martes, 30 de enero de 2024

RELOJES DE ARENA, DE RAFAEL ÁVILA

 Para la sección de Poesía, traemos un nuevo post en el que incorporamos una reciente novedad poética de la editorial malagueña Corona del sur. En esta primera  publicamos una muestra de del poeta Rafael Ávila, cuyo título es Relojes de Arena. Primorosa edición que recomendamos desde nuestra, vuestra, plataforma digital de Ancile.






RELOJES DE ARENA,

DE RAFAEL ÁVILA






Rafael Ávila




DOS POEMAS DE RAFAEL ÁVILA



POCOS DÍAS FELICES




Pocos días felices
en este seco otoño
que ni el consuelo de la lluvia nos otorga,
pocos momentos buenos
propicios al recuerdo
que llena con su luz las tardes oscuras,
pocos, muy pocos,
pobreza de una vida
que perdió hace tiempo el rumbo
y la senda donde reinventarse,
angustia que acongoja
con el pérfido juego de la melancolía,
dolor que enrarece el aire en la montaña,
que crispa los nervios
y me roba la calma
que antes fue mi compañera,
pocos días felices
para una estación tan larga.



De Relojes de arena








     


ROZAR EL SECRETO


A veces las palabras
me desnudan un poco
porque apenas rascan mi piel
y casi nada enseñan,
mas en contadas ocasiones
el poema es faro
que me alumbra preciso
por dentro sin tapujos,
es un bisturí que descubre
lo que nunca he nombrado,
y siento que su ritmo
ha rozado el secreto.



De Relojes de arena










viernes, 26 de enero de 2024

LA NATURALEZA INTELIGENTE VERSUS INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Siguiendo el curso de anteriores post sobre la organización natural y la artificial, traemos una nueva entrada para la sección de Ciencia del blog Ancile, esta vez bajo el título: La naturaleza inteligente versus inteligencia artificial.

LA NATURALEZA INTELIGENTE 

VERSUS INTELIGENCIA ARTIFICIAL


La naturaleza inteligente versus inteligencia artificial. Francisco Acuyo



No cabe duda que la visión mecánica de la naturaleza ha allanado bastante la concepción difusa de lo que sea la inteligencia, y desde luego la adopción terminológica de acepciones que distinguen a los organismos vivos de esta concepción de inteligencia. Ni que decir tiene que en la cultura occidental calza como un guante estos principios mecanicistas que, sin embargo, en oriente no parecen obedecer  la misma suerte. De hecho, los primatólogos japoneses demostraron que, al tratar a los animales con inteligencia, descubrieron inteligencia.*

Es el caso que, el antropomorfismo inferible de las aproximaciones y estudios de la naturaleza es una herramienta poderosa, cuestión que no parece tan clara en las investigaciones sobre la IA y el desarrollo de los algoritmos sobre los cuales basar el vertiginoso proceso de los innumerables datos que se le ofrecen, diríase que olvidan que detrás de cada algoritmo desarrollado está la mano y el proceso inteligente humano.

La naturaleza inteligente versus inteligencia artificial. Francisco Acuyo
El manejo de conceptos abstractos ha sido una de las manifestaciones más característica y genuina de la humanidad. La investigación reciente de biólogos y etólogos han puesto en entredicho tales afirmaciones. Como ejemplo, algunos insectos, como las abejas, demuestran esta habilidad de abstracción. El sufrimiento, puede ser otro ejemplo, privativo de lo humano: se ha demostrado que incluso los insectos pueden mostrar padecimiento.
En la anterior entrada comentábamos que la inteligencia, en su difusa apreciación terminológica, no sólo es propia del humano (si no que es aplicada sin la más mínima duda al proceso de datos del artefacto capaz del proceso de datos), mas, decíamos hace un instante que organismos vivos capaces de moverse para la obtención de alimentos para subvenir sus necesidades básicas, la demuestran. Hoy se ofrece sin miedo la opinión que va más allá de la conjetura de que las plantas y otros seres vivos sin cerebro manifiestan inteligencia, si esta la entendemos como la capacidad de evaluar el mundo y tomar decisiones acertadas. Está demostrado que las plantas tienen intenciones, toman decisiones y evalúan aspectos complejos de su entorno, comparten y compiten por los recursos del entorno, emiten señales de ayuda o producen compuestos químicos para su defensa, incluso cuando una planta sufre daños, muestran un sistema de comunicación sofisticado basado en señales moleculares y eléctricas, muy parecidas a las que producen las neuronas, señales que comparten sus células cuando hay algún tipo de agresión, y cuyas señales son parecidas a los mensajes nuestros de dolor; todo lo cual pone en evidencia la enorme complejidad dinámica de las plantas.** 

