sábado, 15 de enero de 2011

ANTONIO CARVAJAL: POESÍA INVITADA

Antonio Carvajal, poesía invitada, Ancile




LA inclusión de Antonio Carvajal en esta bitácora es sin duda motivo –al igual que las dos anteriores: Elena Martín Vivaldi y Trina Mercader- de una doble deuda adquirida y, acaso nunca del todo y satisfactoriamente correspondida por quien humildemente suscribe en estas líneas: primero por el estrecho, fraternal y sagrado vínculo de la amistad, después por la no menos venerable, vivificante e inquebrantable ligadura al universo donde unos pocos corazones fraternos habitan sinceramente en la vida del impulso creativo por excelencia: la poesía. Entiendan pues estas páginas al amparo de esta doble razón y bajo su indeleble estímulo, y sepan reconocer una trayectoria creativa que sitúa a nuestro autor entre los últimos grandes de la actual poesía española contemporánea.






BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA





Antonio Carvajal, poesía invitada, Ancile
E. Lledó, A. Cerezo, A. Carvajal y Francisco Acuyo



Antonio Carvajal Milena nació en Albolote (Granada) en 1943. Doctor en Filología Románica por la Universidad de Granada y titular de Métrica; miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada. En 1990 recibió el Premio Nacional de la Crítica. Desde su juventud ha venido escribiendo y publicando una amplia obra poética, que consta ya de una veintena de títulos, iniciada con Tigres en el jardín (1968), pasando por Serenata y navaja (1973, Casi una fantasía (1975), Sitio de Ballesteros (1981), compilaciones de sus libros como Extravagante jerarquía (1983), y antologías de sus versos como Una perdida estrella, entre otros que suman hasta el momento mas de veinte libros de poesía. Cuenta en su haber estudios ensayísticos de referencia en el ámbito de la métrica, como Metáfora de las huellas. Pese a la maestría formal que suele reconocerse en su obra, Carvajal no es un constructor de artificiosos artefactos retórico-verbales, sino un poeta de palabra y poética vivas, atentas a la vida misma, y con un compromiso ético.





POÉTICA 





Antonio Carvajal, poesía invitada, Ancile
C. Villarreal, F. Acuyo y A.Carvajal
Nació la poética como una actividad mental aplicada al estudio de poemas ya existentes: no de otra manera actuó su creador, Aristóteles, ante las tragedias de Eurípides. Una perversión romántica llevaba en sí misma una característica común a todas las reivindicaciones del individuo expansivo: imponer la tiranía de su criterio y, en nombre de su libertad personal, impedir la nuestra. He leído siempre con mucha y algún desvelo las poéticas modernas; en todas encuentro que “el poema debe ser”, “el poema debe decir”, “la poesía consiste en”, “el poeta debe proceder”, etc, seguidas todas estas expresiones de breves y poco útiles definiciones y reglas que a nada conducen. Yo, que he procurado a lo largo de toda mi vida aplicarme horacianamente a la disciplina del estudio, me siento inerme ante cada solicitud interior de escribir un poema; todas las teorías, todo lo estudiado y practicado sólo me sirve, a posteriori, para corregir el poema que se me ha impuesto como necesario. Por ello, con Unamuno, sostengo que la poética no es cuestión de preceptiva, sino de postceptiva. Aunque conocer de antemano los recursos de que se dispone sea no pequeña ayuda para llegar a buen fin.





POEMAS



TIGRES EN EL JARDÍN




XXIV



Como un ascua de oro te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.

En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.

Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin fruto y esta luz de los dientes.

Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.


                                            (De Tigres en el jardín)





IX

Amor mío te ofrezco mi cabeza en un plato:



desayuna. Te ofrezco mi corazón pequeño,
y una vena fecunda que tu lengua de gato
ha de lamer, ya claras las arrugas del ceño.

Otra copita y basta: Amor mío, qué rato
más feliz tu mordisco, como un nudo de sueño,
Yo escalo las paredes, tú apacientas un hato,
y yo balo en la sombra como cabra sin dueño.

Para ti no es la sombra, para ti es sólo el día,
mi Amor nunca tocado por un dedo de bruma,
mi Amor nunca dejado por la indemne alegría.

Te ofrezco un dedo rosa y unos labios de espuma,
Amor mío; te ofrezco la lengua que tenía
cuando dije tu nombre y era el eco una pluma.



                                          (De Tigres en el jardín)


NOVIEMBRE



Me acodé en el balcón:
las estrellas giraban,
musicales y suaves, como los crisantemos
de las huertas perdidas.
Toda la noche tiene manos inmaculadas
que pasar por las sienes que el cansancio golpea,
húmedos labios trémulos para tantas mejillas,
corazones acordes al par de sus silencios.

Me acordaba de ti,
del que no fueras nunca,
casi flor, casi germen, casi voz, casi todo
lo que nombra un deseo.
Aquél que hundió en la tierra su planta generosa,
los olivos que ceden su fruto a las escarchas;
el que alzaba su mano como si fuera un grito
poderoso y maduro sobre el marchito júbilo.

Me acordaba de ti,
como en noches pasadas,
tanto amor que se logra pero no se consuma
por no sé qué misterio,
y el corazón, tan lleno de flor y flor perenne,
de estrella y lunas fijas, de campo y campo abierto,
abría sus balcones hacia un paisaje oscuro
de paciencia y de adiós, de clemencia y de olvido.


