lunes, 28 de octubre de 2013

POÉTICA DE LO RACIONAL INCONSCIENTE II

Después de una temporada centrado en la poesía, sobre todo en la que tuvo como primordial referencia a la que habría de seleccionarse para la antología La luna en verso, con motivo de La noche en blanco de Granada, retomamos el pulso normal en nuestro blog, e iremos incorporando toda suerte de entradas con temas muy diferentes, tal y como era costumbre con anterioridad. Así toca hoy seguir hablando de la Poética de lo racional inconsciente, en su segunda entrega.

Poética de lo racional inconsciente 2, Francisco Acuyo




POÉTICA DE LO RACIONAL INCONSCIENTE II





Poética de lo racional inconsciente 2, Francisco Acuyo, Ancile

SIN ENTRAR AÚN EN la dimensión propiamente poética, sí adelantaremos una suerte de reflexiones que, al amparo del pensamiento salvaje, pueden resultarnos de sumo interés para nuestros propósitos expositivos. Así, el que posee un conocimiento científico (y conceptual) trata siempre de abrirse nuevas vías para situarse más allá, contando con el otro mensaje de un potencial interlocutor, mas el que es dueño, sin embargo, de la ciencia de lo concreto  se orientará de manera bien distinta: permanece más acá, recogiendo y coleccionando los mensajes ya trasmitidos previamente, y todo de tal manera que, puede establecerse una distinción tal que: el científico opera con conceptos que quieren ser de forma total y definitiva transparentes a la realidad, mientras que el segundo procede mediante signos que exigen un rasgo de humanidad que permanezca incorporado (integrado) a aquella realidad.
      No resultará del todo arriesgado decir que: si el pensamiento mítico trabaja con estructuras mediante la disposición de acontecimientos (o residuos de acontecimientos),  la ciencia, siempre en marcha, insta a la creación gracias a las estructuras que genera en forma de hipótesis y teorías, de donde podemos constatar hasta qué punto la poesía, como forma de arte singular que viene a presentarse en la intersección del conocimiento científico y del pensamiento mítico-mágico, se presenta como una suerte de habilidad enigmática que invita a comunicar un conocimiento interno y otro externo, una estructura y un acontecimiento, un ser y un devenir que evidencie, a través de su propuesta creativa (el poema), que es apta para el orden de una estructura y el orden de un acontecimiento. De este diálogo particular puede advertirse una anticipación del mensaje (y que ya detectara Jakobson) tan característica de la denominada función poética,  mas todo esto al margen del reconocimiento del precario equilibrio entre la estructura y el acontecimiento, la necesidad y la contingencia, que incidirán hacia uno u otro lado, por motivaciones debidas al estilo, las corrientes (modas) o las condiciones sociales.
      Por otro lado, las clasificaciones totémicas señaladas sabiamente por Levi-Strauss, van a manifestar la captación de un doble aspecto que puede hablarnos también de la naturaleza del fenómeno poético: el
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Claude Levi Strauss
afectivo y el intelectual. Es así que aquellos seres del pensamiento indígena se vierten como seres vivos que (como la poesía en su carácter vívido y orgánico) se ofrecen al hombre con el fin de determinar una suerte de raro y vivo parentesco.
      De las taxonomías indígenas puede deducirse una lógica que muy bien hubiere podido servir de base a modernas clasificaciones, este detalle, a nuestro juicio, es parte también de una razón paradójica que puede compartirse con aquella otra que, para la poesía, según veremos, tantas veces y de forma tan sutil como espontánea nos asombra y que, tanto intelectual como espiritualmente, da fruición y nos conforta.
      Podemos observar que aquellas relaciones estructurales detectadas en el ámbito de la lingüística (estudiadas ejemplarmente sobre todo por los formalistas rusos)  y que se manifiestan en el lenguaje poético sobre todo para establecer toda aquella suerte de relaciones que vienen a concurrir (en paralelismos, recurrencias -sintácticas, fonéticas...-) de tal guisa que, para su interpretación, si no estrictamente correcta, al menos aproximada, tendríamos que aceptar que aquella (la poesía), se instala en un sistema de referencia global que permitiría para su exégesis una homológica percepción, la cual, nos hará percibir que, si bien la poesía y sus elementos acaso no tienen por qué ser lo mismo a lo largo del tiempo, sí parece observar una igualdad en las relaciones de las singulares estructuras (lingüísticas: sintaxis, fonética, gramatical, semántica...) que la fundamentan.