Los más potentes dispositivos de la IA aspiran a ser funcionales en estos aspectos tan básicos, veremos si con el éxito, que demuestran estos organismos durante la existencia de millones de años en nuestro planeta. Si la IA aspira a la creación de una red neuronal tan compleja como el cerebro, su modelo dilecto para obtener la eficiencia en el proceso de datos, a de ser este mismo, pero, cabe señalar que hay organismos inteligentes que no tienen cerebro y se muestran eficientes, creativos, con capacidad de adaptación prácticamente ilimitada, y con una potencia enorme para la comunicación sin necesidad de redes neuronales. 

Quizá la IA, le convendría atender a estas entidades orgánicas para aprender sobre la complejidad de lo que se supone que es una entidad inteligente. Más aún, si se fijaran con la atención debida a  que el constructo mismo de la vida ya contiene inteligencia. ¿Está viva la máquina de proceso de datos?.

En próxima entrada del blog Ancile, seguiremos debatiendo sobre la inteligencia y el proceso de datos y la diferencia entre este proceso y el manejo y cálculo de información del organismo vivo.



Francisco Acuyo



*   Narby, J.: El misterio último, Errata naturae, Madrid, 2023, pág. 76.

** Ibidem: pág. 115.



La naturaleza inteligente versus inteligencia artificial. Francisco Acuyo


domingo, 21 de enero de 2024

SONETOS DE GIACOMO DA LENTINI

Para la sección de Editoriales amigas, del blog Ancile, traemos esta interesante entrada sobre el padre Giacomo da Lentinni, que creemos no tiene desperdicio y redactada rigurosamente por nuestro admirado y muy querido amigo: Francisco José Ramírez, y todo bajo el título de: Sonetos de Giacomo da Lentini., que, además, anuncia la publicación de Sonetos, de la Editorial Alhulia en su preciosa y cuidada colección Sílaba, poemas todos traducidos por autores varios para la ocasión. Reproducimos una versión de un soneto de Lentini no incluida en el libro, que tradujo nuestro admirado y añorado poeta y amigo Luis Javier Moreno.


SONETOS DE GIACOMO DA LENTINI





Ocho siglos se han tardado en traducir al español los 22 sonetos de Giacomo da Lentini, o tal parece, pues no hay registros localizables de otras ediciones. Nació el soneto en Sicilia casi al mismo tiempo que en Toledo veía la primera luz Alfonso, hijo de Fernando III de Castilla y León y de su esposa Beatriz de Suabia, prima de Federico II (estupor del mundo, según sus contemporáneos), rey de Sicilia y titular del Sacro Imperio, quien mantuvo a raya al agonioso papa Inocencio III (creador de la santa inquisición en connivencia con el rey de Francia), quien decretaba la obligatoria escolarización de los niños sicilianos y al mismo tiempo empleaba en su corte a un buen número de notarios y poetas, así que su tierno sobrino tuvo un buen modelo de conducta. El siglo XIII es apasionante, nada oscuro y menos bárbaro que este que vivimos (si por bárbaro entendemos criminal e inconsciente), siglo aquel que abarca desde el nacimiento de Lentini, indiscutido inventor del soneto, hasta el de Petrarca.