                                        (De Serenata y navaja)





CUENTAS DE VIDRIO



Así, rodado, crepitado, ungido,
estarcido y flagrado,
como derrama un niño cuenta y cuenta
de vidrio en la sonora
patena de la noche, te he entregado
mi puño y mi tormenta
y he nombrado
Como albacea la Aurora.

Agujas y sedales han cosido
mi lengua al paladar, donde tú abrías
ya no sé qué navajas o alegrías,
qué sigilo mortal, qué luz de olvido.

No pido compasión; sangre te pido
y músculos joyantes y agonías,
devoradoras águilas, orgías
y uñas escodadoras del sentido.

Y vivir y cantar y la condena
cumplir de nuestro amor y ver la cima
del monte más temible destrozada

por un súbito embate de carena,
por una mano que la piedra oprima
con el temblor sediento de la espada.

                                (De Serenata y navaja)





LA SOMNOLENCIA



A determinada edad
pero imprecisa fecha,
he descubierto en mí
-como, un día, al mirarnos en el espejo, percibimos
una peca, muy diminuta, muy subrepticia
pero constante- una extraña
compasión. No se trata de un ángel
vestido de penumbras, de una palabra apasionada
y ruborosa, de un acuciante clarinete
Que se abre paso entre la cuerda como un gato entre petunias:
no es una congoja
ni la esponjosa sensación del pecho cuando encontramos a
un amigo;
pero algo más cotidiano, quizá más displicente,
un comunicativo interés por los hombres, que no es curiosidad,
tal vez no es simpatía, no, desde luego, adhesión,
sí una sorpresa, al comprobar que un grupo
de hombres es tan sedante como alameda rumorosa,
tan excitante como los truenos, tan sencillo como el río.

Entro en los bares y ya no es sed lo que allí me conduce,
ni un dejarme arrastrar, ni una imaginación novelesca
lo que me distrae.
Ya no espectador, sino una somnolienta prolongación
de los murmullos,
uno más entre todos, porque no diferente.
Viejas palabras gastadas,
atropellados lugares comunes,
Cordialidad, cifra de céfiros,
adquieren irisaciones atractivas, y la pana
de las chaquetas es tan acariciadora como el musgo,
fértiles las corbatas como las rosas, novísima
una dentadura intacta, como el amanecer.
Y como arrullado y como sumergido
en imprecisa blandura tibia,
y como somnoliento, bebo y charlo
con éste o con aquél, sin elección, sin otro
compromiso
que el pasar este rato que llenará mi vida
con no sé qué soñada página de mi historia
social; no con intimidad, pero con cierta
familiaridad risueña que me indica
que sé vivir y tengo compañeros.



                           De (Siesta en el mirador)



Antonio Carvajal, poesía invitada, Ancile



POÉTICA

1

Confidencias de un hijo de este tiempo a Rafael León


Y moriré a lo menos confesado




Nada más bello, pues, que hacer un buen poema.
Los poemas se hacen, ¿verdad? Y la poesía
se difunde por ellos como luz que no quema,
como en la risa pura suele estar la alegría.


«Como engendra el dolor la hermosura suprema
de la renuncia», díjeme una vez que sufría.
La palabra es un bien que se trabaja, gema
-me opuse- que me exige precisa orfebrería

para su exacto engaste; y declaro, humildemente,
que necesito estar descansado y consciente
para tan delicada y exquisita tarea,

con íntimo reposo y, hablando en puridad,
próximo a lo que el mundo llama felicidad,
vicarios los sentidos para tallar la idea.





                                                 (De De un capricho celeste)



 

  BLANCO ENTRE NEGRO


A Francisco J. Sánchez Montalbán


Se supo de la luz cuando las sombras 
forma le dieron, ojos y latidos.
Con su tenaz y prolongado impulso
-así la mar profunda, así los vientos 
altos, modelan simas, pulen soles,
soledades pronuncian- construyeron 
albas y ocasos, recios mediodías
y árboles, aves y reptiles súbitos 
en gozosa inocencia de la muerte.

¿Quién grita nunca nazcas? Nace, humano, 
dale muerte a la sombra, niega luces 
a su creación espléndida, desata 
con torrentes de lágrimas la aurora 
y fíjese en tu erguida masa impune 
el latido feroz de la mentira 
que otros felicidad llaman y esperan.

Nace y proyecta hacia la luz tus huecos 
sueños, tu vano espíritu, la máscara 
de tu rencor que amor puede decirse.
Capta el instante irrepetible en que 
modela un brazo, un índice, un impacto 
de otro humano en tu pecho: la captura 
de tal latido ha de cumplir tu pulso 
inacabado, suspendido sobre 
la esperanza, el silencio, los olvidos.



                                             Antonio Carvajal






Antonio Carvajal, poesía invitada, Ancile

2 comentarios:

  1. Es un poeta fascinante. Gracias, Francisco por incluirlo.
    Saludos cordiales.
    Jeniffer Moore
    Miami, FL USA

    ResponderEliminar
  2. Es Carvajal uno de mis poetas preferidos, porque además de la calidad de su obra desde el punto de vista lírico, respeta la métrica, la musicalidad. Me fascinan esos sonetos mágicos. Muchas gracias, amigo, por traerlo.

    ResponderEliminar