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viernes, 24 de octubre de 2025

RIMA EN SÍSTOLE, POR ANTONIO CARVAJAL

Para la sección, De la métrica celeste, del blog Ancile, taremos una nueva entrada sobre el fascinante y sutil mundo de la métrica, esta vez a cargo del profesor de métrica y retórica, excelso poeta, Antonio Carvajal, bajo el título de Rima en sístole, que recomendamos vivamente y que no tiene desperdicio.



RIMA EN SÍSTOLE,

POR ANTONIO CARVAJAL


Rima en sístole, Antonio Carvajal


El entusiasta y sabio escultor de la rima que atiende por Antonio Jesús Alcaide Soler me consultó desde Almería, en cuya Universidad se exponían muestras de su bien elaborado arte didáctico y grato, cómo interpreto una extravagante rima de Jorge Luis Borges en su Luna de enfrente. Me envía foto del poema;

VERSOS DE CATORCE


A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros

 y de calles que surcan las leguas como un vuelo,

 a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso

 y arrabales azules, hechos de firmamento,

 a mi ciudad que se abre clara como una pampa,

 yo volví de las viejas tierras antiguas del naciente

 y recobré sus casas y la luz de sus casas

 y esa modesta luz que urgen los almacenes

 y supe en las orillas, del querer, que es de todos

 y a punta de poniente desangré el pecho en salmos

 y canté la aceptada costumbre de estar solo

 y el retazo de pampa colorada de un patio.

 Dije las calesitas, noria de los domingos,

 y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,

 y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,

 la noche olorosa como un mate curado.

 Yo presentí la entraña de la voz las orillas,

 palabra que en la tierra pone el azar del agua

 y que da a las afueras su aventura infinita

 y a los vagos campitos un sentido de playa.


 Así voy devolviéndole a Dios unos centavos

 del caudal infinito que me pone en las manos.


«Al releer la poesía de Borges me he encontrado una rima con cambio de acentuación que la edición no respeta porque no hilan tan fino. "Paraiso" rimando en asonante con "curado"»

Hila fino el estudioso profesor Alcaide y doy por certera su apreciación; y sé que me consulta porque escribí un breve ensayo sobre las rimas en diástole, que llamé rima en caída, es decir, donde intervienen palabras esdrújulas que no consuenan desde la última vocal tónica, como es de precepto, sino desde la postónica. Son rimas en diástole cuando la medida del verso muestra que la tónica decide el metro y la rima, tal los casos de Napoles/caracoles en Luis de Góngora y tabaco/hipocondriaco en Antonio Machado o las frecuentísimas de oceano, que el corrector automático destruye en un exquisito soneto de Rosa Chacel y, de paso, afea con servidumbre académica la preciosa edición de su poesía completa por la Fundación Guillén, pues acorta el verso en una sílaba al escribir océano. La rima en caída se me ocurrió leyendo a Daniel Devoto cuando muestra el caso de “viuda” como

Rima en sístole, Antonio Carvajal
asonante en ía; miré y vi otros ejemplos similares, sin ir más lejos, en García Lorca, quien rima “antigua” bien con fina, bien con música. Pero este es el primer caso de asonancia en sístole que veo, fuera de trabalenguas y otros juegos (sístole y diástole, términos que parecen propios del batir del corazón y en retórica y métrica indican los colaterales desplazamientos del acento, como en el habla común se da en telégrafo/telegrama). Una hipotética pronunciación *paráiso por parte del poeta, como supone Antonio Jesús Alcaide, da coherencia a la rima, mas cabe pensar en un desliz acústico o en una intención antipreceptiva de asonar entre sí tres versos seguidos. No puedo decidir que sea *paráiso, con sístole que Alcaide supone y pide el ajuste a 14 de un verso que se nos presenta de 15, porque este delicioso poema, lleno de sutilezas y primores, muestra que Borges, hace ya un siglo, andaba mal además del oído, con versos desmedidos que no son de 14, sin justificación posible, pues en 1969 reedita el libro de 1925 y sus correcciones mantienen las desmesuras. yo volví de las viejas tierras antiguas del naciente (16) se muda en

yo volví de las viejas tierras antiguas del Occidente ((17)i

y mantiene la paradiástole, si no es pleonasmo, viejas/antiguas, y sustituye naciente (el este para un argentino quizá sea Europa, por donde acaso le salga el sol) por Occidente, así, con mayúscula; ¿para un argentino el occidente es Japón o China?; porque si es el Occidente que usamos hoy incurre en un pleonasmo o ripio peor. Berceo y otros poetas de su tiempo nos enseñaron muy pulidos los versos de 14, más o menos así: yo volví de las tierras antiguas de occidente.

