sábado, 12 de diciembre de 2015

SOBRE DON QUIJOTE, DE LA UTOPÍA AL MITO, DE TOMÁS MORENO. POR ANTONIO FERNÁNDEZ JUÁREZ

Con motivo de la presentación del libro, Don Quijote, de la utopía al mito, del filósofo y profesor Tomás Moreno, editado en Jizo Ediciones, colección Origen y destino, el catedrático de Historia Antonio Fernández Juárez (y exdirector del IES Padre Manjón), disertó sobre la obra y la persona autor de esta publicación. Nosotros incluimos la exposición llevada acabo con motivo del evento con gran fruición, incorporándola a la sección, Editoriales amigas, del blog Ancile.





SOBRE DON QUIJOTE, DE LA UTOPÍA AL MITO,
DE TOMÁS MORENO. POR ANTONIO FERNÁNDEZ JUÁREZ













            Como dice Cervantes, yo quisiera daros este libro “mondo y desnudo, sin el ornato del prólogo… Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla (la historia de D. Quijote), ninguno tuve por mayor que hacer esta prefacción que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé”; pese a todo,
Os digo, en principio, que, para mí, es un placer estar hoy aquí en la presentación del libro de Tomás; por dos razones: una, el afecto que le profeso; otra, la seguridad de que lo que os presento, tiene difícil superación.
            Os voy a comentar, en primer lugar, algo sobre la trayectoria de Tomás y quién es como persona; en segundo, en qué consiste la obra que se presenta y, en tercero, unas breves reflexiones sobre la misma:
Protocolariamente, es tradicional un breve curriculum que –como muchos lo conocéis- voy a simplificar al máximo:
            Becado por la Fundación Juan March, terminó en Madrid los estudios de Filosofía que había iniciado en Navarra. Y también se graduó en Psicología y Sociología.
            En 1971 obtuvo la agregaduría de Filosofía y en 1974 la cátedra. Como tal ha ejercido en
Sevilla, Córdoba y Granada (Cartuja, La Salle y Manjón). Se ha implicado en la gestión educativa como director en Cartuja y como coordinador de filosofía en selectividad (más de un decenio).
            Ha compatibilizado la enseñanza media y la universitaria como profesor de “Hª de las ideas
políticas” en la Facultad de CC. Políticas y Sociología.
            Quiero destacar sobremanera que ha sido un profesor enormemente querido por sus alumnos en los que ha dejado una profunda huella de respeto, admiración y afecto. He sido testigo.
            Ha publicado más de 100 artículos en diarios y revistas especializadas.
            Y numerosos ensayos entre los que se pueden destacar:
            * D. Quijote y la Utopía (Extramuros, nº 38-9, Gda. 2005)
            * Hannah Arend. In Memoriam (Rev. Manjon, 2007)
            * Filósofos y mujeres. Para una historia de la misoginia en la filosofía occidental (Extramuros, nºs. 43-44, 2009).
            * La parapsicología ante el método científico: siete tesis (P. Sur, 1993).
                        * Albert Camus: un pensador rebelde con causa (Bol. Acad. Buenas Letras de Gda., nº 2, 2014).
            Ha participado como coautor en obras colectivas:
·         La Historia de las ideas políticas. A la búsqueda de una definición (Bibl. De CC. Políticas. Univ. de Granada). 1993.
·         Yerma y Antígona. Variaciones sobre un mismo tema (en el colectivo “En torno a Federico”, P. Sur, 1998).
·         De la Utopía al milenarismo (en “La teoría política frente a los problemas del s. XXI”, Univ. Granada, 2004)
·         En torno a la crisis de las humanidades ( en “Conocimiento y Realidad” (Ed. S. Esteban, Salamanca, 2004).

Ha publicado recientemente “De Pandora a la femme fatale (mitos, figuras y estereotipos de estigmatización femenina)”, Dauro, Gda. 2015.
Hoy presentamosD. Quijote: de la utopía al mito”, En Jizo Ediciones, Gda. 2015.
Y se encuentra en el hornoHumanismo frente a barbarie. Ensayos sobre la abolición de lo humano”.
(Como os decía, el producto es de calidad; y además, una vez libre de su entrega a la docencia, es como “el rayo que no cesa”, un trabajo tras otro).

