensamiento del blog Ancile, que lleva por título: Lux, lumen: la única luz de la conciencia.


II

LUX, LUMEN: LA LUZ ÚNICA DE LA CONCIENCIA


 

Lux, lumen: la única luz de la conciencia. Francisco Acuyo



Aquella singular experiencia -contemplativa- no fue única. Alguna más hubo; si el hecho es digno de atención, anotadlo: unos días después regresé al lugar esperando la misma respuesta, por cierto, sin resultado. La segunda vez hubo de ocurrir de nuevo, inopinadamente, paseando por otro hermoso lugar, y con la mente fuera de cualquier intencionalidad intelectual o cualquier estímulo a la sazón de aquella búsqueda concreta. Todavía hubo de suceder nuevamente, y hasta la fecha no he podido sino conjeturar la razón o el motivo de tales inquietantes acontecimientos (¿interiores, exteriores?). En cualquier caso, continuaré siendo el más leal testigo de aquellos procesos vividos que haya nunca empeñado su fidelidad y empeño de explicación, como a ningún otro suceso anteriormente acaecido. Ante todo, porque me marcó tan hondamente que jamás he podido contemplar de igual modo el espacio natural de un paisaje.

                La sensación que quedó en mi espíritu fue que, aquella supuestamente consistente, material, arbórea y rocosa y agreste imagen, en su hermosísima contemplación no era compacta, sino tremolante, aunque quieta, fluida, aun inmoble, cuya vibración era acorde con no sé qué alma de invisible instrumento que conmigo en su quietud dinámica, temblaba. Todo el entorno tenía vigor y vida y conmigo vibraba. Tratar de describir objetos era imposible en aquel ámbito, pues daba la impresión de que hacerlo era perder las cualidades del organismo vivo que contemplaba (o me contemplaba) sin entender -porque acaso no la hubiera- cuál sería su causa.

Lux, lumen: la única luz de la conciencia. Francisco Acuyo
                Al tiempo de aquel rato o espacio o sueño nunca visto y extraño, no podía ya ver, ni entender, ni sentir la naturaleza del mismo modo. Cuando quería inquirir sobre ella en un momento determinado, era claro que su respuesta se hacía flexible a la cualidad y naturaleza de mi interrogante, pudiéndose ser muy diferente en otro estado de ánimo, de predisposición racional o emocional, de intención, en fin, de mis preguntas. Era como un oráculo para el que no había secretos sobre mi espíritu: cuando mi exigencia intelectual o emocional de respuesta era mayor y más rigurosa, parecía asentir y responder,  como si esta fuera ese mismo paisaje y diere satisfactoria respuesta. Era como si el paisaje supiese de la necesidad mía de elegir lo que estaba contemplando: entonces objeto y sujeto eran conceptos de una realidad que no podía encajarse, sobre todo porque el espacio y el tiempo no podían ser o contener el marco donde encajarlo.

                A la luz de la incertidumbre de lo que acontecía sólo el lenguaje o expresión poéticos eran capaz de aproximarse a aquella realidad vivida que se mostraba inquietantemente tan cercana que no podía distinguirla de mí mismo y que, en términos machadianos, parecía ir construyéndose o hacer camino al marchar. El pulso creativo -irracional- energético del verso ponía en evidencia que era imposible separar la realidad del paisaje de mi contemplación del mismo, pero, ¿cómo iba a ser yo ese mismo paisaje? El lenguaje poético, entendí, entonces, dejó de pertenecer a ley gramatical que, como todo lenguaje, presupone que hay un observador al que dirigir el discurso. El poema lo que hacía era más que decir lo que era aquel paisaje, era mostrar la conciencia clara sobre lo que podríamos decir del mismo, o lo que es igual, de ocuparse de lo que podemos decir del mundo, o lo que es aún más inquietante: el paisaje no tiene contenidos objetuales, sino potencia creativa esperando ser belleza en el acto mismo de la observación.