Que no estaba sordo del todo lo demuestra el ajuste del verso

y esa modesta luz que urgen los almacenes

que se enriquece como

y la trasnochadora luz de los almacenes

ahora verso de 14 sin hemistiquio agudo, con supresión del demostrativo “esa” (ya presente en Berceo y que tanto molesta a Juan Varo) y una variación léxica y sintáctica grácilmente audaz, como de lector de los grandes maestros americanos, Rubén Darío y Leopoldo Lugones, y de sus más inmediatos Vicente Huidobro y Juan Ramón Jiménez, En fin si “paraíso” es asonante en -a-o, tenemos un nuevo recurso rimario, especular de la rima en caída o por diástole, la rima en alza o por sístole, recursos que ya Góngora

advirtió en su romance a la beatificación de Teresa de Jesús que están autorizados por Antonio (de Nebrija).

*Nota.

Preguntada la IA (véase que soy moderno), me reponde:

En Buenos Aires, "paraíso" se pronuncia de forma similar a otras partes de América Latina, con el acento en la "i" y un sonido claro de todas las vocales. La pronunciación es: [pa.ɾaˈi.so].

•"P": Se pronuncia como una 'p' suave.

•"a": Se pronuncia como una 'a' abierta y clara.

•"r": Es una vibrante suave (como la 'r' en "pero").

•"ai": El diptongo "ai" se pronuncia como la sílaba "ay", con la "a" clara y la "i" más corta**. El acento recae en esta segunda sílaba.

•"s": Se pronuncia como una 's' suave.

•"o": Se pronuncia como una 'o' clara.

**Que las Musas me asistan, IA considera el grupo “ai” diptongo, o sea que justifica la lectura de Alcaide, y luego dice que la i lleva el acento, con lo que no hay tal diptongo sino una aceuxis que pocos saben definir. Ganas me dan de preguntarle a IA en qué instituto aprendió gramática española.



Antonio Carvajal



Rima en sístole, Antonio Carvajal


viernes, 7 de julio de 2023

VARIACIONES AHILADAS SOBRE UN VERSO ERRADO, POR ANTONIO CARVAJAL

 Para la sección de métrica del blog Ancile, De la métrica celeste, traemos un trabajo interesantísimo del gran poeta, insigne profesor de métrica y amigo entrañable, Antonio Carvajal, que lleva por título Variaciones ahiladas sobre un verso errado (hallado entre poemas de María Victoria Atencia), que seguro resultará de segura predilección para los amantes de las sutilezas del vasto dominio de la métrica. 




VARIACIONES AHILADAS


 SOBRE UN VERSO ERRADO *


hallado entre poemas de María Victoria Atencia







 Por la alacena rota teje luna araña el hilo

 [Una luz imprevista, p 225]


 

BORRADORES CAMPESTRES

 

1

Luna araña teje el hilo
 del crepúsculo dorado
 a desperezos del alba.

Riela en el mar. Su rehilado
creba los amaneceres,
hilvana espumas y sombras.

 

¿O atardece y la alacena
 quedó abierta a las arañas
 jardineras del silencio?

 

 

2

 

Si desde antes que la luz
y que las tinieblas fuesen
te tuvo un dios en sus dedos
y te pensó y en los rotos
castellares sin murmullo
te dejó suspensa y ciega,
 pendiente de un hilo sobre
 la mar, ay flor de un instante
 que las aves pespuntean
con purísimo aleteo,
 luna araña, no diluyas
 tus laboriosos primores
en el fragor de los yerros.

 

[Motril, 29 junio 2023]

 

 



Síguense estas


CUADERNAS DE LA LUNA ARAÑA
cuyo primer verso sería de María Victoria Atencia 
si no ostentara una variación por errata.