Pero… ¿Quién es realmente Tomás Moreno?
Es una persona laboriosa, íntegra, delicada y afectiva. Concienzudo, crítico, autoexigente, lector empedernido y trabajador insaciable; noble y profundo de sentimientos: es el fruto exquisito del árbol de la ciencia.
Es el ejemplo ideal de la polivalencia de los profesores de Instituto, de quienes encumbraron la cátedra como exponente de sabiduría: filosofía, literatura, sociología, psicología, historia, arte, ciencias políticas, de las religiones…
El término humanitas (humanista) nació en la tertulia de Augusto sobre filosofía griega y literatura romana. Lo definió Cicerón con el valor de “formación humanística” y así lo usó Seneca (y su contrario: inhumanitas). Y, de él lo tomaron Erasmo, los hermanos Valdés
y Luis Vives.
En el Renacimiento, vino a significar la persona capaz de abarcar todo el saber de su tiempo (cuando esto aún era posible): así Picco della Mirándola se atrevió a retar a cualquier sabio que quisiera, para discutir sobre cualquier materia. Casi nada. Con el desarrollo de la ciencia, esto dejó de ser posible.
Pero, incluso hoy, hay personas capaces de abarcar toda una rama del saber: Tomás lo es en el campo de las ciencias sociales; por eso pienso que es un humanista de lo social y un hombre de saber enciclopédico, como demuestra en cada una de sus obras.
Termino: Cuando yo explicaba la Alhambra a mis alumnos, me gustaba situarlos frente al Albayzin, con la alcazaba a la izquierda y los palacios a la derecha, y les comentaba que las formas y los materiales, -amén de valores técnicos, formales y estéticos- tenían valores simbólicos: Externamente, la altivez y grandiosidad de la alcazaba representa la fortaleza militar; la humildad material y formal de los palacios árabes (como las personas tímidas, con sus casas hacia adentro, hacia la intimidad familiar) son una filosofía del vivir hacia la familia, en intimidad, sin ostentación exterior; la piedra y la abundante decoración exterior del palacio cristiano  representan la preeminencia  y la eternidad de su doctrina. Sin embargo, en su interior, la delicadeza y exquisitez de los palacios árabes anonada, -así les ocurrió a los RR.CC. y a Carlos I- mientras la frialdad y el ascetismo del palacio cristiano sorprende. Pues bien, Tomás es tímido, pero firme y constante; y posee, a un tiempo, la humildad, la delicadeza y sensibilidad de los palacios árabes y, a la vez,  la consistencia y solidez del palacio cristiano.

LA OBRA:
A lo largo de la Historia, bien por repudio a la dura realidad, bien por el sueño de un mundo mejor, han surgido numerosas utopías (ou topos, en ningún lugar, inexistentes) que se conceptúan como proyectos ideales, ficciones imaginables de un mundo perfecto que ni es ni podrá ser real, sino algo quimérico, -hasta en el socialismo hubo uno utópico opuesto al científico-. Casi todas tienen en común la inexistencia de la propiedad privada, la liberación total o parcial del trabajo y la vida organizada colectivamente.
La más antigua es La Repúblca de Platón, de finales del s. IV a. C., (La Republica y, en especial, el cap. V, de las leyes) que consiste en una comunidad de bienes, mujeres y niños, dirigida por filósofos. El Estado se encarga de la educación y distribuye las mujeres para la procreación. Es un comunismo integral para que los hombres no dependan de la materia, de la familia o de las creencias. Así, se regulan los nacimientos y se garantiza la paz entre los guardianes “libres de todas las querellas a que el dinero, los niños y los familiares dan lugar”. Dos veces intentó plasmar su proyecto en Siracusa y dos veces fracasó, incluso con riesgo de su propia vida.
En 1.516 Tomás Moro publica el “Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía”. Describe una comunidad pacífica a través del relato de Rafael Hythloday, miembro de la tripulación de A. Vespuccio, que estuvo 5 años en Utopía, isla
situada junto a un río, donde no existe la propiedad privada y los representantes se eligen por voto popular. Tiene 54 ciudades-estado, con casas iguales que se sortean cada 10 años. Los ciudadanos trabajan cada dos años como agricultores y viceversa. Hay tolerancia y libertad religiosa y América, recién descubierta, pudo significar al tiempo fuente y destino del proyecto: por ejemplo, en los hospitales fundados por Vasco de Quiroga.
En 1.602  el dominico Tomás de Campanella escribe en la cárcel La ciudad del sol, publicada en 1.623. En ella promete “una república comunista fundada en la concordia y el amor”. Un magnate portugués cuenta a un caballero de Malta la forma de vida de una ciudad de Taprobana: es circular; en el centro, el templo al sol y, alrededor, siete murallas circulares, dedicadas a los planetas, en cuyos muros estaba todo el saber de su tiempo. Se basa en la cultura como arma de liberación del pueblo frente a los ricos. Hay un comunismo estricto para el trabajo (4 horas) y para todo. Se regula la procreación y la religión es una especie de deísmo (solo es necesario reconocer al Creador).
Modelos utópicos  diseñaron también Maquiavelo para El Príncipe y B. de Castiglione para El Cortesano.
Y así llegamos a Cervantes  que en 1.605 publica el Quijote (1ª parte), en 1.615, la segunda.
AQUÍ APARECE NUESTRO LIBRO:
“D. QUIJOTE: DE LA UTOPÍA AL MITO”
Se trata de un ensayo escrito en un lenguaje preciso, riguroso y erudito con un aparato crítico excepcional. Todo cuanto relata lo justifica y apoya en autoridades literarias, artísticas o filosóficas.
El libro gira en torno a la utopía y el mito:  utopía (hemos dicho) es la propuesta imaginaria e irrealizable de un mundo feliz. Mito es cuando la utopía alcanza un valor universal y es aceptado por el común de los hombres. Nace como respuesta a preguntas que no la tenían y que era preciso dar al pueblo; es falso, pero no se puede refutar porque sus respuestas son imaginarias y no están guiadas por la razón y, con frecuencia, incluso antropomorfiza seres no humanos, como en los cuentos.
En él –el libro-, tras una presentación de Francisco Acuyo, que es una pieza literaria, Tomás introduce su obrita “sobre la significación e importancia del Quijote y de su autor” justificándola como un homenaje al Quijote, obra universal única y válida para todo tiempo y lugar. Y expone el contenido:
                        .
                        Hace saber que se trata de una serie de trabajos relacionados con el Quijote:
           
