sábado, 30 de marzo de 2024

ACOPIOS DE PACIENCIA, POR ANTONIO CARVAJAL

Mi muy querido amigo Antonio Carvajal me envía el texto que sigue y que intitula, Acopios de paciencia, y que incluyo en la sección, Extractos críticos, para la que, a mi juicio, viene muy apropósito porque da algunas nociones de no poco interés para quien quiera y sepa apreciarlas.



ACOPIOS DE PACIENCIA, 

POR ANTONIO CARVAJAL



De Giorgo de Vasari



  Glosa al comienzo de "Ciudades de provincia" (1979, Siesta en el mirador)


GLOSA A UNOS VERSOS PROPIOS


Acopios de paciencia, 
retenciones de cólera, tensiones 
entre hartazgo y desprecio,
todo lo que el entorno exige, obliga 
para esa convivencia que no es sueño 
porque la angustia tiene bulto, y consta.  


Acopios de paciencia.

Más de 70 años esperando. ¿Qué? La libre disposición de mis horas. ¿Y? No lo he conseguido. ¿Por? Blando de corazón, o sea, flojo de carácter. 

Retenciones de cólera. Me enfurece la vana frivolidad con que se desprecia a quienes tratan de hacerme bien. Acaban de publicar una antología de Francisco Silvera elaborada con poemas míos y mi furor ha sido triple: 1, porque la gente me ha demostrado que no se me estima por la calidad de mi obra sino por el poder de quien edita; 2 porque Silvera elaboró y publicó otra antología hace años, que no mereció ni una mención, aunque es excelente: la editorial de entonces no trasminaba capitalismo; y 3, porque llega tras haberse negado la editorial que ahora sí publica a recibir siquiera la antología que Antonio Chicharro le propuso so pretexto de que sería abrir las compuertas a los aluviones novos, novísimos y postnovísimos, aluviones que han colmatado desde hace años el catálogo de la editorial, con ostensible menosprecio de la obra de mis antólogos y ultraje a la mía. Más de 30 años callado, reteniendo la cólera ante desprecios, menosprecios y otras groserías, se han visto pródigamente aventados porque, "o infelix culpa", me sentí obligado por la amistad y acepté en mala hora el honor de un premio donde se invoca a Góngora pero molestan sus versos (v.gr. "Dineros dan calidad..."), porque me honran después de pasarme por delante durante años y años otros honrados que ni siquieran me igualan, con lo que el don sin din me suena a cascado retontón de retintín; para colmo, se enfadan con quien me elogió porque invirtió en mí el tiempo que algunos habían dilapidado en adular a ciertas autoridades postizas. Años y años de tensiones entre hartazgo y desprecio, soportados con paciente rostro de modelo para tallistas de imágenes penitenciales. En fin, que no se podrá decir de mí que no he dado generosamente todo lo que el entorno exige, obliga para esa convivencia que no es sueño. Así que como el grajo de Poe he dicho "nevermore" (entiéndase: jamás), y he decidido pedir a las instituciones que propusieron mi candidatura a un premio de Granada que la retiren porque la angustia tiene bulto, y consta y es demasiado el agobio que me produce llevar 20 años soportando los desdenes de los jurados sucesivos hacia respetables y muy dignas instituciones, desdén que repercute en mí como evidente ninguneo.  

Seguro que me tildarán de soberbio, vanidoso, maricón, rojo trasnochao, chulo de mierda, cateto, y muchas más execraciones que llevo oyendo toda mi vida. Si confunden presión y coacción, ¿cómo van a distinguir entre orgullo necio y sentido consciente del decoro?




Antonio Carvajal






martes, 26 de marzo de 2024

LA CONCIENCIA MATERIAL DE LOS PATRONES MATEMÁTICOS: LA MATERIA SUJETA LAS REGLAS DE LA CONCIENCIA

Prosiguiendo con la cuestión de las estructuras legales o matemáticas en las artes, traemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile, esta vez bajo el título: La conciencia material de los patrones matemáticos: La materia sujeta a las reglas de la conciencia.



LA CONCIENCIA MATERIAL 

DE LOS PATRONES MATEMÁTICOS:

 LA MATERIA SUJETA LAS REGLAS DE LA CONCIENCIA 



La conciencia material de los patrones matemáticos: La materia sujeta a las reglas de la conciencia. Francisco Acuyo





Abundando sobre la cuestión de los patrones, reglas, algoritmos estructurales de las obras de arte, y siguiendo las directrices argumentales de la anterior entrada, de cómo codifica nuestra mente las emociones traducidas en patrones y reglas, me mueve a conjeturar de nuevo si de algún modo no están ya codificadas en nuestras conciencias esas simetrías y patrones. Que músicos de la talla de Bach gustasen de partir de determinadas estructuras para generar nuevas composiciones bien puede ser una muestra de ello. La misma métrica, en poesía, parte de una regularidad preceptual de ritmo, para generar obras nuevas que, con audacia, pueden cuestionar los mismos fundamentos mecánicos que en principio la constituyen. No obstante, todo parece indicar que aquellas restricciones numéricas, algorítmicas, etc.. son claves en el propio proceso creativo.

La conciencia material de los patrones matemáticos: La materia sujeta a las reglas de la conciencia. Francisco Acuyo
Algunas de las interrogantes de las muchas que pueden surgir entorno al constructo matemático y también artístico, un paso más allá de la mera cuantificación o cálculo, pueden encontrar alguna respuesta en virtud de lo que entendamos por conciencia, y desde luego más allá también de un mero epifenómeno del cerebro, y si entendemos esta como algo que en verdad impregna la misma materia. Si atendemos al hecho de que aquello capaz de procesar datos (una máquina de cómputo) en su resultado no tiene nada que ver con la vivencia empírica de la conciencia, podíamos conjeturar que aquella, la conciencia, ya podía estar presente en organismos que ni siquiera tienen un centro o sistema nervioso, podemos, además, inferir que la conciencia no puede ser resultado de la evolución, sino que siempre ha estado ahí. Algo de esto apuntaba ya en otros capítulos de este medio, aunque pueda parecer un disparate desde una óptica estrictamente materialista. 
    Pero lo que sí es cierto, es que la interacción nueva entre materia y conciencia, validaría algunos supuestos barajados por algunos filósofos e incluso científicos en la actualidad, y si la misma matriz de la materia primigenia no es en realidad una matriz netamente abstracta, la cual nos haría entender mucho mejor estas fascinantes relaciones entre las matemáticas y el arte. Esto es, que el materialismo no es sino una potente metafísica que acaba por confundir el origen mismo de lo que ella es: un producto de la conciencia.