 

El autor las dedica a José Antonio Ruiz Reina

por los motivos que se exponen a pie de estrofas.

 

Por la alacena rota teje luna araña el hilo

donde aturda la sombra breve insecto incauto y frágil;

 hila lenta y urde sabia la silente mortaja

de taimada textura o ágil lazo en seda untuosa.


 Y en unas gotas de agua punta breve toca un punto


 y en flor muda se trueca la trémula trampa inmóvil.


 Luna la araña, parda la mosca, la tarde súbita,


 pasan las horas y queda roto todo el prodigio.

 

 


Motivos para la ofrenda

No de muchos estudiosos que lo sean por vocación, entendiendo por tal la llamada interior que pide más conocimiento tras de lo ya sabido suficiente, cuyo es el caso de José Antonio Ruiz Reina, que ha trocado su situación administrativa de jubilado en jubilante y ha escogido mi obra para llenarme de júbilo el corazón por una doble vía, la del gusto por mis poemas y la del respeto a mis opiniones métricas. Sabe por teoría y por práctica el estudioso amigo que es una mera convención hablar de pies métricos romances equivalentes a los heredados modelos griegos y latinos. Sabe, porque hemos hecho las cuentas, que si la cantidad silábica no se percibe, los hexámetros clásicos suenan en los oídos románicos con duración entre 13 y 17 sílabas y que si escandimos con la intensidad mayor como hito no obtenemos pies sino cláusulas. Y así, el famoso verso del diario maestro Rubén Darío:

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda

parece um hexámetro porque consta de cinco cláusulas dedales más una espondea, pero concuerda con una línea melódica que Federico García (digno de una emperatriz) escribió como dos octosílabos en un su romance y que ofrezco en renglón para que se compruebe su ajuste con el de Darío:

voces antiguas que cercan voz de clavel varonil

Con nuestras convenciones métricas el verso de Darío y el de García miden 16 sílabas y son tan hexámetros romances como quizá este de “Venus”, rubeniano soneto:

En el oscuro cielo Venus bella temblando lucía

que tiene seis acentos también, pero… para desclasificarlo como “hexámetro” basta señalar que las cinco sílabas finales no forman un adónico.


Españoleó Miguel Agustín Príncipe nuestra métrica, introdujo el concepto de compás, estableció que nuestros segmentos versales son binarios (troqueos), ternarios (dáctilos) o dobles (cuatro sílabas, la 3ª tónica), llamó antecompás a lo que don Tomás Navarro Tomás dijo anacrusa, redujo nuestros ritmos a uniforme o simétrico o mixto, y nadie le hizo caso, estaban las cabezas como ollas hirviendo mientras se cantaba “Abajo los borbones” (letra de Antonio García Gutiérrez, música de Emilio Arrieta) y se cumplía el dictado de otro español, Rafael Pérez del Álamo, desatendido porque además de albéitar era levantisco: “En este país de los viceversas todo es posible menos tener memoria”, a lo que se suman los delitos de omisión cultural del poder y sus lacayos, entiéndanse en este caso un ejército que no podía con los bereberes y una academia que no admitía mujeres porque no estaba contemplado en sus estatutos, y más desgracias, y más disgustos y más desdichas, y así aumentaban el descrédito del pensamiento y la acracia moral y el aborregamiento colectivo hasta llegar a hoy, métricamente representable este largo periodo con los tercetos encadenados.


Pues bien, sedía yo una vez como tranquilo, leyendo Una luz imprevista, título de una reciente edición de la poesía completa de María Victoria Atencia, cuando me interrumpió la llamada del cartero y, oh maravilla, recibo el libro que me envía con dedicatoria autógrafa mi admirado y querido Jesús Munárriz. Abro al azar, huelo el ejemplar según vieja costumbre, miro y leo “Las erratas”, tres páginas de poema que hay que sorber como un buen vaso de agua fresca en estos días de verano. “Hay trastrueques respetables / inventivos, aceptables” y con esta música vuelvo al libro de mi prima María Victoria y encuentro esta errata estimulante: “luna araña”. ¿Un pez, una planta, una travesura de la imprenta, un cambio descerebrado impuesto por el corrector automático del ordenador? La fantasía admira el verso errado e impulsa a una glosa variada, y rauda la métrica lo corrige, se lee


Por la alacena rota teje luna araña el hilo

mas donde dice luna diga una, que así lo piden los versos entre los que se inserta.

