Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos un nuevo post intitulado: Sinestesia y la conciencia personal (¿y transpersonal?).
SINESTESIA Y LA CONCIENCIA PERSONAL
(¿Y TRANSPERSONAL?)
En virtud de la experiencia e investigación sobre la naturaleza del discurso poético en general y, particularmente, en relación con los procesos rítmicos, analógicos y retóricos, sobre todo con la sinestesia, pude aprehender que la realidad sensorial y la propiamente abstracta y conceptual, derivan en la apreciación de una realidad que más que representada es totalmente participativa, donde la experiencia agente ofrece un conocimiento predictivo en muchas ocasiones más que descriptivo, y que emparenta con aquella visión fenomenológica, o mejor Qbista(1) de la realidad, donde la fusión, variación, trasposición sensorial apreciable en la sinestesia nos muestra una realidad hondamente enredada, complicada y revuelta que suspende el juicio sobre un dominio de objetos presumiblemente externos,(2) donde la cuestión de la medida o cuantificación pasa a un segundo plano.
Es curioso que este procedimiento de conocimiento mediante el que se acceder a la realidad se acerca a la epoché (3) fenomenológica, en tanto que suspende el juicio sobre lo observado para ahondar a través de su experiencia personal, subjetiva, para exponer la importancia de la participación en la observación. La experiencia sinestésica ofrece la experiencia de la corporeidad como hecho primordial de nuestra participación en el mundo. Fe de todo ello da la experiencia enmarañada o traspuesta de los mismos sentidos, los cuales nos avisan de esta participación personal inevitable. Esta suerte de participación sin juicio en el mundo en el que vivimos se ve emparentada con la experiencia mística de no pocos espíritus religiosos, proféticos y poéticos, poniendo de relieve la difusa frontera entre estos tres ámbitos.Es por esto que decíamos que la conciencia (personal) en realidad, como advertíamos anteriormente, surge de la autoalienación del ser (del yo), y que la ilusión de la localidad nace de la autodivisión de lo que, en realidad, intensamente enmarañado, existe. Surge en este punto la duda de si la conciencia puede o no ser reducida a un proceso computacional. Esta sutileza es muy importante no solo para el futuro de fascinante mundo que nos abre la IA. Nos advierte de que acaso nuestros conocimientos (matemáticos (4) o no) humanos acaso no puede sujetarse a algoritmos de ningún tipo. Pero también puede servirnos para indagar en lo más profundo que significa no solo tener conciencia, sino que es ser consciente.
Tal vez entender la diferencia de tener conciencia y del ser de la conciencia sea mucho más que una mera sutiliza filosófica o conceptual, pues, en su distingo quizá podamos tener acceso a si la conciencia puede tener una realidad transpersonal. De todo ello indagaremos en próximas entradas de este blog Ancile.


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