miércoles, 15 de septiembre de 2010

ENTRE EL HECHO Y LA FICCIÓN

Algunas breves aproximaciones a Jorge Luis Borges en el tratamiento de los hechos relativos a la narración literaria, centrados en una de sus obras más significativas: Ficciones.




Entre el hecho y la ficción. Entre la realidad y el deseo, Francisco Acuyo
ENTRE EL HECHO Y LA FICCIÓN:


ENTRE LA REALIDAD Y EL DESEO







No la verdad de los hechos,
sino la verdad de los sueños

Jorge Luis Borges
Arte poética: El arte de contar historias









QUE JORGE LUIS BORGES EXPONGA e identifique de suyo y con toda naturalidad los personajes de los relatos al servicio de su discurso memorable, en una suerte de ofrecimiento familiar mas lleno de misterio, se debe tal vez a que los vierte de forma concisa y además en singular alarde de minucioso conocimiento de los mismos, mostrándolos a través de un breve recorrido por su linaje tantas veces enigmático y desigual, tal es así que, por común esta característica suele darse en el plano literario como hechos auténticamente consumados. Con tan grata costumbre nos regala a ese juego de identidades emparentadas por claras semejanzas o disimilitudes más menos nebulosas; ofrecidas todas ellas en una suerte de cohorte que vierte su abolengo como parte más de su polifonía dialógica (aunque algunas veces elidida) de manera tal, que la presencia de aquella inaudita parentela diríase presidir de forma omnisciente la totalidad de los hechos que acontecen en el proceso narrativo.

De esta guisa peculiar vemos como se advierte un proceso ejemplar de modalización, a través del cual se va templando y contemplando el excelente discurso que dará consistencia a un extraordinario relato. Digamos que no en vano forma parte esta narración del sublime compendio de Ficciones intitulado El sur.

La omnipresencia del narrador ofrece una particular perspectiva con la que garantizar un elemento de sugestión esencial, el cual nos trasladará desde la figura protagonista y presencial de la narración, a saber, Johannes Dahlmann, y a una parte de su peculiar y extraña parentela, mas al discurrir del relato con la total seguridad y atención del lector interesado por ver en qué acción depara tan curioso personaje. De nuevo, como en tantos otros de los cuentos y narraciones de Borges, el cronotipo bajtiniano no viene a ceñirse al uso habitual de otros narradores de su época: el espacio y el tiempo confluyen de una forma indiscernible, ambas dimensiones acaban fundidas para conformar un todo que va a imprimir de un carácter verdaderamente único a nuestro relato.

Otro de los rasgos ciertamente identificadores de nuestra breve narración (también presente en otros cuentos de Borges) hace aquí especial acto de presencia: Será el factor de equivalencia de la narración, en donde podrá identificarse el orden de sucesión espacio-temporal, el cual se aleja de ser en absoluto lineal; me atrevería a decir que el orden de acontecimiento que aparece en el discurso deja de ser sincrónico. También puede decirse que, en este aspecto de extraordinaria y singular anacronía, carece tal vez de sentido hablar de una prolepsis o de una analepsis al uso discursivo habitual, pues el transcurso del tiempo se transmuta desde lo que en principio parece un tiempo lógico, por un transcurrir paralógico o, mejor aún, psicológico. Para lo cual veremos cómo suceden los hechos de la historia que tan magistralmente relata nuestro autor.

Entre el hecho y la ficción. Entre la realidad y el deseo, Francisco Acuyo
Nuestro protagonista, habitante de la ciudad de Buenos Aires, maquinaba pensamientos varios sobre una nebulosa propiedad que poseía en el Sur, en un sitio -que el protagonista designa como preciso- de la llanura; mas, ya se anuncia que, todo el panorama anodino y cotidiano de sus días ciudadales, iba a cambiar radicalmente. Nos dice que leyendo un descabalado ejemplar de Las mil y una noches, que había adquirido tal vez a buen precio, libro que va a convertirse en compañero inseparable y emblemático en el transcurso de los acontecimientos, y que con el afán urgente de dar cuenta de algunas de sus páginas en apresurada lectura, sube a oscuras por la escalera de su domicilio, cuando se golpea con un batiente recién pintado, produciéndose una herida que sangra profusamente por su cabeza.

A consecuencia de la herida cae enfermo. Le visita un doctor en primera instancia; después éste llamará a otro para contrastar opiniones; finalmente coinciden en la urgente necesidad de ingresarlo en un hospital, debido a que sufre una gravísima septicemia, por la que su vida corre serio peligro.

A partir de aquí comienza a cobrar sentido aquello que nuestro autor expone tan enigmáticamente en una parte capital de la narración cuando dice: A la realidad le gusta las simetrías y los leves anacronismos, los cuales van a marcar tan peculiarmente la suerte y desarrollo de este extraordinario relato.