Un verso suelto no es tal verso hasta que no responde ajustado a un molde mental en que encaja y lo dota de los elemento susceptibles de repetirse en otras dicciones semejantes. Dicho de otra manera, en la prosa no atendemos habitualmente a la escansión de su compás y en el verso esa atención le imprime carácter. No hay que tener el oído muy educado para percatarse de que en el verso errado hay cinco pies trocaicos seguidos: *rota / teje /   lunaa

/rañael / hilo* que marcan un compás uniforme muy apropiado para sugerir el laborioso oficio del bichejo, y el oído percibe una longitud sonora que desborda lo habitual, no es el muy sabiamente usado alejandrino de la poeta, es un pentadecasílabo poderosamente rítmico que permite su acoplamiento con otros enunciados de igual número de sílabas y que reclaman su ejecución como un tema con variaciones, de manera que se oigan los grupos 7+8 u 8+7, el hemistiquio octosílabo siempre de compás binario pero que al realizarse con esquema simétrico en quiasmo evita la monotonía por la unión con el heptasílabo variable y por el desplazamiento de las cesuras. Compás binario se tituló el libro en que la doctora Atencia incluyó como primer poema el que contiene este verso entonces sin errata. Con la marca de tal compás binario he construido mis cinco primeros versos y luego he cambiado a unos juegos caprichosos con adonios (y no) en los tres versos finales para evitar el aire de nana en esta siesta del 30 de junio en Motril, tandis que Midi l’ìnjuste y compose de feux la mer.

 

Y concluyen el 1 de julio en

 



MUDANZA CON EL DÍA

 

¿Teje la luna araña con hilillos de sal la red de las nostalgias?

Arriza el sol columnas de mercurio sobre las azoteas colonizadas por las gaviotas. La saliva de un ruiseñor se cuaja entre frondas de eucaliptos, resbalan aguas (des)atendidas hacia el origen del deseo, hacia arriba, hacia arriba, y reducido a las sombras, recluso en su silencio, el cuerpo rememora nieves, padecidas tormentas, trampas de la sed y la lascivia. Y el hilo fluye de las blancas mandíbulas de la luna sobre el afilado perfil de la azucena, la ruborosa grieta de la granada, lo que el recuerdo desmenuza en el crepúsculo.

En la cálida noche, inmerso en un salino sudor denso, el torso desatiende la caricia. Si fuera flor la luna araña, si cáliz de misterios, si saco roto de las promesas, si araña luna o recobrada estrella, qué silenciosa calma, qué lentitud de yemas, qué (in)soluble hastío.

Como un dorado y divino jazmín incrustado en ébano, Venus traspasa su horizonte y se lleva los hilos para tejer la alfombra de la aurora y su oreo.

 

 

Antonio Carvajal



Poema de Mª Victoria Atencia


CASTELLAR


Fuiste ya como ahora desde antes de la luz

y las tinieblas fuesen, cuando Dios un instante

nos tuvo entre sus dedos y me pensó aquí mismo

-mi morada suspensa, mi castellar cegado-

camino de esta última estancia que me llama.


Por la alacena rota teje luna araña el hilo

dorado del crepúsculo, Mas al fondo del cuarto

un ventano se abre al vacío que asientan

allá bajo las aguas, y el aire purísimo

me suspenden las aves que cruzan en el silencio.






lunes, 4 de julio de 2022

SEGUNDA CARTA A DOLARIA, POR ANTONIO CARVAJAL

 Hacemos puntual entrega de la Segunda carta a Dolaria, enjundiosa y avisada como acostumbra nuestro querido amigo, excelso poeta y sabio metricista Antonio Carvajal, para la sección De la Métrica Celeste del blog Ancile. 