¿Las contradicciones del materialismo y del evolucionismo darwinista no acaban produciendo más problemas de los que solventa?  El planteamiento que la física cuántica expone no puede ser más audaz, y al tiempo, contrario al sentido común: el mundo material solo existe cuando es observado, lleva no obstante, a una situación mucho más cómoda para la aprehensión del mundo de lo abstracto, matemático, y la supuesta y ¿primera? realidad material de lo sensible. No es que proponga lo que algún matemático ha postulado radicalmente: el mundo de ahí fuera es pura matemática. 

Bien es cierto, sin embargo, que el mundo de las sensaciones interpretado por nuestra mente, nos lleva en muchas ocasiones al engaño más burdo. Pero el hecho de considerar al menos que lo que la mente (o mejor la conciencia) es, y lo que realmente forma el mundo, hace casar con una claridad meridiana no pocas de las relaciones no lineales, no mecánicas, del arte con fundamento material en el que se edifican sonidos, ritmos, colores, materiales plásticos…

El lenguaje poético puede ser un ejemplo trascendental: ya que se ofrece como un metalenguaje que reconoce los límites del lenguaje al uso para la expresión de sus intenciones emocionales, estéticas o de conocimiento, para situarse un paso más allá del concepto a través de una lógica singular en la que lo literal, por insuficiente, se sacrifica por la integración retórica de la metáfora, por ejemplo, o de la sinestesia, como tropo especialmente adaptado para este conseguir  un propósito estético expresivo. 

    Indagaremos con más detalle en próximas entradas de este blog Ancile.




Francisco Acuyo





 
La conciencia material de los patrones matemáticos: La materia sujeta a las reglas de la conciencia. Francisco Acuyo



viernes, 22 de marzo de 2024

EL PATRÓN ARTÍSTICO Y LA INTUICIÓN MATEMÁTICA SOBRE LAS MÁS DIVERSAS CONJETURAS

Bajo el título de: El patrón artístico y la intuición matemática sobre las más diversas conjeturas, traemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile, siguiendo las directrices argumentales de anteriores entradas.




EL PATRÓN ARTÍSTICO Y LA INTUICIÓN MATEMÁTICA

SOBRE LAS MÁS DIVERSAS CONJETURAS



El patrón artístico y la intuición matemática sobre las más diversas conjeturas, Francisco Acuyo



En el dominio de las matemáticas se ha puesto muchas veces en evidencia que todos aquellos patrones que se fundamentan primordialmente en datos, bien pueden llevar a ningún sitio. Las demostraciones de aquellas u otras conjeturas se hacen necesarias para saber si son o no erradas nuestras indagaciones sobre la veracidad de dichos patrones. De hecho, el origen de las matemáticas pude considerarse fundamentado en esta necesidad de demostración. El concepto de número proviene precisamente de esta necesidad, cuya eficiencia y utilidad en la descripción y descubrimiento de patrones serán las que fundamenten las matemáticas. Lo cierto es que, al margen de la evidente utilidad de las matemáticas de patrones, será el mero divertimento por descubrir estos patrones lo que llevará al ingenio matemático a divagar o acertar en sus aproximaciones de una demostración verdadera, quedando en muchos casos este ingenio alejado de lo que entendemos como vida real y de utilidad práctica.

Todo este aparato de ingenio matemático me cautivó especialmente cuando se ha tratado de llevar al constructo de la obra de arte. Tratar de observar cómo las verdades lógicas, desde Euclides, en su argumentación esencial, accedían a las figuras y a los números que Platón entendía como verdades eternas.

El patrón artístico y la intuición matemática sobre las más diversas conjeturas, Francisco Acuyo
Siempre me pareció de gran interés la observación del genio matemático tratando de hacer casar aquella numerología y los patrones inferibles de ella, para establecer criterios éticos y estéticos sobre determinadas obras de arte. Más aún: establecer criterios de verdad objetivos a través de esta aproximación singular, acaso un paso más allá de la intención persuasiva aristotélica. Pero, ¿en verdad funciona fielmente la lógica de los axiomas básicos de los números en la construcción del artefacto, pongamos, poético?

Si el matemático es mucho más que un calculador, sino un hacedor de demostraciones, esto se constata en que aquel hace mucho más que ofrecerse como un mero computador que calcula y procesa datos, pues su tarea más creativa proviene de ese afán de demostración de la diversidad de patrones que pueden observarse o imaginarse en el ámbito de la naturaleza y de la lógica.

Todo parece indicar que la lógica del arte, pongamos poética, si seguimos el ejemplo anteriormente expuesto, comparte creativamente presupuestos matemáticos contables (acaso también demostrables), así nos lo hace saber el arte y ciencia métrica, en cuanto a la manera que pueden ser más o menos eufónicos y expresivos determinados versos,  siendo este valor de proporción y concordancia tan estimable que permanece reconocido en los tratados de métrica.

En cualquier caso, las observaciones matemáticas y numéricas sobre, decíamos, como ejemplo artístico, de un poema, son valoraciones importantes en tanto que ofrecen criterios de objetividad en un ámbito profundamente subjetivo. Acaso, en el dominio de la concordancia artística sea donde mejor se puede observar cómo se pone en evidencia que hay enunciados verdaderos (artísticos) que son indemostrables (Kurt Gödel), y donde se ponen de relieve mayormente los límites de las mismas matemáticas. No por esto, volviendo a las conclusiones del anterior post, el matemático ha de ir necesariamente a las colas del paro, en virtud de la capacidad de resolución y eficiencia de las máquinas de cómputo, acudiendo precisamente a la vertiente creativa que aquellas encierran y con la que tiene parentesco con las mismas artes.  

Sobre esto y otros asuntos de interés abundaremos en próximas entradas del blog Ancile.