Aquí, en este eterno y preciso momento, es cuando ya fuera de peligro, milagrosamente curado, transcurre el sueño o el deseo del que fuera un moribundo, ahora redivivo para ver hechos realidad sus sueños, para dar sentido al absurdo que muy bien pudiera haberle costado la vida.

Ya está viajando, repuesto de sus dolencias, a los miríficos parajes de su ansiado sur, aunque sólo fuese para morir con la dignidad, desde luego precisada por la conciencia libre de nuestro personaje principal Johannes Dahlmann, y acaso buscando si no un destino razonable para una vida insustancial, sí un destino o un final que no fuese aquel que le advoca a un desenlace absurdo; cobra en este punto el viaje imaginario un sentido auténticamente metafísico. Mas dicho viaje se lleva a cabo sin ninguna incidencia inicial, absorto en el paisaje y en los aconteceres corrientes de un viaje en tren; todo discurre hacia un término quizá imprevisto para el lector, pero, tal vez perfectamente premeditado por nuestro protagonista.

Es así que, del hecho inicial, rodado en un tiempo narrativo real, se sumerge, casi sin sentirse la ficción, en el fluir de un acontecer anhelado, dando lugar, prodigiosamente, a la que será la segunda parte del relato.

Como resultado final de su viaje enigmático, el encuentro final con los que, a la postrer muy bien pudiesen ser los objetos de su (segunda) muerte, acaso más legítima que la que amenazaba tan triste y lacónicamente en el hospital. Surge así en este momento culminante, el enfrentamiento con los peones, y pensaba, todo convencido que era preferible acabar así: morir en pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo.

Parece colegirse que la fuerza con la que se acoge a su sueño no radica tanto en el hecho de seguir con vida, acaso en morir con la dignidad que nuestro personaje protagonista estimará como necesaria.
Entre el hecho y la ficción. Entre la realidad y el deseo, Francisco Acuyo
El hecho de no rehuir el enfrentamiento lo demuestra, a pesar de no saber apenas manejar el cuchillo, mostrando su cabal torpeza para la lucha, constata quizá este argumento con suficiente peso.

Veremos en este relato borgiano el eco de aquel espíritu que lamentaba la escisión absurda de la poesía en dos ámbitos o fronteras distintas, y con este lamento invoca a los antiguos que no distinguían entre el hombre capaz de la emisión de las más altas notas líricas y el hacedor capaz de narrar las historias más fascinantes. Es por esto que nos resulta tan familiar y al tiempo tan extraño su relato, me refiero a los elementos narrativos que se traducen en personajes latentes, y que aparecen como un linaje lejanísimo muchas veces, pero del todo fundamental para sostener el sentido último de su lenguaje.

Podemos deducir en esta y otras narraciones una nostalgia cierta de la épica, cuyo eco, como decía, resonará inevitablemente entre las páginas de éste y otros cuentos como un anhelo y una profunda nostalgia.

Si las historias, como decía Borges, acaso han sido contadas muchas veces, las de nuestro autor se ofrecen, si contadas, sin límites, donde el acento trágico no es sino signo de ese ciclo ciertamente entrañable.

En este y otros tantos memorables relatos, la poesía y la prosa olvidan sus diferencias y fronteras para marcar posteriormente una sola diferencia, esto es: lo mismo que sucede en la épica, en la narrativa lo que importa es el héroe, pues en él se verá lo genuino del espíritu moderno como cuestión traída por el relato, donde sabemos de antemano que todo acabará en fracaso.

Observaremos, finalmente que este cuento y su trama se enmarca a la perfección en el compendio general que supone Ficciones, integrado de tal manera que, acaso no se nota sino como una variación más del mismo. Es pues, a mi juicio, bastante claro cómo la voz del que cuenta en El sur es la voz del que canta, para que sus oyentes lo consideren como el que ejerce la tarea bipolar en la que se manifiesta con los matices líricos y épicos a un tiempo, o acaso, como una sola cosa esencial.

En fin, nos mostramos gozosos partícipes al observar que el relato no lleva aquel pesado lastre, para el propio Borges muchas veces insufrible, cual es el que no sea el mismo héroe el narrador, pues éste se distancia en nuestro texto lo suficiente como para presentarse como realmente verosímil.

Es cierto que este como en otros tantos relatos borgianos podría haber concluido felizmente, pero participa de aquella clarividencia propia del genio que sabe que de otra manera diese lugar a otra cosa bien distinta a la verdad: No la verdad de los hechos, sino la verdad de los sueños.

Francisco Acuyo





Entre el hecho y la ficción. Entre la realidad y el deseo, Francisco Acuyo

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