SEGUNDA CARTA A DOLARIA, 

POR ANTONIO CARVAJAL



Segunda carta a Dolaria, Antonio Carvajal



Desde que el castellano tiene gramática escrita hay constancia de que la mayoría de nuestros doctos teóricos del verso tienen tendencia a olvidar que los poemas se pueden hacer con la lengua viva que se habla con el vecino, con la lengua agonizante que se estudia y practica con los colegas, con lenguas o jeri-aprendidas-ronzas, etc., y que cada lengua es una materia moldeable según sus características. Hay una fuerte diferencia entre la versificación con el griego y el latín, basada en la combinación de sílabas largas y breves, y la castellana fundada en la combinación de fuertes y débiles. En latín y griego cuentan que había sílabas tónicas y átonas cuya intensidad mayor o menor no decidía la formación del verso; en castellano, en cambio, nos trae sin cuidado la longitud de las sílabas, pues largas o cortas las estimamos iguales aunque a veces se perciba bien la cantidad de tiempo que se emplea en pronunciarlas, tanto que nos quedamos tan panchos al no contar al final del verso esdrújulo la sílaba postónica, rápida y brevísima, y al darle doble valor a la tónica final de verso agudo, de donde se deduce que “todo verso castellano se mide como llano” y que “todo verso francés agudo es”, lisa y llana convención métrica, como una convención de sastres sisadores que convencen a sus clientelas de que el geme y el palmo son iguales. Al caso: si en latín y en griego una sílaba larga vale dos tiempos y una síl
aba breve vale uno, el hexámetro clásico dura 24 tiempos, en tanto que el análogo romance vale 17; para disimular la sisa se tiende a confundir con apariencias de distinción y llamamos cláusulas a las combinaciones de sílabas castellanas que nos parece que se parecen a unas sílabas escritas en otra lengua que pocos saben pronunciar y muchos menos saben oír. Pero pasar por latino (¿ladino?) sigue dando prestigio, y decimos que tónica más átona hace troqueo, v. gr. monja, y jamón da yambo (Góngora hizo el famoso palíndromo “tordo doctor”). Mentira secular que no sabemos cuántos siglos más va a durarnos.
Segunda carta a Dolaria, Antonio Carvajal
Gregorio Silvestre

Todo esto viene a cuento de que Pedro de Cáceres afirma que Gregorio Silvestre fue el primero en ajustar en España el endecasílabo por yambos, pero sin decir en qué consiste ni aducir ejemplo alguno aunque, eso sí, remite a Cristóbal de Castillejo, lo acusa de no saber distinguir once de doce y duda de los endecasílabos de Juan de Mena. Y aquí se arma el verdadero lío. Pues como no hemos oído hablar ni a griegos ni a romanos ni a castellanos del siglo XV, ¿cómo mediremos esta estrofa de Mena (que cito por la edición de 1566 en Alcalá y en casa de Juan de Villanueva y Pedro de Robles, en vida, pues, de Gregorio Silvestre y, por tanto, quizá al alcance de Pedro de Cáceres) y que leída con los hábitos de hoy nos da endecasílabos?




11        Vi luego los montes hyperboreos                    1-2-5-10

            armenia y scythia con toda albania                 

11        y aun por cuanto prolixo seria                         2-4-7-10

11        dexo mas otros rincones de hebreos               1-2-4-7-10

de los capadoces y los amorreos 

11        y de nicea do juntada fue                                 4-(6)-8-10                              

la synodo santa que libro la fe,

11       de otros peores que los manicheos                   1-4-10

 

Deduzco que el primer verso es endecasílabo porque no debe haber hiato en el diptongo romance -ue- y la consonancia pide -éos, como “seria” consuena en -ía con “Albania” (ojo, que podría ser rima al ojo, como las hay en Dante, y consonancia en caída como en otros casos propuse tiempo há, pero no); y en cuanto a los dos versos que no he señalado como endecasílabos, al sétimo basta con aplicarle la pauta de Nebrija de suprimir la primera sílaba de uno de los dos hemistiquios, preferible la del primero, y en los tres versos finales aplicar la “compensación” del verso agudo con la sílaba del siguiente, como se trampea con las coplas de Manrique (correctamente, dicen), así:

