miércoles, 15 de septiembre de 2010

CEZANNE: PLÁSTICA DEL TIEMPO

Sobre la observación de dos versos y el cuadro de Muchacho con chaleco rojo, de Paul Cezanne, hacemos una breve semblanza no sólo de las relaciones entre poesía y pintura, también una reflexión algo heterodoxa del tiempo en relación con las artes.



Cezanne: plástica del tiempo, Francisco Acuyo


PLÁSTICA DEL TIEMPO


(En unos versos)


Cezanne: plástica del tiempo, Francisco Acuyo



QUIEN HUBIESE TENIDO LA INMENSA FORTUNA DE HABER visto en la colección Bührle, en Zurich, El muchacho del chaleco rojo, quizá no encontrase tan extraño el parentesco entre los versos que una vez tuvieron lugar, en homenaje al maestro Paul Cézane, y el enigmático discurso del color del óleo sobre tela de este cuadro; y todo ello manifiesto en una suerte de melancólica plástica del tiempo que dialoga, no sabría decir si consciente o inconscientemente, con la vida pasada y presente del artista.

No nos parecería vano ejercicio señalar y resaltar como punto de inflexión interpretativa de los versos que nos ocupan, que la ciudad natal de Cézane, Aix-en-Provance, hace acto de presencia dos veces a lo largo del poema: si le preguntáis por su hermana en Aix, en el verso quinto concretamente y: Mi hermana está muerta en un parque de Aix, en el verso catorce. De hecho, la fecha de realización del cuadro se sitúa entre los años 1890 a 1895, momentos en los que Paul Cézane se expresa con un dominio total de su arte, y donde la serenidad de la mayoría de sus obras contrasta con la hosca y atormentada de períodos anteriores. Coincide, también, con la reclusión del artista en huraño aislamiento en la citada ciudad de Aix.

El poema aparece contagiado de esa maravillosa soltura que expresa a un tiempo: la libertad que inspira y en la cual se basa el artista en estos momentos de plenitud creativa, y el orden, no obstante, a que obedece cada pincelada en un riguroso equilibrio geométrico, el cual se trasluce no sólo en los paisajes, también en las figuras que realiza en esta época. Así pues, estos versos parecen dignos hijos del óleo en el que se basa para su homenaje al maestro. Asimila, a mi juicio, nuestro (enigmático) poeta, con gran dotes de suficiencia y dignidad la síntesis que Cézane llevase a cabo desde la forma a la luz y al color, por ejemplo cuando anuncia en los dos primeros versos: A ese muchacho de chaleco rojo,/ se le ha vaciado el corazón. La pose de la figura en una situación de serena pero profunda melancolía, corrobora este extremo.

No es menos homologable, y de veras resaltable a mi modesto entender, cómo el poeta, certeramente, a través de los singulares pinceles de la palabra poética, da cuenta de las texturas aterciopeladas que ofrece el original magnífico pictórico: Si le apretáis los dedos,/ vais a sentir un guante en vuestra palma, y verterá esa plástica temporal a la que hacia referencia al principio de este apunte, pues os dirá que se ahogó en sus trenzas/ una tarde que la lluvia era roja, como su chaleco, para decir finalmente, si arañas en la tierra, verás o descubrirás que su hermana está viva y su nombre y su familia, en una particular oferta de verdades últimas.
Cezanne: plástica del tiempo, Francisco Acuyo
despliega con el color del verso un presunto transcurso del tiempo plasmado ya como color y como ritmo versal o sonido eternos:

Si observamos los volúmenes que significan principalmente en el cuadro (la figura, los muebles soporte de la melancólica expresión del personaje, la cortina situada en un lateral, el fondo de pared que parece reflejar toda la disposición de dichos volúmenes) no podemos menos que verificar, aunque al principio sea de manera aparentemente fortuita o aleatoria, una estructura similar en el poema, así las diferentes estrofas de la composición poética (cuatro, concretamente) se nos trasladan a los sentidos como los volúmenes que sostenían el equilibrio portentoso de la composición pictórica del maestro.

Me voy a permitir una observación, no sé si aventurada, pero que, en mi escaso bagaje de conocimientos pictóricos, creo percibir en muchos momentos de la obra genial de Cézane, y que a su vez pueden emparentarla con la literatura, pues ofrece un singular discurso narrativo hecho de color, de luz, de figuras o de objetos que, tal vez delate que su amistad de muchos años con Emile Zola tuvo una importancia decisiva en su vida artística, puede que mal que le pese al último Paul Cézane, quien rompió con el autor de L’ouvre, novela que, precisamente, iba a costar su amistad de casi treinta años con el novelista.

Puede, en fin, con estos versos constatarse, que las figuras de Paul Cézane, si caracterizadas por su aire ausente (muchas veces es en extremo difícil entrever siquiera un destello de emoción íntima), resaltan, sin embargo, toda una serie de factores psicológicamente precisos y preciosos, muy penetrantes, de los cuales hacen gala buena parte de los numerosos personajes de sus enigmáticos retratos.

El viejo libro del mundo/ con muertas mariposas señalando la hoja de tu historia sea acaso la metáfora dilecta por la cual se hace posible esa plasticidad del tiempo, audazmente emparentada por otra parte por el poeta que nos concierne, con la materia genuina del pintor, y basado todo ello en un sustrato sustancialmente distinto, cual es el sin duda el de la poesía, pero esencialmente idéntico en cuanto que hace aseverar la importancia de que una nueva conciencia del mundo tome cartas en la realidad que la vida nos presenta, y que exige de forma definitiva una indagación distinta la cual identificaremos singularmente como arte.


Francisco Acuyo






Cezanne: plástica del tiempo, Francisco Acuyo

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