lunes, 1 de febrero de 2016

LA CONCIENCIA Y LA IMAGEN (POÉTICA)

En la sección, Pensamiento, del blog Ancile, incluimos el fragmento titulado, La conciencia y la imagen poética, que forma parte del trabajo general, Imagen y poesía, del que hemos adelantado algunos otros fragmentos en entradas anteriores para esta misma sección. 




La conciencia y la imagen (poética), Francisco Acuyo




LA  CONCIENCIA Y LA IMAGEN (POÉTICA)




La conciencia y la imagen (poética), Francisco Acuyo



            En cualquier indagación sobre la realidad (artística o no –pongamos también científica), la imagen a la que nosotros invocamos, ya lo advertíamos anteriormente, será la que pueda apercibirse materialmente (sin renegar de otras realidades no perceptibles –abstractas- que conforman inevitablemente la realidad de nuestra conciencia, sobre todo, si en verdad queremos trascender lo mera o materialmente perceptible), pues es esta realidad la que pone en evidencia la fenomenología singular entre determinadas imágenes (poníamos como ejemplo las imágenes sinéstésicas y ecfrásticas), la realidad sensorial de las mismas y la conciencia perceptora, o, mejor, integradora del poeta.
            Se dice que los procesos que intervienen en lo que denominamos conciencia tiene lugar, desde una óptica neurobiológica, a escala microscópica (en la sinapsis) entre neuronas y redes neuronales y agregados celulares diversos. Las aproximaciones filosóficas al fenómeno de la conciencia son, claro está, inevitables, así lo muestra la propia historia de los diferentes sistemas, los cuales no se caracterizan por una convivencia precisamente pacífica. Como vemos ya de inicio, la conciencia tiene un sustrato material que, para el neurocientífico no tiene asomo de duda, siendo aquella, la conciencia, un epifenómeno del cerebro. Sin embargo el dualismo imperante mente-cerebro, durante tanto tiempo (persiste en nuestros días) entre filósofos y científicos de la mente expone una problemática –fascinante- entorno al mismo concepto de lo que conciencia sea. La imagen (poética) tiene mucho que decir respecto a una cuestión que en modo alguno está superada.
            Las muy diversas (y en muchos casos) controvertidas aproximaciones a la fenomenología de la conciencia, pueden servirnos de fiel referente en cuanto a la enigmática complejidad que la caracteriza y de la cual debaten desde las ciencias de la cognición, la neurociencia, la psicología, la filosofía e incluso la misma física (cuántica). Si la abarcamos en el ámbito exclusivo del estado mental es inevitable reconocer su protagonismo no sólo en el dominio de la vigilia, sino también en el del sueño y sus componentes irracionales, traída al ámbito de lo interno y subjetivo, mas, irremediablemente distinguida de la realidad física explicitada por la ciencia (Galileo, Descartes…), la cual ha mostrado su empeño de discriminación y diferencia del mundo del espíritu (del alma, de la mente); ¿mas, que tendría que decir la imagen –poética- en relación a este dualismo tan insistente?
            Las visiones derivadas del materialismo positivista más contundente, la imagen, como derivación de la creación –consciente e inconsciente-, no sería más que producto de la conciencia que, a su vez, no es más que un epifenómeno biológico del cerebro, por lo que se diría que ya está conjurado y
La conciencia y la imagen (poética), Francisco Acuyo
superado el dualismo tradicional[1], aunque en verdad ni mucho menos esto es cierto, no pocos y destacados científicos modernos no acaban de soltar el supuesto lastre del dualismo mente-cerebro (como ejemplos ilustres están John Eccles  o el mismísimo Roger Penrouse),[2] en cualquier caso la imagen se verá emparentada muy estrechamente a una realidad subjetiva que en modo alguno tampoco está exenta de controversias, véase la problemática no del todo resuelta de los qualia.[3] De todas formas la actualidad mental que una determinada imagen –poética- ofrece o puede ofrecer, no puede circunscribirse únicamente al territorio de los símbolos formales, de hecho el lenguaje mantiene una relación entre significante y significado que denota el ámbito semántico mediante el que no puede reducirse dicha imagen como un reducto simbólico –informático- que en modo alguno garantizaría el contenido semántico que interviene en toda actividad mental, y es que las operaciones sintácticas –programáticas- para alcanzar un nivel semántico que avisamos.