y de nicea do juntada fue__la                          4-(6)-8-10

synodo santa que libro la fe__de                     1-4-8-10

otros peores que los manicheos,                     1-4-10

Segunda carta a Dolaria, Antonio Carvajal
Cristobal de Castillejo
con lo que evito el hiato “de-o”, necesario para que suene el dodecasílabo docesiglero, y mantengo el diptongo de “fue”, de acuerdo conmigo mismo al medir “luego”, hago las sinalefas como si el texto fuera de hoy (ya/ún) y me quedaría sin resolver el 2º verso, si no fuera porque tengo amigos nacidos y hablantes y poetas en comarcas de la antigua corona de Aragón que hacen sinalefa con la conjunción “y” medial entre vocales al pronunciarla casi como una e muy tenue. O sea, mi querida Dolaria, que si me lees con el respeto debido a mis años y con la fe con que solemos venerar a los extranjeros que se inventan los metros de Berceo, Mena y todos cuantos tuvieron pluma en mano antes de Garcilaso, Juan de Mena escribió muchos endecasílabos entre los que hay algunos que pasarían por yámbicos.

Y aquí vuelvo a Pedro de Cáceres, que aduce un elogio de Barahona de Soto a Gregorio Silvestre sacado de los tercetos de su epístola al poeta organista y que inserta en esa su edición tan estupenda que a veces tiene aspecto de olla podrida (el potpurri, que a muchos nos sabe muy bien). Barahona y Cáceres atribuyen a Rodríguez de Mesa (más conocido por sus nombres de pila, Gregorio Silvestre, como le pasaba a mi amigo Manuel Urbano) la novedad de “poner medida en los versos toscanos que hasta entonces no se les sabía en España”. Y pues ya estaba España sembrada de versos con su conteo ajustado de once sílabas, por todas partes y en sus diversas lenguas, en la corona de Aragón desde Asías March, en la de Castilla desde Íñigo López de Mendoza, en la de Portugal por lo menos desde Sá de Miranda, y en Italia Pietro Bembo implantaba por modelo a Petrarca, la novedad yámbica que Barahona de Soto y Pedro de Cáceres celebran como primicia en Gregorio Silvestre no deja de tener su mérito. Contar sílabas con los dedos y al llegar a 10 poner en tal posición una con acento demuestra que se sabe enumerar, pero no supone que la línea así marcada merezca el nombre de “frase música” que usaba Miguel Agustín Príncipe para solucionar el problema de qué hacer con la sílaba (o dos)  átona final, aunque no supiera evitar el enojo del antecompás, la anacrusis que no acaba de convencer pese a la autoridad de Navarro Tomás y el antecedente de Nebrija. Así que lo fácil es decir que el ritmo del verso español es yámbico o trocaico según las trampas que hagamos, si no nos da por el dáctilo o el espondeo de las gaitas , que tampoco tenemos muy claro el pito que cada quién sopla.

 Barahona de Soto explana méritos de su venerado poeta (y músico de tecla) para culminar

                                   [en] que por vos los versos mal ligados           4-6-8-10

                                   de la española lengua e italiana                        4-6-10

                                   serán con la medida encadenados.                  2-6-10

¿Dónde está la buena liga de los versos de Barahona? Los números lo cantan, en la acentuación permanente en 6ª y 10ª. ¿Qué hacemos con los acentos de 2ª, 4ª y 8ª? Declararlos armónicos, ajustados a cadencia y, en definitiva, eurítmicos. ¡Pero no hay ningún yambo! Sí los hay, por ejemplo, en este soneto del celebrado maestro:

 

Ausente yo de vos los elementos

y los que no lo son me hacen guerra,

amor, infierno, cielo, mar, y tierra,

inventan para mí nuevos tormentos.

 

La vida se me pasa en pensamientos,

no veros es el mal que más me atierra

deseo me consume, y me destierra;

por vos me hace amor beber los vientos.

 

A mis orejas oigo: ¡qué mancilla

haber aqueste mozo enloquecido,

que tan perdido anda y tan penado!

 

Respondo yo que en mí no es maravilla

que estoy ausente yo, y de amor herido

de quien tiene de mí poco cuidado.

(Silvestre, 360v)

Subrayados están, marca con el pie o con la mano la pares y lo comprobarás por tres sentidos al menos (la vista que lee, el oído que recibe, el tacto del golpeo). Esta prueba sensorial demuestra que la poesía es materia, digan lo que digan los demás.