                        En el primero comenta la coincidencia del Quijote con el florecer utópico renacentista y con el descubrimiento y la conquista de América. Esta será la primera edad del Quijote. La segunda será el nacimiento del libro; y la tercera, cuando se hace universal. Su utopía consiste en la huida de la realidad frustrante hacia un lugar ideal donde no existe ni “el tuyo”ni “el mío”.
                        El segundo, a mi entender el más profundo y de mayor reconocimiento de la obra, se refiere al legado del Quijote:
                        Dice que es un clásico que ha fascinado a todos desde su nacimiento. Y hace un exhaustivo recorrido por sus valores utópicos, por las valoraciones de autores desde su nacimiento hasta el presente y por la enorme influencia que ha ejercido en todos los
movimientos literarios posteriores y en casi todos los países desde el s. XVII al XXI.
                        Analiza sus rasgos y valores, la diversidad de narradores, la variedad de formas literarias y la influencia que ha ejercido en la aparición de la novela moderna.

                        En el tercero, a través del discurso a los cabreros, analiza el contenido de la utopía de la edad dorada en contraposición a la que hay cuando nace el Quijote, la de hierro. Y la solución: el ideal caballeresco de restaurar el pasado.

                        En el cuarto, basándose en la amarga experiencia de la liberación de los galeotes, contrapone el ideal libertario a la corrupta justicia del rey, que por ello incumple.

En el Quinto, reproduce un magnífico trabajo de una alumna de bachiller: “D. Quijote en el Nuevo Mundo: Clavileño en América”:
El análisis de esta aventura y la recreación posterior rezuma la cándida inocencia de la juventud, pero cultivada en el jardín enciclopédico de profesores como Tomás Moreno. Es una preciosidad porque la fantasía imaginativa de D. Quijote, pasada a su vez por la  juvenil de la autora, convierte al relato en algo mágico, pero posible, dado el soporte bibliográfico desde el que ha nacido, siguiendo inconscientemente a su profesor. Sueña e imagina la llegada, expansión e imbricación del Quijote en América a través de su libro y de tantos “quijotes” habidos en el Nuevo Mundo en la cultura, la política o las creencias. Y su sintonía con los habitantes de aquellas tierras que facilitaron su difusión y complementaron su existencia. Y todo ello documentado minuciosamente. Hasta cita la aventura de Matrix, sobre quien su profesor publicó un excelente trabajo en la revista del Instituto (mayo de 2.002, nº 6, pg. 24).
Es un prado en primavera, un viento fresco que llena de ternura e inocencia toda la construcción anterior del libro, tan lógica, documentada y erudita.