Lux, lumen: la única luz de la conciencia. Francisco Acuyo

                Es cierto que lo que digo puede resultar, a los ojos positivo materialistas con los que normalmente observamos el mundo, algo disparatado, pero estas experiencia parecían dictarme que el mundo de aquel paisaje sólo existe en la singularidad de mi percepción, y que una vez fuera de ella, parecía existir objetivamente porque, acaso, otro pudiera estar percibiéndolo, era, en fin, como si el observador fuera del todo ilocalizable porque no era posible separar el vínculo extraño entre el sujeto y el objeto ,y que el lenguaje poético expresaba para que, de manera complementaria, pudiésemos hablar y entender su paradójica naturaleza.

                El fenómeno natural del paisaje será tal, si lo entendemos como la descripción de lo que vamos a observar y el sentido (los sentidos) con los que lo observamos, pero en realidad ambos son del todo indisolubles, el paisaje, a la luz de esta rara sensibilidad, es como si no existiera en sí, porque no está al margen del que lo observa. La mirada, en este estado, es activa y se hace visible gracias a luz única de la conciencia que diríase compartir el supuesto objeto de la naturaleza, si es que en verdad la luz interior se fija en el paisaje y viceversa.

                Una de las profundidades más fascinantes del lenguaje poético radica, siguiendo el término lingüístico de desvío (Jakobson, Spitzer, Cohen, Levin, …), o se trata de una manifestación extremadamente organizada del lenguaje (Stankiewicks) que, en cualquier caso, no hace sino exponer la especialidad, sutileza y refinamiento del mismo. La cuestión es que, sin ningún género de dudas, siempre encontré en esta expresión lingüística la manera más acertada de exposición y expresión de estas apreciaciones tan peculiares del paisaje y de la naturaleza que lo contenía, porque a través del lenguaje poético conseguí sintonizar la que me pareció la frecuencia lumínica correcta para conectar, contemplar y aprehender la que estimé como la luz única (dentro y fuera) de una misma y única conciencia.



Francisco Acuyo



Lux, lumen: la única luz de la conciencia. Francisco Acuyo


               

martes, 5 de diciembre de 2023

LA PARADOJA DE LA COMPLEMENTARIEDAD DEL SER Y EL DEVENIR

 Para la sección de Pensamiento, del blog Ancile traigo un nuevo post que portando el título de La paradoja de la complementariedad del ser y el devenir, trata de reflejar la inquietud de mi persona que no puede separarse de la del poeta, para tratar de explicar que las fronteras entre lo que vemos y el que lo ve, no son tan estrictas como pudiera parecer. De unas observaciones de mi querido amigo y poeta José Luis López Bretones sobre la interpretación de unos versos suyos  en una lectura en el Ateneo de Granada, tuvieron origen estas líneas que ahora os presento.



LA PARADOJA DE LA COMPLEMENTARIEDAD

 DEL SER Y EL DEVENIR

 



La paradoja de la complementariedad del ser y el devenir, Francisco Acuyo

 

Contraria sunt complementa

 

Heráclito


En la colonia, sobre la verdura pasado del sol poniente,

brota un copo de humo que se pierde por la cúpula del cielo.


Gabriel Miró

 

 

A José Luis López Bretones,

 

estas sinceras, pero seguramente,

limitadas reflexiones sobre el lenguaje,

la naturaleza y la posible realidad

de los contrarios que alcanza nuestro entendimiento.

 

 

 

Era un paisaje tal que, si se buscase su parecido a través de todas las regiones de la tierra, faltaría siempre algún rasgo, algún detalle, algún elemento conque comparar lo incomparable. No me pareció posible que hubiere en el mundo un lugar con tan bello, vívido y palpitante exterior, y lo más extraño, que fuese más rico y profundo interiormente para todo aquel que lo observase, y que, en fin, no prodigase para ambos (el interior y el exterior) los más hermosos dones. Y mi alabanza queda aún por debajo de su belleza, excelsitud y excelencia porque creo, sinceramente, que acaso la empequeñezco más bien que darle justo y debido encarecimiento  a su real proporción.