Me quedaría tan pancho diciendo que, como anotó Paul Valéry antes de recuperar el decasílabo francés (idioma donde es modelo el verso macho<masculo) las cadencias básicas son 4+4+2 y 6+4, por lo que se admiten como armónicos (ajustados a medida) los que presentan las cláusulas 1+3 y 2+2 (=4), 1+5, 2+4, 1+3+2 y 3+3 (=6 ). Y este ajuste de cuentas nos lleva a preguntarnos por qué se considera antirrítmico el acento de 7ª en el endecasílabo, pues si todos lo llevan es armónico y si contrasta con uno de 6ª también lo es, aunque el dáctilo genere una contracadencia del yambo, como hace el gran ajustador de medidas Gregorio Silvestre en el soneto transcrito, versos 4º, 12º y final, pues son versos susceptibles de considerárseles bimembres, de modo que el primer braquistiquio sea agudo, con acento en sexta, y el segundo presente una de estos tres aspectos: 0+4, 2+2, 3+1.

Cuando te plazca hablaremos del endecasílabo gongorino con esquema 1+5 / 3+1, o sea, el de acento en 9ª. Será cuando me lo pidas y te complaceré con gusto para que bufe o “brame el eunuco”.




Antonio Carvajal

 



Segunda carta a Dolaria, Antonio Carvajal


 

 

 

 

lunes, 27 de junio de 2022

PRIMERA CARTA A DOLARIA, POR ANTONIO CARVAJAL

Para la sección de métrica del blog Ancile, De la métrica celeste, traemos una nueva lección magistral del poeta y profesor de Métrica Antonio Carvajal sobre las sutilezas del verso endecasílabo, y que lleva por título Primera carta a Dolaria.


PRIMERA CARTA A DOLARIA,

POR ANTONIO CARVAJAL



Primera carta a Dolaria. Antonio Carvajal




   Mi querida Dolaria, este año se adelanta la humuvia y, en vez de fruir tan delicioso aroma, tememos lo que recelan viejos labradores, pues lluvia por san Juan quita vino, aceite y pan. Retumba el trueno, golpetea la lluvia en los cristales y distraigo mi encierro con la lectura del prólogo que Pedro de Cáceres puso a los poemas que recogió de Gregorio Silvestre y, en especial, atiendo a las palabras que me subrayaste. Una afirmación hay que me hace sonreír: Gregorio Silvestre descubrió el ajuste del endecasílabo por yambos y, al ser el primero que lo hizo, los españoles le debemos más que los griegos a Homero y los latinos a Virgilio, pues se encontraron los hexámetros ya ajustados. “Raro inventor” podemos decir con Cerbantes. Y tan raro. Si el propio prologuista limita el alcance de su afirmación con un “tan comúnmente”, supongo que quiere decir que no todo son yambos. Silvestre los tiene en mayor cantidad que otros, es cierto, son más escasos que sus endecasílabos acentuados en 2ª, 4ª, 8ª y 10ª sílabas, alternando con los que tienen los acentos dominantes en 6ª-10ª y, por lo que he visto, sin acentuar en 5ª y con poquísimas contracadencias de 7ª, acentuaciones estas dos últimos que hace siglos que nuestros metricólogos más campanudos tachan de antirrítmicas. Lo que va a pares parece que Pedro de Cáceres lo asimila al yambo, pues nada dice de las frecuentes acentuaciones con dominante en 6ª y presencia de 1ª y 3ª tónicas. Y hace bien para lo que le interesa, pues el 1 y el 3 son marcas de troqueo, 3-6 del espondeo y 1-4-7 del dáctilo, entendidos tales términos en uso romance, no clásico. Al prologuista parece interesarle distanciar el endecasílabo yámbico de toda posible concomitancia con el arte mayor castellano, verso que, si suprimimos su primera sílaba como propone Nebrija, da el endecasílabo dactílico (no sé por qué gaitas hay quien lo llama anapéstico), y si suprimimos la primera sílaba del segundo hemistiquio, también a la nebrisense, no nos resulta un precioso sáfico, sino otra vez el verso gaitero. Claro que si marcamos todos los acentos en las pares que no los llevan no rompemos el compás aunque nos resulte el bodrio con el que ejemplificó su llamado “acento intelectual” un metricólogo autor de este contradiós: “el dúlce lámen tarde dóspas tóres”.