Francisco Acuyo



El patrón artístico y la intuición matemática sobre las más diversas conjeturas, Francisco Acuyo



  Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso, ob. cit.





martes, 19 de marzo de 2024

VERDAD Y CIENCIA, VERDAD Y BELLEZA TRAS EL INSTINTO ARTÍSTICO Y MATEMÁTICO

 De las cosas realmente positivas que podemos sustraer de la IA, es la invitación continua a la reflexión sobre aspectos que estaban acaso pasados de moda en el pensamiento moderno y posmoderno, la reflexión sobre la mente subjetiva, el poder creativo y la naturaleza de la conciencia, este post para la sección de Ciencia del blog Ancile, y bajo el título: Verdad y ciencia, verdad y belleza tras el instinto artístico y matemático, quiere incidir sobre ello.



VERDAD Y CIENCIA, VERDAD Y


BELLEZA TRAS EL INSTINTO MATEMÁTICO


Verdad y ciencia, verdad y belleza tras el instinto artístico y matemático. Francisco Acuyo



Cuando el matemático verdadero, trascendiendo las controversias del algoritmo y sus aplicaciones en la IA, bajo el sustrato matemático más o menos elemental que lo configura, sigue preocupándose por la búsqueda de verdades matemáticas profundas y sobre todo, tratando de dar un significado a estas mismas verdades, da un sentido. hondo a su reflexión. No obstante, dichos matemáticos no tienen más remedio que aceptar que la verificación de aquellas verdades resulta extremadamente difícil conforme se va haciendo más compleja la aspiración abstracta de aquellas.

Si bien es cierto que el músico concede en el ejercicio de su arte un proceso más o menos inadvertido de cálculo matemático, acaso no sabrá si es su arte el que produce la singular aritmética sonora de su música, o si será el propio orden y simetrías matemáticas las que están tras la estética resultante de su proceder creativo. Al poeta, bien pudiere sucederle algo parecido, sobre todo si tiene un conocimiento, al menos rudimentario, de las herramientas métricas que lleva a cabo en su ejercicio discursivo poético.

Verdad y ciencia, verdad y belleza tras el instinto artístico y matemático. Francisco Acuyo
Ahora bien, vista la estructura artística que produce números y es susceptible de contener patrones y simetrías varias, cabe preguntarse si la producción de dichos patrones es a su vez susceptible de reglas (en cierto modo algoritmos)  que, a posteriori pueden ser observadas y entendidas, o si bien estos son no tanto preceptivo sino pospceptivos, y es el objeto artístico el que las produce y porta de manera intuitiva e incluso inopinada.
La producción musical a través de un ordenador puede darnos una visión muy equívoca sobre el asunto de sí es primero la regla algorítmica, o si esta no es sino una derivada del proceso de creación consciente (o inconsciente) humano. Al menos en lo que a la poesía se refiere puedo hablar con conocimiento de causa y advertir que en modo alguno el verso o el producto final del poema, es en modo alguno el resultado de un seguimiento mecánico de una serie de reglas,  estrictamente dispuestas para la acotación contable de las mismas, sino que también la intervención de las cualidades de lo que constituye su discurso (relativas a lo que se percibe y se siente), son un factor fundamental y que van a incidir sobre el número mismo y las reglas que lo conforman. Es así que el número está estrictamente a disposición de aquellas cualidades que informan al creador del verso, y que este pretende hacer elocuentes y sobre todo expresivas. 

Si hacemos un ejercicio de observación a posteriori será cuando constatemos con calma la apariencia de efectividad del número en determinadas circunstancias en el constructo artístico, pongamos del verso o de la pieza musical. Pero, en realidad lo que en verdad hace bello y expresivo, incluso inteligible en un mayor grado de conciencia el discurso artístico, serán las cualidades, emociones, ideas, sentimientos, que hacen que el número y las reglas deducidas tenga la disposición tan peculiar que obtienen y que, en su apariencia cuantitativa, están enmarcadas en un trasfondo cualitativo del que son colegidas como producto artístico. Serán estas cualidades sentidas y sujetas a un proceso de conciencia, las que distingan en el fondo cualquier producto de cálculo algorítmico matemático, de una creación genuinamente artística, que está sometida a la introspección consciente (en la compleja panoplia que la constituye, que incluye lo que denominamos procesos inconscientes).

Veremos más adelante las consecuencias de esta observación y entendimiento de la obra de arte desde la observación matemática, será en próximas entradas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo




Verdad y ciencia, verdad y belleza tras el instinto artístico y matemático. Francisco Acuyo





viernes, 15 de marzo de 2024

NOTAS PARA UN ENSAYO, POR MARTÍN NOGUEROL

 Siguiendo la estela de la anterior entrada, y de nuevo con el artista y ensayista Martín Noguerol, ofrecemos unos fragmentos de su libro intitulado: Notas para un ensayo, donde reflexiona sobre la abstracción en el arte bajo unos parámetros donde se expone el pensamiento como generador de plasticidad, y la pintura capaz de producir pensamiento; ensayo muy interesante publicado por la Fundación Chirivilla Soriano, en una edición impecable; entrada que incluimos para la sección de Pensamiento del blog Ancile.






NOTAS PARA UN ENSAYO,

MARTÍN NOGUEROL









ESPACIO / INFINITO / FINITO


Espacio. 1. m. Extensión que contiene toda la materia existente.
Infinito. 1. adj. Que no tiene ni puede tener fin ni término.
Finito. 1. adj. Que tiene fin, término, límite.



El concepto pictórico de infinito en el espacio bidimensional ya se encuentra asociado a la abstracción en las pinturas de Kandisky; de otro modo en las de Malévich, cuyo concepto estaba más cerca de la noción de “vuelo espacial” bajo una forma más idealizada. En la pintura suprematista cierta deformación de algunas de las figuras geométricas usadas contribuye a dotarlas de una “perspectiva” que nos indica un espacio más allá, una profundidad que la aleja de unas imágenes sujetas al plano. En algunas obras, sobre todo en las pinturas monocromáticas, y a través de algunos colores se consigue cierto sentido de la profundidad que palpita en la superficie; ello es posible, en mayor grado, cuando nos sentimos penetrar en el espacio pictórico. El formato en este caso tiene bastante que aportar a la cuestión. La tesis visual junto a la mental puede ayudarnos a ello.