Sorprende que una forma poética perviva durante ocho siglos y en tal variedad de idiomas. Hay quienes atribuyen tanta vitalidad, expansiva y contagiosa, a su composición numérica, resultado de aunar doblemente el 4, ámbito de la materia (estaciones del año, elementos constitutivos de la naturaleza, humores, etc.). y el 3, cifra de la divinidad, Más certero parece quien habla de la aproximación o tendencia a la proporción áurea, pues el soneto suena (de ahí su nombre), son suele ser sinónimo de canto, en el tipo de verso original cabe una línea melódica completa y, a su vez, una estructura sintáctica con plenitud de sentido, etc., todo ello repartido en 8/6, una proporción presente esencialmente en la música. Incluso sorprende que se hayan conservado bastante bien, en una copia hecha quizá por un florentino y hoy conservada en la biblioteca del Vaticano.  

Y en su conservación y en su transmisión están gran parte de los problemas que esta forma plantea. El manuscrito presenta algunas palabras con rasgos provenzales y otras del italiano de la Toscana, lo que provoca que supuestos sabios digan que el soneto surge de una cansó provenzal, que es provenzal su temática, y que la lengua en que están escritos es la que se hablaba en la corte de Federico II. Quien tal dice no estaba allí ni oyó hablar a siciliano de la época; yo tampoco estaba, y con la misma autoridad que el sabio niego todas esas afirmaciones.  En cambio, se ignora la presencia islámica en Sicilia y no se recuerda con qué exquisitez y hondura se había prodigado en lengua árabe el tema del amor. Ifriquiya estaba donde está, hoy es Túnez, y bien podía exportar poesía como hoy exporta víctimas en patera.  

Pero al fin aquí los tenemos reunidos, legibles en español y contrastables las versiones con el texto más fiable de que se dispone. Todo gracias al empeño del profesor Rosario Trovato, excelente traductor desde Cervantes, Góngora y Lope de Vega hasta Federico García Lorca, Elena Martín Vivaldi y Rosaura Álvarez, y a la respuesta de un grupo de amigos, poetas y profesores: entre los que destacan Antonio Carvajal y Jenaro Talens como representantes granadinos en tan hermosa tarea. Naturalmente, la variedad de traductores implica variedad en los resultados, a José María Micó se le nota su hábito de traducir a los grandes, como Dante, Ariosto, Tasso, y a Martha Canfield y a Lucia Valori sus profundos estratos florentinos. Labor loable para proporcionarle a quien leyere el placer de reconocerse en el estremecimiento afectivo de estas piezas sonoras que tanto tiempo han permanecido mudas hasta verse editadas con la elegancia y el primor con que lo ha hecho Dionisio Pérez Venegas, también amigo y colaborador de Trovato, en la colección Syl⁓laba que dirige bajo los auspicios de la editorial Alhulia.

Es de esperar que haya italiparlo que tuerza el gesto ante algún detalle irrelevante pero tal vez criticable. Ocho siglos han tenido los posibles mohinos censores para hacerlo a su gusto y no conocemos sus maravillas. En cambio,  aporto una muestra del largo y meditado trabajo que esta edición ha supuesto. En 2008, respondiendo a la invitación del profesor Trovato, nuestro añorado amigo Luis Javier Moreno le envió una carta con una primera versión del soneto I, carta en la que expresaba dudas de diversa índole acerca de su labor, y no era la más pequeña la carencia de rimas. Habiendo fallecido sin retomar el poema, por el respeto debido a tan excelente poeta y amigo, el editor decidió guardarlo y pidió otra traducción. Hoy, precisamente como homenaje debido al amigo ausente, lo damos a conocer con la corrección que conservamos y que introdujo en una inolvidable noche segoviana.




Francisco José Ramírez



                                    Giacomo da Lentini (detalle de una miniatura, siglo XIV, Biblioteca Nazionale Centrale, Florencia)





SONETO I



Al ser cortada la azucena muere  
pues su naturaleza la abandona…
Y yo también, cuando me alejo un paso
de vos, mi Dueña, todo descoyúntome. 

Sobrepasa mi amor a todo amante,
llega mi corazón hasta ese extremo,
que así me hiere amor do quiera vaya 
como águila que da a la caza alcance. 

Nací tan desgraciado a tal destino 
que sólo a vos os amo y a vos sólo!
Esto, Señora, entiendo de mi parte: 

En cuanto os vi por vos quedé transido, 
a vos me debo, con el mundo os honro, 
mi corazón, oh hermosa, nunca os deja.  