            Al margen de que la identidad humana sea o no un vasto agregado de células nerviosas[4] y moléculas a ellas asociadas[5], nos remitiremos nosotros al hecho del innegable influjo de la imagen –poética- en determinados estados de conciencia, siendo incluso propios o genuinos de su influencia[6].  De hecho, las imágenes poéticas, y de manera similar a lo que sucede con los qualia, ponen en evidencia que la sensación de ellas extraídas no puede ser reducida a la mera actividad neuronal,[7] y es que no nos satisface la explicación de los correlatos neuronales como explicación de la conciencia, y de ello da fe precisamente la imagen y su funcionamiento ya que no nos parece que la experiencia sensitiva[8] (visual o no) sea un cúmulo de descripciones del mundo,[9] mas bien que la conciencia sensitiva (sensorial) responde a estímulos exteriores que desencadenas procesos neuronales[10]. La imagen (por ejemplo sinestésica) nos habla no sólo de la unidad trascendental de la percepción kantiana[11] por parte del cerebro sobre determinado objeto, también de la singular sincronización (lo que en el fenómeno de la sinestesia se denomina simultaneidad cruzada) de emisiones de señales racionales que dan noción de las características de determinado objeto traído por la imagen sinestésica que nos traerán sensaciones no solo visuales, olfativas, sonoras… también cenestésicas (movimiento), de forma…
            Lo que pretendemos, en fin, es mostrar que el fenómeno de la conciencia, en virtud de lo observado a través de los fenómenos de la imagen (sinestésica, ecfrástica…) no debieran reducirse al ámbito neurológico,[12] de hecho hay sectores de estudiosos que abogan por la implicación física de la conciencia. [13] El mundo de la imagen –poético creativa- nos muestra el cruce, la mezcla sensorial como paradigma claro de disolución de fronteras de la percepción sensorial bajo una representación global de los objetos del mundo, e incluso de las ideaciones abstractas, que pueden ir sujetas a determinadas percepciones, es más, a través de las imágenes pueden aparecer vinculadas en una conciencia que no distingue las sensaciones físicas de las emocionales o sentimentales o de aquellas profunda y esencialmente abstractas. La sinestesia, por ejemplo, pone en interrelación la conciencia primaria (sensaciones y experiencias) con las consideradas a la conciencia superior como el lenguaje y la conciencia de sí. Es más, incluso el pensamiento simbólico y todos sus derivados abstractos no están
La conciencia y la imagen (poética), Francisco Acuyo
separados de los netamente sensoriales, por lo que la imagen –poética- no se sustrae sólo al funcionamiento de la mente en su percepción sensórea sino que está implicado en un orden singular  que integra el símbolo, los mecanismos del lenguaje y otros fenómenos reconocidos como de abstracción pura. En el fenómeno de la imagen sinestésica y metafórica dan cuenta puntual de lo que exponemos por lo que no debe resultarnos extraño encontrarnos en este territorio de la imagen con términos aparentemente contradictorios como  el de abstracción sinestésica[14], y desde donde podemos constatar que las denominadas leyes del espíritu pueden imperan en el mundo de lo externo, es más, la imagen se nos ofrece como una vía de superación de la imagen cartesiana del mundo. La imagen en su capacidad de abstracción nos muestra una realidad que va más allá del concepto que ofrece la intuición para apreciar un orden implícito en el caos de las sensaciones.
            Advertíamos[15] de que el poder de la imagen –poética- en el territorio de la cognición, es siempre creativo, si es capaz de hacer interaccionar con el entorno (y lo más profundo de nosotros mismos), mas también de modificar y modificarnos en su ejercicio y desde donde inferir que : imaginación –imagen- (creativa) y acción son la misma cosa en poesía. se manifiesta como el arte capaz de ofrecer  una forma de  conciencia capaz de dejar huellas no sólo psíquicas, emocionales, intelectuales, conceptuales, también materiales, si a través de  ella y sus marcas poderosas, podemos hacer cambiar el mundo[16]. La  potencia de la imagen poética proviene de su manera singular de conocer y convocar el mundo, no tanto de manera  analítica como integral u holística, cuyo poder evocador y convocador debe hacernos reflexionar no sólo sobre su capacidad de modificar nuestra conciencia, también y en virtud de esa capacidad, de cambiar el propio entorno con el que inevitablemente interacciona y aprovechar, desde su óptica privilegiada y creativa, su empuje para integrarse de manera armónica, orgánica y plástica con lo que en el mundo existe[17].
            A tenor de lo que la imagen poética (en forma de sinestesias, écfrasis, hipálagues, sinécdoques…) puede ofrecernos aquello que entendemos como poesía (poiesis) en términos extraliterarios, como entidad o como medio singular para explicar el impulso creativo capaz de generar lo nuevo, y que propicia el diálogo (creativo) entre los elementos perpetuamente separados[18] de la conciencia y la materia.[19]