La Capilla Rothko posiblemente sea un ejemplo que nos ayude a comprender mejor la cuestión. La planta interior octogonal resulta fundamental para que las obras de Rothko adquieran una dimensión sagrada de intemporalidad. El espacio frontal en el eje de acceso nos ofrece con las tres piezas el tríptico simétrico, con piezas de grandes dimensiones situadas a izquierda y derecha, que enfatizan la idea del artista de penetrabilidad espacial sin estar juntas sometiendo a la vista un conjunto unitario. Resulta evidente la carga de espiritualidad extrema de la capilla; el pintor dota a sus obras de un contenido trascendente que va más allá de la plástica pura; la expresión es contenida de una forma vibrante y la abstracción se hace casi “absoluta” para adentrarse en la tragedia, el dolor, en un canto espiritual de clara raíz mística.

Creo que trabajo mis obras y las “concluyo” como no finitas, como si quedaran inacabadas, no conclusivas, pudiendo ser retomadas en cualquier momento histórico, ajeno posiblemente al devenir temporal o a su fijación contemporánea; quiero decir con ello que no son obras representativas de su tiempo en el sentido tradicional del término, no obedecen a la necesidad de insertarlas y datarlas; el tiempo es un todo que los humanos tendemos a parcelar, a fragmentar para intentar alcanzarlo, comprenderlo ¿Con ello quiero dotarlas de una condición de atemporalidad? 

Regreso a EM. 1996

Posiblemente los tiempos y sus necesidades no necesariamente van de la mano. Puede que esta cuestión sea un tanto ajena al mundo del arte, salvo si la ponemos al servicio de intereses determinados: la exaltación política o social, por ejemplo. No cabe duda de que el artista difícilmente se podría separar de su condición humana, lo que no viene a decir que deba ser un espejo de la sociedad o deba asumir el rol que ideológicamente se le pueda atribuir. Sobre ello podríamos construir diversos relatos y posiblemente no nos falte razón en la mayoría de ellos; por tanto, y volviendo al tema que me ocupa, podemos disociar la finitud de estos periodos históricos, ya que siempre estaremos en un continuo histórico, de trazado lineal o transversal, y por tanto dentro del mismo tiempo. Como antes comentaba, esta infinitud es fruto de la intemporalidad, que es al fin y al cabo el contenido de los grandes temas asociados al ser humano. Esos grandes interrogantes, señalados pero no desentrañados del todo, como una verdad absoluta, no hablo de
infinito como una cuestión matemática. 

La obra es portadora de una imagen final; en un tiempo anterior pudo tener otra, en el posterior también podrá cambiar, pero se elige un momento para terminarla ¿al azar? ¿Premeditadamente? Esta noción del tiempo en relación a las decisiones resulta sumamente atrayente, en el caso de mis trabajos fundamental.

Son algunas de las preguntas que rodean mi obra. En ellas habitan ciertas estructuras inherentes que pueden contribuir a que tengan continuidad en el tiempo y el espacio, considerando el tiempo como un continuo ininterrumpido. Por otro lado, esas mismas estructuras de las que antes hablaba actúan introduciendo cánones orgánicos.

En el exilio neoyorquino de los años finales de su vida, Piet Mondrian creó algunas obras bajo la influencia de la música negra, sobre todo jazz y blues, dotándolas de un “ritmo” desconocido hasta ese momento; siempre he pensado que esas obras eran como un inicio y un retorno, una dualidad imposible. Seguramente en esos años finales, aun sin desprenderse de sus “dogmatismos” de antaño, encontrara cierta libertad en esa música que lo acercaba a sus semejantes. Esto me lleva a reflexionar sobre las influencias de relatos externos que en momentos determinados pueden afectar a nuestras obras.

Existe algo significativo que busca desde el tiempo cuestiones tan abstractas como la eternidad, tan presente en la obra del poeta T. S. Eliot, que conforma un poderoso relato y nos conduce preclaramente hacia ella. Aunque la poesía conforma una cartografía diferente a la pintura, hay elementos que pueden ser trasvasados sin caer en tópicos. Puede parecer que en el espacio de la obra de arte el tiempo tenga una significación obscura, indescifrable, y probablemente sea así. Entre otras cuestiones porque no sabemos qué es exactamente ese tempus, cuál es su naturaleza cuando hablamos de él en el arte. No me refiero al tiempo medible, divisible.

Retomando el asunto del infinito estaríamos hablando también del espacio. Tiempo y espacio forman un binomio inseparable en diversas teorías. Pero yo me refiero a la relación de infinito en el espacio pictórico. Un espacio finito, acotado. Debemos por tanto pensar en un espacio pictórico mental y su representación espacial. ¿Es posible? De serlo debe ser a través de la geometría, o de cierta geometría.

Posiblemente hablar del espacio en general y particularmente en su trato con el arte, resulta de una enorme complejidad. 