      Hemos de considerar que la dinámica de las lógicas totémicas ofrece una, cuando menos, curiosa analogía con aquello que nosotros denominamos lógica poética (concepto sobre el que profundizaremos de forma inminente), la cual, diríase impulsa en el receptor con un (sublime) aliento e inteligencia (¿inmemorial?) para afectar de forma totalizadora su capacidad de percepción, pues las relaciones y equivalencias que mantiene en su discurso son capaces de mantener una variada( e incluso ingente) gama de funciones al servicio de aquella función primordial y que es determinante de sí misma, es decir, de la función poética; 21 lugar desde donde podemos también observar, privilegiadamente, las oscilaciones entre la estructura y el acontecimiento, la sincronía y la diacronía, entre la lógica y la estética, todo lo cual demuestra la riqueza de su fenómeno y que, a duras penas, podría entenderse por la visión o atención de uno sólo de sus múltiples aspectos.
      De manera similar creemos distinguir que  manera en cómo actúa el operador totémico cuando funciona como distintivo, en la poesía en su singularidad estética (y en su especial dinámica)  e incluso lingüística, se vierte como mediador entre la naturaleza y la cultura: y es que invoca una homología entre aquellos rasgos que diferencian aquellos que, acaso sean propios de la cultura (y la sociedad) y que se ofrecen impuestos, de aquellos otros que son percibidos como propios de la naturaleza, a consecuencia de todo lo cual el poeta viene a forjarse (como hombre en contacto con esta fenomenología) precisamente a través de las relaciones entre naturaleza y cultura, produciendo en el seno de las peculiaridades de su ser modificaciones, mas en virtud de sus propias relaciones sociales, éticas, filosóficas, científicas y estéticas.
Poética de lo racional inconsciente 2, Francisco Acuyo, Ancile      La poesía participa de aquella expresión sensible de una codificación objetiva  que el hombre dispone para entender y disponer de manera intuitiva la diversidad y discontinuidad última de lo que la realidad ofrece, y en virtud de aquellas características percibidas, lo que aquella (la realidad, decimos) en última instancia sea, mas siempre con la particularidad de que el conocimiento poético no puede concebir una taxativa clasificación que separe estancamente aquella diversidad y discontinuidad del mundo, sino que se vierte como una continuidad en perpetua transición que, acaso puede representarse, como momentos o etapas; garantizando esto, no obstante, una clasificación, una taxonomía global de la percepción y lógica poética siempre dinámica, que se estructura sobre un eje de homogeneidad que garantiza su unidad plenamente. Así, en poesía, es posible (puede observarse en su discurso) el paso de especie a categoría; además de no ofrecer ninguna contradicción entre el sistema en el cual se estructura y el léxico a través del cual desciende a las diferentes dicotomías, y es que el universo en poesía está representado en forma de un «continuum» que viene a componerse en oposiciones sucesivas
      Es así que las clasificaciones detectadas en la poesía tienen en común con las diversificaciones totémicas, que ofrecen una noción de humanidad sin fronteras universalizando su fenomenología y funcionamiento, y donde lo importante ya no es clasificar, sino poner los nombres.
      No debe pues, parecernos cosa extraordinaria, observar, por un lado: el carácter sistemático que estructura a la poesía en virtud de las relaciones que la integran, así muestra de forma evidente tanto su coherencia interna, como su capacidad (tantas veces considerada como inaudita) de extensión; y por otro, ver  la columna vertebral que la sostiene, y que está expresa en su capacidad de conectar o cohesionar lo general y lo específico, lo abstracto y lo concreto.




Francisco Acuyo




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