Segovia, 26-4-2008

                        Luis Javier Moreno








viernes, 19 de enero de 2024

DEL NÚMERO, LA INTELIGENCIA, EL ARTE Y LAS ETIMOLOGÍAS

Prosiguiendo con el fascinante mundo de relaciones e imposibilidades de relación entre el número y las producciones creativas y artísticas, traemos una entrada nueva para la sección de Ciencia, titulada: Del número, la inteligencia, el arte y las etimologías.


DEL NÚMERO, LA INTELIGENCIA, 

EL ARTE Y LAS ETIMOLOGÍAS



Del número, la inteligencia, el arte y las etimologías. Francisco Acuyo



El ámbito de estudio e investigación y aplicación de las etimologías siempre me ha parecido harto fascinante. De hecho, con toda humildad, creo que, de tenerse en más en consideración, podríamos hablar con mucha más propiedad y entendimiento de aquello a lo que pretendemos referirnos. En anteriores capítulos,  aludía a la necesidad de reconsiderar conceptos e ideas tales como arte e inteligencia, tan traídas y llevadas en la actualidad en ámbitos tan controvertidos como el de la la IA.

Arts, artis, es acepción latina que se refiere como propia de aquella obra o labor que contiene una muy significativa realización creativa. Ademá, la raíz indopeuropea, ar, nos advierte de artis como la acción de ajustar o colocar, no obstante, no debemos olvidar la acepción de nuestro diccionario que la identifica como techné griega, referida a una técnica, artificio o habilidad. Motivo ha sido de cierta controversia no sólo filológica la identificación de esta última acepción con el arte como producto creativo, del que la regla, la ley, el número es o puede deducirse de ella, pero no que sean el origen del arte mismo (ya lo advertíamos en la anterior entrada).

La ciencia, según cabe razonablemente deducir, es un producto de la mente, del espíritu, del intelecto… pero sí que está sujeto o es deducible de determinadas reglas o números que convenga a su método particular de indagación, siendo la técnica inferible de la ciencia, será algo que está ya predeterminado por el mismo saber o cálculo científico. En cualquier caso, parece que ha sido y son controversiales las acepciones al respecto, de lo que se ha favorecido, en cierto modo, las diferentes maneras, técnicas, cálculos, reglas, leyes, como las que sustentan la IA, para confundirse con el arte (creativo) que, tiene, además una peculiaridad esencial: puede y de hecho lo hace, romper las reglas que se deducen de sí misma confines expresivos que amparan la emoción, la emotividad, el ingenio, la capacidad de trascender su propio medio expresivo, sea plástico, lingüístico o de cualquier otra la índole.

Podíamos establecer un juicio y un desarrollo de significación similar en relación al concepto de inteligencia. La intelligentia latina -y del legein griego, (escoger o expresar)-, inter (entre), legere (escoger) el agente nt y ia que indica la cualidad, viene a referir como propio del que tiene inteligencia aquel que sabe escoger entre diversas opciones o alternativas varias. En cualquier caso, hoy se distinguen múltiples maneras o manifestaciones de inteligencia, que hacen de este concepto que revista una especial complejidad significativa que, a mi humilde entender, también aprovechan las nuevas tecnologías para dar significación a su labor numérica y de cálculo de patrones y de datos (véase la IA como ejemplo más paradigmático).

Esta última expresión, inteligencia, adquiere si cabe, una mayor dificultad de entendimiento y de aplicación cuando se atribuye a la misma naturaleza y su fenomenología un grado de inteligencia no menos singular. La identificación por parte de algunos pensadores y científicos de un diseño inteligente en la naturaleza, es otra muestra extraordinariamente interesante que habrá de afectar también al mismo concepto de inteligencia. No son pocos los antropólogos, biólogos, zoólogos, etólogos, botánicos y estudiosos de la naturaleza en general, que observan en los organismos vivos y en su dinamismo y complejidad la presencia de una inteligencia manifiesta, que se sucede más allá del azar y la necesidad.