Regreso a EM. 1996

Detengámonos sobre el breve pero interesante ensayo de Heidegger “El arte y el espacio”. El filósofo se plantea una serie de interrogantes alrededor del espacio y entre ellos su relación con la plástica y el espacio artístico, fundamentalmente la escultura. En el ensayo encontramos una serie de preguntas donde pone de manifiesto la diferencia del espacio artístico en relación al espacio científico. “El espacio, ¿pertenece a esos fenómenos primarios que, al ser descubiertos, despiertan en el hombre, según palabras de Goethe, una suerte de espanto que llega a convertirse en angustia? Porque parece que detrás del espacio no hay nada más a lo que pudiera ser reconducido, y delante de él no hay desvío que lleve a otra cosa. Lo peculiar del espacio tiene que mostrarse a partir de él mismo. ¿Se deja decir todavía su peculiaridad?” (Heidegger, 2009: 19). Ese espacio primitivo ya no tiene en la actualidad las mismas connotaciones, en todo caso nos referiremos a él desde diversos conceptos abstractos. El espacio cósmico nos intriga, pero su conquista es una cuestión técnico-científica. En cuanto al espacio artístico es evidentemente una formulación indeterminada, ya que entre otras cuestiones cuando nos referimos a él no sabemos si lo hacemos al espacio artístico o al espacio en la obra de arte, y se genera cierta confusión. Expresa Heidegger “Una vez admitido que el arte es el poner-en-obra la verdad y que la verdad designa el desocultamiento del ser” (Heidegger, 2009: 21). Efectivamente debemos partir de esa verdad, aunque no quede claro que el arte en general sea, en la actualidad, una búsqueda de esa verdad. En lo que sí estoy plenamente de acuerdo con el filósofo es en que es la “desocultación del ser” y como he venido manteniendo en estas notas nos encontramos ante la tarea de esclarecer lo oculto, dicho en otras palabras: hacer visible lo invisible. Es en ese hacer donde podemos hallar la verdad. Son interesantes también los planteamientos espaciales del sitio y el paraje, y los interrogantes que plantea alrededor de ellos. Cabría añadir que, si los sitios son el resultado y la consecuencia de espaciar, el actuar en esos sitios espaciados (lugares), no es más que ejercer una injerencia, una influencia en esos sitios, dejar una huella, una transmutación. Escribía Heidegger: “Sin embargo, el vacío está presumiblemente hermanado con el carácter peculiar del lugar y, por ello, no es un echar en falta, sino un producir.”  *(Heidegger, 2009: 31).
También el ya mencionado Ernst Cassirer nos habla del espacio: “En la totalidad de la cosmovisión mitológica el espacio no desempeña en modo alguno en cuanto al contenido una función idéntica a la que corresponde al espacio geométrico en la construcción de la “naturaleza” empírica, objetiva, pero sí una función análoga en cuanto a la forma” (Cassirer, 1972: 76-77).



Martín Noguerol










 * Esta es una cuestión con la que trabajaba Jorge Oteiza el concepto vacío-lugar. Heidegger da a conocer su texto “El arte y el espacio” en 1969, dedicado a Eduardo Chillida.

martes, 12 de marzo de 2024

MIGUEL HERNÁNDEZ Y LO ABSTRACTO, UNA HIPÓTESIS , POR MARTÍN NOGUEROL

Tenemos el placer de traer  para las secciones de Pensamiento y Extractos críticos, del blog Ancile, unos fragmentos de la publicación que lleva por título: Miguel Hernández y lo abstracto, una hipótesis, del artista y amigo Martín Noguerol, editado exquisitamente por la Diputación de Jaén y la Fundación Legado Miguel Hernández, para la ocasión. Reflexión sobre las relaciones entre el arte y la poesía con un marcado carácter personal no exento de grande interés.



MIGUEL HERNÁNDEZ 
Y LO ABSTRACTO, UNA HIPÓTESIS


MARTÍN NOGUEROL







A partir de la muerte de Miguel se abrieron diversos interrogantes que con el tiempo alcanzaron cuestiones de índole histórica; la mayoría están resueltos a estas alturas, algunos quedan aún por resolver y otros son ya irresolubles. En su vida y obra existen, sobre todo en los últimos años, excesivos “lugares comunes” influenciados tanto por su corta e intensa existencia, de trágica conclusión, como por su posicionamiento social y político durante la II República y la Guerra Civil Española, con un mayor protagonismo en el segundo caso. […] En la poesía se condensa todo lo que el ser humano puede llegar a ser, en realidad todo lo que es. 

Casi toda poesía puede llegar a parecer descriptiva de una realidad externa, concreta: tanto la que refleja la naturaleza que nos rodea como la que emana de aquellos elementos insondables como el alma o el espíritu, también de la gnosis, sobre la vida, el amor, la muerte, lo social, etcétera, aunque trasladables a interpretaciones y expresiones poéticas. Sería como traducir lo inefable en expresable. […] Locke –un filósofo empirista– denomina abstracción al proceso de separación de ideas descubriendo lo que de común tienen todas ellas , lo que resulta revelador en cuanto se expresa como: “El resultado es una idea «abstracta» que contiene tan sólo las características comunes a todas las instancias, esto es, las propiedades definitorias de la humanidad, cuya idea es abstracta, por cuanto, al ser incompleta, no se corresponde con objeto particular alguno” . […] En el caso de Miguel, en esa poesía de conciencia social, de posicionamiento ideológico, se produce lo que podría denominarse una “paradoja”, el intento de hacer de la acción estética una consecuencia de alineamiento con su propio sufrimiento y el del otro, una concreción que pone al servicio de un todo. […] Expresaba Hofmannsthal: “La fuerza plástica tiene sus raíces en la justicia” . Una justicia que el poeta persiguió en toda su existencia como eje vertebrador de su vida y obra. […] Hay unas bellas palabras de Margueritte Bonnet, en las que, refiriéndose a André Breton dice: “Lo que busca Breton es cómo hacer de la poesía el eje ordenador de la existencia, cómo articular con la preocupación poética la voluntad de revolución social” . Sin duda nuestro poeta, de haber vivido en ese momento, no solo hubiera suscrito las palabras de Breton, sino que habría sido en su biografía un camino a seguir. […] Expresaba Eliot al final del último movimiento del poema East Coker, de sus Cuatro Cuartetos: “In my end is my beginning.” . Es así como el poeta regresa a la tierra y desde ella “renace” humildemente para la eternidad con su poesía y ejemplo de comportamiento ético. Del mismo modo Mahler en el texto del coro final  de su Segunda Sinfonía “Resurrección” nos señala en una estrofa: “Con alas que he conquistado, / en ardiente afán de amor, / ¡levantaré el vuelo / hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo! / ¡Moriré para vivir!”. Es de esta forma como el poeta adquiere trascendencia e inmortalidad más allá de las cuestiones ideológicas, que nunca serán, por mucho empeño que algunos pongan, las que definan la trascendencia de la poesía de Miguel Hernández. 