Por fin, en el último, D. Quijote: de la utopía al mito. recapitula la propuesta utópica de D. Quijote frente al mundo del capitalismo naciente y del Estado moderno. D. Quijote sabe que está abocado al fracaso, pero permanece fiel a su propuesta  de la “edad dorada”: refeudalización, autarquía, agrarismo y libertad. Y, ante el fracaso, la ironía, la utopía de la evasión, la ucronía, basada en las cosas que habrían podido suceder en una reconstrucción lógica de la historia.
Ayala lo eleva (el Quijote) a la categoría de mito y esto lo suscriben otros autores:
-Para Nabokov: “la parodia se ha hecho parangón
-Para Carlos Fuentes: “Utopía del amor y la justicia”,
-Para Carlos París: “Si aún estáis con vida, seguid persiguiendo ideales” .
-Para Dostoievski (Diario de un escritor): “Este libro… no olvidará el hombre llevarlo al juicio final… ¡Y bien! Y si se preguntara a los hombres: Si habéis comprendido vuestra vida sobre la tierra, ¿A qué conclusión habéis llegado? Ellos podrían, en silencio, enseñar el Quijote: “Aquí está mi conclusión sobre la vida, ¿podréis por ventura, a causa de ella, condenarnos?

… Por citar algunos.


Siguiendo nuestro discurso inicial, Después de El Quijote nació, en 1.626, la utopía de La Nueva Atlántida, de Francis Bacon, donde se cuenta que en Bensalem el conocimiento es el más preciado tesoro: y, a través del método inductivo, se pretende conocer la naturaleza para aplicar su conocimiento a la mejora de la sociedad.

Y hasta hubo una trilogía de distopías (sociedades ficticias indeseables en sí mismas, antiutopías):
·         En 1.932 “Un mundo feliz” de Aldous Huxley,
·         En 1.984: “Nineteen Eighty-Four”, de George Orwell, y
·         En 1.953: “Fahrenheit 451”, de Ray Bradboury.
·         Incluso ha habido quien se ha atrevido a continuar la vida de los personajes de la obra de Cervantes, muerto D. Quijote: Andrés Trapiello en “Al morir D. Quijote” en 2.004 (Ed. Destino), una obra digna de ser leida.


Y, para terminar, ALGUNA REFLEXION PERSONAL:
En el año 84, estando yo aún en Cogollos Vega, por coincidencia con Orwell, hicimos un ciclo de conferencias sobre las utopías y, cuando me invitó Tomas a presentar esta obra, aún sin haberla leído todavía –estaba en la imprenta-,  pensé en plantearla como una utopía en la que Cervantes ha conseguido extrapolar en su protagonista, D. Quijote, los valores espirituales del idealismo: la aceptación de cualquier sacrificio a cambio de lograr el bien, el noble proyecto de acometer imposibles para alcanzar el mundo en que sueña, la edad dorada (el paraíso). Y hasta su figura y la de Rocinante se inmaterializan o se reducen a la mínima expresión para traducir a forma tangible su sueño inmaterial.
O los del realismo, con Sancho: la praxis, la inserción en la vida, la visión real del mundo tal cual es (aunque en la ínsula Barataria por momentos se haga “quijote”) y donde el realismo de la evidencia, también se materializa en dos formas vulgares: Sancho y su jumento.
La utopía sería disociar y materializar en entes diferentes y autónomos esa ambivalencia que todos llevamos dentro y que otras veces se ha conocido como “lo divino” y “lo humano”.
Y el mito, el que en todas partes, se haya o no leído el Quijote, se use la expresión “eres un quijote” o “un sanchopanza”  para expresar esas dos visiones antagónicas de la vida.
Pues bien, al recibir el libro y ver el título, me dije: en cuantas cosas coincidimos.
Evidentemente, no hay parangón. Ha sido solamente una anécdota.
Os invito a leer el libro porque es un prodigio de sabiduría, de coherencia y de bien hacer. De cuidar cada expresión al límite y de abrir caminos e interpretaciones nuevas incluso en temas como el que nos ocupa, probablemente uno de los más analizados y estudiados de la historia.
Como todas las obras de Tomás es un prodigio de sensatez, de ciencia, de conocimiento y de documentación.



Antonio Fernández Juárez




           



            

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