La inteligencia, de hecho, hasta hace muy poco, se entiende fundamentalmente como capacidad humana que, por definición, imposibilita a cualquier otra especie o manifestación orgánica con la capacidad de dicha inteligencia. La multiplicidad, decíamos, de variedad de inteligencias (lógico matemática, lingüística, espacial, emocional, artificial…) no arregla en modo alguno la dificultad de apreciación y significación de la misma. 

La vaguedad de dicho concepto ha facilitado una idea profundamente mecánica de la misma, ya que nada en la naturaleza tiene un objetivo, una significación (Jacques Monod), por lo que la acepción de artificial parece encontrar un reducto cómodo para su funcionalidad; es el triunfo de la teleología, la cual, según muchos pensadores, es humana al ciento por ciento, y cualquier intento de identificarla fuera del ser humano era tachada de vacuo antropomorfismo.

Los excesos de esta visión finalista como exclusivamente humana, ha llevado a la idea de que los animales no sienten dolor (Descartes) por ser seres netamente mecánicos. Estos y otros disparates que hoy solo causan asombro han repercutido a que la inteligencia de manera genérica (y humana) pueda ser atribuible a la máquina de cómputo.

Desarrollaremos en próximos capítulos esta difusa y confusa relación de términos y definiciones en relación a la inteligencia y el ejercicio creativo (el arte), por parecernos harto significativo y de grande interés en los tiempos que nos ha tocado en suerte vivir.



Francisco Acuyo



Del número, la inteligencia, el arte y las etimologías. Francisco Acuyo








martes, 16 de enero de 2024

EL ARTE Y EL NÚMERO: EL NÚMERO EN EL ARTE

 Proseguimos para la sección de Ciencia del blog Ancile, con otro nuevo post dedicado a los entresijos y complejidades de las nuevas tecnologías aplicadas a las artes, en este caso bajo el título: El arte y el número: el número en el arte.


EL ARTE Y EL NÚMERO: EL NÚMERO EN EL ARTE


El arte y el número: el número en el arte. Francisco Acuyo


La vigencia del pensamiento platónico sigue estando asombrosamente vigente en nuestros días. Buena muestra de ello la tenemos en los propósitos expositivos para una justificación de la IA en la reproducción de objetos artísticos: el arte no es más que la representación de un objeto físico que no es, a su vez, sino la representación del ideal abstracto. De ahí que el arte no pueda ser considerado una forma de conocimiento, pues, es solo una aportación ilusoria al mismo. Si a esta visión aportamos la de Wittgenstein en la que el arte forma parte de los juegos lingüísticos que conforman la filosofía del lenguaje, se abre la puerta al arte como una vía de reinterpretación algorítmica del conocimiento.

Es algo verdaderamente pasmoso que, hoy por hoy, cuando se ponen tantas cosas en cuestión (por ejemplo, que el arte es o puede ser una vía para la obtención de reconocimiento y poder), se acepte a pie juntillas la visión cartesiana del mundo que creímos periclitada: el número es el eje central de todo conocimiento, donde la geometría, traducida numéricamente será capaz de describir y transcribir el mundo. De hecho, el punto de vista axiomático euclidiano en las relaciones geométricas será el punto de partida, junto a la aparición de las nuevas geometrías tetradimensionales  de fines del siglo XIX, para que la IA, en la actualidad, investigue la creación de algoritmos que sean capaces de generar programas de realización inteligente de pintura.

Otro descubrimiento magnífico como fue el del mundo visual de los fractales, acabó por incorporarse a los fundamentos algorítmicos para la creación artístico inteligente por computador, y que ha dado lugar a que algunos artistas hayan consagrado su vida a la ideación de un programa (¿creativo?) para la realización de obras de arte (Harold Cohen, y su programa Aaron, es un buen ejemplo de esto).

l arte y el número: el número en el arte. Francisco Acuyo
Nos ponen estas iniciativas modernas en una difícil coyuntura teórica y, desde luego, práctica, sobre los fundamentos del que sea no solo el arte, también lo que consideramos como inteligencia. Se nos plantean preguntas de radical importancia al respecto de lo que fueron definiciones y concepciones que desde mucho tiempo atrás no tenían ninguna duda. Es el caso que, si un programa es capaz de generar manifestaciones plásticas que tratan de competir con el arte que estimamos como genuino, ¿hasta qué punto podemos considerar que estos componentes algorítmicos son capaces de tomar decisiones creativas?