Primera carta a Dolaria. Antonio Carvajal

   Dante, Petrarca, López de Mendoza, Laso, Hurtado, mezclan versos con dominante en 7ª a los “yámbicos”. Don Íñigo López de Mendoza hizo sus sonetos al itálico modo un siglo antes que su pariente lejano Garcilaso, antes de que el Bembo, amigo de Garcilaso, editara con primor a Petrarca, antes de que su biznieto Diego Hurtado de Mendoza anduviera de embajadas por Roma y Venecia y de chicoleo y puterías con Bembo, Aretino y otras gentes postineras. Poco antes de la muerte de Gregorio Silvestre recalaron en Granada Hernando de Acuña y, desterrado, don Diego Hurtado; vivos ellos, no sé si hubieran tolerado la afirmación de Pedro de Cáceres; quizá sí si entendieron que el ajuste de Silvestre lo era de compás binario progresivo, con posibilidad de mezclarlo con el tiempo doble (peón 4ª), y sin mezclar con el dactílico. Dicho de otra manera, en el endecasílabo español moderno es indiferente que haya acentos previos a las dominantes si estas recaen en 4ª (los llamados comúnmente sáficos) salvo en 3ª, pero esta sílaba sí puede acentuarse si la dominante es la 6ª, que excluye la tonicidad de 5ª y 7ª. No sabemos leer los sonetos de López de Mendoza, marqués de Santillana, ni sabemos cómo los leía él, pues lo acusaron de hablar como extranjero al volver a Castilla tras servirle copas al rey de Aragón, pero los de su biznieto y colegas no nos presentan demasiadas dificultades, salvo alguna aspiración, tal hiato, la imprevisible errata o la pedante ultracorrección de algún editor actual (o próximo pasado).

Van ejemplos de Silvestre: Y empiezo por este, que es un verso deficiente a todas luces y sones, por el acento en 5ª y el hiato para ajustar la medida: “Con verdad tan clara, y tan patente”( p 383v), verso cojo al que no le hace falta prótesis de ripio sino un delicado toque: “con tan clara verdad, y tan patente”. Pero nótese cómo fluyen los tercetos de su “Epístola a doña Mayor, hermana de doña María”:

 

Salud de mi salud-y bien del mío,                    2-6-8-10

2          si puedo yo, teniendo tú la mía,                      2-4-6-8-10

envïarte salud, yo te la envío.                          3-6-7-10

Mi vida, y mi salud, y mi alegría,                     2-6-10

5          y todo mi contento está en tu mano                2-6-8-10

por ser el alma tú de mi María.                       2-4-6-10

¿Por qué, pastoras mías, de Silvano                2-4-6-10

mudanza imagináis, fundáis olvido                 2-6-8-10

y faltas en amor tan soberano?                           2-6-10

10        Pensara que olvidarme habéis querido            2-6-8-10

si viera ser posib!e el olvidaros,                      2-4-6-10

de quien nunca memoria habéis tenido.          3-6-8-10

 

   Todos los versos tienen acento dominante en 6ª que, con el definitorio en 10ª, garantiza la “sensación yámbica” aunque solamente el verso 2 es un yámbico pleno, diez versos tienen acento en 2ª, seis en 8ª, cuatro en 4ª. Solamente el verso final y el tercero escanden sus seis primeras sílabas en dos anapestos (3+3) y solamente el tercero presenta diéresis necesaria para el ajuste de su primer tramo y una cadencia adónica, acentos en 7ª y 10ª, que no solamente no es antirrítmica sino que sirve para enfatizar la dádiva del poeta que, como buen músico, sabía que la eufonía reclama al menos un tiempo débil entre dos fuertes, y que tal tiempo débil puede ser un silencio como el que presenta este su verso tras la 6ª. Aunque he modernizado la ortografía hasta donde el buen sentido me lo permite, he mantenido el comeo del cuarto verso para detener el paso rápido del polisíndeton y subrayar el énfasis que propician las cesuras.

 

 

                                                                                                                              Antonio Carvajal

                                                                                                                              Motril, 20 junio 2022




Primera carta a Dolaria.