Poesía y abstracción


Martín Noguerol, fotografiado
para el Diario Las provincias, por Jesús S. Signes



La figura y obra de Miguel han sido estudiadas desde diversas perspectivas, la mayoría de ellas bajo aspectos lingüísticos, biográficos, tesis sobre su vida y obra: el poeta barroco, neorromántico, neopopulista, social, etcétera; posiblemente la abstracción ha sido la menos analizada, tal vez porque los expertos en su obra no la han considerado relevante en el contexto general de la misma, sino un elemento secundario o incluso inexistente. […] La obra poética, como toda obra artística abstracta, es susceptible de contener diversas interpretaciones, diversas lecturas, y posiblemente contenga ciertas variables que las conecten de una forma enigmática. […] En el mundo poético ocurre algo parecido: lo que nos llega cuando leemos un poema no es tanto lo que el poeta escribe, su literalidad, sino lo que nosotros sentimos e interpretamos; y esa interpretación pasa a ser una conexión con aquello que leemos: ¿es lo que el poeta quería expresar, o simplemente lo adecuamos a nuestra necesidad en ese preciso momento? […]

¿Existen en la obra de Miguel Hernández poemas de raíz abstracta? ¿Es ésta una pregunta pertinente? Mi opinión es que, efectivamente, de esa naturaleza son algunos de sus versos, que incluso podrían también denominarse heterópicos. Aunque el concepto foucaultiano sea posterior, Miguel ya nos hablaba de “esos otros lugares”. Es una cuestión que considero de cierta trascendencia en la obra del poeta: “el topos” “el lugar”; su poesía contiene una poderosa presencia de lo que podría denominarse “lugar”, no algo tan especifico como el concepto pueda expresar, como una cuestión toponímica, por ejemplo. […] no así la génesis de su poesía, ni siquiera aquella poesía más comprometida socialmente alcanza esa dimensión ideológica en lo político, sino que se vierte hacia concepciones de mayor amplitud: bajo mi análisis no existe un ser político, sino un ser humano que tiene un concepto social de mayor hondura que el que le pueda permitir ese ser político, para Miguel eso no es suficiente, ni conveniente. ¿Es su poesía pura expresión estética? Sin duda es algo que preocupaba y ocupaba al poeta, pero insisto, no me cabe duda que su poesía nos conduce al pensamiento como paso previo hacia el conocimiento. […] Aunque no se trata solo de lo que el poeta expone y la forma de hacerlo: tan importante como lo anterior es la idea que subyace en esa expresión y que impregna de una atmósfera vital su lectura y la llamada a la conciencia como conocimiento y como ente abstracto primario. Miguel es un poeta “arcaico”, con un poder que le traslada a la esencia de un pensamiento conocimiento primigenio, directo, poderoso. Pero también es un poeta de su tiempo, moderno en el más amplio sentido del término. […] Para Miguel, el viaje a Moscú de 1937 con la delegación española como dramaturgo, no como poeta, y las paradas correspondientes en distintas ciudades europeas no encendió la llama de un verso distinto, aunque escribiese algunos como “La fábrica-ciudad”, donde la metáfora y los elementos abstractos son evidentes:

Una visión de hierro, de fortaleza innata,

un clamor de metales probados, perseguidos,

mientras de nave en nave se encabrita y desata

con dólmenes de espuma, chispazos y rugidos” . […]. En mi opinión, la obra de Miguel contiene más ecos de este modernismo que de los movimientos de vanguardia literaria que ya estaban instalados en el resto de Europa, llámense dadaístas, surrealistas, futuristas, etcétera. Es por tanto poco probable que, como apunta Esquerra i Nonell, no deje de ser meramente anecdótico un Miguel Hernández surrealista. […] Miguel Hernández agita lo que de atávicos poseemos, pero no es hasta El rayo que no cesa cuando alcanza niveles notables de esos conceptos de raíz abstracta que se materializan sin perder la esencia hernandiana, transformándose en palabras de un poder agitador extraordinario, bajo un contenido más nietzscheano que revolucionario en el sentido clásico; aunque estemos hablando de conceptos complejos podemos establecer alguna diferencia de significado en su obra. Posiblemente sin pretenderlo, es uno de los autores de su generación  que más se puede aproximar a alguno de los poetas malditos, –pienso en Rimbaud– […] Una de las cuestiones más precarias en Miguel es la inmediatez, la angustia por alcanzar unas metas que le eran necesarias; para él el fracaso como poeta era una muerte en vida ya que había construido en el ámbito de la poesía una forma de existir y ser en el mundo. Su triunfo fue el resultado de diversas cuestiones en las que él, desgraciadamente, en algunas de ellas no pudo intervenir. Miguel, entre otras muchas cuestiones personales, es el poeta de la premisa, de la premura y la premonición. […] ¿Es Miguel Hernández un poeta encorsetado por la historia? Esta es una pregunta que me ha rondado durante años. Los que admiramos su obra y defendemos sus posicionamientos éticos alejados de posiciones binarias, nos hemos visto ante un Miguel “oficial”, en ocasiones bajo usos maniqueos, alineado con posicionamientos políticos definidos que devienen de la Guerra Civil Española y posteriormente de su figura como “símbolo” de la resistencia y del antifranquismo. Todas ellas cuestiones que en alguna ocasión han soslayado lo realmente trascendente, el Poeta.




Serie Opus nº 1 para un poeta muerto



Poesía y arte abstracto



Cierto arte adquirió una trascendencia, denominémosle universal, amparada en la etiqueta de abstracto […] Hacía referencia con anterioridad a la Escuela de Vallecas. Como en otras cuestiones donde Miguel tuvo algún tipo de presencia, su nombre es asociado en este caso por cuestiones de amistad con algunos de sus componentes, no siendo indicativo de su pertenencia al grupo ni de compartir cuestiones de índole artística. Miguel era un ser curioso por naturaleza, ávido de experiencias que le pudieran ayudar a construir su mundo existencial, y en ese sentido la influencia que pudieron ejercer  tanto Benjamín Palencia como Alberto Sánchez iba encaminada a mostrarle otras miradas, otra forma de observar y ver lo que le circundaba […] Gustav Mahler, señala en una epístola a Max Marschalk: “Sé que en tanto yo pueda dar forma a una experiencia interior mediante palabras, no la escribiría ciertamente de una forma musical. La necesidad de expresarme musicalmente, sinfónicamente, no comienza sino con las emociones nebulosas que se abren al “otro mundo” al mundo en el que las cosas ya no están separadas por el tiempo y el lugar…” . Ese es el caso de Miguel, su necesidad de expresión está en la palabra, en el verso.