El Instituto de Arte Contemporáneo londinense fue el primero en acoger, en 1968, la exposición más influyente por aquellos entonces, denominada Serendipia cibernética. A cualquier artista o a cualquier persona interesada en el arte es inevitable que le asalten cuestiones que no pueden ni deben considerarse menores: ¿es posible que el número algorítmicamente adaptado puede crear pintura, y esta ser considerada como arte?

Hay quienes incluso han tratado no tanto de establecer patrones algorítmicos en la generación de obras plásticas para ¡trasladar la creatividad a la máquina! (Simon Colton y su programa The Painting Fool -el tonto que pinta- es un ejemplo), aunque el propio creador del programa reconocía que su reproducción algorítmica lo que pretende en su realización, no era tanto reflejar la emoción ni el estado de ánimo como su expresión, olvidando que crear una obra de arte no es tanto resolver un problema como la realización expresiva emocional e inteligente.

Si para Paul Klee el arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible, ¿qué podemos esperar de todas las iniciativas de la IA en el ámbito de la creación artística? ¿La abstracción en la pintura, por ejemplo, no son más que representaciones abstractas de la naturaleza, algo similar a los fractales que aquella produce en la naturaleza?

Parece a todas luces evidente que el arte es susceptible de producir números (así lo han visto en la actualidad no pocos artífices de la IA, sabían que, si queremos usar las matemáticas para identificar una obra o a un artista en su obra, deberían utilizar cosas medibles), pero, ¿son los números capaces de generar arte?

Para dar respuesta esta interrogante y a otras muchas similares al respecto, debemos, como decía anteriormente, tener claro qué es lo que consideramos inteligencia, también lo que entendemos como arte.

En próximos capítulos de este blog Ancile, trataremos de dar alguna respuesta a esta para muchos inquietante pregunta.



Francisco Acuyo



l arte y el número: el número en el arte. Francisco Acuyo




martes, 9 de enero de 2024

CIENCIA, CONCIENCIA Y EXPERIENCIA EN EL PROCESO DE DATOS

 Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos un nuevo post en el que se reflexiona insistentemente sobre la ciencia de la información y la conciencia, y todo bajo el título: Ciencia, conciencia y experiencia en el proceso de datos.


CIENCIA, CONCIENCIA Y EXPERIENCIA

EN EL PROCESO DE DATOS


Ciencia, conciencia y experiencia en el proceso de datos. Francisco Acuyo


Abundábamos en entradas anteriores sobre la confusión entre los conceptos de inteligencia y consciencia, sobre todo en el ámbito de la IA, olvidando que esta última juega y se constituye como tal con datos, los cuales no son sino cantidades numéricas que, aunque le permiten ser extremadamente eficientes en determinadas tareas, no pueden considerarse fenómenos cualitativos, y estos los que, al fin y a la postre, serán los que formen parte de la integridad más genuina de la conciencia, y los cuales, por el momento, se resisten a ser intervenidos por el ámbito algorítmico o numérico de la cantidad.

El problema fundamental para la comprensión de esta confusión deviene porque el materialismo científico más recalcitrante que da por hecho que la conciencia fenoménica no puede tener en sí misma función alguna. Así, el programa informático que anima el artefacto de computación se enfrenta  inevitablemente a la sensibilidad consciente introspectiva, de la que es característica la conciencia, la cual se mueve entre el mundo de la experiencia y la percepción de los qualia. Es claro que el equívoco proviene de que las cualidades experimentales pertenecen a dominios que no son y no pueden ser medibles o cuantificables, incluso puede inferirse, así lo creen con argumentos bastante enjundiosos no pocos científicos, que la conciencia, como tal, no es un producto evolutivo, sino sustancial de la realidad del mundo.