            En estos términos, para alguno hiperbolizados, expresaba mi admiración y arrobamiento ante un paisaje ciertamente excepcional, y que a mí me pareció del todo fundido y vivo y palpitante al mismo ritmo que el corazón que lo observaba, y cuya extraordinaria e inusual naturaleza, me llevó a un momento de profundo arrebato (¿de ensoñación?) en el que llegué a sufrir gozosamente una suerte de rarísimo rapto, donde no supe distinguir el paraje extraordinario del mí mismo atónito que se fundía entre los pinos, la rocalla, el cielo, el pájaro suspenso entre las dos montañas amables que dirían protegerlo, si ambos, pupilas y el panorama eran la configuración de una misma e inusitada conciencia que iba a complementar una identidad sublime e inmensa. Era testigo doble y uno con la extraña equivalencia del paisaje que ya no era el paisaje, sino mi paisaje indistinguible de mí mismo, resuelto en una misma conciencia, siendo a un tiempo sin tiempo (más allá del sujeto y el objeto) entidad contempladora y contemplada.

            Esta experiencia o visión fascinadora y fascinante la traigo al caso porque, una ocasión concreta,[1] me hizo rememorar este episodio fragmentariamente relatado, donde la relación con el entorno paisajístico pudiese parecer extraña para muchos y seguramente entendida por muy pocos, pero que se ha repetido en otras muy particulares ocasiones para admiración e incredulidad propia entonces, por no saber con certeza, no solo cómo describirla, mucho menos cómo explicarla. Así las cosas, aquella coyuntura o circunstancia concreta me hizo comenzar este, no sabría decir, si relato o ensayo relatado, para motivar una serie de reflexiones que, acaso lo mismo pudieran sugerirle algo al personaje implicado (buen amigo de quien suscribe estos párrafos). Aquel momento ocasional en su relato tal vez, le pueda servir de experimento ajeno para ser pensado y explicado con argumento propio. Acaso

La paradoja de la complementariedad del ser y el devenir, Francisco Acuyo

también para ser contrastado con su personal y muy legítima apreciación de la naturaleza en sus diversas formas y manifestaciones que, ante sus ojos, seguramente muy atentos, y su espíritu bien atemperado  pueda entender esta otra visión mía, contrastada, de la naturaleza que, en su apariencia indiferente y ataráxica, puede mostrarse en un ámbito no tan distante para quien se imbuye en ella con otros ojos.         

            Así las cosas, no obstante, bien es cierto que la naturaleza puede presentarse  como un orden impersonal, no exento de una especie de fatalidad suprema, cuyo aroma nihilista la presenta con una fría solemnidad que muchas veces esconde una potencia insensible e incluso cruel, y que muchas veces somos refrendatarios y declarantes los que la observamos con lo que damos en denominar juicio objetivo. Planea sobre esta visión una evidente pulsión determinista (y fatalista, decíamos) del mundo, la cual, por otra parte, no debe extrañarnos, habida cuenta de que la visión positivo materialista impera en la interpretación de las percepciones, y en las conclusiones en forma de pensamientos en nuestra sociedad moderna (y posmoderna, en muchos casos) y que también rezuma los dejos y huellas más o menos conscientes del tantas veces intransigente paisaje interpretativo del monoteísmo judeocristiano.

           Pude aprender a moverme a través de no pocos sinsabores (arrostrados por propios prejuicios personales, y otros adquiridos), en el más profundo calado y hondura del ser y el devenir de las cosas, sobre todo empujado por mi curiosidad, impregnada casi siempre de la incertidumbre e intuición de poeta, que no obstante, quería saber todo lo razonable sobre ellas. Mas, la razón, no era en muchos casos el instrumento apropiado para entender esa ambiciosa aspiración de conocimiento.

Pero sobre todo sería mi torpe y poco avisado navegar en el proceloso ámbito de la  metodología científica cuando habría de caer en la cuenta de cuán ajeno era a lo más profundo de mi propia percepción y entendimiento el mundo que me rodea, y que la poesía, con admoniciones varias, para el científico seguramente inquietantes, de consuno me prevenía. 