Serie Opus nº 1 para un poeta muerto



Conclusión



Resultaría discutible adscribir la obra de Miguel Hernández –el corpus general– a la cuestión abstracta, pero sin duda algunos de sus versos, de sus poemas, tienen, sin artificios, una nítida raíz de esa naturaleza y posiblemente fuesen construidos bajo ese concepto. Como exponía al principio la cuestión es compleja, quedando circunscrita a una hipótesis, más cuando el propio poeta no puede dar su versión y solamente tenemos opiniones y estudios más o menos amplios sobre su obra. Que algunos poemas puedan tener esa raíz abstracta ni añade valía a su obra ni se la resta. En cuanto a la conexión con el arte abstracto no deja de ser una opinión personal que no pretende, en modo alguno, crear un concepto inalterable. Quienes consideramos una parte del arte abstracto como un constructo hacia el conocimiento, entendemos que la poesía, así como otros espacios de índole creativa, pueden estar asociados y ser usados como principios de desarrollos plásticos abstractos, no como figuras representativas sino bajo una génesis más inductiva.


Martín Noguerol

Artista plástico y ensayista









viernes, 8 de marzo de 2024

DE LAS COSAS MEDIBLES E INASIBLES EN EL ARTE

Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos un nuevo post que lleva por título: De las cosas medibles e inasibles en el arte, a propósito de las temáticas anteriormente expuestas sobre la IA y la creación artística.


DE LAS COSAS MEDIBLES  

E INASIBLES EN EL ARTE

 

De las cosas medibles e inasibles en el arte, Francisco Acuyo

Mucho se ha hablado de las cosas medibles en el arte: en música, en pintura, en poesía… Proporción áurea, ritmos métricos silábicos o de pie métrico,  escalas musicales y un largo etcétera de proporciones, objetos y medidas varias para entender las estructuras y la dinámica de los elementos que componen el ente artístico. El algoritmo ha sido acaso el último de ellos.

                Sobre estos componentes matemáticos se ha especulado grandemente, incluso hasta la creación de lo que se ha venido a denominar como redes creativas antagónicas, las cuales intentan generar obras de arte mediante el procedimiento de estos potentes algoritmos. Fue en 2018, cuando la galería Christie’s vendió una obra creada por un algoritmo de estas singulares características.

                Pero, ¿en realidad al proceso de generación de datos compilado a través del reconocimiento de miles obras a lo largo de la historia del arte, puede denominarse creación? Sus creadores lo defienden diciendo que este algoritmo es capaz de desarrollar un modelo evolutivo, cuyas redes antagónicas que lo componen puede llevarnos a territorios inexplorados en el mismo corazón del arte. Incluso que, el programador acabará perdiendo la pista de lo que dcho algoritmo es capaz de acabar generando.

De las cosas medibles e inasibles en el arte, Francisco Acuyo
                Diríase que estos algoritmos vislumbran dominios nunca vistos porque son o están cualificados no solo para procesar y calcular (en el caso de la pintura) nuevas ideas plásticas e imágenes diversas, sino que pueden generar otras nuevas. ¿Significa esto que el algoritmo toma decisiones? Y si las toma, ¿por qué las toma en una u otra determinada dirección? ¿Tiene, en fin, intencionalidad en la generación de
imágenes, sonidos, o lo que fuere, según el arte que pretende emular?

                La tenebrosa posibilidad de que estos algoritmos puedan tener ideas propias, acaso sea lo que ha despertado toda esta suerte de conjeturas sobre la sustitución por superación inevitable de la IA, a la inteligencia o conciencia natural.

                Que las matemáticas, para muchos de sus practicantes y creadores, sea un arte extremadamente peculiar, pues como aquel no puede desvincularse de la intuición y de la sensación estética,[1] hace que muchos de estos profesionales de esta disciplina científica, se confiesen como competentes para pintar con ideas.[2] No obstante, y al albur de la aparición de estos excepcionales algoritmos, le invadió el vértigo de que acaso también su profesión acabe por extinguirse, sustituida por las máquinas de demostración y creación de teoremas.

                Visto y entendido lo anteriormente expuesto, cabe una interrogación que a mí me parece de capital importancia: ¿puede un algoritmo no solo percibir sino entender las cualidades de la percepción? Esta cuestión no es baladí, porque a través de ella llegaremos a un punto fundamental: ¿son conscientes de sí mismos y de lo que les rodea estos algoritmos sujetos a una máquina de proceso de datos? Nos lleva, de manera inmediata, a preguntarnos si el mundo material es real por sí mismo, fuera de toda conciencia, ¿puede advertir esta realidad el ingenio que maneja aquellos algoritmos? Y, si por el contrario, la conciencia forma parte necesaria de lo que la realidad sea, ¿puede el algoritmo advertir esa conciencia como suya y caer en la cuenta de que la realidad forma parte de sí mismo?

                Interrogantes complejas y profundas que deben hacernos meditar sobre la estructura de la realidad del ingenio informático y sobre nuestras propias capacidades de reconocimiento del mundo a través del mismo. Seguiremos en próximos post tratando de dar cuenta y respuesta a estas y otras interrogantes al respecto.

 

 

Francisco Acuyo

 

De las cosas medibles e inasibles en el arte, Francisco Acuyo


 



[1] Hardy, Apología de un matemático, Capitán Swing, Madrid, 2017.

[2] Du Sautoy, M.: ob. cit. pág. 187.

martes, 5 de marzo de 2024

CUENTOS DESOBEDIENTES, SEGUIDOS DE MALABARISMOS, DE JOSEFINA MARTOS PEREGREGRÍN

Para la sección de Narrativa, tengo el placer de traer a nuestros lectores una selección de dos cuentos y la introducción al conjunto de los mismos, de la poeta y escritora Josefina Martos Peregrin; que llevan por título: Cuentos desobedientes, seguido malabarismos. Cuentos que, con gran desenvoltura narrativa nos llevan al particular mundo literario y personal de nuestra querida amiga Josefina, a la que le deseamos encuentre pronto un editor para estos preciosos y entretenidos cuentos de los que yo sólo  ofrezco una mínima muestra.