Ciencia, conciencia y experiencia en el proceso de datos. Francisco Acuyo
Si bien el lenguaje no tiene potencia conceptual para atender a la realidad de lo que es plausible, también es cierto que existe un lenguaje (¿metalenguaje?) poético que puede acercarnos a ella. Me explicaré: si ninguna cantidad de estructura, complejidad, conceptualización racional y lógica, decía, puede aproximarse al fenómeno extraño y extraordinario de la conciencia, el lenguaje poético se mueve en ámbitos de la inconsciencia, de lo netamente subjetivo y experimental que pone al borde mismo de la norma lingüística su presupuestos expresivos, pues da por hecho que la realidad fenoménica de la experiencia, de los qualia y de todos los productos de la subjetividad o de la mente, son dimensiones cualitativas que atienden a una realidad sentida e inmediata. De todo esto puede dar buena cuenta un fenómeno que va mucho más allá de la taxonomía retórica: la sinestesia poética, que no hace sino dar a las entidades conceptuales que describen un sentido, una redefinición del concepto que implica a su vez una transposición de un sentido a otro.

Es bien cierto  que utilizamos el lenguaje con una alegría en no pocos casos poco reflexiva, lo cual apuntala aún más las limitaciones del propio lenguaje. Cuando muchos dicen que estamos programados para reconocer patrones en la naturaleza, lo toman  ad verbum o ad litteram, cuando esa capacidad por encontrar significados, patrones, simetrías, es propia de la psique humana, arraigada en muchos casos a instintos, emociones o experiencias ancestrales que poco o nada tienen que ver con la programación de datos. 

Este no es más que un ejemplo entre muchos de los que se pueden traer al caso, y que ha sido llevado en no pocas ocasiones al controvertido territorio del arte y la posibilidad de crear máquinas capaces de reproducirlo, olvidando los factores experimentales y subjetivos de los sujetos que los llevaban a cabo.

De todo esto y otros aspectos más de interés traeremos al caso en próximos episodios de este blog Ancile.



Francisco Acuyo



Ciencia, conciencia y experiencia en el proceso de datos. Francisco Acuyo




viernes, 5 de enero de 2024

LA CONCIENCIA Y LOS CONTEXTOS DIVERSOS DEL USO ALGORÍTMICO

Siguiendo la indagación de anteriores post, hablamos de algoritmos y de conciencia, y las expectativas de la IA en relación con esta última; todo esto para la sección de Ciencia del blog Ancile, bajo el título de: La conciencia y los contextos diversos del uso algortimico.


LA CONCIENCIA Y LOS CONTEXTOS

 DIVERSOS DEL USO ALGORÍTMICO


La conciencia y los contextos diversos del uso algortimico. Francisco Acuyo


Si el teorema de la incompletitud de Gödel es correcto, se deduce que la mente (la conciencia, decíamos en anterior post), no puede ser mecánica, o lo que es lo mismo, no puede aprehender la dinámica de su funcionamiento, o lo que  es igual, que los objetos matemáticos tienen su realidad fuera de la realidad del mundo material. No obstante, la argumentación de los teóricos de lA, insisten en que se pueden usar en contextos muy diversos, es decir, que existen algoritmos capaces de adaptarse y cambiar a medida que interactúan con los datos, para estupefacción del propio programador que no acaba de entender lo que sucede.

Entonces, ¿cómo entenderíamos esta interacción dinámica de aquellos algoritmos?, sobre todo si la conclusión final del teorema de la incompletitud es que la mecanización de las entidades abstractas no es posible. De aquí cabe deducirse, además, que la conciencia, como epifenómeno del cerebro, tampoco tiene cabida, si es que la propia materialidad neuronal no puede explicar todas las funciones de las que es capaz la mente.