Hubo un tiempo en el que el paisaje estaba allí, impasible, distante, lejano; yo, aquí, en su indiferencia, dispuesto a conquistarlo y hacerlo mío desde mi razón escrutadora. Debo decir que, desde el inicio, había ya una resistencia instintiva, decía, de poeta, a apreciar lo que era indiscutible desde la ciencia, a saber: la supuesta realidad ambivalente y, por tanto, estrictamente separada del sujeto observador y del objeto observado.           

            Esta resistencia a segregar lo visto de el que lo vio, fue en aumento en cuanto quise hacer expresión viva de la naturaleza a través de mis humildes versos, que parecían no querer sujetarse no ante ésta, sino ante ninguna otra dicotomía. Se hacía clara una fuerza, un impulso, que empujaba precisamente hacia lo contrario: a integrar en mi conciencia de poeta lo que fuera de ella había, pero, además, me apercibía de un diálogo paradójico (que en modo alguno podría ser psicótico, pues a posteriori de su experiencia, reconocía, a la luz de la razón y la lógica convencional, su dificultad para expresarla), a través del cual ya no tenía ningún sentido el afuera o el dentro de mí, y que, con tanto aprieto e impedimento, digo, fuera del discurso poético, trataba de contar, describir, imaginar, conceptualizar, o como en cualquier suerte de logomaquia, de nombrar, pues, el lenguaje se hacía rebelde y contradictorio, se salía de la norma, incluso de la causa, y se revelaba, se liberaba del rebelde y mezquino discurso convencional al uso, y que a la sazón habría de entregarme de nuevo al poema para una expresión más satisfactoria de lo que fuese lo real, pues en su supuesta ficción me hacía huésped de sus habitaciones más íntimas. Resultaba el verso para la realidad, ¡espejo en el que poder corregir los defectos de la referencia y representación del mismo lenguaje!

Extraña paradoja. Pero tiene su sentido. Hablaremos de ella en el próximo post de este blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo

 

           



[1] Se trataba de la ocasión en que mi querido amigo José Luis López Bretones, intervenía en el ciclo Poesía a cielo abierto en el Ateneo de Granada. En ella exponía su relación singular con la naturaleza y sus contenidos y paisajes, que se le ofrecían distantes, impasibles, indiferentes a su espíritu observador.


La paradoja de la complementariedad del ser y el devenir, Francisco Acuyo


viernes, 1 de diciembre de 2023

SITUS INVERSUS, DE FRANCISCO SILVERA

Para la sección de Narrativa del blog Ancile, traemos un texto inédito, fragmento que será acaso de un  nuevo libro de nuestro estimado invitado, Francisco Silvera. Así pues, sirva de aperitivo este relato que lleva por título Situs inversus.



SITUS INVERSUS,

DE FRANCISCO SILVERA






Toda mujer guarda un secreto. Cuando aquella tarde el cabronazo entró por el pasillo ya ella sabía a lo que venía, pero estaba bregada; toda una vida de pesares la habían educado en la maldad, por lo que sobrevivir era su respiración. Como el ratón que en la esquina del cuarto ve acercarse al jayán humano, miraba a todos lados previendo la salida… pero se le hacía oscuro, no hallaba hueco de luz por el que colar su espíritu, y empezó a sentir la angustia acorralada de lo que acaba sin remedio.

El canalla se abalanzó con su cuchillo y, antes de que ella pudiera tener consciencia del hecho, exclamó: “¡Te rompo el corazón, so puta!”, y le punzó el pecho provocando un borbotón de sangre. Ella se dejó caer, tendida sobre el suelo y sintiendo el calor de la vida mojándole su camisa mientras él huía loco.
Pasó un instante, el pecho partido pero, de entre los muertos, surgió el movimiento lento de su mano que no fue a la herida nueva sino a una antigua cicatriz de una apendicitis errada, aquel día que le descubrieron el “situs inversus”, que todos sus órganos eran un espejo de lo que tenían que haber sido, todo del revés, y entonces sonrió con socarronería porque, tío inútil e ignorante, allí no tenía el corazón.




Francisco Silvera