Francisco Acuyo





[1] De no menos relevancia es el dualismo en el ámbito y terminología de la informática en su distinción de una base material hardware, y otra propiamente informática (información), el software.
[2] Eccles, J.: El yo y su cerebro, Labor, Barcelona, 1993. Penrouse, R.: Las sombras de la mente, Crítica, Barcelona, 1996.
[3] Cualidades subjetivas de las experiencias mentales que simbolizan el hiato explicativo entre las cualidades subjetivas de nuestra percepción y las del sistema físico que denominamos cerebro. Las propiedades de las experiencias sensoriales (color, aroma, sonido…) son epistemológicamente incognoscibles e incomunicables.
[4] Se dice que las neuronas se comportan (salvo raras excepciones) de manera excitadora o inhibidora, siendo este comportamiento el que se establece como causa de nuestros estados diversos de conciencia, en cualquier caso también sabemos de la plasticidad del cerebro, ya que éste puede verse modificado por diversos estímulos y comportamientos exteriores, por lo no sabemos con seguridad cuándo está siendo modificado externa o creativamente y cuándo su fisionomía es resultado de su peculiar evolución o mutaciones naturales.
[5] Crick, F.: La búsqueda científica del alma, Círculo de lectores, Barcelona, 1994.
[6] Nosotros creemos que son los que son propios de estados o mejor de dinámicas creativas.
[7] Si es que entendemos el proceso cognitivo (véase Searle, J. R.: Dos biólogos y un físico en busca del alma; Mundo científico (Rechercher) , julio-agosto, 1996) deducible de la imagen poética como una propiedad intrínseca del cerebro.
[8] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, p. 38.
[9] Crick, F.: ob. Cit. Nota 48.
[10] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, p. 38.
[11] Kant, E.: Crítica de la razón pura, Espasa Calpe, Madrid, 1987.
[12] Aun cuando la noción topológica de la red neuronal y la interconexión de los diferentes mapas neuronales ya nos hablan elocuentemente de que no son reales los departamentos estancos y categorías cerradas integrados en el cerebro.
[13] Como un fenómeno cuántico, ver Penrouse, R.: ob. Cit. P. Las sombras de la mente, p.9.
[14] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, p. 44.
[15] Acuyo, F.: Cognición y poesía II, De paradojas, juicios y apotegmas, Blog Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/06/cognicion-y-poesia-ii.html
[16] Acuyo, F.: Cognición y poesía III, De paradojas, juicios y apotegmas, Blog Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/06/cognicion-y-poesia-ii.html
[17] Ibidem.
[18] Hace tiempo planteaba un razonamiento singular sobre la poesía como potencia o capacidad creativa (extrayéndola del ámbito estrictamente literario), así las cosas, la poesía puede considerarse como conciencia en sentido ontológico, ya que su impulso creativo es fundamento de la mente (que incide en la materia), ya que se establece como un mecanismo dinámico (poético) –ser en la belleza- consciente que interactúa, como conciencia en la materia.
[19] y que podrían identificarse con los procesos de morfogénesis con más coherencia que la biología tradicional. Rupert Sheldrake apuntaba a unos enigmáticos campos morfogenéticos capaces de hacer interactuar dinámica y unitivamente el cuerpo y fuerza vitales para la generación de cualquier organismo diferenciado,[6] y que yo, acaso ingenuamente, identifico con ese impulso poiético de creación.  



La conciencia y la imagen (poética), Francisco Acuyo

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