La conciencia y los contextos diversos del uso algortimico. Francisco Acuyo
En cualquier caso, la IA, insiste en que el algoritmo implicado en un programa puede hacer que este obtenga más de lo que pone, abriendo una puerta a la creatividad de dicho programa, acaso olvidando una de las causas del enorme avance de la tecnología de la información, a saber: nunca antes un artefacto de computación había tenido a su disposición una cantidad tan ingente de datos como la que hoy día dispone, confundiendo este acervo inmenso de información y el presunto aprendizaje automático y que este alcance las cotas tan alucinantes que hoy día es capaz. Pero, ¿esto significa que un algoritmo con la cantidad de datos de que dispone pueda experimentar sensaciones? ¿Si este meta-algoritmo es capaz de aprender de sus errores y modificarse, significa que tiene experiencia interior ante estas modificaciones?

A mi modesto entender creo que se está enredando conceptualmente los sorprendentes resultados de esta potencia de gestión de datos, llevando al desconcierto esta capacidad  emparentando las cantidades con las cualidades, o lo que es lo mismo, el dato de su análisis y configuración algorítmica, con la sensación y la percepción de la experiencia propia de la que, por cierto, todo parece indicar que carecen estos constructos artificiales de inteligencia.

Si el equívoco de entender la conciencia como un epifenómeno del cerebro es bastante común, y la versión artificial del comportamiento de los programas informáticos como redes neuronales, también lo es  y muy distante de la realidad de su funcionamiento y la realidad de la conciencia. Este parentesco (traducido por la IA en perceptones y sigmoides neuronales), hacen olvidar que su sustrato fundamental son los datos y no la experiencia vívida y personal de la conciencia, creyendo que el algoritmo puede cambiar y madurar experimentalmente como las criaturas conscientes.

Que a través de potentes algoritmos se puedan analizar cantidades inmensas de datos, y que incluso se pueda extraer sentido para corregir errores en función de cálculos probabilísticos, no significa que puedan llevar a cabo no solo percepciones y experiencias personales, tampoco que tengan acceso a procesos abstractos profundos mediante los que llegamos a comprender que aquellos parecen ser compartidos por una racionalidad que, decíamos,  parece extenderse por el universo.

En cualquier caso, el algoritmo de aprendizaje universal no existe, aunque resuelvan casos concretos con una eficiencia alucinante, ya que el dato no es y nunca será suficiente por sí mismo, y lo que denomina código fuente de la conciencia permanece, hoy por hoy, inalcanzable. Pero seguimos indagando sobre estas y otras cuestiones similares en próximas entregas del blog Ancile.


Francisco Acuyo





La conciencia y los contextos diversos del uso algortimico. Francisco Acuyo


martes, 2 de enero de 2024

EL SUEÑO DEL TIEMPO EN LA ETERNIDAD

Año Nuevo, que deviene siempre con la ilusión del discurrir del tiempo, me hizo trasladar esta inquietud poética para la sección de Poesía del blog Ancile, y que lleva por título: El sueño del tiempo en la eternidad.



EL SUEÑO DEL TIEMPO EN LA ETERNIDAD 




El sueño del tiempo en la eternidad. Francisco Acuyo





      Si del tiempo ya hastiada, eternidad,
sueñas los pasos de la efímera alma,
sepas cumplida edad
la de existir, que calma,
quietud, ensueño de sensibilidad
será lo que creyó fue la presencia
propia, cuando es universal conciencia.

     Eternidad tu sueño ofreces cierto
fruto, pero al espíritu obedece
el germen del incierto
anhelo que parece
ser voluntad de quien soñó despierto,
pero nunca será ni fue si ahora
luz se escapa del sueño delatora.

   Himnos, rezos cantamos y plegarias
para no despertar de nuestro sueño
de ser; ¡Oh! solitarias
almas que buscan dueño
y ser, ser de un aliento propietarias
en la imposible voluntad de ser,
si es alma de la nada menester.

   Las forjadas cadenas de la mente
el sueño de la eternidad fugaz
advierten, y corriente
inmoble de su curso son disfraz
de lo eterno que muestra originaria
una fuente de Dios imaginaria.

   Despierta, sí, despierta, que no habría
misericordia si es que solo hubiera
en el sueño alegría,
y duerme compañera
eternidad del tiempo todavía,
y germina el instante siempre en vano,
pues creces sola en corazón humano.



Francisco Acuyo





El sueño del tiempo en la eternidad. Francisco Acuyo