CUENTOS DESOBEDIENTES, 

SEGUIDOS DE MALABARISMOS, 

DE JOSEFINA MARTOS PEREGREGRÍN







INTRODUCCIÓN A CUENTOS DESOBEDIENTES


¿Por qué desobedientes?
Por la siguiente razón: a la hora de escribir no hay leyes; no obstante, se han escrito cientos de ellas y se repiten mil veces; pero no las acato, menos aun cuando abordo un género tan variado y de tan larga trayectoria como el cuento. Observo características, estructuras, secretos compartidos y una constante investigación de formas que implica un aluvión de descubrimientos. En mi caso, exploro por placer; forma y tema se me imponen, los trabajo, cambio, matizo, hasta quedar satisfecha, o casi satisfecha (del todo es imposible). 
¿Por qué cuarenta y nueve?
Sencillo, se trata de la cifra marcada por un algoritmo asentado en el número siete; al parecer el 2023 numerológicamente es un año siete, según un cálculo básico: dos más cero más dos más tres suman siete (2+0+2+3=7). Y siete por siete, cuarenta y nueve (7x7=49). Más extensamente y sin ahorrarme complicaciones matemáticas, me lo explicó mi primo Diego –de apellido Fint, por su padre canadiense- añadiendo que el siete es número que propicia la introspección y la sabiduría. 
La mayoría de los cuentos son breves, pero quede claro que la extensión no me preocupa; no regateo ni añado palabras, cada uno tiene las que necesita. No cerceno ni estiro. 
Me guío por la imaginación, el afán crítico y el oído musical, más el instinto entrenado en la búsqueda de la belleza.
No acepto más reglas que las del juego; de ahí los aventurismos y los rescates de la segunda parte, que comentaré cuando llegue el momento. 








1. EL PÁJARO-IRIS 




¿Qué podíamos hacer una treintena de ecologistas sino pasear las pancartas en procesión silenciosa, invocando su mítica belleza?
No nos permitían más: arriba, en la primera planta, se celebraba el juicio a puerta cerrada, pero a ventanas abiertas por el calor sofocante de aquella isla remota, el refugio final del pájaro-iris, su único hogar en todo el planeta.
“Parcelar la selva sin destruirla, apostando por una economía sostenible”: esa era la consigna, la teoría biensonante y falsa que nos querían imponer; solo la defensa de aquella singularísima ave en peligro podía detener el proyecto. Lo malo era que la daban por exterminada, pues habían pasado más de cincuenta años desde que fue vista por última vez; desde entonces ni un testigo, ni una foto, nada.
Sospechábamos la derrota, si el juez dictaminaba probada la extinción no habría esperanza. Pero en esto llegó planeando suavemente, acariciando el aire, un ave brillante, grande como un cuervo y de plumaje tornasolado, que replegó sus alas de esmaltada policromía para entrar en la sala por la ventana abierta.
Desde abajo oímos claramente gritos de sorpresa, voces, alegría, rabia… Según los intereses de cada cual. Sorteó lámparas y ventiladores, dio una vuelta sobre las cabezas sorprendidas y salió a tiempo de esquivar el disparo del policía; tomó velocidad, silbó como un tren que huye y se perdió la espesura.
No se parcelará la selva, todos lo vimos: el pájaro-iris vive todavía.












EL SEÑOR




-¿A qué hora llegaría anoche el señor? 
-No es asunto nuestro. Es muy dueño de entrar y salir a la hora que le plazca.
Silencioso como el humo, elegante como una pantera, ninguno de sus sirvientes ha conseguido verlo nunca, pero lo saben indiscutiblemente grandioso, dotado de autoridad por la naturaleza y por la sociedad; noble superior al resto de los nobles, rebosante de dignidad y distinción.
-¡Pule la plata, abrillanta el espejo, perfuma las sábanas, no venga el señor y encuentre su dormitorio a medio arreglar!- Y la doncella obedece, temerosa de ganarse una reprimenda del ama de llaves, de quien se dice que una vez oyó los pasos del amo en la biblioteca.
-¡Revisa los cigarros, renueva los licores, limpia el polvo a los libros, que el magnánimo no tenga queja de nosotros!- Y el lacayo tiembla ante las órdenes del mayordomo porque todos saben de su orgullo, no en vano hace años encontró y tocó un cigarro recién apagado en el despacho del ilustre.
Madrugan en la cocina; en el mayor silencio, en susurros y cuidando de que el cucharón no choque con la cazuela, no vayan a perturbar el sueño sagrado, disponen lo necesario para el desayuno, por si su señoría lo pidiera temprano, aunque nunca, salvo una mañana del año en que murió el obispo, como bien recuerda la cocinera, ha desayunado en casa.
En las cuadras, el palafrenero prepara el carruaje, atiende a los caballos –al dueño le gusta acariciarles las crines bien cepilladas-, y apenas acaba este primer trabajo convoca a mozos y caballerizos para darles las instrucciones del día y contarles la historia de aquella madrugada de invierno en que a punto estuvo de ayudar a montar al gentil patrón, casi lo vio, pero cuando llegó a las puertas del establo solo pudo oír el trote lejano de su alazán preferido. 
El jardinero cuida de innúmeras variedades de rosas y que no falten nunca rosales en flor, de manera que siempre un ramo adorne cada habitación; en especial para el vestíbulo principal reserva las más galanas, de tallo corto y limpias de espinas; las acomoda en una vasija ancha, sabedor de que su señoría, al salir, gusta de tomar una y colocársela graciosamente en la solapa. No olvida la vez que así ocurrió, pues de la docena que lucía en el búcaro, faltaba justamente la más rozagante, aquella del más exquisito amarillo azafranado. 
Cocinera, pinches, doncellas, lacayos, mozos, jardinero, agachan la cerviz ante el ama de llaves, el mayordomo y el jefe de cuadras, y estos ante el administrador que visita casa y dominio cada seis meses, inspecciona, revisa y asegura muy estirado que recibe al ilustre propietario todos los años, para el día de Santa Genoveva.
Viven felices, aunque temerosos, temen el castigo o el despido, pero su miedo más intenso es el de ofender al señor, ese ser supremo a quien, si se portan debidamente, algún día llegarán a ver.








Josefina Martos Peregrin,

Del libro inédito, Cuentos desobedientes, seguidos de malabarismos.